martes, 6 de mayo de 2008

Testigo del Ser.

por Ken Wilber

Ken Wilber es considerado como uno de los grandes investigadores y escritores espirituales de nuestro tiempo, es la figura cumbre de la Psicología Transpersonal, y el primero en haber desarrollado una teoría de campo unificado de la conciencia. Su obra supone una síntesis espléndida de las grandes tradiciones psicológicas, filosóficas y espirituales que constituyen la "Sabiduría Perenne". Con un gesto integrador sorprendente, Ken Wilber teje todos los fragmentos dispersos de la psicología, la antropología, la espiritualidad, los estudios culturales, la teoría literaria, la ecología y la transformación planetaria en una sólida visión del mundo moderno y postmoderno.

Ken Wilber nos lleva a trascender la dualidad en un sencillo ejercicio...

Ser un testigo del ser consciente puede prolongarse durante la vigilia, el sueño onírico y el sueño profundo. El Testigo se halla totalmente accesible en cualquier estado, incluyendo tu propio estado de consciencia de este mismo instante. Así que les voy a guiar hacia ese estado, utilizando lo que en Budismo se llama “instrucciones indicativas”. No voy a intentar conducirles a un estado de consciencia diferente, a un estado de consciencia alterado o a un estado diferente de lo común. Simplemente, voy a destacar algo que ya está ocurriendo en tu estado actual, presente y habitual.

Así que comencemos por tomar consciencia del mundo que nos rodea. Mira al cielo, y simplemente relaja tu mente; deja que tu mente y el cielo se fundan. Observa las nubes que flotan. Toma nota de que esto no requiere de esfuerzo alguno de tu parte. Tu estado de consciencia actual -en el que flotan estas nubes- es algo muy simple, muy fácil, que no requiere de esfuerzo, espontáneo. Simplemente toma nota de que, sin mediar esfuerzo alguno, tomas consciencia de las nubes. Lo mismo ocurre con esos árboles, esas aves y esas rocas. En forma simple y sin esfuerzo, tomas conciencia de todos ellos.

Observa ahora las sensaciones presentes en tu propio cuerpo. Puedes tomar consciencia de cualquier sensación corporal que se halle presente ahora: quizás la presión del mueble, quizás el calor en el abdomen, quizás una tensión en tu cuello. Sin embargo, aún si estas sensaciones fuesen de tensión, puedes tomar consciencia de ellas con facilidad. Estas sensaciones surgen en tu consciencia presente, y esa consciencia es muy simple, fácil, relajada, espontánea. Eres un testigo, sin esfuerzo y sin dificultad.

Observa los pensamientos que surgen en tu mente. Puede que observes diversas imágenes, símbolos, conceptos, deseos, esperanzas y temores, todos los cuales surgen espontáneamente en tu consciencia. Surgen, permanecen unos instantes y luego se van. Estos pensamientos y sensaciones surgen en tu consciencia de este momento, y esa consciencia es muy simple, relajada y espontánea. Sin esfuerzo ni dificultad, eres un testigo de todo ello.

Así que observa: puedes ver flotar las nubes porque no eres esas nubes, eres quien las está mirando. Puedes sentir sensaciones corporales porque no eres esas sensaciones: eres el testigo de esas sensaciones. Puedes ver cómo flotan los pensamientos porque tú no eres esos pensamientos -sino un testigo de su presencia-. En forma natural y espontánea, todas estas cosas surgen, por sí solas, en tu darte cuenta presente, sin que medie esfuerzo de tu parte.

Y entonces, ¿quién eres tú? No eres los objetos de allá afuera, no eres las sensaciones, no eres los pensamientos -sin esfuerzo, eres un testigo de la presencia de todos éstos, de modo que no eres ellos. ¿Quién o qué eres tú?

Dilo de este modo para ti mismo: tengo sensaciones, pero no soy esas sensaciones. ¿Quién soy? Tengo pensamientos, pero no soy esos pensamientos. ¿Quién soy? Tengo deseos, pero no soy esos deseos. ¿Quién soy?

