martes, 10 de febrero de 2009

La Masa Crítica (1) - "La Teoría del Centésimo Mono"

"Si el cerebro fuera tan simple que pudiéramos entenderlo, seríamos tan simples que no lo entenderíamos."
Lyall Watson


"Una vez se aprende a pensar en la vida de esta forma más amplia, una vez que se puede resistir a la vieja tentación de dividir las cosas en pequeñas piezas convenientes y totalmente artificiales, algunas zonas de este rompecabezas que llamamos vida empiezan entonces a ponerse en su sitio por propio acuerdo, estableciendo conexiones que, de otra forma, son muy difíciles de ver. Rompemos las viejas barreras de percepción y comprensión, como las divisiones –creadas por nosotros- que hacemos entre plantas y animales, divisiones que nos fuerzan a afirmar que la zoología y la botánica son disciplinas separadas, que exigen diferentes profesores y diferentes departamentos universitarios. Todo este asunto es ridículo"


"La Teoría del Centésimo Mono"

Lyall Watson escribió un libro llamado "Lifetide: The Niology of Consciousness". Allí relata un sorprendente suceso que ocurrió cuando experimentaba con una colonia de monos en una isla cerca de Japón:
"El mono, Macaca Fuscata, fue observado en su estado salvaje durante un periodo de mas de 30 años. En 1.952, en la isla de Koshima, los científicos empezaron a proporcionarle a los monos patatas dulces, que dejaban caer en la arena. A los monos les gustó el sabor de aquellas patatas dulces y crudas, pero hallaban poco grata la arena. Una hembra de 18 meses de edad, llamada Imo, vió que podía solucionar el problema lavando las patatas en el océano. Le enseñó el truco a su madre. Sus compañeros de juego también aprendieron éste nuevo método y también se lo enseñaron a sus madres respectivas. Esta innovación cultural fue aprendida gradualmente por varios monos ante la mirada de los científicos. Entre 1.952 y 1.958, todos los monos jóvenes aprendieron a lavar las patatas dulces para que fuesen más sabrosas. Sólo los adultos que imitaron a sus hijos aprendieron ésta mejora social. Otros adultos continuaron comiendo las patatas dulces sucias de arena. Entonces, sucedió algo asombroso. En el otoño de 1.958, cierto número de monos lavaba sus patatas dulces. Si bien se desconoce el número exacto de ellos. Supongamos que cuando el sol saló una mañana, había 99 monos en la isla Koshima que ya habían aprendido a lavar las patatas dulces. Supongamos también que aquella mañana, el mono número 100 aprendió a lavar las patatas. Aquella tarde, todos los de la tribu de monos lavaron sus patatas antes de comerlas. ¡La suma de energía de aquel centésimo mono creó, en cierto modo, una masa crítica y a través de ella, una eclosión ideológica! Pero fíjense. Lo más sorprendente observado por los científicos era que la costumbre de lavar las patatas dulces cruzó espontáneamente el mar.... ¡Las colonias de monos de otras islas y el grupo continental de monos de Takasakiyama empezaron también a lavar su patatas dulces!".

Como si el nuevo conocimiento se hubiese expandido por el aire, alcanzando a toda la especie...

Watson consideró que cuando el mono número X había aprendido, se completó la Masa Crítica, es decir, el número de monos necesario para que toda la especie adquiera de pronto el nuevo conocimiento o la nueva conducta. Esto le hizo suponer que en la evolución de las especies hay mecanismos diferentes de aquellos que intervienen en la selección natural, lo cual tiende a mostrar que esos mecanismos también inciden sobre la manera como ideas y costumbres se propagan por toda la especie humana. A esto se llamo "Teoría del Centésimo Mono".

Aunque el número exacto puede variar, el fenómeno del centésimo mono significa que cuando un número limitado de personas adquieren un nuevo conocimiento, un nuevo método o forma de ver las cosas, sólo es propiedad consciente de tales personas; pero existe un punto en el que con una persona mas que se sintonice con el nuevo conocimiento, éste se propagará por toda la humanidad.

De esto se desprende que una sola persona podría completar la Masa Crítica, y desencadenar un nuevo conocimiento para toda la humanidad.

¿Será usted el centésimo "mono"?

La siguiente teoría es controversial. Hay documentos escritos que parecen corroborarla y también hay quienes argumentan su falta de veracidad. Lo cierto es que el término de "masa crítica" proviene de la física y con él se define la cantidad de masa necesaria para que suceda o nó un fenómeno. Por ejemplo, para que el universo en expansión detenga alguna vez su expansión y vuelva a colapsar, es necesario que exista al menos una cierta cantidad de masa, que se denomina crítica.

Si un número suficiente de almas aprenden o comprenden que el Amor es lo más importante de la vida, ¿se imagina usted cómo cambiaría súbitamente la humanidad?...

Estos son algunos ejemplos de lo que podría ocurrir:

