lunes, 27 de octubre de 2008

Ken Wilber y el Ciberespacio

Tuvimos la oportunidad de conocer a Ken Wilber en su casa de Boulder, Colorado. Ignorado mayormente por los medios de comunicación de masas y el entorno académico, está considerado por algunos como el filósofo vivo más importante del momento, que está preparando nuestra cultura para una nueva síntesis de entendimiento científico y cultural que combina los descubrimientos de las ciencias del mundo material con una comprensión del desarrollo interno de los seres humanos basado en la psicología del desarrollo de Oriente y Occidente. Con ocasión de nuestro encuentro, una oportunidad muy difícil ya que Ken Wilber es una persona muy aislada, le pedimos que nos hablara de cómo sus ideas nos ayudarían a comprender la importancia del ciberespacio e Internet. Lo que sigue es una mezcla de las ideas de Ken wilber aplicadas al ciberespacio apoyadas por algunos comentarios hechos por mí. Pero primero, para el no iniciado, comenzaremos con un sumario de sus ideas. Los lectores que ya lo conozcan pueden saltarse esta parte.

- 1. El desarrollo de la civilización según Ken Wilber

El primer libro de Wilber se llamó "The Spectrum of Consciousness" (El Espectro de la Consciencia) y trató sobre el desarrollo psicológico (o mejor: psico-espiritual) del individuo. La primera parte de este "espectro" ofrece una síntesis de estadios de evolución acordes con las escuelas occidentales de psicología, las de Piaget, las escuelas de psicología profunda de Jung, Freud y otros, las escuelas humanísticas/transpersonales de Maslow y Grof y finalmente las escuelas del comportamiento y cognitivas. El resultado es una síntesis del desarrollo del ser humano desde su nacimiento, a través de la niñez y hasta la racionalidad básica de la edad adulta.

Este modelo de estadios es instrumental para entender como las distintas contradicciones en los modelos teóricos de los diferentes psicólogos actualmente tienen sentido y pueden ser considerados complementarios (antes que contrarios). Pero es en la segunda parte del libro donde el espectro de estados de consciencia es más innovador. De hecho, su mapa no se para en el nivel racional, que abarca los logros de nuestra cultura occidental, sino que mira a un desarrollo posterior de la psique a través de varios estados transracionales y transpersonales, que se describen mejor en los textos sobre yoga y meditación transcendental del Oriente (principalmente Budismo e Hinduismo). Lejos de la compleja mezcla de creencias mágicas y míticas que constituyen la mayoría de las religiones populares y que dan forma a los sistemas "pre-racionales" de creencias y maneras de pensar y concebir el mundo, Wilber desenreda el núcleo "trans"-racional de las psicotecnologías de la atención y la consciencia (las prácticas contemplativas y meditativas) y lo que revelan acerca del desarrollo de la psique humana. En efecto, entonces se obtiene un estadio modelo de las fases transracionales y como se ajustan a las distintas tradiciones espirituales. El libro contribuye a co-crear e inspirar el nuevo campo de la psicología transpersonal, el dominio donde el nombre de Wilber es más familiar. Este libro, que por sí solo sintetiza y racionaliza el conjunto de los conocimientos psicológicos y espirituales y establece los perfiles básicos de una "ciencia" de lo espiritual (definido en este contexto como crecimiento dentro de los estadios transpersonales), sería suficiente para inscribir el nombre de Wilber en el panteón de los grandes pensadores del siglo, revelando una nueva parte de la realidad al ojo moderno que podría ser investigada según los procedimientos científicos y racionales. Este esfuerzo de síntesis ya fue intentado antes, pero nunca en una escala de comprensión tan amplia que integrara tan amplio espectro del pensamiento humano.

Su segundo trabajo más importante es probablemente, "Up from Eden" (Después del Edén), en el que aplica su comprensión de la evolución de la sociedad y la civilización. El trabajo está basado en la hipótesis, que parece ser bastante fructífera, de que la socio-génesis sigue las directrices básicas de la psico-génesis. En otras palabras, la totalidad de la evolución natural parece replicarse igual que los embriones humanos, de este modo la cultura humana parece emular los estados del crecimiento individual. Existe así una amplia equivalencia entre los estados de la sociedad humana con los del crecimiento psicológico del individuo. "Up from Eden" describe la evolución desde las sociedades mágicas (dominadas por estados de consciencia tribales, mágicos), a las civilizaciones míticas (las formas de sociedad que van desde el nacimiento de la civilización a la Iluminación Oriental y la Revolución Industrial) hasta el auge del estadio actual basado en la racionalidad instrumental. La conclusión del libro, después de haber convencido a los lectores de la validez de la hipótesis, pondera el futuro, prediciendo que si la hipótesis de la evolución social es válida, la comprensión de los siguientes estados psicológicos proporcionará algunas pistas acerca de como la civilización actual se moverá en el futuro próximo.

En sus siguientes libros Wilber refinará la espitemiología y la "cientificidad" de su trabajo, centrándose en afirmaciones válidas y en la naturaleza de la iniciativa científica. Definir esto nos llevará muy lejos, pero Wilber llega básicamente a una estructura en la que la realidad debería ser mirada como un cuadrante de aspectos. Cada fenómeno con sus aspectos interiores y exteriores, individuales y colectivos. Por lo tanto se obtienen cuatro lineas de desarrollo diferentes (la evolución de la naturaleza -- individual y colectiva, la evolución de las sociedades humanas y la evolución del ser humano individual). Cada uno de estos dominios, el dominio del Ello (ciencia material y ciencia social objetiva), el Nosotros (estudios culturales), y el Yo (el desarrollo de la consciencia), requieren una metodología científica adaptada y tienen sus propias afirmaciones para distinguir lo verdadero de lo falso. Este trabajo nos permite ir desde un estrecho empirismo, solo aceptando datos que representan a las cosas con una localización en el espacio, al empirismo amplio, que puede aceptar datos culturales y psico-espirituales; y moverse desde una ciencia estrecha, basada en el examen de cosas materiales que pueden ser medidas y cuantificadas fácilmente, a una ciencia de amplias miras que puede examinar racionalmente las interioridades psicológicas y culturales. Su conjunto de libros está dedicado a desenmascarar el reduccionismo de gran parte de la ciencia contemporánea con intentos de traducir todas las cosas sin "exteriorismos" y también a varios intentos "holísticos" y relacionado con la "new age" de regresar a un estado pre-racional sobre los temas.

Estas ideas llegan a formar parte de un sistema filosófico más completo en su tercer gran trabajo, titulado extrañamente "Sex, Ecology and Spirituality" (Sexo, Ecología y Espiritualidad), donde, después de explicar las leyes básicas de una dialéctica expandida de cambio (las 20 leyes que gobiernan la evolución de los "holons", por ejemplo, los agujeros que constituyen nuestro universo) se acerca a un diálogo con la filosofía moderna contemporánea y la postmoderna, dando sentido a nuestro momento postmoderno en la historia y a donde se dirige. Es un complejo trabajo de casi 800 páginas, pero que merece la pena leer como texto básico sobre el pensamiento humano. Para aquellos que se sientan intimidados por su extensión, Wilber ha creado "A Brief History of Everything" (Una Breve Historia de Todo), que traza un perfil, de una manera fácil de leer, de los cimientos básicos de sus teorías. Este libro también contiene bastantes páginas con comentarios sobre el ciberespacio, Internet y la Era de la Información. Su publicación más nueva "The Spirit of Ken Wilber" (El Espíritu de Ken Wilber) cumpliría la misma función.

- 2. Internet como una tecnología que facilita las cosas.

Una hipóstesis básica de "Up from Eden" es la distinción de dos líneas de desarrollo en términos de crecimiento de consciencia. Wilber distingue el nivel de alcanzar lo que él llama la élite espiritual, que evoluciona desde el chamanismo y su maestría en el dominio de la consciencia a Buda (y los exploradores espirituales posteriores), con su descubrimiento de los estados sutiles y no duales. Esto nos llevaría muy lejos a la hora de detallar estos estados, que tienen asociaciones empíricas verificables atentiendo a la visión global, la psicología, etc. Obviamente, el "estado medio de consciencia", por ejemplo, el nivel del resto de nosotros, no se desarrolla bastante rápido. De hecho, va terriblemente despacio, también de mágico a mítico y a racional hasta el estado presente. Wilber añade, acorde al Marxismo, que la base tecno-social de la sociedad es el factor clave que determina este "estado medio de consciencia" y apunta que las tecnologías de la comunicación son claves determinantes de esa base tecno-social.

Para dar algunos ejemplos: parece claro que la escritura fue importante en el paso de la sociedad mágica a la mítica; que la imprenta fue determinante para poder crear la consciencia de nación y el dominio eventual de la racionalidad.

Por ejemplo, la escritura y las tecnologías relacionadas de la comunicación permitieron la consolidación del conocimiento y por lo tanto la creación de imperios, de formas de identificarse con más grupos sociales (aquellos que compartían el mito del imperio), con la consciencia espacial expandida (la consciencia tribal tenía limitada la cantidad de espacio que podía comprender), etc. El papel del libro y la imprenta (por ejemplo, la revolución Gutemberg) ha sido discutida ampliamente por los historiadores. Así, podemos hablar de tecnologías que permiten cambios, en el sentido de que permiten el crecimiento a nuevos estados de consciencia y hacen posible que ese estado se convierta en dominante en la sociedad. Sin embargo, Wilber hace hincapié en que no existe nada determinista o automático en estos procesos. Aunque estas tecnologías "objetivamente" permiten un impulso en el crecimiento de la civilización, la intencionalidad de los individuos es la que tiene que hacer esto realidad.

Entrar en Internet. Está claro que Internet, en el amplio contexto de las tecnologías de la información y las redes mundiales de comunicación, es precisamente una tecnología clave. Se puede decir que Internet, como red mundial de comunicaciones de-muchos-a-muchos, que extiende nuestros sentidos para abarcar eventos y realidades dispersas por la mayoría del mundo conectado, objetivamente hace posible un nuevo nivel de consciencia en el cual los individuos pueden extender su sentido de identidad más allá, por ejemplo, de la identificación con la nación o el estado. La "envergadura" de nuestra consciencia media en términos de "espacio" puede llegar a ser al menos potencialmente mucho mayor. Este aspecto cultural de Internet tiene por supuesto una correlación tecno-social que influye no solo en la forma en la que vemos el mundo, sino también la forma en que funciona nuestra sociedad, y muchos están de acuerdo en que estamos evolucionando hacia una "Era de la Información" con una estructura social basada en la red en la que las instituciones como la nación-estado se están erosionando, tal como se puede ver en hechos objetivos como la privatización de muchas empresas estatales, erosión del control de las corrientes financieras, una des-jerarquización de los modelos de las organizaciones, etc. Ken Wilber estaría de acuerdo en que en un cierto grado, el estado objetivo del ser influye en la consciencia.

En "Sex, Ecology and Spirituality" da su propio ejemplo de este cambio cuando habla de la situación de la mujer en la sociedad. En tanto en cuanto nuestra posición en la sociedad estuvo determinada por cierto grado de fuerza física, era normal que el hombre fuera el sexo dominante. Pero según evolucionamos a la sociedad de la información, donde ese factor es irrelevante, el dominio patriarcal se hace más contradictorio con las necesidades de la sociedad y así comienza a desaparecer y la sociedad se prepara para aceptar nuevos roles en los que la liberación social, política y sexual de la mujeres es una posibilidad. Y esto es precisamente lo que está ocurriendo con los movimientos de las mujeres y sus logros, aunque todavía la dificultad para alcanzar la igualdad real muestra que eso no lo pueden hacer ellas solas.