Así que retrocedes hacia la fuente de tu propia consciencia. Retrocedes hacia el Testigo, y descansas en el Testigo. No soy los objetos, no soy las sensaciones, no soy los deseos, no soy los pensamientos.

Pero entonces, por lo general las personas cometen un gran error. Creen que, si descansan en el Testigo, van a ver algo o sentir algo, algo realmente exquisito y especial. Pero no verás nada. Si ves algo, se tratará simplemente de otro objeto: otra sensación, otro pensamiento, otra sensación, otra imagen. Sin embargo, todos éstos son objetos: no eres ninguno de éstos.

No es así: mientras descansas en la realización del Testigo -no soy los objetos, no soy las sensaciones, no soy los pensamientos- todo lo que observarás es una sensación de libertad, una sensación de liberación, una sensación de alivio... alivio de la tremenda limitación que implica el identificarse con estas pequeñeces, pequeños objetos finitos, tu pequeño cuerpo, pequeña mente y pequeño ego, todos los cuales son objetos que pueden ser vistos y, por lo tanto, no son Aquél que ve, el verdadero Yo, el Testigo puro, aquél que realmente eres.

Así que no verás nada en especial. Lo que surja está bien. Las nubes flotan en el cielo, las sensaciones flotan en el cuerpo, los pensamientos flotan en la mente -y, sin esfuerzo, tú eres testigo de todo esto-. Todo esto surge espontáneamente y sin esfuerzo en tu consciencia presente. Y esta consciencia que es testigo no es, en sí, nada específico que puedas ver. Es, simplemente, una gigantesca sensación de libertad -o de vacío puro- en el trasfondo. Y en ese vacío puro -que es lo que eres- surge el mundo entero de lo manifiesto. Tú eres esa libertad, esa apertura, ese vacío -y no alguna de las cosas que surgen de allí-.

Descansando en ese atestiguar vacío, libre, fácil y carente de esfuerzo, observa que las nubes surgen en el amplio espacio de tu consciencia. Las nubes surgen en tu interior -tan así es que puedes saborear las nubes, eres uno con las nubes-. Es como si estuviesen a este lado de tu piel... están tan cerca. El cielo y tu consciencia se han vuelto uno solo, y todas las cosas en el cielo flotan sin esfuerzo a través de tu propia consciencia. Puedes besar al sol, tragarte la montaña... están así de cercanos. El Zen dice, “Tómate el Océano Pacífico de un solo trago”, y eso es lo más fácil de hacer cuando adentro y afuera ya no son dos, cuando sujeto y objeto no son dos, cuando el que mira y lo mirado son Un Solo Sabor Único. ¿Lo ves?

Revista Argentina de Yoga

MarcelaRevista Argentina de YogaF. Maureira

Somos lo que pensamos.

por Mario Mesa

Todo lo que somos es consecuencia de lo que hemos pensado (Buda)

Pregona el poeta:

“¿ Dónde estará mi vida la que pudo haber sido y no fue, la venturosa o la de triste horror ? “

Esta pregunta nos convoca al centro mismo de la vida, porque nosotros somos los que le damos sentido a nuestra vida. La vida no es una batalla, no estamos aquí para saltar obstáculos, estamos aquí para aprender, para hacer de la vida una obra de arte. La vida en general es poesía y, en su inolvidable totalidad, ella nos inventa, nos vive.

El secreto de una vida realizada está en la preparación mental. Son nuestras decisiones y no las circunstancias de la vida, las que determinan nuestro destino. En nuestras manos y por mediación de nuestro libre albedrío, está la posibilidad de modificar cualquier situación. La pregunta que debemos hacernos es: Qué queremos de verdad en la vida? Solo nos hace falta tener en nuestra mente un objetivo que nos haga levantarnos cada mañana. También debemos de preguntarnos: ¿ Qué precio tendremos que pagar si no actuamos inmediatamente con relación a lo que queremos? Hermann Hesse nos muestra una luz cuando afirma: “ Solo hay felicidad si nada exigimos del mañana, y aceptamos del hoy, con gratitud, lo que nos trae. La hora mágica llega siempre”.

