jueves, 25 de noviembre de 2010

La nueva masculinidad

En este momento la identidad masculina esta sufriendo un proceso de evolución, motivado en gran parte por los cambios que han protagonizado las mujeres y a la conciencia de que un modelo tan rígido no permite que las personas nos desarrollemos como seres completos y plenos, y esto solo se podría conseguir, si los varones dejaran de reprimir su parte femenina y las mujeres explorásemos nuestro lado masculino.

Ubiquémonos en el período de la Inquisición. El tiempo en que las denominadas brujas eran condenadas a muerte. Su falta: el pecado. Y eso las hacía merecedoras del castigo de soportar el dolor de ser quemadas vivas.
Pero tal vez nunca conocimos la verdadera historia, porque ellas no estuvieron para contarla, pero hay quienes sostienen que sus encantos provenían más que de pociones mágicas, del deseo sexual que eran capaces de despertar en los monjes de la época.
Y la decisión de matarlas es solo una de las tantas demostraciones de lo que conocemos como machismo, ideas sobre lo masculino que han marcado mucho más de 2500 años de historia humana, en pro del poder de los hombres y la discriminación femenina.
Pero los tiempos han cambiado y con ello también los seres humanos, que si bien se mantuvieron en determinados roles por siglos, hoy están rompiendo cánones de manera importante. ¿Por qué? Tan simple de explicar como la búsqueda de la igualdad, tanto en lo masculino como en lo femenino.

La identidad masculina

La identidad masculina se ha configurado siempre en términos de competitividad y poder; rasgos como el miedo, las lágrimas, el dolor o cualquier manifestación extrema de sentimientos no tenían cabida en el estereotipo de hombre. El rechazo de estas emociones implica la negación de uno mismo y la incapacidad para crecer como persona.
La identidad masculina es una construcción cultural, no se trata de algo biológico. Las características que consideramos masculinas se adquieren a través de un proceso de aprendizaje, el cual se da en el seno de la familia, la escuela, a través de los medios de comunicación, el barrio…
El concepto de masculinidad varía en función del contexto histórico, sociocultural, económico…
En nuestra sociedad y a lo largo de la historia ha existido y aún perdura en la actualidad una desigualdad entre lo masculino y lo femenino, que se expresa condiciones de rasgos, estatus o poder que se le asigna a cada uno. Los varones son vistos como sostenedores económicos de la familia, racionales, poseedores de la iniciativa sexual, dominantes, exitosos, poco sentimentales, competidores, aislados emocionalmente, valientes etc. Este modelo de masculinidad lleva implícito un alto componente de dominación hacia las mujeres.

"La identidad masculina nace de la renuncia a lo femenino, no de la afirmación directa de lo masculino, lo cual deja a la identidad de género masculino tenue y frágil".

La identidad masculina se ha construido históricamente en oposición a la identidad femenina, es decir, ser masculino es no ser femenino, es el opuesto, y los comportamientos femeninos son mal vistos en los varones, por lo que han de renunciar por completo a su lado femenino, de manera que se ven obligados a renunciar a una parte importantísima para su desarrollo. Además este ideal de masculinidad, hace que los varones traten de demostrar constantemente su virilidad a través de actos que lo alejen de lo femenino, y en muchos casos estas demostraciones están ligadas a la agresividad y la violencia.
A pesar de que las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, son reales y no modificables, los procesos de socialización son los que más peso tienen en las conductas típicas femeninas o masculinas.

¿Nueva Masculinidad?

Cuando nos referimos a lo masculino, la primera idea que viene a la mente es la fortaleza y el poder, lo que de inmediato implica una negación de la emocionalidad en el concepto, que tiene que ver con la demostración de afectos, miedo o dolor.
Pero de acuerdo a diversos estudios realizados por especialistas en sociología, no se puede hablar de lo masculino sin referirse al peso de la cultura, la historia y la psicología.
Y es cierto, porque no es secreto que una variable importante en la construcción de la idea de superioridad masculina viene desde los hogares, donde los varones viven las primeras etapas de socialización, para luego repetir los patrones en la sociedad, con el consiguiente menoscabo femenino. Por eso el hecho de que hoy en día los hombres sean capaces de romper códigos tan arraigados como el ser poderosos, proveedores, sometedores y superiores, es muestra de un importante avance. Pero este quiebre no se ha manifestado gratuitamente, sino que ha sido motivado de manera importante por la nueva postura que ha tomado la mujer ante la sociedad. Una mujer nueva, con participación política, con importantes puestos de trabajo y dueñas de su vida sexual.
"El consenso individual y grupal apunta a identificar a la mujer con el polo dinámico del cambio cultural en curso; en contrapartida, el varón pareciera tomar conocimiento de los cambios desde una posición forzada, incómoda, anquilosada. Lo anterior, sin desmedro de sensibilidades que procuran ponerse a la altura de los cambios que la construcción de una nueva alianza de género demanda, aspectos que la cultura
hegemónica (masculina) define como ‘feminizados’ –por ejemplo, la gestión de los afectos- refuerzan su importancia y reafirman el status de las mujeres".