Así, una y otra vez, durante nuestra conversación, Ken Wilber recalcaría que el proceso no es automático. La revolución Gutemberg fue de todo menos suave y tuvo muchas consecuencias negativas dando lugar a guerras religiosas y civiles, estados absolutistas, etc. La fórmula a la que recurre Ken Wilber es: dale Internet a los fascistas y la convertirán en una herramienta de opresión, no de liberación. En otras palabras, los cambios en el mundo material objetivo, la base tecno-científica de la sociedad, no llevan automáticamente al cambio y al crecimiento humano. Crean tensión en la sociedad y el individuo, que aún necesita estar integrado en síntesis mayores para que se tome consciencia de lo nuevo. El mundo cultural de la sociedad y la visión del mundo intencional-subjetiva del individuo tienen que cambiar también. Y este tipo de cambio no es sólo asunto de mayor "envergadura", por ejemplo, ver el mundo como un todo y elegir una identificación más planetaria, sino que se trata de algo más profundo, una reorganización de nuestra psique en algo más amplio, profundo, integrador. Y este proceso nunca es automático, sino que requiere intencionaliad y esfuerzo humano.

Por consiguiente, Ken Wilber se opone a cualquier clase de ciber-utopía ingenua que prometa un mundo paradisíaco en el que mentes sin cuerpo y todas iguales, morando en el ciberespacio, creen un mundo de paz y fraternidad. Dad más poder y control a las mentes que no están por la labor de integrar esa responsabilidad en uno mismo y en su sentido del deber y se obtendrá destrucción, si no regresión. Como dice el dicho francés: "science sans conscience n’est que ruine de l’âme"; "Ciencia sin conciencia la ruina del alma" (F. Rabelais).

Uno de los conceptos importantes que se pueden encontrar en la obra de Ken Wilber es lo que él llama la falacia pre/trans. Si ves el desarrollo humano como crecimiento (magia, mito, racional, transracional), es obvio que existen dos clases de no-racionalidad. Están las formas pre-racionales de pensamiento, las mágicas y las míticas (donde la razón aún no existe o está abandonada) y están las formas transracionales (donde la razón permanece intacta, pero es transcendida en estados transmentales). Por ejemplo, en la meditación eres consciente del funcionamiento de la mente, lo trasciendes, pero no lo "abandonas" o regresas a estadios más infantiles. De acuerdo con el análisis de Ken Wilber, sin embargo, gran parte de la espiritualidad contemporánea es precisamente eso: regresión a los estados pre-racionales, donde el pensamiento crítico es abandonado. Y obviamente, la tensión inducida por los cambios tecno-sociales, bases de la sociedad, pueden llevar a algunas personas a trascenderse a ellos mismos a estados más elevados de consciencia, pero puede hacer regresar a otros y buscar soluciones en los nacionalismos y tribalismos (en la esfera político-cultural).

¡Y estas tendencias están ocurriendo!. Internet de por sí puede convertirse en un medio donde esa consciencia fracturada se expanda, que estimule la creación de comunidades tribales de interés sin el corolario de una consciencia planetaria y parecida a las instituciones globales. Igualmente, Internet puede fortalecer el renacimiento de formas de religión mágicas o míticas. Y finalmente, si aceptamos que el ciberespacio es un producto cultural que también refleja nuestra mente inconsciente, se puede convertir en negociador de nuestras tendencias regresivas y lugar para nuestro lado más oscuro, incluyendo conductas criminales.

- 3. Hacia una visión-lógica en una sociedad basada-en-la-red No obstante, a pesar de estos peligros y limitaciones, Internet y el ciberespacio representan ese cambio en la base tecno-social de la sociedad, por lo tanto son tecnologías que dan a la sociedad y la cultura una oportunidad de moverse a planos más elevados de integración y consciencia. Por supuesto, para Ken Wilber, esto no significa que todos llegaremos a la iluminación. Para ver donde nos lleva el siguiente paso en la evolución de la cultura humana tenemos que analizar el desarrollo de individuos avanzados. Recordamos a los lectores el sumario en la primera sección: según Wilber, la socio-génesis es un espejo de la psico-génesis. De acuerdo con esto, muy pocas personas están preparadas para moverse a los estados puros transracionales, como los estados mediúmnicos (por ejemplo los chamanes), causales (los santos), sutiles (profetas) y no-duales (mentes-Buda completamente realizadas), pero un grupo considerable está listo y de hecho ya se ha movido a un nuevo estado fronterizo entre la razón y el estadio transracional. Este estado se llama visión-lógica (vision-logic) y es un paso adelante con respecto al estado racional.

No hay que decir, por supuesto, que toda la sociedad y sus miembros han alcanzado el estado completo de racionalidad, pero en conjunto, nuestras sociedades están dominadas por modelos racionales de pensamiento, tal como lo manifiestan las comunidades científicas, culturales, políticas y económicas. Y dentro de estos círculos, un grupo importante se está moviendo desde la racionalidad instrumental -- una estrecha visión de la racionalidad que es capaz solamente de ver los intereses de los individuos o su grupo, a la visión-lógica, una visión expandida de la razón que es capaz de integrar múltiples puntos de vista e intereses. Si el modo racional de operar puede explicar la psicología y logros de la mayoría de nosotros, no es adecuado explicar así lo que han conseguido grandes científicos, filósofos y artistas. Esto es porque la mayoría de psicólogos evolucionistas están haciendo sus postulaciones en un estado superior a la racionalidad, algo que está muy documentado. Con la racionalidad instrumental normal y la lógica podemos tener una visión centrada en un mundo donde predominarán los intereses personales. La racionalidad es usada para lograr objetivos personales. Por ejemplo, el interés de la mayoría de los negocios en su propio beneficio, los políticos interesados en ser elegidos a toda costa, particulares queriendo hacer carrera a cualquier coste usarán la racionalidad instrumental para alcanzar sus objetivos sin tener en cuenta el efecto que sus acciones tendrán sobre los demás o su entorno. La realidad se suele ver en términos de sí o no.

Por ejemplo: "si esto es verdad, entonces lo otro no puede serlo". Con la visión-lógica se pueden integrar fácilmente múltiples perspectivas llegando a más independencia de la que ofrece el razonamiento egocéntrico. La visión-lógica se expresa por ejemplo en la preparación de guiones, donde se preparan múltiples situaciones futuras al mismo tiempo; también en estudios medioambientales y de impacto donde el resultado sobre los otros de las acciones propias son tomadas en cuenta en su totalidad; y en general en muchas actividades que contemplan de manera creciente el impacto sobre los demás. El individuo puede llegar fácilmente más allá de sus propios intereses o los de su grupo.

Desde esta perspectiva de cambio en las mentalidades, cambio en las estructuras personales, podemos ver como Internet proporciona muchas herramientas y posibilidades que pueden fortalecer ese cambio. No ofrece sólo una perspectiva planetaria, la posibilidad de encontrarse con múltiples puntos de vista en una misma fuente (sin la intromisión y distorsión de los medios de comunicación) y la capacidad de entrar en contacto con ellos. Crea múltiples redes de relaciones que están alterando profundamente la estructura de la sociedad. Internet ayuda a crear una "sociedad de mentes" donde tiene lugar un constante diálogo entre iguales.

Por otro lado, Internet crea un espacio sin cuerpo donde perderse de la realidad física y corporal; crea un medio donde un constante flujo de información insustancial hipnotiza al usuario y lo hace regresar a formas de ser puramente reactivas y, mediante el juego y la pornografía, puede activar los niveles instinto-emocionales y sobre-desarrollar estos aspectos de la psique en detrimento de otros y en detrimento de una integración coherente de los diferentes aspectos de la persona. Internet puede ayudar a pasar a una nueva fase de transcendencia y también llevarnos a nuevas formas de regresión. Para Ken Wilber, la conclusión está clara. No es suficiente basar nuestras esperanzas en la base material-lógica de Internet, no es suficiente con basarnos en las meras posibilidades de diálogo colectivo sin que esto tenga correlación en forma de una más integrada visión-lógica basada en uno mismo y en la atención a la cultura planetaria. Si las organizaciones globales no se comprometen con con la actual crisis general, Internet será sólo un instrumento para la crisis. De hecho, si la base tecno-social se mueve más rápido que nuestro estado de consciencia surgirá una dicotomía y una crisis cultural de la sociedad. En el pasado, las grandes reformas espirituales han tenido lugar (como el "periodo axial" en el siglo 6 Antes de Cristo, el ascenso del Cristianismo y el Islam y como la Reforma Protestante tras Gutemberg) de manera dolorosa y las transiciones sociales, económicas y políticas han creado estragos en la sociedad. Estamos ahora precisamente en medio de una de esas crisis, tal como evidencia la crisis de la ciencia y la racionalidad, el surgir de la nueva era, los fundamentalismos y el cinismo postmoderno. Cuantos más sean los que estén capaces de crecer a un nivel personal más íntegro, más suave será la transición. Es por esto por lo que la obra de Ken Wilber es tan importante, ya que refleja un nuevo nivel de integración que puede servir como modelo.



Física moderna y misticismo oriental

La física del siglo xx ha ejercido profunda influencia sobre el pensamiento filosófico en general, porque ha revelado una limitación insospechada de las ideas clásicas y ha impuesto una revisión radical de muchos de nuestros conceptos básicos. El concepto de materia en la física subatómica, por ejemplo, es totalmente diferente de la sustancia material tradicional en la física clásica, y otro tanto puede decirse de conceptos como los de espacio, tiempo o causalidad. Tales conceptos son, sin embargo, fundamentales para nuestra perspectiva del mundo que nos rodea, y, con la radical transformación de los mismos, toda nuestra visión del mundo ha empezado a cambiar.

Todos estos cambios producidos por la física moderna parecen conducir a una visión del mundo que es muy similar a la del misticismo oriental.

Se puede encontrar un análisis detallado de los paralelos entre las principales teorías de la física moderna y las tradiciones místicas del Lejano Oriente en “The Tao of Physics” (Capra, 1975). En este artículo me interesa dedicarme a dos ideas sobre las cuales insiste todo el misticismo oriental y que constituyen temas recurrentes en la visión del mundo que tiene la física moderna: la unidad e interrelación mutua de todas las cosas y acontecimientos y la naturaleza intrínsecamente dinámica del universo.

Después de una breve presentación conjunta de la visión mecanicista del mundo, que caracteriza a la física clásica, y de la visión «orgánica» del misticismo oriental, explicaré de qué manera surge en la teoría cuántica la idea de una interconexión fundamental de la naturaleza, idea que adquiere un carácter esencialmente dinámico en la teoría de la relatividad, que implica una nueva concepción de las partículas íntimamente relacionada con la concepción oriental del mundo material.

La visión mecanicista y la visión orgánica del mundo
La visión tradicional de la física clásica es un enfoque mecanicista del mundo que tiene sus raíces en la filosofía de los atomistas griegos, quienes veían la materia como constituida por varios «elementos básicos de construcción», los átomos, que son puramente pasivos y se hallan intrínsecamente muertos. Se pensaba que a los átomos los movía alguna fuerza externa a la que con frecuencia se atribuía un origen espiritual, con lo cual se la suponía fundamentalmente diferente de la materia. Esta imagen llegó a ser parte esencial del modo de pensar de Occidente y dio origen al dualismo entre espíritu y materia, entre la mente y el cuerpo, que es característico del pensamiento occidental. Este dualismo fue formulado en su forma más tajante en la filosofía de Descartes, quien basó su visión de la naturaleza en una división fundamental entre dos ámbitos separados e independientes: el de la mente (res cogitans) y el de la materia (res extensa). La división cartesiana permitió que los hombres de ciencia trataran la materia como algo muerto y totalmente separado de ellos y vieran el mundo material como una multitud de objetos diferentes reunidos en un enorme mecanismo. Tal visión mecanicista del mundo fue la que sirvió a Newton como base para la construcción de su mecánica, y de ella hizo el fundamento de la física clásica.