A veces pensamos que la vida de los otros es fácil porque no la vivimos. Pensemos en nosotros que tenemos riquezas inimaginables al alcance de nuestras manos: un corazón para soñar, un lecho para dormir y unas manos para trabajar como dice Gonzalo Arango . Siempre le echamos la culpa al otro o a Dios de todos nuestros actos. Es nuestra mente la que elabora teoremas que nos impiden cantar y danzar bajo la lluvia. La alternativa está en como procesamos nuestros pensamientos, porque nada es tan real como los pensamientos. La mente no establece distinciones entre lo falso y lo verdadero, somos nosotros quienes le damos esas categorías, por eso nos convertimos en lo que pensamos.

El control de nuestra vida estaría dado por hacernos cargo de nuestro modo de pensar. En muchas situaciones – dice Easwaran- nos sentimos aburridos porque nuestras mentes están divididas. Una parte de la mente lleva a cabo el trabajo, y la otra, intenta no hacerlo. Al estar la mente dividida sobreviene el agotamiento. La apreciación de la vida estaría dada por como se siente uno en la propia mente. Como la mayor parte del tiempo nuestra atención se mantiene dirigida hacia afuera, hacia otras personas, nuestra mente está invadida de pensamientos que planean el futuro o analizan el pasado. Somos lo que somos porque primero lo hemos imaginado. Observarnos, ver a nuestro alrededor, saber quienes somos, quienes nos rodean y qué queremos de nosotros, conforman la carta esférica de nuestra vida.

Para asumir la vida desde una perspectiva diferente, menos rígida, más tranquila y espontánea, es necesario tener el control de nuestra mente. La mente es un ser insólito, es la más impredecible de todas las criaturas que habitan el universo, gusta del teatro y de la música, se hace visible en todos los escenarios de la vida. Aprender a domesticarla es una tarea prioritaria si queremos mejorar nuestra relación con nosotros, los demás y el planeta. Para mejorar nuestra calidad de vida, debemos trabajar sobre nuestra mente: la loca de la casa. Cuando la mente no está entrenada, los pensamientos van y vienen y producen comportamientos inusitados. Al moverse sin control, la mente se convierte en un torbellino de sufrimientos que no nos permiten ver con claridad nuestro propio cielo. Una mente confusa navega por mares de desesperación y ansiedad.

Los venenos de la mente: los odios, los celos, las codicias, las envidias, los apegos crean más ataduras y acortan los sentimientos de libertad, de expansión, de infinitud, de abundancia. ¿ si no confiamos en nosotros, cómo vamos a confiar en los demás? Vivimos de manera mecánica, ni siquiera pensamos y esto nos lleva a toda clase de estados anímicos que nos hacen sentir insatisfechos.

La mejor alternativa para limpiar la mente es el silencio interno, que nos ayuda a reconciliarnos. La meditación, la visualización entre otros, son tónicos importantes para aquietar la mente.

En nuestro medio las personas viven más del lado externo de la mente. Al vivir para satisfacer a los demás, caen en la trampa de ser como ellos quieren, perdiendo toda posibilidad de ser como quieren ser y esto genera conflictos interiores como amargura, depresión, deseos de no vivir y todo tipo de enfermedades.

Todos nuestros actos están tejidos por nuestros sueños y es nuestra mente la que determina si se vuelve contra nuestros sueños y nos convierte en sus ciervos o nos atrevemos a desafiarla y a tomarla por los cuernos por medio del trabajo interior. La decisión está en nuestras manos. El secreto es que no hay secreto: todo está en la meditación. Al meditar desaparecen las fronteras y se abre un nuevo horizonte. La paz se consigue trabajando sobre el ego .

Otro ejercicio interesante para adiestrar la mente es la atención, que nos posibilita modificar todas nuestras reacciones mecánicas y liberarlas de esquemas de conductas preestablecidos. Si todo es ilusión y es transitorio, cuanto más apegos exista, más sufriremos.

Para modificar nuestros viejos esquemas de pensamiento debemos trabajar sobre el ego que siempre y en todo momento nos está involucrando en la competición, las intrigas y el afán de logros.