* No importaría raza, nacionalidad, religión ni clase social, y todos seríamos fraternales con todos.
* No existiría el dinero, porque como en una gran familia, todo se compartiría.
* No viviríamos todos aislados, temiendo al vecino, y pasaríamos a formar un gran "clan" fraternal.
* No existirían los ejércitos, entonces se podrían destinar los descomunales recursos que hoy se dedican a la guerra o la investigación bélica (para matar al hombre), al bien de hombre.
* Los avances científicos se pondrían a disposición de todos quienes los necesiten (y estén capacitados para manejarlos).
* Todos tratarían de ayudar a la humanidad con sus mejores talentos, y nadie querría "aprovecharse", porque quien comprende lo que es el Amor, es naturalmente justo.
* Nadie pasaría hambre, porque si faltase comida en algún lugar, la solidaridad humana haría llegar los alimentos necesarios; y lo mismo con respecto a todas las necesidades humanas.
* No se contaminaría el planeta con fábricas de artículos innecesarios.
* No se consumirían millones de horas dedicadas a superficialidades, tonterías o actividades dañinas, y todos trabajarían en lo que le hiciese falta de verdad a la humanidad.
* Se emplearía la tecnología para liberar al hombre de pesos innecesarios y mejorar su vida.
* Se dispondría de mucho más tiempo para dedicarlo a la cultura, el esparcimiento y el crecimiento interior.
* Se enseñaría un idioma mundial en todas partes, además de los propios de cada región, con lo cual se haría innecesario tener que aprender varios idiomas, y todos podrían comunicarse entre sí.
* No habría conocimientos secretos, egoístamente en manos de empresas o naciones, y todo pasaría al acervo cultural de la humanidad, a disposición de quienes lo necesiten.
* Nadie sería dueño de nada, pero todos podrían beneficiarse de todo.
* El hombre dejaría de vivir aterrorizado por el hombre, pues no habría delincuencia ni gobiernos delincuentes ni religiosos perturbados, porque ante el Amor, todo es bueno, claro y transparente.

¿Es necesario apoyar la difusión del Amor, para que más pronto se llegué al "centésimo mono" y se alcance la Masa Crítica?

¿O dejamos que todo siga igual?

Todos los problemas de nuestra sociedad son, en definitiva, nuestros propios problemas. Cuando hablamos de la corrupción y de la manipulación existente, cuando nos quejamos de la insolidaridad y de la injusticia, de las desigualdades, de la necesidad de más apoyo a los desfavorecidos, de la falta de ética, de diálogo y de comprensión, del no cumplimiento de los derechos humanos y de la inexistencia de democracia participativa, de la ausencia de honestidad y coherencia, de justicia y de igualdad… ¿cuántos de nosotros estamos libres de estas culpas?... Yo no.

Si asumimos a nivel personal, la frase " cambiar para crecer “, ¿por qué no creemos que, este mismo lema, hace falta también para cambiar nuestra sociedad?, ¿por qué no nos damos cuenta de que predicamos grandes principios ideológicos, que sin embargo no somos capaces de cumplir nosotros mismos en nuestra casa y en nuestra vida?, ¿cómo vamos a pretender un cambio de todo el sistema, sin empezar por nosotros mismos?.

Hoy, esta reflexión trata precisamente sobre cambios: ¿Importa que yo cambie, para que cambie la gestión política?.

Hay una teoría sobre el cambio que dice: “para que todo cambie, tiene primero que cambiar uno”, aunque muchas veces nosotros mismos hayamos hecho una reflexión a la inversa diciendo: “de qué vale que yo cambie, si el resto no lo hace”, y de esa manera nos justificamos para no esforzarnos en cambiar, permaneciendo todo como está.

Jung revolucionó el paradigma mecanicista de la psicología, recalcando la importancia del inconsciente por encima del consciente. Entendía el inconsciente como algo que iba mucho más allá de lo personal e individual; consideraba que existía un inconsciente colectivo, que es el mismo para toda la humanidad y que contiene la inmensa herencia psíquica de la evolución humana. Experiencias compartidas por los seres humanos en todas las épocas y que recogen una sabiduría común.

Al concepto de inconsciente colectivo se acerca también la idea de memoria genética que desarrolló el científico ruso Iván Efremov, según el cual, todo lo pensado, hablado y actuado por nuestros antepasados está grabado de alguna forma en el código genético.

En occidente, el primero que se acercó a este concepto fue el filósofo griego Platón. El registro akáshico proviene del término sánscrito “akasha” que significa éter: esa finísima sustancia que baña todo el universo. Los archivos en ese registro serían un espacio simbólico y parafísico, situado en el éter, en el que se recogerían todas las palabras emitidas y las acciones cometidas por los seres humanos a lo largo de los tiempos. Es la memoria del cosmos, la recopilación de la sabiduría universal, cuya naturaleza se extendería por todas partes, lo sostiene todo y lo irradia por todo el mundo.

Asimismo, el biólogo inglés Rupert Sheldrake lanzó la hipótesis de que el universo funciona de acuerdo a modelos de hábitos creados por la repetición de ciertos sucesos en el tiempo. Desarrolló la teoría de los campos morfogenéticos, que según el investigador, permiten la transmisión de información entre organismos de la misma especie, sin mediar efectos espaciales ni temporales.

A lo largo del tiempo, en muchas reflexiones sobre la transformación de la sociedad, distintos filósofos y pensadores han usado la forma de la pirámide, empezando el cambio desde su gran base hasta terminar en el punto del vértice; otros, en cambio, invirtiéndola, partieron del vértice para llegar a la gran base.

Vean la pirámide como quieran, pero yo hoy les propongo lo siguiente: sintámonos parte de esa pirámide y produzcamos los cambios, en nosotros mismos, por supuesto. Trataremos de ser mejores en todo, o mejor dicho trataremos de ser mejores; mejores padres, mejores hijos, mejores amigos, mejores ciudadanos, mejores trabajadores, mejores personas (más honestos, coherentes, generosos, comprensivos, solidarios y todas las cualidades que quieran añadir).

¿Y si probamos a ser cada uno de nosotros el centésimo mono para producir el cambio?..

Les invito a limpiar batatas…


Fuentes:
(1)

(2) Revista Digital San Borondón
El centésimo mono


Si solo crees lo que ves...conciencia de si


1 comentarios:

Guillermo dijo...

Gracias por tu visitas al blog

Me tengo que ir, pero quería aunque sea pasar y darte otro apretón de manos

Te he respondido alli

El ser humano es complejo, pero eso lo hace increible. No compliquemos la existencia

Un saludo

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