A la concepción mecanicista del mundo se opone la visión de los místicos orientales, que puede ser caracterizada con la palabra «orgánica» en tanto que considera que todos los fenómenos del universo son partes integrales de una totalidad inseparable y armoniosa. Para el místico oriental, todas las cosas y los acontecimientos percibidos por los sentidos están interrelacionados, conectados, y no son otra cosa que aspectos o manifestaciones diferentes de una misma realidad última. Nuestra tendencia a dividir el mundo que percibimos en «cosas» individuales y separadas y a vivenciarnos como un yo aislado en este mundo es considerada una «ilusión» proveniente de la tendencia de nuestra mentalidad a medir y categorizar. La división de la naturaleza en objetos separados es ciertamente útil y necesaria para manejarnos en nuestro ambiente de todos los días, pero no es un rasgo fundamental de la realidad. Para el místico oriental, todos esos objetos tienen, por consiguiente, un carácter de fluidez y cambio continuos. La visión oriental del mundo es, pues, intrínsecamente dinámica, y contiene como características esenciales al espacio y al tiempo. Se ve el cosmos como una única realidad inseparable - en eterno movimiento, viva y orgánica - espiritual y material al mismo tiempo. Mientras que el movimiento y el cambio son propiedades esenciales de las cosas, las fuerzas que causan el movimiento no están fuera de los objetos, como en la visión griega clásica, sino que son una propiedad intrínseca de la materia. Veamos ahora cómo aparecen en la física moderna los rasgos principales de este plan.

La teoría cuántica
Una de las características importantes de la teoría cuántica ha sido reconocer que la probabilidad es una característica fundamental de la realidad atómica que rige todos los procesos, e incluso la existencia de la materia. Las partículas subatómicas no existen con certeza en lugares definidos, sino que más bien - como ha expresado Heisenberg (1963) - muestran «tendencia a existir». Los hechos atómicos no ocurren con certeza en momentos definidos y de maneras definidas, sino que muestran «tendencia a ocurrir». Henry Stapp (1971) subraya que estas tendencias o probabilidades no son probabilidades de «cosas», sino más bien probabilidades de interconexiones. Cualquier «objeto» atómico observado constituye un sistema intermedio que vincula la preparación del experimento a la medición subsiguiente. Existe y tiene significado solamente en este contexto; no como una entidad aislada, sino como una conexión entre los procesos de preparación y de medición. Las propiedades del objeto no pueden ser definidas independientemente de esos procesos. Si la preparación o la medición se modifican, las propiedades del objeto también cambiarán.

Por otra parte, el hecho de que hablemos de un «objeto» - un átomo, un electrón o cualquier otro sistema observado - demuestra que pensamos en alguna entidad física independiente que primero se prepara y después se mide. En física atómica el problema básico que plantea la observación es que - tal como lo expresa Stapp (1971) - «para definirlo es necesario que el sistema observado esté aislado, y sin embargo, para observarlo debe interactuar». En la teoría cuántica este problema se resuelve de manera pragmática mediante la exigencia de que los dispositivos de preparación y de medición estén separados por una gran distancia, de modo que el objeto observado esté libre de su influencia mientras viaja de la zona de preparación a la zona de medición.

En principio, esta distancia debe ser infinita. En el marco de la teoría cuántica, el concepto de una entidad física separada sólo se puede definir con precisión si dicha entidad se encuentra infinitamente lejos de los dispositivos de observación. Por cierto que en la práctica esto no es posible, y tampoco necesario. Tenemos que recordar aquí que la actitud básica de la ciencia moderna es que todos sus conceptos y teorías son aproximados. En el caso que nos ocupa, esto significa que no es necesario que el concepto de una entidad física separada tenga una definición exacta, sino que se puede definir en forma aproximada. Cuando se trabaja con distancias grandes entre los dispositivos de preparación y los de medición, sus efectos perturbadores sobre el objeto observado son pequeños y por ende desdeñables, y se puede decir que se está observando una entidad física separada. Por consiguiente, un concepto tal no pasa de ser una idealización. Cuando los dispositivos de medición no están colocados a la distancia suficiente, ya no es posible desdeñar su influencia y la totalidad del sistema macroscópico forma un todo unificado, desvaneciéndose la idea de un objeto observado.

La teoría cuántica revela, pues, la existencia de una cualidad esencial de conexión recíproca en el universo. Demuestra que no podemos descomponer el mundo en unidades mínimas con existencia independiente. A medida que penetramos en la materia nos encontramos con que está hecha de partículas, pero tales partículas no son «bloques de construcción básicos» en el sentido en que lo entendían Demócrito y Newton. Son simplemente idealizaciones, útiles desde un punto de vista práctico pero desprovistas de una significación fundamental.

Con palabras de Niels Bohr (1934): “Las partículas materiales aisladas son abstracciones, ya que sus propiedades sólo son definibles y observables mediante su interacción con otros sistemas”.

La telaraña cósmica
En el nivel atómico, pues, los objetos materiales sólidos de la física clásica se disuelven en secuencias de probabilidades; y estas secuencias no representan probabilidades de cosas, sino probabilidades de interconexiones. La teoría cuántica nos obliga a ver el universo no como una colección de objetos físicos, sino más bien como una complicada telaraña de relaciones entre las diversas partes de un todo unificado.

Werner Heisenberg (1963) lo expresó diciendo: “El mundo se muestra así como un complicado tejido de sucesos en el cual alternan, se superponen o se combinan conexiones de diferentes clases, que al hacerlo así determinan la textura del todo”.

Pues bien, esta es la forma en que vivencian el mundo los místicos orientales, que con frecuencia expresan su experiencia en palabras casi idénticas a las que usan los físicos atómicos. Tómese, por ejemplo, la cita siguiente de un budista tibetano, el Lama Govinda (1973):

“[Para el budista] el mundo externo y su mundo interior son sólo dos lados de la misma tela, en la cual los hilos de todas las fuerzas y de todos los acontecimientos, de todas las formas de consciencia y de sus objetos, están entretejidos en una red inseparable de relaciones interminables y recíprocamente condicionadas”.

Estas palabras de Govinda destacan otra característica que tiene fundamental importancia tanto en la física moderna como en el misticismo oriental. La universal conexión recíproca de la naturaleza incluye siempre y de manera esencial al observador humano y a su consciencia. En la teoría cuántica los «objetos» observados sólo se pueden entender en función de la interacción entre los procesos de preparación y medición, y el término de esta cadena de procesos se encuentra siempre en la consciencia del observador humano. La característica más importante de la teoría cuántica es que el observador humano no sólo es necesario para observar las propiedades de un objeto, sino que es necesario incluso para definir tales propiedades. En física atómica jamás podemos hablar de la naturaleza sin hablar al mismo tiempo de nosotros mismos. Tal como lo formuló Heisenberg (1963): “La ciencia natural no se limita a describir y explicar la naturaleza; es parte de la acción recíproca entre la naturaleza y nosotros”.

En la física moderna, pues, el científico no puede desempeñar el papel de un observador desapegado, sino que se ve comprometido en el mundo que observa. John Wheeler (1974) considera que el compromiso del observador es la característica más importante de la teoría cuántica, razón por la cual ha sugerido que la palabra «observador» fuera reemplazada por «participante». Pero también esta es una idea bien conocida de los estudiosos de la tradición mística. El conocimiento místico jamás puede ser obtenido mediante la mera observación, sino solamente por una participación plena que compromete a la totalidad del ser. La idea del participante es, pues, básica en las tradiciones místicas de Oriente.

La teoría de la relatividad
La segunda teoría básica de la física moderna, la teoría de la relatividad, nos ha obligado a modificar drásticamente nuestros conceptos del espacio y del tiempo. Ha demostrado que el espacio no es tridimensional y que el tiempo no es una entidad aparte. Ambos están íntimamente conectados y forman un continuo tetradimensional llamado «espacio-tiempo». Por consiguiente, en la teoría de la relatividad no podemos hablar del espacio sin hablar del tiempo y viceversa. Ya llevamos largo tiempo conviviendo con la teoría de la relatividad y nos hemos familiarizado completamente con su formalismo matemático, pero esto no nos ha servido de mucho en lo que se refiere a la intuición. No tenemos experiencia sensorial directa del continuo tetradimensional espacio-tiempo, y si bien esta realidad «relativista» se manifiesta, se nos hace muy difícil afrontarla en el nivel de la intuición y del lenguaje ordinario.

Aparentemente, una situación similar existe en el misticismo oriental. Los místicos parecen capaces de alcanzar estados de consciencia no ordinarios, en los cuales trascienden el mundo tradicional de la vida cotidiana para vivenciar una realidad superior y multidimensional, una realidad que, como la de la física relativista, es imposible de describir con el lenguaje ordinario. Govinda (1973) se refiere a esa vivencia cuando escribe:

“Se logra una vivencia de dimensionalidad superior cuando se integran vivencias de diferentes centros y niveles de consciencia. De aquí que ciertas experiencias de la meditación sean imposibles de describir en el plano de la física tridimensional”.

Es posible que las dimensiones de estos estados de consciencia no sean las mismas de las que se ocupa la física relativista, pero es sorprendente que hayan llevado a los místicos a formular ideas del espacio y del tiempo que son muy similares a las implícitas en la teoría de la relatividad. En todo el misticismo oriental parece haber una especial intuición del carácter «espacio-temporal» de la realidad. Se insiste una y otra vez en el hecho de que el espacio y el tiempo están inseparablemente vinculados, lo que es tan característico de la física relativista. Así, el estudioso del budismo D. T. Suzuki escribe (1959): “Como hecho de la experiencia pura, no hay espacio sin tiempo ni tiempo sin espacio”.

En la física moderna los conceptos de espacio y tiempo son tan básicos para la descripción de los fenómenos naturales que su modificación entraña una modificación de todo el marco de referencia de que nos valemos para describir la naturaleza. La consecuencia más importante de esta modificación es haber comprendido que la masa no es más que una forma de energía, que todo objeto tiene energía almacenada en su masa.

Estos resultados - la unificación del espacio y el tiempo y la equivalencia de masa y energía - han tenido profunda influencia sobre nuestra imagen de la materia y nos han obligado a modificar esencialmente nuestro concepto de lo que es una partícula. En la física moderna la masa ya no se asocia a una sustancia material, y por ende no se considera que las partículas consistan en alguna «cosa» básica, sino que se las ve como haces de energía. La energía, sin embargo, se asocia con actividad, con procesos, y esto implica que la naturaleza de las partículas subatómicas es esencialmente dinámica. En una teoría relativista en que el espacio y el tiempo se funden en un continuo tetradimensional, tales partículas ya no se pueden representar como objetos tridimensionales estáticos, como bolas de billar o granos de arena, sino que hay que concebirlos como entidades tetradimensionales en el espacio-tiempo. Sus formas tienen que ser entendidas, en un sentido dinámico, como formas en el espacio y en el tiempo. Las partículas subatómicas son diseños dinámicos que tienen un aspecto espacial y un aspecto temporal. Su aspecto espacial hace que aparezcan como objetos con cierta masa, y su aspecto temporal como procesos en los que está en juego la correspondiente energía. La teoría de la relatividad otorga, pues, a los constituyentes de la materia un aspecto intrínsecamente dinámico y demuestra que no se puede separar la existencia de la materia de su actividad. No son más que partes diferentes de la realidad tetradimensional espacio-tiempo.

Los místicos orientales parecen haberse percatado de la conexión íntima del espacio y el tiempo, y consiguientemente su visión del mundo, como la de los físicos modernos, es intrínsecamente dinámica. En sus estados de consciencia no ordinarios perciben la unidad del espacio y del tiempo en un nivel macroscópico, es decir que ven los objetos macroscópicos de manera muy similar a la concepción que tiene el físico de las partículas subatómicas. Suzuki (1968), por ejemplo, escribe en uno de sus libros sobre el budismo: “Los budistas han concebido un objeto como un acontecimiento, y no como una cosa o sustancia”.

Las dos teorías básicas de la física moderna muestran, pues, todos los rasgos principales de la visión oriental del mundo. La teoría cuántica ha abolido la noción de objetos fundamentalmente separados, ha introducido el concepto del participante para sustituir el del observador y ha llegado a ver el universo como una telaraña de relaciones interconectadas cuyas partes sólo se definen en función de sus conexiones con el todo. La teoría de la relatividad, por así decirlo, dio vida a la telaraña cósmica al revelar su carácter intrínsecamente dinámico y al demostrar que su actividad es la esencia misma de su ser.