"La masculinidad como algo monolítico no existe, sólo hay
masculinidades o muchos modos de ser hombre."

Así describe el cambio que se está produciendo el sociólogo Humberto Abarca y que viene a confirmar la postura de los especialistas en psicología, que plantean que si bien los cambios son propios de los seres humanos, siempre hay un grupo que se siente en desmedro que es el que los gatilla. En este caso, las mujeres. Y aquí las feministas tienen bastante que decir, porque saben que se ha producido un avance por parte de las mujeres, pero este cambio, si bien ha producido reacciones masculinas, no siempre son en pro de la igualdad de los géneros.

No somos iguales

El desarrollo de la identidad se forja mediante la interacción de la persona con su entorno social y cultural. Es indudable que existen diferencias físicas y psicológicas entre hombres y mujeres, si bien es cierto que sus identidades se manifiestan como tales a través de la relación con otras personas, costumbres, normas o estereotipos vigentes de las sociedades en las que viven.

"En el siglo XX las mujeres se batieron para obtener la igualdad con respecto a
los hombres. En este nuevo siglo, los varones (todavía de tipo dominador) están encontrando el
coraje para explorar la feminidad sin miedo a perder su cualidad de hombres de verdad".

A lo largo del proceso de socialización, el niño interioriza las normas y valores propios de una sociedad básicamente patriarcal. A través de su aprendizaje en la familia, escuela, grupo de amigos y medios de comunicación, alcanza el significado del comportamiento "masculino". El niño descubre que un hombre de "verdad" es el que se comporta siguiendo una serie de patrones y los diferencia de aquellos que no debe presentar por ser propios del mundo femenino.
El hombre, por tanto, se encuentra atrapado en un laberinto de roles, exigencias y mandatos que paralizan su capacidad de sentir y de exteriorizar sus emociones. Ante esto, o bien puede seguir bajo el peso de la norma social, con la consiguiente pérdida de sí mismo, o aventurarse en un proceso de aceptación y comprensión personal. No se trata de asumir lo denominado "femenino", la masculinidad no se completa únicamente con esos rasgos, ni se trata de alcanzar un prototipo de hombre afeminado.

La verdadera feminidad

Para tenerlo más claro sólo hay que observar el cambio social en los estereotipos protagonizado por la mujer. A lo largo de los años 50, 60 y 70, la mujer se alza frente a la represión masculina vivida a lo largo de la historia, interioriza los valores masculinos como propios y busca en ellos una reafirmación errónea de sí misma. Es en los 90 cuando adquiere conciencia de que la verdadera feminidad no radica en asumir roles puramente masculinos, sino en saber expresar y entender como mujer atributos socialmente encasillados en el mundo masculino. Es un conocimiento profundo que supone un giro radical en su situación y en todos los aspectos de su vida, educación, trabajo, familia o relaciones personales con su entorno. Igual debe ocurrir en el caso de los hombres.

"La condición masculina es un producto social, un resultado que se
puede modificar en uso de nuestra libertad."

Las tres décadas de transformación de lo femenino son imprescindibles en la modificación de las relaciones humanas de nuestra sociedad, pero es insuficiente sin el cambio de lo masculino.

Crisis de la masculinidad

El inicio de esta crisis se puede establecer en las últimas décadas, cuando se empieza a considerar la necesidad de elaborar un modelo de masculinidad basado en la igualdad y en el respeto.
La consolidación social del modelo tradicional tiene lugar con la llegada de la Revolución Industrial. Las posibilidades de un trabajo en las fábricas supone abandonar a la familia para pasar el día trabajando. Incluso dejar la casa familiar para vivir en la ciudad, más cerca del lugar de trabajo.
La actualidad es diferente, por lo que requiere un modelo propio a la época vigente. Dónde los hombres dejen de ser el centro de todos los sistemas para convertirlos en personas respetadas y respetuosas, y donde puedan conciliar la vida laboral y la familiar. Evitando discriminaciones tanto femeninas como masculinas.

"El modelo tradicional de masculinidad, determinado por el machismo, se caracteriza por la ausencia de la expresión de las emociones lo que supone ciertas limitaciones para los hombres y una gran dificultad para poder establecer relaciones personales completas."

