domingo, 17 de mayo de 2009

El cuento de Barba Azul

Una mujer poseída por su animus corre el peligro de perder su femineidad, que es su calidad de lo femenino, su persona femenina adaptada, lo mismo que el hombre en igualdad de circunstancias corre el riesgo de perder su masculinidad. El arquetipo ya sea anima o animus es una figura femenina o masculina en la psicología del hombre o de la mujer, respectivamente. Y se expresa en los mitos, la idea de estas energías dentro del mismo cuerpo. Cabe aclarar, que estos arquetipos anima y animus, se presentan en forma negativa, y también lo hacen en forma positiva, como fuente de iluminación.

"Los cuentos de hadas, cuentan con un material que es puente entre el Inconsciente personal y el colectivo, al ser una manifestación conocida de imágenes y símbolos arquetípicos. Estos siguen un modelo de completamiento en el individuo (Individuación), y al traducir y comprender dichos símbolos, pueden tener un efecto curativo. Para ello es preciso descubrir los arquetipos subyacentes que representen en secuencia los niveles del proceso. En el cuento de Barba Azul interesa especialmente, los arquetipos que ayudan a la mujer en su proceso de individuación, cómo pueden activarse o desactivase, cómo pueden guiar, cómo toman diferentes formas, cuáles son sus metas y sus temores, cómo pueden llegar a ser luminosos u oscuros, según lo requiera cada mujer y según el nivel en el que se encuentre. Todo esto a través del recorrido de la protagonista del cuento.
Cada mujer necesitará estar atenta al llamado para emprender la travesía que la lleve al aprendizaje requerido y la oportunidad de escuchar todo lo que su sombra tiene que decirle e integrarla. En el cuento seleccionado después de atender al llamado e iniciar el camino, la protagonista se enfrenta a sus dragones tomando los recursos de sus propios arquetipos y aprende cómo preparar su psique para próximos dragones. Esa es la experiencia que le queda, sin ésta no hay conciencia. El potencial para crecer está ahí, cada mujer puede decidir quedarse ahí o hacer uso de su fuerza creativa femenina para continuar el viaje."

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Hay un trozo de barba que se conserva en el convento de las monjas blancas de las lejanas montañas. Nadie sabe cómo llegó al convento. Algunos dicen que fueron las monjas que enterraron lo que quedaba de su cuerpo, pues nadie más quería tocarlo. La razón de que las monjas conservaran semejante reliquia se desconoce, pero se trata de un hecho cierto. La amiga de mi amiga la ha visto con sus propios ojos. Dice que la barba es de color azul, añil para ser más exactos. Es tan azul como el oscuro hielo del lago, tan azul como la sombra de un agujero de noche. La barba la llevaba hace tiempo uno que, según dicen, era un mago frustrado, un gigante muy aficionado a las mujeres, un hombre llamado Barba Azul.