Las actuales investigaciones físicas se dedican a unificar la teoría cuántica y la de la relatividad en una teoría completa del mundo subatómico. Todavía no hemos logrado formular una teoría tan completa, pero disponemos de varias teorías parciales que describen muy bien ciertos aspectos de los fenómenos subatómicos. Todas estas teorías expresan de modos diferentes la interrelación fundamental y el carácter intrínsecamente dinámico del universo, y todas ellas comprenden concepciones filosóficas sorprendentemente similares a las que maneja el misticismo oriental.

La cuerda
La base de la filosofía de la cuerda es la idea de que no se puede reducir la naturaleza a entidades fundamentales, como bloques o ladrillos fundamentales de materia, sino que hay que entenderla únicamente en función de su coherencia interna. Toda la física ha de derivarse exclusivamente de la exigencia de que sus componentes sean coherentes entre sí y consigo mismos.

Esta idea constituye un apartamiento radical del espíritu tradicional de la investigación física básica, que siempre se había propuesto encontrar los constituyentes fundamentales de la naturaleza. En la nueva visión no sólo se abandona la idea de que la materia esté constituida por unidades fundamentales, sino que no se acepta entidad fundamental alguna: ni leyes ni ecuaciones ni principios. Se considera al universo como una telaraña dinámica de acontecimientos relacionados entre sí. Ninguna de las propiedades de una parte de la telaraña es fundamental; todas ellas se siguen de las propiedades de las otras partes y la coherencia global de sus relaciones recíprocas determina la estructura de la totalidad de la telaraña.

Es evidente la afinidad de esta idea con el espíritu del pensamiento oriental. Un universo indivisible, en el que las cosas y los acontecimientos están interrelacionados, poco sentido tendría sin una coherencia interna. En cierto modo, la exigencia de coherencia interna, que forma la base de la hipótesis de la cuerda, y la unidad e interrelación de todos los fenómenos, sobre las cuales se insiste tanto en el misticismo oriental, no son más que aspectos diferentes de la misma idea, lo cual se ve con especial claridad en la filosofía china. Joseph Needham, en su minucioso estudio de la ciencia y la civilización chinas, analiza extensamente el hecho de que el concepto occidental de leyes fundamentales de la naturaleza no tenga equivalente en el pensamiento chino (Needham, 1956). Según dice Needham, los chinos no tenían siquiera una palabra que correspondiese a la idea, clásica en Occidente, de una «ley de la naturaleza». El término que más se le aproxima es li, que Needham traduce como «diseño dinámico», diciendo que en el pensamiento chino: “La organización cósmica es de hecho un Gran Diseño en el cual están incluidos todos los diseños menores, y las «leyes» que intervienen en él son intrínsecas a estos diseños. (Needham, 1956)

Esta es exactamente la idea de la filosofía de la cuerda: que en el universo todo está conectado a todo lo demás y que ninguna parte de él es fundamental. Las propiedades de cualquier parte están determinadas no por ninguna ley fundamental, sino por las propiedades de todas las demás partes.

Conclusión
A modo de conclusión quiero hacer algunas observaciones referentes a la cuestión de qué es lo que podemos aprender de estos paralelismos. La ciencia moderna, con todo su refinado mecanismo, ¿está simplemente redescubriendo una antigua sabiduría que los sabios orientales conocen desde hace miles de años? Por consiguiente, ¿deben los físicos abandonar el método científico y ponerse a meditar? ¿O puede haber una influencia recíproca, e incluso una síntesis, entre la ciencia y el misticismo?

Creo que todas estas preguntas tienen que ser contestadas negativamente. En la ciencia y en el misticismo veo dos manifestaciones complementarias de la mente humana, de sus facultades racionales e intuitivas. El físico moderno vivencia el mundo mediante una especialización extrema de la dimensión racional; el místico, mediante una especialización extrema de la dimensión intuitiva. Son dos aproximaciones enteramente diferentes en las que está en juego mucho más que una visión determinada del mundo físico. Sin embargo, ambas son «complementarias», como nos hemos acostumbrado a decir en física. Ninguna de las dos está comprendida en la otra ni puede ser reducida a ella, sino que las dos son necesarias y se refuerzan recíprocamente para ofrecer una comprensión más cabal del mundo. Si parafraseamos un antiguo aforismo chino, diremos que los místicos entienden las raíces del tao, pero no sus ramas; los hombres de ciencia entienden las ramas, pero no las raíces. La ciencia no necesita del misticismo y el misticismo no necesita de la ciencia; pero el hombre necesita de ambos. La experiencia mística es necesaria para entender la naturaleza más profunda de las cosas, y la ciencia es esencial para la vida moderna. Lo que necesitamos, por consiguiente, no es una síntesis, sino una interrelación dinámica entre la intuición mística y el análisis científico.

FUENTES:

Del Blog:Mandala7
Fritjof Capra
R. Walsh y F. Vaughan.- Más Allá del Ego.



domingo, 26 de octubre de 2008

Las Ciencias de la Comunicación Frente a los Nuevos Paradigmas Científicos

Las Ciencias de la Comunicación han experimentado en los últimos años un estrechamiento dentro de su estudio y práctica en el sentido en que fijan sus observaciones orientándolas hacia los medios masivos de comunicación (media), comunicación organizacional y la muy de moda sociedad de la información que actualmente con su brillo atrae en su mayor parte a los estudiosos de la comunicación. El estudio de la comunicación se ha centrado en diversas vertientes conductuales, estructurales y culturales sin ofrecernos una visión verdaderamente integral, pues a final de cuentas, como toda ciencia, se especializa cada vez más y más de modo que podemos decir que un científico, al estudiar un fenómeno que al paso del tiempo adquiere cada vez mayor complejidad, puede llevar una investigación eliminando muchos elementos del contexto que rodea a su objeto de estudio, sin ponerse nunca en contacto con el ambiente más amplio de su materia. Algunos científicos aseguran que esto es inevitable, porque a medida que crecen los conocimientos, el saberlo todo en profundidad y detalle se hace imposible, de modo que los investigadores se conforman con trabajar en áreas específicas.

Este acercamiento fragmentario a la naturaleza y realidad de toda ciencia no puede nunca solucionar los problemas más profundos que enfrenta nuestro mundo. La mayoría de los conflictos dependen de órdenes tan amplios que en última instancia se extienden a la totalidad de la naturaleza, la sociedad y a cada individuo.
(Por ejemplo, al explorarse los recursos naturales de manera fragmentaria, la sociedad ha causado la destrucción de bosques y tierras de cultivo creando desiertos y deshielos en las capas polares.)
Por ello es necesario dentro del conocimiento de la comunicación ampliar el campo de estudio e investigación, pues debido a ello muchas veces llegamos a resultados equivocados o a enfocarnos simplemente a que las Ciencias de la Comunicación comprenden la publicidad, la Internet, la radio, o la televisión. Es preocupante que no existe una verdadera perspectiva que se encargue de integrar las distintas vertientes comunicacionales donde se tome en cuenta desde el desarrollo comunicacional del individuo hasta los media.

Asimismo la ciencia, al igual que todo lo demás, se encuentra sumergida en un proceso constante de evolución y cambio. Dentro de este proceso los avances que se registran en un área determinada pueden tener importantes implicaciones para el establecimiento de teorías y conceptos en otros campos. De esta manera, el entorno general de la ciencia experimenta constantemente cambios que son a veces tan agudos como sutiles. Como resultado de estas complejas innovaciones tenemos que la infraestructura subyacente de conceptos e ideas puede poco a poco perder vigencia, se hace inapropiada y finalmente irrelevante. Pero, al igual que en todas las disciplinas, los científicos están acostumbrados a utilizar sus habilidades, herramientas y conocimientos de manera subliminal e inconsciente con una marcada tendencia a aferrarse a ellos e intentar seguir trabajando e investigando con viejas técnicas en el marco de un nuevo contexto teniendo como consecuencia la confusión y una más grave segmentación.

Sumemos a ello las otras ramas de las ciencias las cuales presentan avances significativos dentro de su campo, más complejos y a mayor velocidad. Ante este acelerado crecimiento no existe ninguna respuesta que adapte las nuevas nociones que aparecen, por lo que nuestra percepción se convierte en una visión solamente especializada en un tema que no toma en cuenta los desarrollos científicos en otras áreas. Esto va acompañado a menudo de la suposición de que las ideas y conceptos de un campo no tienen realmente importancia en otro, lo cual nos delimita aún más nuestra visión fragmentada y errónea, pues tampoco poseemos las herramientas necesarias, o por lo menos básicas, para aproximarnos a las otras ciencias, desde luego, sin abandonar el enfoque de la disciplina en la que estemos sumergidos.

Ciertamente, no sólo es menester, sino deseable cierto grado de especialización, el problema viene cuando se admite que, en los niveles más profundos, estas materias no guardan relación alguna y que el mundo consiste en partes separadas que siempre pueden establecerse como objeto de estudio disyuntivamente. Todas las nociones científicas se asientan en una base de ideas que se extiende por encima de todas las ciencias sin límite. Prevalecen conexiones de largo alcance entre métodos, enfoques e ideas de las diversas especialidades, enlaces de enorme importancia que no pueden ser tratadas como especialidades separadas y ramas inconexas dentro de un mismo cuerpo y es precisamente ahí, donde se establecen límites y barreras entre las disciplinas y especialidades donde la comunicación se desmorona, el lenguaje científico de cada ciencia dispone a percibir la naturaleza por determinadas vías y se bloquea una libre comunicación entre diversas áreas.
(Es importante señalar que tampoco hay que caer en el holismo, pues no es sólo que tal empresa se encuentre más allá de toda mente humana, sino que resulta prácticamente imposible de llevar a cabo, ya que el conocimiento crece a una velocidad mucho mayor a nuestra capacidad de conceptualizarlo.)
Para ello es imperioso que estos límites se vuelvan estructuras dinámicas y los científicos sean conscientes del contexto más amplio de cada experimento y concepto para que no exista una necesidad de fragmentación.

Es preciso establecer una capacidad de apertura en toda ciencia tomando en cuenta que cada persona sea capaz de mantener diversos puntos de vista, a manera de suposición activa, y a su vez tratar las ideas de los demás con el cuidado y atención que le prestamos a las propias. Para esto no es necesario exigir a cada participante que acepte o rechace determinados puntos de vista, sino que más bien se trate de llevar a cabo un esfuerzo donde se intente comprender lo que significan las ideas del otro. De esta manera, la mente podría sostener distintos enfoques, casi con la misma energía e interés. Se entabla así con un libre diálogo interno que puede dar paso a un diálogo externo mucho más relajado y abierto. Esto requiere el no casarnos con las ideas, no estar atados y sometidos a una única percepción y visión determinada del mundo. El inicio de una apertura comunicacional más libre y creativa en todas las áreas de la ciencia significaría un enorme avance para el enfoque científico trayendo beneficiosas consecuencias para la humanidad.

Ahora bien, dentro de las Ciencias de la Comunicación, la misma especialización antes comentada la ha llevado a dejar muchos aspectos de lado trabajando con tradiciones y antiguos paradigmas que resultaron durante una campaña presidencial norteamericana en los años cuarenta. Nos sorprendemos con rancias renovaciones de teorías sobre opinión pública o sobre la construcción de agendas temáticas por parte de los medios. La juventud se deslumbra ante el boom de los media al escuchar cuentos de ciencia ficción sobre el imperio de las nuevas tecnologías por lo que muchas veces nos lleva a pensar que en comunicación, hace mucho, muchísimo tiempo que hay nada nuevo.

El postmodernismo radical tampoco nos ha llevado muy lejos, pues se ha encargado de desmoronar todo pensamiento y en particular los estudios culturales, sumergido en un puro intelectualismo que disfruta la deconstrucción de todo aquello que se le atraviesa, dejándonos como única visión un relativismo pluralista bajo el cual la única perspectiva aceptable es la de que la verdad está determinada culturalmente (excepto la suya propia, la cual puede ser aplicable a toda cultura), y donde no existen verdades trascendentales ni universales (excepto las suyas, claro está, que van más allá de todo concepto). Por ello es urgente establecer nuevas bases integralistas con base en una escuela constructivista que funcione para interrelacionar los múltiples contextos humanos como la ciencia, el arte, la religión, la filosofía, así como las grandes tradiciones del planeta entero evidenciando así que el mundo no se halla realmente dividido. Ver: Ken Wilber en "Una teoría de todo".