Tras analizar este tema, se ha llegado a la conclusión de que no existe un único modelo de masculinidad, es decir, no existe una única forma de ser hombre, sino que existen tantas como hombres hay en el planeta.
Se entiende que es una crisis positiva porque les da a los hombres nuevas oportunidades. La crisis de la masculinidad supone una ruptura con los viejos roles. Superar aquellas actitudes que tienen como partida la superioridad de un sexo sobre el otro. Pero conservar aquellos comportamientos que se identifiquen como masculinos y que no supongan una discriminación sexista.

Nuevo modelo de masculinidad

Se propone la elaboración de un nuevo modelo que sustituya al tradicional, ya que se considera que en la masculinidad tradicional no hay cabida para los sentimientos, el miedo o el dolor, incluso contribuye el rechazo de sí mismo y a la incapacidad de crecer como persona. Este modelo tradicional puede llegar a tener serias repercusiones en los hombres; estrés, alcoholismo, drogodependencias, enfermedades mentales etc. Estas son algunas de las consecuencias más comunes que algunos autores destacan. Surgen por la incapacidad de cumplir las expectativas que genera este modelo; un hombre no puede ser pasivo, vulnerable, ni emocional; pero si exitoso, poderoso, importante, respetado etc.
Este nuevo modelo se basa en los roles compartidos, en la capacidad de exteriorización de los sentimientos superando los estereotipos y las normas sociales.
Así, frente al modelo tradicional, cada vez cobra más fuerza el concepto de una nueva masculinidad, basada en la superación de las barreras, los estereotipos y las normas sociales. Consiste en alcanzar una identidad masculina que permita al individuo ser persona en el más amplio sentido de la palabra.Este nuevo modelo se basaría en:

Aceptar la propia vulnerabilidad masculina.
Aprender a expresar emociones y sentimientos.
Aprender a pedir ayuda y apoyo.
Aprender métodos no violentos para resolver los conflictos.
Aprender y aceptar actitudes y comportamientos tradicionalmente considerados femeninos, necesarios para un desarrollo humano completo.

Todo tiene una consecuencia directa, la pérdida de papeles y de poder por parte de los hombres, es decir, lo que se propone es eliminar el estado de dominio masculino en la sociedad.
Otro tipo de consecuencias son las que este tipo de sociedad proporciona a los hombres. Las principales son las siguientes:
· No tener que ocultar los sentimientos ni las emociones, teniendo la posibilidad de expresarlos con total libertad.
· Participar activamente en la vida de los hijos y compartir más tiempo con la familia. Esto sería posible con las políticas que en la actualidad se están elaborando para compaginar la vida laboral y familiar.
· Disminución de la presión social, es decir, no tener que demostrar continuamente que es el mejor.
· Nuevo modelo social más igualitario basado en compartir papeles o roles sin relación de dominio por parte de cualquier sexo.
· Aceptar lo masculino de forma íntegra, no sesgada. Como hace el modelo tradicional al identificar lo masculino como lo no femenino.
· Ser considerado, primero, como persona y después como hombre.

La crisis de la masculinidad se debe entender como un punto de inflexión, del que parte un nuevo modelo de masculinidad más acorde con los tiempos actuales. Pero no hay que partir de cero, ya que se pueden conservar los rasgos positivos del modelo tradicional adaptándolos e incorporando otros “propios” de mujeres.

Está claro que las cosas están cambiando para ambas partes en cuestión, lo que es positivo, porque los dos son seres humanos con los mismos derechos. Pero hay que tener cuidado, por que si bien esta es una etapa en que se están produciendo ajustes y modificaciones, no puede generarse una confusión de géneros.
"Una vez que finalice esta etapa de cambios, vamos a definir nuestras diferencias (que existen de manera real a nivel biológico) y similitudes, para que en base a eso construyamos algo más homogéneo y complementario".

Fuentes:



3 comentarios:

Alimontero dijo...

No sabes cómo me gustan tus entradas, más que interesantes son sabias reflexiones que resuenan en el pensamiento actual...con los cambios que estamos viviendo...

un gran abrazo,

Ali

El que corre con lobos dijo...

Hola Alimontero;
El intento de "Hombres que corren con los lobos" es precisamente el de aportar su granito de arena en estos tiempos de cambios. A menudo tengo esta visión, la de que toda la tecnología de que el ser humano dispone es una herramienta "además" para su evolución espiritual. Y esas "informaciones" que circulan por Internet contribuyen a su manera para que la humanidad alcance la masa critica para desarrollar un estado de consciencia superior. Todos los que tenemos este medio a nuestra disposición podemos actuar de antena y de repetidores. Usemos correctamente nuestro libre albedrío...
Un muy afectuoso apretón de manos.

Anónimo dijo...

Excelente el articulo.

Un "poco" curioso, eso si, que criticando estereotipos sociales,
las imagenes adjuntadas al texto corresponden precisamente a eso con lo que se debe romper: el hombre musculoso, seguro, fuerte.

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