Dicen que cortejó a tres hermanas al mismo tiempo. Pero a ellas les daba miedo su extraña barba de tono azulado y se escondían cuando iba a verlas. En un intento de convencerlas de su amabilidad, las invitó a dar un paseo por el bosque. Se presentó con unos caballos adornados con cascabeles y cintas carmesí. Sentó a las hermanas y a su madre en las sillas de los caballos y los cinco se alejaron a medio galope hacia el bosque. Pasaron un día maravilloso cabalgando mientras los perros que los acompañaban corrían a su lado y por delante de ellos. Más tarde se detuvieron bajo un árbol gigantesco y Barba Azul deleitó a sus invitadas con unas historias deliciosas y las obsequió con manjares exquisitos.
Las hermanas empezaron a pensar "Bueno, a lo mejor, este Barba Azul no es tan malo como parece".
Regresaron a casa comentando animadamente lo interesante que había sido la jornada y lo bien que se lo habían pasado. Sin embargo, las sospechas y los temores de las dos hermanas mayores no se disiparon, por lo que éstas decidieron no volver a ver a Barba Azul. En cambio, la herma-na menor pensó que un hombre tan encantador no podía ser malo. Cuanto más trataba de convencerse, tanto menos horrible te parecía aquel hombre y tanto menos azul le parecía su barba.
Por consiguiente, cuando Barba Azul pidió su mano, ella aceptó. Pensó mucho en la proposición y le pareció que se iba a casar con un hombre muy elegante. Así pues, se casaron y se fueron, al castillo que el marido tenía en el bosque.
Un día él le dijo:
-Tengo que ausentarme durante algún tiempo. Si quieres, invita a tu familia a venir aquí. Puedes cabalgar por el bosque, ordenar a los cocineros que preparen un festín, puedes hacer lo que te apetezca y todo lo que desee tu corazón. Es más, aquí tienes mi llavero. Puedes abrir todas las puertas que quieras, las de las despensas, las de los cuartos del dinero, cualquier puerta del castillo, pero no utilices la llavecita que tiene estos adornos encima.
La esposa contestó:
-Me parece muy bien, haré lo que tú me pides. Vete tranquilo, mi querido esposo, y no tardes en regresar.
Así pues, él se fue y ella se quedó.
Sus hermanas fueron a visitarla y, como cualquier persona en su lugar, tuvieron curiosidad por saber qué quería el amo que se hiciera en su ausencia. La joven esposa se lo dijo alegremente.
-Dice que podemos hacer lo que queramos y entrar en cualquier estancia que deseemos menos en una. Pero no sé cuál es. Tengo una llave, pero no sé a qué puerta corresponde.
Las hermanas decidieron convertir en un juego la tarea de descubrir a qué puerta correspondía la llave. El castillo tenía tres pisos de altura con cien puertas en cada ala y, como había muchas llaves en el llavero, las hermanas fueron de puerta en puerta y se divirtieron muchísimo abriendo las puertas. Detrás de una puerta estaban las despensas de la cocina; detrás de otra, los cuartos donde se guardaba el dinero. Había toda suerte de riquezas y todo les parecía cada vez más Prodigioso. Al final, tras haber visto tantas maravillas, llegaron al sótano y, al fondo de un pasillo, se encontraron con una pared desnuda.
Estudiaron desconcertadas la última llave, la de los adornos encima.
-A lo mejor, esta llave no encaja en ningún sitio.
Mientras lo decían, oyeron un extraño ruido... "errrrrrrrr". Asomaron la cabeza por la esquina y, ¡oh, prodigio!, vieron una puertecita que se estaba cerrando. Cuando trataron de volver abrirla, descubrieron que estaba firmemente cerrada con llave. Una de las hermanas gritó:
-¡Hermana, hermana, trae la llave! Ésta debe de ser la puerta de la misteriosa llavecita.
Sin pensarlo, una de las hermanas introdujo la llave en la cerradura y la hizo girar. La cerradura chirrió y la puerta se abrió, pero dentro estaba todo tan oscuro que no se veía nada.
-Hermana, hermana, trae una vela. Encendieron una vela, contemplaron el interior de la estancia y las tres lanzaron un grito al unísono, pues dentro había un lodazal de sangre, por el suelo estaban diseminados los ennegrecidos huesos de unos cadáveres y en los rincones se veían unas calaveras amontonadas cual si fueran pirámides de manzanas.
Volvieron a cerrar la puerta de golpe, sacaron la llave de la cerradura y se apoyaron la una contra la otra, jadeando y respirando afanosamente. ¡Dios mío! ¡Dios mío!
La esposa contempló la llave y vio que estaba manchada de sangre. Horrorizada, intentó limpiarla con la falda de su vestido, pero la sangre no se iba.
-¡Oh, no! -gritó.
Cada una de sus hermanas tomó la llavecita y trató de limpiarla, pe-ro no lo consiguió.
La esposa se guardó la llavecita en el bolsillo y corrió a la cocina. Al llegar allí, vio que su vestido blanco estaba manchado de rojo desde el bolsillo hasta el dobladillo, pues la llave estaba llorando lentamente gotas de sangre de color rojo oscuro.
-Rápido, dame un poco de crin de caballo -le ordenó a la cocinera.
Frotó la llave, pero ésta no dejaba de sangrar. De la llavecita brotaban gotas y más gotas de pura sangre roja.
La sacó fuera, la cubrió con ceniza de la cocina y la frotó enérgicamente. La acercó al calor para chamuscarla. La cubrió con telarañas para restañar la sangre, pero nada podía impedir aquel llanto.
-¿Qué voy a hacer? -gritó entre sollozos-. Ya lo sé. Esconderé la llavecita. La esconderé en el armarlo de la ropa. Cerraré la puerta. Esto es una pesadilla. Todo se arreglará.
Y eso fue lo que hizo.
El esposo regresó justo a la mañana siguiente, entró en el castillo y llamó a la esposa.
-¿Y bien? ¿Qué tal ha ido todo en mi ausencia?
-Ha ido todo muy bien, mi señor.
-¿Cómo están mis despensas? -preguntó el esposo con voz de trueno.
-Muy bien, mi señor.