El avance y desarrollo en las demás ciencias no puede dejar de lado a la Comunicación, para ello es necesario establecer nuevos enfoques comunicacionales que se adapten a los nuevos paradigmas científicos y que entren en juego con las demás ramas de la ciencia, descubriendo vínculos ignorados y abrazando todo este vacío que nos han dejado las especializaciones del paradigma newtoniano. El fenómeno comunicacional no ha estado separado a esta concepción mecanicista de la existencia humana. Nos hemos llenando de modelos que en un instante se convirtieron en paradigmas incondicionales de las relaciones mediáticas e interpersonales, es decir, entre receptores y medios masivos y entre individuos en sí. La comunicación entonces ha sido vista como un proceso lineal y voluntario de causa y efecto, en el cual ineludiblemente la causa es preeminente sobre el efecto, porque este último sólo era lo producido por la causa. Otra característica fundamental de la comunicación determinista fue que el fenómeno en sí era reducido a un modelo tan lineal como por ejemplo el de Claude Shannon, en el cual se concibe la comunicación entre dos individuos como transmisión de un mensaje sucesivamente codificado y después descodificado. Esto reanima una tradición filosófica en la que el hombre se concibe como un espíritu enjaulado en un cuerpo que emite pensamientos en forma de palabras; estas salen por un conducto apropiado y son recogidas por embudos ad hoc, que las envían al espíritu del interlocutor, quien las analiza e interpreta su sentido. Dentro de este esquema la comunicación se presenta como un acto verbal entre dos individuos consciente y voluntario.

Si el estudio de la comunicación retoma esta antigua posición filosófica, no podrá escapar jamás de las dificultades lógicas que presenta. Los seres humanos percibimos, nos movemos, emitimos sonidos, nos alimentamos, nos reunimos en grupos, creamos amistades, sociedades, religiones y diversos tipos de vínculos, nos peleamos, nos emparentamos, etc. Podemos de esta forma situar miles de conductas observables en categorías, clases y géneros diversos. Retomar los conjuntos significativos dentro de una cultura para estudiar su comunicación nos encamina al postulado de una presencia de códigos de comportamiento personal e interpersonal que regularían la asimilación de un contexto y por lo mismo su significación. Todos subsistiríamos inevitablemente (aunque de manera inconsciente) en y por los códigos ya que todo comportamiento supone su uso. La utilización de estos códigos, que escapan al modelo voluntario y consciente de comunicación, pasa a formar parte de un nuevo paradigma de comunicación dentro del cual es imposible dejar de comunicarse.

Toda la información que recibimos nos llega por estos diversos canales y se elabora de manera igual de compleja. Ahora bien, esto cumpliría con cierta linealidad que exigen las mentes más ortodoxas, pero si logramos ver el verdadero alcance de nuestra comunicación podríamos elaborar no solamente una línea en donde se transmiten y reciben mensajes, sino toda una elaborada red de vínculos comunicacionales funcionando a manera de una bootstrap o un holograma en donde nos es imposible no comunicarnos y nuestras relaciones están en un constante movimiento a manera de estructuras dinámicas.
(Geoffrey Chew crea en el Bootstrap una teoría de las partículas que intenta unificar la mecánica quántica y la teoría de la relatividad. La naturaleza no puede ser reducida a entidades fundamentales (como los átomos) sino que debe entenderse a través de le autoconsistencia. La filosofía Bootstrap no acepta ninguna entidad, ley, constante ni ecuación fundamental. EI universo físico se ve como una red dinámica de sucesos interrelacionados y la consistencia global de sus interrelaciones determinan la estructura de la totalidad de la red. En inglés, to pull oneself by the bootstraps es un giro idiomático conocido. Proviene de que las botas suelen tener unos bucles o tiras en su parte superior - llamados bootstraps - por los que se las levanta para calzarlas. Significa, entonces, levantarse por los tiros de las botas, algo absurdamente imposible.
El punto de partida de la hipótesis holográfica está constituido por lo que David Bohm denominó "totalidad indivisa" y su objetivo fue el de explorar el orden que aparece como intrínseco en la red cósmica de relaciones, a un nivel más profundo y "no manifiesto"no manifiesto". A diferencia, de los planteamientos modernos de la física sobre la convergencia de orden y desorden, Bohm prefiere seguir usando el término "orden" para determinar los comportamientos y la dinámica de los sistemas universales. A este orden Bohm, lo denominó "implicado" o "envuelto" y lo describió a través de la analogía de un holograma, en el que de algún modo cada parte contiene al todo.
De esta manera, "Si se ilumina cualquier parte del holograma, se reconstruye la imagen entera, a pesar de que no tendrá tanto detalle como la imagen del holograma completo", y así el mundo real está constituido según estos principios generales, a través de los cuales el todo se presenta envuelto en cada una de sus partes, envolviendo a su vez a éstas.
)

Un desarrollo social estable requiere de diversos modos de comportamiento: palabras, gestos, posiciones de cuerpo, miradas, empleo de espacios físicos, etc., estableciendo la comunicación como un todo integrado. "La comunicación es la matriz en la que encajan todas las actividades humanas". Ver Jurgen Ruesch y Gregory Bateson, "Communication, The social matrix of the psychiatry". En este sentido es necesario concebir la investigación de la comunicación en términos de niveles de complejidad, de contextos múltiples y sistemas circulares, asemejando el funcionamiento de la cibernética.
(Durante la Segunda Guerra Mundial, Norbert Wienner estudia el problema de tiro de los cañones antiaéreos (DCA). Como el avión vuela a una velocidad muy grande, es preciso predecir su posición futura a partir de sus posiciones anteriores. Si el cañón está informado de la separación entre la trayectoria real y la ideal de sus obuses, puede cercar progresivamente el avión hasta abatirlo. En este problema, Wienner reconocía el principio reconocido como feedback y le dio un alcance universal al sentar las bases de la cibernética. Wienner observó en el cañón que trata de alcanzar al avión el brazo que lleva un vaso de agua a la boca, un mismo proceso circular en el que las informaciones sobre la acción en curso nutren al sistema a su vez permitiéndole alcanzar su objetivo.)

El modelo de comunicación orquestal desarrollado por la escuela de Palo Alto (9) es una de las propuestas comunicacionales que más se adaptan a los nuevos paradigmas científicos, pues su funcionamiento se asemeja al de una red de vínculos donde cada uno de nosotros forma parte imprescindible de toda relación social. En este modelo la comunicación se concibe como un sistema de canales múltiples en el que el autor social participa en todo momento, lo desee o no: su mirada, su actitud, comportamiento y hasta el mismo silencio. Como miembro de una cultura forma parte de la comunicación, así como el músico forma parte de la orquesta. Pero dentro de esta extensa orquesta no existe un director ni una partitura (código escrito) cada uno toca poniéndose de acuerdo con el otro. Ver "La nueva comunicación" por Bateson, Birdwhistell, Goffman, Hall, Jackson, y otros autores. El deber del comunicólogo es elaborar esta partitura escrita que resulta sin duda altamente compleja.

La comunicación así comprendida trabaja como un sistema (un proceso) en el que los interlocutores participan. Decir que el individuo A comunica una multitud de mensajes verbales y no verbales al individuo B es utilizar de nuevo el modelo de Shannon en el que la comunicación se considera como una sucesión de acciones y reacciones:
Un individuo no se comunica, sino que toma parte en una comunicación en la que se convierte en un elemento. Puede moverse, producir ruido..., pero no se comunica. En otros términos no es el autor de la comunicación sino que participa en ella. La comunicación en tanto que sistema no debe pues concebirse según el modelo elemental de la acción y la reacción, por muy complejo que sea su enunciado. En tanto que sistema hay que comprenderla a nivel de intercambio.
("La nueva comunicación")
Siendo así, el análisis no se centra en el contenido del intercambio, sino en el sistema que ha hecho viable el intercambio. Este sistema es la comunicación que recibe preferencia sobre el sujeto que se inserta en ella. Todo comportamiento individual se convierte desde este punto de vista, en comportamiento social (cultural) esto quiere decir que la cultura no puede concebirse solamente como una entidad que va más allá del individuo. Lo social, tiene que pasar forzosamente por lo individual.

Es cierto que el lenguaje juega un papel de suma importancia dentro de la comunicación interpersonal, pero hay que reconocer que los trabajos en los otros modos o niveles de comunicación están todavía muy poco desarrollados, tales como los movimientos o el uso de un lenguaje simbólico. Es precisamente esta comunicación de la que no nos damos cuenta y tampoco le ponemos atención la que también determina nuestra personalidad, comportamiento y creencias, pues puede transmitirse social, cultural y particularmente a través de nuestros padres.
(Tales creencias comprenden numerosas ideas. Con frecuencia se relacionan con el "deber ser" a los que nos obligamos como imperativos morales. Tienen relación con nuestros supuestos acerca del mundo y sus circunstancias. Estas construcciones son filtros mentales que raras veces cuestionamos.)
Normalmente cuando nos referimos a un sistema de códigos, pensamos inmediatamente en un sistema lingüístico en el que cada signo corresponde a algo material, pero a la vez existen ciertos términos irrepresentables objetivamente (como el uso de la palabra eternidad o alma), para ello existe otro tipo de orden con el cual trabaja nuestro inconsciente a través de una gramática simbólica de gran complejidad. Todos nuestros actos tienen una dimensión simbólica en la que la mayor parte de lo que expresamos siempre va incluida una parte más de la que queremos explicar con un carácter simbólico la cual no puede ser captada intelectualmente. Muchas veces para adquirir las proporciones sobre las que trabaja este lenguaje es necesario el acercamiento a los mitos que rodean nuestra sociedad, pero para hablar de ello requiere extendernos un poco más.

Tal parece que el las diversas vertientes de la comunicación no se quedan solamente en un estudio de publicidad, mercadotecnia o sobre medios. Luis Racionero nos hace un señalamiento al respecto al proponer al ser humano como una entidad dotada de numerosos canales de percepción y nos deja en claro el limitado uso de estos:
"El cuerpo y la mente humanas forman un todo dotado de diversos canales de comunicación con el mundo; cada uno de esos canales es una forma de conocimiento. No es sensato renunciar a ninguno de ellos porque, al hacerlo, se amputan y disminuyen las capacidades de conocimiento humano. Lo más eficaz es usar todos los canales de conocimiento alternativamente, juzgando, en cada caso, qué canal será más útil a las vivencias que se persiguen", Luis Racionero en "Filosofías del underground".
Es obligación de todo científico ir más allá de sus horizontes, ampliar su percepción e información en los diversos campos de estudio, tanto de las ciencias duras como de las humanas. Es labor de los comunicólogos renovar conceptos, formas, elaborar nuevas teorías y enlazar todo aquello que pueda ofrecer una nueva perspectiva, un cambio que se acomode a los nuevos paradigmas científicos y generé en un futuro una ciencia donde quepamos todos.



sábado, 25 de octubre de 2008

Paradigma holográfico

En 1982 Alain Aspect [físico de la universidad de París] y su equipo descubren que sometiendo bajo ciertas condiciones a partículas subatómicas como los electrones, ellas son capaces de comunicarse instantáneamente unas con otras independientemente de la distancia que las separa, sea ésta de 10 metros o 10 mil millones de kilómetros. Es como si cada partícula individual supiera exactamente que cosa están haciendo todas las demás. Este fenómeno viola la teoría de Einstein que excluye la posibilidad de comunicaciones más veloces a la luz. Esto ha impulsado que otros científicos traten de explicar los descubrimientos de Aspect.

La hipótesis más acreditada es de David Bohm, conocido físico de la universidad de Londres, ya fallecido, que opinó que los descubrimientos de Aspect implican que la realidad objetiva no existe. A pesar de su aparente solidez, el universo es en realidad un fantasma, un holograma gigantesco y espléndidamente detallado.