A veces nos involucramos en cosas que no tienen que ver con lo que queremos para evitar asumir retos interiores, buscando huir del sufrimiento, pero no nos damos cuenta que estamos creando más sufrimiento mental. Pensamos demasiado y vivimos poco. Tal vez porque nuestra cultura nos ha inculcado más lo racional que lo intuitivo.

No somos nadie sin el otro, sin los otros, de ahí la importancia de tener el control de las palabras para evitar herir a las personas. Si tendemos a pensar con odio, cultivemos pensamientos de amor, si tendemos a pensar con avidez, desarrollemos la generosidad.

Cuando estemos barriendo, dediquemos a barrer. De igual manera, cuando estemos comiendo, hagamoslo de manera conciente y cuando caminamos, prestemosle atencion a cada paso. Son técnicas sencillas para adiestrar y focalizar la mente y limpiarla de tanta basura que, en última instancia, no nos reporta ningún beneficio. El arte de vivir comienza por la mente, ya que ella es la precursora de las palabras y de los actos .

Si tu te amas, estas dando el primer paso para convertirte en mago, en alquimista de tu vida y, cuando esto sucede, el universo conspira para que encuentres las respuestas a tus preguntas. Se tiende a tus pies, porque como seres energéticos que somos, tanto los pensamientos, como nuestros actos, generan una chispa imperceptible que hace posible cualquier sueño. Si quieres constatar esto que te estoy diciendo, observa tus deseos prioritarios y míralos como se van proyectando en el plano “ real” a medida que los anhelas con pasión y te enfocas en ellos. La magia te la das tu: todo depende de la intensidad con que desees lo que anhelas de ti y de la vida. Tu eres la primera elección, lo demás es carpintería.

http://www.mundoregresiones.com/

lunes, 5 de mayo de 2008

Imaginate
Por Miguel Ruiz.

Quiero que utilices tu imaginación y la percepción de tus nuevos ojos para verte a ti mismo viviendo un sueño nuevo, una vida en la que no sea necesario que justifiques tu existencia y en la que seas libre para ser realmente quien eres.

Imagínate que tienes permiso para ser feliz y para disfrutar de verdad tu vida. Imagínate que vives libre de conflictos contigo mismo y con los demás.



Imagínate que no tienes miedo de expresar tus sueños.

Sabes qué quieres, cuándo lo quieres y qué no quieres.

Tienes libertad para cambiar tu vida y hacer que sea como tú quieras.

No temas pedir lo que necesitas, decir que sí o decir que no a lo que sea o a quien sea.

Imagínate que vives sin miedo a ser juzgado por los demás.

Ya no te dejas llevar por lo que otras personas puedan pensar de ti.

Ya no eres responsable de la opinión de nadie.

No sientes la necesidad de controlar a nadie y nadie te controla a ti.

Imagínate que vives sin juzgar a los demás, que los perdonas con facilidad y te desprendes de todos los juicios que sueles hacer.

No sientes la necesidad de tener razón ni de decirle a nadie que está equivocado.

Te respetas a ti mismo y a los demás, y a cambio, ellos te respetan a ti.

Imagínate que vives sin el miedo de amar y no ser correspondido.

Ya no temes que te rechacen y no sientas la necesidad de que te acepten.

Puedes decir "TE QUIERO " sin sentir vergüenza y sin justificarte.

Puedes andar por el mundo con el corazón completamente abierto y sin el temor de que te puedan herir.

Imagínate que vives sin miedo a arriesgarte y a explorar la vida.

No temes perder nada.

No tienes miedo de estar vivo en el mundo y tampoco de morir.

Imagínate que te amas a ti mismo tal como eres.

Que amas tu cuerpo y tus emociones tal como son.

Sabes que eres perfecto tal como eres.



La razón por la que te pido que imagines todas estas cosas es porque ¡todas son posibles!

Puedes vivir en un estado de gracia, de dicha, en el suelo del cielo.


Dr. Miguel Ruiz en "Los Cuatro Acuerdos"
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