-¿Y los cuartos del dinero? -rugió el esposo.
-Los cuartos del dinero están muy bien, mi señor.
-O sea que todo está bien, ¿no es cierto, esposa mía?
-Sí, todo está bien.
-En tal caso -dijo el esposo en voz baja-, será mejor que me devuelvas las llaves. -Le bastó un solo vistazo para darse cuenta de que faltaba una llave-. ¿Dónde está la llave más pequeña?
-La... la he perdido. Sí, la he perdido. Salí a pasear a caballo, se me cayó el llavero y debí de perder una llave.
-¿Qué hiciste con ella, mujer?
-No... no... me acuerdo.
-¡No me mientas! ¡Dime qué hiciste con la llave! -El esposo le acercó una mano al rostro como si quisiera acariciarle la mejilla, pero, en su lugar, la agarró por el cabello-. ¡Esposa infiel! -gritó, arrojándola al suelo-. Has estado en la habitación, ¿verdad?
Abrió el armarlo ropero y vio que de la llavecita colocada en el estante superior había manado sangre roja que manchaba todos los preciosos vestidos de seda que estaban colgados debajo.
-Pues ahora te toca a ti, señora mía -gritó, y llevándola a rastras por el pasillo bajó con ella al sótano hasta llegar a la terrible puerta.
Barba Azul se limitó a mirar la puerta con sus fieros ojos y ésta se abrió. Allí estaban los esqueletos de todas sus anteriores esposas.
-¡¡¡Ahora!!! -bramó.
Pero ella se agarró al marco de la puerta y le suplicó:
-¡Por favor! Te ruego que me permitas serenarme y prepararme para mi muerte. Dame un cuarto de hora antes de quitarme la vida para que pueda quedar en paz con Dios.
-Muy bien -rezongó el esposo-, te doy un cuarto de hora, pero procura estar preparada.
La esposa corrió a su cámara del piso de arriba y pidió a sus hermanas que salieran a lo alto de las murallas del castillo. Después se arrodilló para rezar, pero, en su lugar, llamó a sus hermanas.
-¡Hermanas, hermanas! ¿Veis venir a nuestros hermanos?
-No vemos nada en la vasta llanura.
A cada momento preguntaba:
-¡Hermanas, hermanas! ¿Veis venir a nuestros hermanos?
-Vemos un torbellino, puede que sea una polvareda.
Entretanto, Barba Azul ordenó a gritos a su mujer que bajara al sótano para decapitarla.
Ella volvió a preguntar:
-¡Hermanas, hermanas! ¿Veis venir a nuestros hermanos?
Barba Azul volvió a llamar a gritos a su mujer y empezó a subir ruidosamente los peldaños de piedra.
Las hermanas contestaron:
-¡Sí, los vemos! Nuestros hermanos están aquí y acaban de entrar en el castillo.
Barba Azul avanzó por el pasillo en dirección a la cámara de su esposa.
-Vengo a buscarte -rugió.
Sus pisadas eran muy fuertes, tanto que las piedras del pasillo se desprendieron y la arena de la argamasa cayó al suelo.
Mientras Barba Azul entraba pesadamente en la estancia con las manos extendidas para agarrarla, los hermanos penetraron al galope en el castillo e irrumpieron en la estancia. Desde allí obligaron a Barba Azul a salir al parapeto, se acercaron a él con las espadas desenvainadas, empezaron a dar tajos a diestro y siniestro, lo derribaron al suelo y, al final, lo mataron, dejando su sangre y sus despojos para los buitres.
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"En el "Diccionario de los Símbolos" (Chevalier, 1999), barba, es símbolo de virilidad, de coraje y de sabiduría, lo cual ya nos habla de un guerrero u héroe capaz, con las características más generales de lo masculino. No hay que olvidar que siendo este un estudio arquetipal, estamos hablando del animus de la que será la protagonista. Da muchos más datos el color azul: el más profundo e inmaterial de los colores, vacío acumulado. Aplicado a un objeto, el azul aligera las formas, las abre, las deshace, es camino de lo indefinido donde lo real se transforma en imaginario. El pensamiento consciente deja sitio poco a poco a lo inconsciente. Y también es el color del yang, del Dragón geomántico, y por tanto, de las influencias bienhechoras. Es pues, la barba azul del asesino de sus esposas, el equivalente al llamado a buscar en el interior, a iniciar el recorrido necesario para llevar a cabo el proceso femenino de individuación. Es como si la receptividad de lo femenino, hiciera surgir a la conciencia las partes del alma reprimidas, negadas, disociadas e inconscientes y sensibilizara a las diferentes imágenes del alma para recibir y percibir en la conciencia las heridas emocionales pero con responsabilidad y entonces viene la transformación (Colegrave citada por Zweig).
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Y una de esas partes reprimidas es la personificación masculina del inconsciente de la mujer, es decir el animus, que puede mostrar aspectos tanto buenos como malos y tiende a salir más en forma de una convicción "sagrada" oculta (Von Franz citada por Jung). Barba Azul viene a ser la representación de un animus negativo, asesino, que personifica todas las reflexiones semiconscientes, frías, destructivas que invaden a una mujer cuando tiene que enfrentarse a situaciones que tienen que ver con sus emociones, y no lo logra, sino que es poseída por esa figura del animus que le hace pensar y sentir lo que no piensa ni siente realmente. Un animus que a esta ingenua mujer le está queriendo enseñar, que no debe seguir viviendo con la cabeza, sino utilizar su parte femenina (Henderson, citado por Jung)."
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Fuentes:

Clarissa Pinkola Estés
"Mujeres que Corren con los Lobos"

1 comentarios:

Pedro dijo...

Interesantes reflexiones.
Es increíble lo que puede dar de sí un inofensivo cuento.

Un abrazo.

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Según Platón, el conocimiento es un subconjunto de lo que forma parte a la vez de la verdad y de la creencia.
Integral Philosopher Michel Bauwens "Vision"