Un holograma es una fotografía tridimensional producida con la ayuda de un láser. Para crear un holograma el objeto a fotografiar está bañado en la luz de un rayo láser, luego se le hace rebotar a un segundo rayo láser sobre la luz reflejada del primero y el esquema resultante de la zona de interferencia dónde los dos rayos se encuentran es impreso sobre una película fotográfica. Cuando la película es revelada resulta visible sólo un enredo de líneas claras y oscuras, pero, al iluminarla con otro rayo láser aparece la imagen tridimensional del objeto original.

La tridimensionalidad de tales imágenes no es la única característica interesante de los hologramas. En efecto, si el holograma de una rosa es cortado a medias y luego iluminado por un láser, se descubrirá que cada mitad todavía contiene la imagen entera de la rosa. Si seguimos dividiendo las dos mitades, veremos que cada minúsculo fragmento de película siempre contendrá una versión más pequeña, pero intacta, de la misma imagen. A diferencia de las fotografías normales, cada parte de un holograma contiene todas las informaciones poseídas por el holograma íntegro. Esta característica de los hologramas nos provee una manera totalmente nueva de comprender los conceptos de organización y orden

En casi todo su historia, la ciencia occidental ha actuado bajo el prejuicio de que el mejor modo de entender un fenómeno físico, trátese de una rana o de un átomo, es seccionándolo y estudiando sus respectivas partes. Los hologramas nos enseñan que algunos fenómenos del universo pueden no encajar en este método.

La intuición le sugirió a Bohm una dirección diferente para así poder comprender el descubrimiento del doctor Aspect. El creyó que el motivo por el cual las partículas subatómicas quedan en contacto, independientemente de la distancia que las separa, reside en el hecho de que su separación es una ilusión. En un cierto nivel de realidad más profunda, tales partículas no son entidades individuales sino extensiones de un mismo "algo" fundamental.

Para explicar su teoría Bohm utilizó este ejemplo: imaginen un acuario conteniendo a un pez. También imaginen que el acuario no es directamente visible, que sólo se lo ve por dos telecámaras, una situada frontalmente y la otra lateralmente. Mientras miramos los dos monitores televisivos podemos pensar que los peces visibles sobre los monitores son dos entidades separadas, la diferente posición de las telecámaras nos dará en efecto dos imágenes levemente diferentes. Pero, siguiendo con la observación de los dos peces, al final nos percataremos que hay cierta unión entre ellos: cuando uno se vuelve, también el otro se volverá; cuando uno mira frente a si, el otro mirará lateralmente. Si nos quedáramos con el objetivo real del experimento, podríamos llegar a creer que los dos peces se estén comunicando entre sí, instantánea y misteriosamente, pero éste no es el caso.
Esto, dijo Bohm, es precisamente lo que ocurre con las partículas subatómicas del experimento de Aspect. La aparente conexión entre las partículas subatómicas más rápida que la luz está realmente diciéndonos que hay un nivel más profundo de realidad al que no tenemos acceso, una dimensión mas compleja más allá de nosotros, que es análoga al acuario.

Si las partículas subatómicas nos aparecen separadas es porque somos capaces de sólo ver una porción de su realidad, ellas no son "partes" separadas, sino facetas de una unidad más profunda y básica, que resulta al fin tan holográfica e indivisible como el holograma de la rosa. Y ya que cada cosa en la realidad física es constituida por estas "imágenes", el universo en si mismo es una proyección, un holograma.

Si la separación entre las partículas subatómicas es solo aparente, eso significa que, a un nivel más profundo, todas las cosas están conectadas infinitamente. Los electrones de un átomo de carbono del cerebro humano están conectados a las partículas subatómicas que se encuentran en cada salmón que nada, cada corazón que late y en cada estrella que brilla en el cielo.

Cada subdivisión necesariamente resulta artificial y toda la naturaleza no es otra cosa que una inmensa red interminable. En un universo holográfico hasta el tiempo y el espacio no serían más que principios fundamentales, ya que conceptos como la localidad (ubicación) son quebrantados en un universo donde nada está realmente separado del resto: también el tiempo y el espacio tridimensionales como así también las imágenes del pez sobre los monitores de TV, debería ser interpretados como simples proyecciones de un sistema mucho más complejo. A un nivel más profundo, la realidad no es otra que un tipo de super-holograma, dónde el pasado, el presente y el futuro coexisten simultáneamente; ésto implica que, teniendo los instrumentos apropiados, un día podríamos entrar en aquel nivel de la realidad y recoger las escenas de nuestro pasado por largo tiempo olvidado. Que otra cosa podría contener el super-holograma queda como una pregunta sin respuesta. Hipotéticamente, admitiendo que ello exista, debería de contener cada partícula individual subatómica que sea, que haya sido y que será, además de cada posible configuración de materia y energía: desde copos de nieve a estrellas, de ballenas grises a los rayos gama. Deberíamos imaginarlo como un tipo de almacén cósmico de Todo lo que Existe.

Si el mundo concreto no es otro que una realidad secundaria y, lo que existe no es otra cosa que un torbellino holográfico de frecuencias y, si el cerebro sólo es un holograma que selecciona algunas de estas frecuencias, transformándolas en percepciones sensoriales, ¿qué cosa seria la realidad objetiva? En otras palabras: no existe. El mundo material es una ilusión. Nosotros mismos creemos ser entidades físicas que se mueven en un mundo físico; pero todo esto es parte del campo de la pura ilusión. En realidad somos un tipo de "receptores" que flotan en un calidoscópico mar de frecuencias y lo que extraemos de ello lo transformamos mágicamente en realidad física: uno de los mil millones de "mundos" existentes en el super-holograma. Este impresionante nuevo concepto de la realidad ha sido bautizado "paradigma holográfico" y aunque muchos científicos lo hayan acogido con escepticismo, ha entusiasmado a muchos otros. Un pequeño, pero creciente, grupo de investigadores está convencido de que se han liberado del modelo de realidad hasta ahora alcanzado por la ciencia, dónde los asi llamados estados "alterados de conciencia" podrían ser sencillamente el paso a un nivel holográfico más elevado.

También la medicina y todo lo que conocemos sobre el proceso de curación, serían transformados por el paradigma holográfico. En efecto, si la aparente estructura física del cuerpo no es otra cosa que una proyección holográfica de la conciencia, resulta claro que cada uno de nosotros es mucho más responsable de la misma salud de lo que reconozcan los actuales conocimientos en el campo de la medicina. Las que nosotros ahora consideramos curaciones milagrosas podrían ser en realidad debidas a un cambio del estado de conciencia que provoca cambios en el holograma corpóreo. Del mismo modo, podría darse que algunas controvertidas técnicas de curación alternativa como la "visualización" resulten eficaces, porque en el dominio holográfico del pensamiento las imágenes son reales. El mundo concreto es una tela blanca que espera ser pintada. .. Quizás estemos todos de acuerdo que, exista o no exista, lo que consideramos "realidad consensual" ha sido formulada y ratificada a un nivel de conciencia humana en el que todas las mentes están ilimitadamente unidas entre sí. La más profunda e importante de todas las consecuencias conexas al paradigma holográfico implicaría que, los milagros no son más habituales por el mero hecho de no haber programado nuestras mentes con las convicciones adecuadas para que se produzcan. En un universo holográfico no hay límites a los cambios que podemos aportar a la sustancia de la realidad, porque lo que percibimos como realidad es solamente una tela en espera a que se la pinte con cualquier imagen que queramos.

Todo es posible, desde el doblar cucharas con el poder de la mente, a los fantasmagóricos acontecimientos vividos por Carlos Castaneda durante sus encuentros con don Juan, el chaman Yaqui descrito en sus libros. Todo esto no será, ni más ni menos milagroso que la capacidad que tenemos de plasmar la realidad a nuestro agrado durante los sueños.

FUENTES:


jueves, 23 de octubre de 2008

La transformación integral

"Simplifica las cosas todo lo que puedas, pero no por ello las trivialices".
Albert Einstein


Parece, pues, que entre el 1 y el 2% de la población mundial se halla en un estadio integral propio del pensamiento de segundo grado, pero que cerca del 20% está en el meme verde, a punto de experimentar la transformación integral a la que Clare Graves ha calificado de auténtico "salto cuántico".
¿Cuáles son las condiciones que pueden fomentar esa transformación? Los teóricos del desarrollo han aislado decenas de factores que contribuyen a la transformación vertical (en tanto que algo opuesto a la traslación horizontal). Desde mi punto de vista, no obstante, para que realmente se produzca la transformación deben hallarse presentes varios factores procedentes de diferentes dimensiones.'
Digamos, para comenzar, que el individuo debe poseer una estructura orgánica (lo cual incluye una estructura cerebral) que pueda soportar esa transformación, un requisito que no suele suponer ningún tipo de problema porque, a esta altura de la evolución, la mayor parte de los individuos poseen las condiciones biológicas necesarias para soportar una conciencia integral.
Pero el sustrato cultural también debe estar en condiciones de sustentar tal transformación o, en el peor de los casos, de no oponerse a ella. Tal vez, hace treinta años, este requisito hubiera supuesto un auténtico problema, pero son muchos los indicadores que parecen señalar que, en la actualidad, existe una predisposición cultural hacia un abrazo más integral. Digamos, en este sentido, que las últimas tres décadas de meme verde han preparado el camino para que un elevado porcentaje de la población (los integrantes del meme verde que, como sugiere la investigación realizada a este respecto -véase figura 6.2- incluye a unos cuarenta millones de norteamericanos y aproximadamente el mismo porcentaje de la población europea) esté preparada para experimentar esa transformación. A fin de cuentas, ésa es, según Clare Graves, la principal función del meme verde, sensibilizar a la espiral del desarrollo (por algo se le denomina el estadio del yo sensible) y, de ese modo, prepararlo para dar el paso que conduce hasta el pensamiento de segundo grado.
Pero, para que tal cosa ocurra, la conciencia debe ir más allá de verde. Parafraseando a Graves, podríamos decir que «El meme verde debe fracasar y liberar la energía necesaria para realizar el salto al pensamiento de segundo grado. Y es ahí, precisamente, donde se halla hoy en día la vanguardia de la evolución». Y, puesto que la principal causa de fijación al meme verde radica en boomeritis, hay que remediar prontamente esa perturbación, al menos hasta cierto punto. (El lector interesado puede encontrar en Boomeritis varias sugerencias a este respecto.) En cualquier caso, si uno cobra conciencia del problema que supone boomeritis y reconoce sus peligros, ya ha dado un importante paso hacia adelante.
En lo que respecta a las instituciones sociales y al fundamento tecno-económico concretos, se requieren profundos avances tecnológicos en una o más áreas que acicateen a la conciencia individual. (Se trata, obviamente, del viejo argumento marxista -una verdad parcial pero todavía válida- según el cual el cambio de las fuerzas de producción provoca profundas transformaciones culturales.)
Recientemente hemos experimentado varios de estos avances en la estructura tecnoeconómica, entre los cuales cabe destacar la revolución digital/microchip. Nadie duda hoy de que la nuestra es la "era de la información", una de las grandes revoluciones sociales que -junto a la recolectora, la hortícola, la agraria y la industrial- han estimulado la marcha de la historia, y también suele aceptarse que no necesitamos seguir morando en ella. Debemos damos cuenta de que la globalización de las comunicaciones han abierto la puerta a la posibilidad de una conciencia global e integral. Pero esta red tecnológica global, este nuevo sistema nervioso de la conciencia colectiva, no garantiza, en modo alguno, el desarrollo del individuo hasta el estadio integral. Es cierto que lo facilita, pero en modo alguno lo garantiza. Además, global o planetario no significa necesariamente integral. Después de todo, el meme rojo, el meme azul y el meme naranja también pueden utilizar Internet, pongamos por caso. Así pues, por más planetarios o globales que puedan ser los condicionantes externos, el nivel o estadio de conciencia no está exclusivamente determinado por ellos sino -como luego veremos más detenidamente- por factores interiores.
Así es como llegamos a la última dimensión, la de la conciencia individual, y a los factores que posibilitan la transformación personal (puesto que los otros requisitos ya se hallan más o menos a punto). Y es en este ámbito donde creo que debemos resaltar cuatro factores que, en mi opinión, son especialmente importantes: el logro, la disonancia, la visión y la apertura.
Con el término logro me refiero al hecho de que el individuo tiene que haber satisfecho las exigencias básicas de un determinado estadio u ola, que haya consolidado ya una competencia básica en cualquiera de las líneas del desarrollo propias de ese nivel. Y con ello no quiero decir que la persona tenga que dominar a la perfección un determinado nivel o estadio, sino simplemente que debe funcionar de un modo lo suficientemente adecuado como para poder dar un paso hacia adelante. En el caso de que la persona no dé ese paso, experimenta un estancamiento evolutivo que torna improbable el salto. Desde una perspectiva más subjetiva, podríamos decir que, para que el individuo esté en condiciones de dar un paso hacia adelante, debe haber degustado antes lo suficientemente el estadio en que se halla como para haberse hartado de él o, lo que es lo mismo, que quien todavía tenga hambre del alimento propio de un determinado, estadio estará en condiciones de buscarlo en otra parte.
Quien, por el contrario, haya degustado lo suficiente un determinado estadio como para haberse hartado de él, estará en condiciones de aventurarse a sufrir una transformación. Pero, para que ello ocurra, debe experimentar algún tipo de disonancia. Es como si la nueva ola estuviera luchando por emerger al tiempo que la vieja se esforzase en permanecer y el individuo experimentara, en consecuencia, la tensión de esos dos impulsos como una disonancia que lo empujase en direcciones diferentes. Así pues, la insatisfacción profunda, la desazón o incluso el hartazgo con el nivel presente genera una insidiosa y conflictiva disonancia. (Digamos de paso en este sentido que una de las razones por las que escribí Boomeritis fue la de generar algún tipo de disonancia en el meme verde que, por cierto, ha acabado indisponiéndome con ellos.)
En cualquier caso, uno debe estar en condiciones de renunciar -o de morir- al nivel presente. Tal vez uno haya tropezado con sus limitaciones y contradicciones intrínsecas (como diría Hegel), haya comenzado a desidentificarse de él (como diría Assagioli) o quizás simplemente se haya cansado de permanecer en la misma situación. Llegados a este punto, para que el individuo pueda dar un paso hacia delante es necesaria algún tipo de visión de la situación como, por ejemplo, la comprensión de lo que uno quiere y de lo que la realidad realmente ofrece. Así pues, la afirmación, la volición y la intención de cambiar pueden ser elementos fundamentales de la visión de la situación que alienten el proceso de desarrollo de la conciencia. Esta visión, además, puede verse estimulada por la introspección, por las conversaciones con los amigos, por la terapia, por la meditación -o incluso, más frecuentemente de lo que creemos-, por el simple hecho de vivir.
Cuando todos esos factores, finalmente, están a punto, se toma posible la apertura a la siguiente ola más profunda, más elevada, más amplia y más abarcadora del desarrollo de la conciencia.
Los factores, pues, que favorecen el "salto cuántico" a la siguiente ola integral -que el individuo se haya hartado del meme verde hasta el punto de estar dispuesto a abandonarlo, que experimente algún tipo de disonancia con el estado presente, que esté buscando algo más profundo, más amplio y más significativo- pueden resumirse en dos puntos fundamentales: una visión integral y una práctica integral.
La primera de ellas nos proporciona una cierta comprensión y, en este sentido, nos ayuda a superar la disonancia y a aventurarnos a experimentar una apertura más amplia y más profunda. La práctica integral, por su parte, consolida más concretamente todos esos factores para que no terminen convirtiéndose en meras ideas abstractas y nociones vagas.
Debo señalar aquí que, en la medida en que la conciencia comienza a asentarse en el pensamiento de segundo grado, aparece la posibilidad de una auténtica TOE (Theory Of Everything] ) o, en el peor de los casos, se convierte en algo sumamente interesante porque suele expresarse en los términos holísticos propios de la conciencia de segundo grado.
En los próximos capítulos esbozaré mi propia versión de una visión integral (de una TOE) y también exploraré su utilidad en una serie de ámbitos que van desde la medicina integral hasta los negocios integrales, la política integral y la espiritualidad integral. (Con ello no pretendo decir que se trate de la única visión integral posible ni tampoco de que sea la mejor. Lo único que afirmo, por el contrario, es que es la mejor que yo conozco.) Comenzaremos, pues, considerando esta visión integral y luego echaremos un vistazo al aspecto que podría asumir una práctica integral para que, quien lo desee, pueda actualizar esta visión integral en su propio caso y aportar un enfoque más comprehensivo a los muchos modos en que podemos tratar de ayudar a los demás.

La visión integral en el mundo en general

Permítanme concluir este capítulo con la siguiente estimación, realizada por el doctor Phillip Harter, de la Facultad de Medicina de la Stanford University. Si consideramos a toda la población de la tierra como una aldea de sólo cien personas, ésta se asemejaría a lo siguiente:

57 de ellos serían asiáticos
21 europeos
14 americanos (tanto de Norteamérica como de Sudamérica)
8 africanos 30 blancos 70 no blancos
6 poseerían el 59% de la riqueza del mundo
(y los 6 serían estadounidenses)
80 viviría en condiciones infrahumanas
70 serían analfabetos
50 sufrirían desnutrición
1 tendría educación universitaria
1 poseería ordenador

Como ya he señalado, pues, la resolución de los problemas más urgentes que aquejan a nuestro planeta depende del desarrollo de una visión integral. Por ello nuestra principal exigencia ética consiste en sanar la espiral completa del desarrollo y, más concretamente, de sus olas más tempranas.
No obstante, la ventaja de la conciencia visión-lógica de segundo grado es que nos proporciona una visión más creativa para abordar esos apremiantes problemas, porque la comprensión de la imagen global puede ayudarnos a encontrar soluciones más inteligentes. En este sentido, es el cuerpo gobernante el que más necesita de un abordaje integral; son nuestras instituciones educativas, desbordadas por el postmodernismo deconstructivo, las que necesitan desesperadamente de una visión más integral; es nuestra práctica comercial, centrada en los logros fragmentarios, la que requiere de un enfoque más equilibrado; son nuestras instituciones sanitarias las que más podrían beneficiarse de la visión compasiva de un abordaje más integral; y son los gobernantes los que más claramente podrían advertir sus propias posibilidades. De todas estas formas -y de muchas otras más- podríamos utilizar una visión integral para cambiar el rumbo de un mundo que está enloqueciendo poco a poco.

Fuentes:

Extractos de "Una Teoría de Todo"
Por Ken Wilber


miércoles, 22 de octubre de 2008

Una Teoría de Todo

A Theory of Everything

Una Teoría de Todo
Una visión integral de la empresa, la política, la ciencia y la espiritualidad.
Trad. de David González Raga.

Una teoría de todo ofrece una visión general, concisa y exhaustiva del revolucionario pensamiento de Ken Wilber. Con un lenguaje claro, ameno y exento de tecnicismos, Wilber presenta un modelo de "dinámica espiritual" que integra las esferas del cuerpo, la mente, el alma y el espíritu. Este innovador enfoque logra integrar sin fisuras el mundo de la ciencia y el de la religión y posee unas repercusiones practicas inestimables.

Wilber muestra, ademas, la manera de aplicar esta visión integral a los problemas de la vida cotidiana, en campos como los negocios, la política, la medicina o la educación. Para ilustrarlo, utiliza distintos mapas del Kosmos que aúnan las visiones del mundo que se han ido desarrollando a través de los tiempos.

Una teoría de todo proporciona, así, practicas diarias que combinan la meditación con técnicas psicológicas sofisticadas, destinadas a ayudar a los lectores a desarrollar esta visión integral en sus propias vidas.

NOTA PARA EL LECTOR

¿Cuál es, al despuntar el nuevo milenio, el más candente de los problemas intelectuales? ¿Cuál es el ítem que despierta el interés de la academia y de revistas tan eruditas como "Atlantic Review" y el "New Yorker"? ¿Cuál es el tema que atrapa la atención tanto del especialista como del gran público? ¿Acaso se esconden ahí los arcanos más secretos de la condición humana? ¿Cuáles son las nuevas ideas con que nos deslumbrarán quienes andan "en el ajo"?
Habría quien dirían que se trata de la psicología evolutiva, es decir, la aplicación de los principios de la evolución al estudio de la conducta humana: como usted sabe, los hombres somos sexualmente promiscuos, mientras que las mujeres, por su parte, son creadoras de nidos porque millones de años de selección natural nos han hecho así. Y es muy cierto que la psicología evolutiva se ha convertido en un ítem candente, porque ha logrado arrinconar al postmodernismo -el megahit de las últimas tres décadas- hasta el punto de que hoy en día sólo despierta bostezos. ¿No les parece irónico que el postmodernismo -que había logrado su enorme cohorte de seguidores gracias a su capacidad para deconstruir las ideas ajenas y proclamarse así en el rey del mundo académico- forme ya parte del ayer?
La psicología evolutiva consiguió "mover el piso" de los especialistas en "mover el piso", y lo hizo mostrando que los principios de la evolución nos proporcionan explicaciones mucho más sugestivas de la conducta humana que la monótona cantinela postmoderna de que toda conducta es culturalmente relativa y se ve socialmente construida. Porque el hecho es que la psicología evolutiva explicitó los principios universales de la condición humana, evidenció que sólo es posible negar la evolución abrazando la incoherencia... y puso de relieve que, a fin de cuentas, el postmodernismo tampoco resultaba tan divertido.
La psicología evolutiva es una de las ramas de una perspectiva radicalmente nueva sobre la evolución. La síntesis neodarwiniana anterior consideraba la evolución como el resultado de la acumulación de las mutaciones genéticas azarosas que tienen mayor valor de supervivencia, pero eran muchos los que no se hallaban satisfechos con esa explicación. ¿Cómo puede la extraordinaria vitalidad y diversidad de la vida proceder de un universo exclusivamente gobernado por las leyes de la física, leyes que afirman tajantemente -recordemos el segundo principio de la termodinámica- que el universo se halla sumido en un proceso de degradación continua y que el grado de desorden es cada vez mayor? Porque el hecho es que la simple observación pone de manifiesto que, en el mundo real, la vida genera orden por doquier, como si el universo no se hallara en proceso de descomposición sino, muy al contrario, de creación.
Las teorías del "caos" y de la "complejidad" aportaron una nueva y revolucionaria visión, según la cual el universo físico tiende a crear orden, como el remolino que genera el agua al irse por un desagüe. La vida biológica se halla inmersa en una serie de vórtices que parecen introducir orden en el caos y posibilitar la emergencia, a cada nuevo paso, de estructuras cada vez más ordenadas mediante diversos procesos de selección que operan a todos los nive¬les, desde el físico hasta el cultural. Ésta es, precisamente, en el dominio humano, la conducta estudiada por la nueva psicología evolutiva, un tópico realmente muy interesante.
Pero, por más interesante que sea, la psicología evolutiva no es el tema más candente de nuestro tiempo. Desde comienzos de los ochenta y a lo largo de un proceso que experimentó un crescendo a finales de los noventa, el mundo de la física se vio sacudido por el rumor de la aparición de una nueva teoría de todo [una TOE,
del término original inglés: Theory Of Everything], una teoría destinada a unificar todas las leyes conocidas del universo en un único y omniabarcador modelo que explicaría literalmente la totalidad de la existencia. Hubo incluso quienes dijeron que, en su formulación matemática, podía advertirse la misma mano de Dios, otros proclamaban que se había descorrido el velo que ocultaba el último misterio y la gran mayoría creía en silencio que la respuesta final a todas las preguntas no andaba muy lejos.
Conocida con el nombre de teoría de cuerdas (o, más exactamente, como teoría-M), esa visión prometía unificar todos los ámbitos conocidos de la física -el electromagnetismo, las fuerzas nucleares y la gravedad- en un supermodelo que lo abarcaría todo. Las unidades fundamentales de ese supermodelo son conocidas con el nombre de "cuerdas" (o cuerdas vibrantes unidimensionales) y su vibración da origen a las "notas" que constituyen la totalidad de partículas y fuerzas conocidas del cosmos.
La teoría-M (según se dice, la "M" lo representa todo, desde matriz hasta membrana, misterio o madre, configurando así una suerte de "madre de todas las teorías") es, de hecho, un modelo muy excitante y prometedor, y si finalmente se demuestra que funciona -y hay que decir, en este sentido, que la evidencia parece corroborarla-, se trataría de uno de los principales descubrimientos científicos de todos los tiempos. Por ello, para los entendidos, la teoría de cuerdas o teoría-M es el más candente de todos los modelos intelectuales, un revolucionario supermodelo que destierra a la psicología evolutiva al rincón de lo meramente anecdótico.
La teoría-M ha llegado incluso a influir en el mismo pensamiento de los intelectuales, es decir, les ha llevado a pensar de un modo diferente. Pero ¿qué significaría, a fin de cuentas, una teoría que lo explicase todo? ¿Y qué significa, exactamente, "todo"? ¿Acaso esta nueva teoría física puede llegar a explicar, pongamos por caso, la poesía humana, el funcionamiento de la economía o los distintos estadios del desarrollo psicosexual? ¿Es que acaso esta nueva física puede explicar el flujo de los ecosistemas, la dinámica de la historia o por qué las guerras siguen siendo tan lamentablemente frecuentes?
Según se dice, en el interior de los quarks existen cuerdas vibrantes que constituyen las unidades fundamentales que hay detrás de todo. Pero, si esto fuera así, se trataría de una totalidad extraña y más bien anémica, bastante ajena, por otra parte, a la riqueza del mundo cotidiano. Es muy posible que las cuerdas constituyan una parte importante -y hasta fundamental- del mundo, pero en ningún caso parece que se trate de un asunto muy significativo. Usted y yo sabemos que, si las cuerdas existen, sólo constituyen una pequeña parte de la imagen global, y lo sabemos cada vez que echamos un vistazo a nuestro alrededor, cada vez que escuchamos a Bach, hacemos el amor, nos asustamos por el fragor de un trueno, nos extasiamos ante una puesta de sol o contemplamos un mundo resplandeciente que parece compuesto por algo mucho mayor que esas delgadas bandas unidimensionales microscópicas...
Los griegos tenían una hermosa palabra -Kosmos- para referirse a la Totalidad ordenada de la existencia, una totalidad que incluía los reinos físicos, emocionales, mentales y espirituales. Desde su punto de vista, la realidad última, pues, no era tanto el cosmos (la dimensión estrictamente física) como el Kosmos (que incluye las dimensiones físicas, emocionales, mentales y espirituales). El Kosmos no se refería sólo a la materia inanimada e insensible, sino a la Totalidad viva compuesta por la materia, el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu. ¡Si debe existir una auténtica TOE, ésa no debe centrarse exclusivamente en el cosmos sino en el Kosmos! Lo que ocurre es que la modernidad ha acabado reduciendo el Kosmos al cosmos, la totalidad compuesta de materia-cuerpo-mente-alma-y-espíritu a la materia hasta el punto de que, en el mundo insípido y anodino del materialismo científico, nos conformamos con la idea de que una teoría que unifique la dimensión física realmente es una TOE...
Según se dice, la nueva física nos revela la mente de Dios y tal vez sea así... pero sólo cuando Dios esté pensando en la mera materia. Preguntémonos, pues -sin negar por ello, en modo alguno, la importancia de una física unificada- si acaso podemos disponer de una teoría que no se limite al cosmos sino que tenga realmente en cuenta al Kosmos. ¿Acaso puede haber una auténtica TOE?, ¿es legítimo preguntarse estas cosas? y, en tal caso ¿por dónde tendríamos que comenzar?
Una verdadera "visión integral" -una auténtica TOE- debería incluir la materia, el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu tal y como se nos presentan en su despliegue a través del yo, la cultura y la naturaleza. Debería tratarse de una visión comprehensiva, equilibrada e inclusiva, una visión que abrazase la ciencia, el arte y la moral, una visión que englobase todas las disciplinas (desde la física hasta la espiritualidad, la biología, la estética, la sociología y la oración contemplativa) y se expresase a través de una política integral, una medicina integral, una espiritualidad integral...
Este libro presenta un esbozo de tal TOE y, en este sentido, está plagado de limitaciones, es decir, de generalizaciones injustificadas que impiden, en consecuencia, que alcance su objetivo manifiesto de un abrazo auténticamente holístico. Pero no es sólo que la empresa se encuentre más allá de cualquier mente humana, sino que es prácticamente imposible de llevar a cabo, ya que el conocimiento crece a una velocidad mucho mayor que nuestra capacidad de conceptualizarlo. La búsqueda holística, pues, es una especie de quimera, un viaje interminable hacia un horizonte que se desplaza al mismo ritmo que nosotros, una marmita llena de oro al final de un arco iris que nunca alcanzaremos.
¿Pero por qué, si esto es así, deberíamos preocuparnos siquiera por embarcarnos en esa tarea? Porque, en mi opinión, un poco de totalidad es mejor que nada y cualquier visión integral nos brinda mucha más totalidad que la alternativa acostumbrada de las meras visiones chatas. Podemos estar más completos o menos completos, más fragmentados o menos fragmentados, más alienados o menos alienados y, en este sentido, una visión integral nos ayuda a sanar nuestra fragmentación y ser un poco más completos en nuestro trabajo, en nuestra vida y en nuestro destino.
Además, y como veremos en las próximas páginas, una visión integral puede proporcionarnos beneficios inmediatos. En los primeros cuatro capítulos presentamos una TOE y en los últimos tres hablamos de una política integral, de una educación integral, de una medicina integral, de una espiritualidad integral y de una visión integral del mundo de los negocios (campos en los que, por cierto, ya se está trabajando entusiásticamente), subrayando así su relevancia en el "mundo real". El último capítulo se centra en una "práctica transformadora integral", un abordaje integral a la transformación psicológica y espiritual que puede emprender cualquier lector interesado.
(Las notas finales son para los estudiantes avanzados o para una segunda lectura. Y, en el último capítulo, presento una serie de lecturas recomendadas para todos aquellos que quieran profundizar en una visión integral y en una TOE.)
Este libro es el hermano gemelo de "Boomeritis", porque creo que el mundo, en general, y mi generación, en particular, ha llegado a una encrucijada clave en la que, o bien seguimos el camino marcado por el materialismo científico, el pluralismo fragmentado y el postmodemismo deconstructivo o bien elegimos un camino más integral, global, abarcador e inclusivo. Así pues, "Boomeritis" y "Una teoría de todo" parten del mismo punto (el primer capítulo y la mitad del segundo son prácticamente idénticos), pero luego "Boomeritis" se ocupa de investigar el camino que hemos seguido hasta el momento, el camino de la fragmentación y la alineación, mientras que "Una teoría de todo" se dedica a explorar el camino alternativo del holismo y el abrazo integrador. La decisión final, obviamente, depende de todos nosotros.
Quisiera, para finalizar, señalar que las ideas esbozadas en las páginas siguientes no son más que meras sugerencias. Convendría, pues, que el lector viera si esas ideas tienen sentido para él, si puede enriquecerlas y si le ayudan a actualizar sus propias ideas y aspiraciones más integrales. En cierta ocasión tuve un profesor que decía que una buena teoría es aquella «que dura lo suficiente como para alcanzar otra todavía mejor» y lo mismo podríamos decir con respecto a "una buena TOE". Ésta no es una teoría fija y cerrada, sino simplemente una teoría que sólo habrá servido con su cometido cuando le permita alcanzar otra mejor. Entretanto, disfrutemos de la maravilla y la gloria de la misma búsqueda, una búsqueda saturada desde el comienzo del resplandor del ser y consumada antes incluso de haberla emprendido.
K. W.
Boulder, Colorado Primavera del 2000


La visión integral en el mundo en general


Permítanme concluir este capítulo(
3. Una visión integral) con la siguiente estimación, realizada por el doctor Phillip Harter, de la Facultad de Medicina de la Stanford University. Si consideramos a toda la población de la tierra como una aldea de sólo cien personas, ésta se asemejaría a lo siguiente:

57 de ellos serían asiáticos
21 europeos
14 americanos (tanto de Norteamérica como de Sudamérica)
8 africanos 30 blancos 70 no blancos
6 poseerían el 59% de la riqueza del mundo
(y los 6 serían estadounidenses)
80 viviría en condiciones infrahumanas
70 serían analfabetos
50 sufrirían desnutrición
1 tendría educación universitaria
1 poseería ordenador

Como ya he señalado, pues, la resolución de los problemas más urgentes que aquejan a nuestro planeta depende del desarrollo de una visión integral. Por ello nuestra principal exigencia ética consiste en sanar la espiral completa del desarrollo y, más concretamente, de sus olas más tempranas.
No obstante, la ventaja de la conciencia visión-lógica de segundo grado es que nos proporciona una visión más creativa para abordar esos apremiantes problemas, porque la comprensión de la imagen global puede ayudarnos a encontrar soluciones más inteligentes. En este sentido, es el cuerpo gobernante el que más necesita de un abordaje integral; son nuestras instituciones educativas, desbordadas por el postmodernismo deconstructivo, las que necesitan desesperadamente de una visión más integral; es nuestra práctica comercial, centrada en los logros fragmentarios, la que requiere de un enfoque más equilibrado; son nuestras instituciones sanitarias las que más podrían beneficiarse de la visión compasiva de un abordaje más integral; y son los gobernantes los que más claramente podrían advertir sus propias posibilidades. De todas estas formas -y de muchas otras más- podríamos utilizar una visión integral para cambiar el rumbo de un mundo que está enloqueciendo poco a poco.


Fuentes:

Extractos de "Una Teoría de Todo"
Por Ken Wilber

SUMARIO

Nota para el lector

1. La espiral sorprendente
La fragmentación de la vanguardia
Boomeritis
Las olas de la existencia
El proyecto de la conciencia humana
El salto a la conciencia de segundo grado

2.Boomeritis
El desarrollo en tanto que disminución del egocentrismo ...
La espiral de la compasión
¡Luchemos contra el sistema!
Jerarquías de desarrollo versus jerarquías de dominio
Boomeritis
Los muchos dones proporcionados por el meme verde
Más allá del pluralismo
La cultura integral

3. Una visión integral
La transformación integral
Sexo, ecología, espiritualidad
Un enfoque espectral global
Omnicuadrante
Un mapa más integral
Transformar al cartógrafo
La directriz primordial
Moderar nuestras expectativas
La visión integral en el mundo en general

4. Ciencia y religión
La relación existente entre la ciencia y la religión
¿Dominios no solapados?
El cerebro de un místico
Omnicuadrante y omninivel
La buena ciencia
La religión profunda
La revelación integral
Vive la différence!
La religión estrecha
Espiritualidad y liberalismo

5. El mundo real
La política integral
El gobierno integral
La medicina integral
Una visión integral del mundo de los negocios
La educación integral
Los estudios sobre la conciencia
Una espiritualidad relacional y socialmente comprometida
La ecología integral
Llegar a las minorías
Omnicuadrante, omninivel y omnilínea: una visión global de la UNICEF
El terror del mañana
Integral Institute

6. Mapas del Kosmos
Un sistema de clasificación holístico
Visiones el mundo
Robert Bellah y Mark Gerzon
La profundidad vertical
Francis Fukuyama: El fin de la historia y el último hombre
Samuel P. Huntington: El choque de civilizaciones
Vertical y horizontal
El mal meme verde
La Civilización Mundial
Thomas L. Friedman: The Lexus and the Olive Tree
Las olas de la experiencia espiritual
¿Por qué no desembarazarnos simplemente de la religión?
La práctica integral

7. Un solo sabor
La práctica transformadora integral
Recomendaciones
Cierto pero parcial
Cuando todo ha concluido

Notas
Capítulo 1. La espiral sorprendente
Capítulo 2. Boomeritis
Capítulo 3. Una visión integral
Capítulo 4. Ciencia y religión
Capítulo 5. El mundo real
Capítulo 6. Mapas del Kosmos

Índice

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Según Platón, el conocimiento es un subconjunto de lo que forma parte a la vez de la verdad y de la creencia.
Integral Philosopher Michel Bauwens "Vision"