sábado, 5 de julio de 2008

¿Qué es el Neochamanismo?

Joan B. Townsend, una antropóloga y profesora canadiense especialista en la gama de nuevos movimientos religiosos y actividades de la "Nueva Era" en Occidente, define el neochamanismo como un movimiento "que combina aspectos específicos del chamanismo tradicional, procedente de diversas sociedades alrededor del mundo, con un nuevo complejo de prácticas y creencias".

En su ensayo "Neochamanismo y el movimiento místico moderno", que a mi juicio tiene un destacado lugar en la valiosa compilación de Gary Doore: "El viaje del chamán, curación, poder y crecimiento personal", Joan Townsend segura que el neochamanismo está ejerciendo una gran influencia en la mísitica moderna:

Este resurgimiento tiene lugar primordialmente en un pequeño pero importante segmento de la población que experimenta una nueva espiritualidad caracterizada por su interés en sistemas religiosos no occidentales. Y resulta especialmente significativo este interés por cuanto incluye gente educada, de clase media alta, personas que ocupan posiciones desde las que pueden influir, a su vez, sobre las ideas y tendencias de su sociedad. En dicho grupo se están redefiniendo y modelando distintos sistemas de creencias que cobran apariencia de un nuevo movimiento místico.

Esta profesora enmarca los orígenes del neochamanismo en la década de los sesenta del siglo pasado, cuando el movimiento hippie impulsó la idea de buscar el contacto directo con lo trascendente y cuando algunos antropólogos estudiaron con chamanes indígenas que habían conservado sus sistemas tradicionales, convirtiéndose en sus aprendices, en un intento por asimilar de primera mano los sistemas chamánicos, alejándose del punto de vista teórico y anecdótico de sus antecesores.

En este sentido, ella destaca los trabajos de Michael Harner con los chamanes sudamericanos, los de Peter Furst y Barbara Myerhoff sobre el chamanismo huichol en el norte de México y los polémicos estudios de Carlos Castaneda, sobre su aprendizaje con el chamán-brujo yaqui llamado don Juan, también en el norte de México. Y aquí yo incluiría también los estudios de Josep Maria Fericgla, aprendiz de los shuar (jíbaros) ecuatorianos; los de Jacobo Grinberg-Zimmerman, seguidor de Pachita y otros chamanes mexicanos; y los estudios de por lo menos dos de los destacados discípulos de la mítica oaxaqueña María Sabina, que son los doctores Salvador Roquet y Richard Yensen.

Para Joan Townsed, lo fundamental del chamanismo "es el acceso a una realidad alternativa, distinta a la realidad cotidiana en la que todos funcionamos", donde el chamán es capaz de penetrar a voluntad y realizar cosas que afecten directamente la realidad ordinaria, con ayuda de espíritus, guías, maestros sin cuerpo físico o animales de poder. Hasta aquí señala coincidencias, sin embargo le parece que las diferencias comienzan en la búsqueda de trascendencia que caracteriza a los neochamanes, en su forma de integrar los conceptos de la medicina occidental con la sabiduría de la medicina tradicional y en general, en el hecho de que las ideas de un neochamán son mucho más eclécticas que las de un chamán clásico.

Muchos neochamanes son individuos en busca de trascendencia, que no suelen afiliarse a organizaciones duraderas o claramente definidas, como las iglesias o los grupos de "culto". En realidad, sus "grupos" no son más que pequeñas aglomeraciones de gente que se reúne en talleres y asambleas locales. Estos grupos, raramente dotados de una estructura social, son amorfos y relativamente de poca duración. La gente participa con frecuencia en varios grupos de este género simultáneamente, en uno de los cuales puede que se haga hincapié en el neochamanismo, en otro en la curación, en otro en el desarrollo psíquico y en otro en sesiones espiritistas. [...]

A veces los neochamanes utilizan técnicas del chamanismo clásico para curar, tales como la de succionar para eliminar el objeto intruso en esta realidad y en la realidad alternativa, o la de viajar a la realidad alternativa para rescatar un alma perdida o un espíritu de poder. Sin embargo, su interpretación de la enfermedad es más amplia. La mayoría acepta la teoría de los gérmenes, así como otros modelos occidentales contemporáneos sobre las causas de las enfermedades, y reconoce el valor de las técnicas de la medicina moderna. En la mayoría de los casos, la curación chamánica (psíquica o espiritual) se considera adjunta a la medicina occidental, más que una opción alternativa. No obstante, existe un sentimiento, compartido por los miembros del sistema de creencias neochamánico y los del movimiento místico en general, de decepción con respecto a la medicina convencional. Se respetan los éxitos alcanzados por la medicina occidental, pero son muchos los que opinan que ha ido demasiado lejos. Con frecuencia se perjudica a los pacientes, en lugar de ayudarles.

En su completo ensayo, Townsed advierte que gran parte, los neochamanes, los videntes, los espiritistas y los curanderos, tanto hombres como mujeres, practican las mismas actividades y comparten las mismas creencias por lo que hoy en día resulta peligroso establecer una distinción rigurosa entre "chamán" y "no chamán":

Técnicas tales como la imposición de manos, la curación del aura, la curación por meditación a distancia y con la asistencia de ayudantes espirituales, o los viajes chamánicos y la extracción de la enfermedad, se consideran como suplementos útiles a las terapias ortodoxas. A veces éstas pueden triunfar donde ha fracasado la medicina convencional y curar a paciente desahuciado. La curación no es sólo física. Incluso cuando no se cura la enfermedad física, la curación del espíritu y la armonía del paciente consigo mismo y con "el universo" se consideran de una importancia igual o mayor. [...] Claramente, la línea que separa a los chamanes tradicionales y neochamanes contemporáneos por una parte, de los videntes y espiritistas por otra, es sumamente sutil.

Otras coincidencias que Joan señala entre el neochamanismo y el movimiento "nueva era" se hayan en "el supuesto esencial de que todo está interrelacionado", lo cual conduce a un enfoque profundamente ecológico en el neochamanismo, "reminiscente de las primeras creencias hippies", y a la idea recurrente de la necesidad de un "despertar espiritual colectivo" que detenga no sólo el deterioro ecológico, sino los problemas derivados de las desigualdades sociales y la violencia entre grupos raciales y entre naciones. En este sentido:

Se considera que el trabajo neochamánico constituye un instrumento para poner fin a dichas pautas y dirigir el rumbo del desarrollo humano hacia la supervivencia, en lugar de la destrucción. [...] Existe también una esperanza y una fe compartidas en que cuanta más gente ingrese en dicha espiritualidad, mayor será la probabilidad de efectuar un cambio en el mundo, que lo convierta en un lugar mejor y más seguro donde vivir. La unión de todos los pueblos puede convertirse en realidad y la paz en un hecho consumado. Es preciso que tenga lugar un despertar espiritual y éste es el fin al que se encamina la totalidad del movimiento místico.

Por último, Townsend se refiere al futuro del neochamanismo y descarta la posibilidad de que sea sólo una moda "instantánea" de consumo en Occidente. Frente a las críticas que señalan que el éxito del neochamanismo encarna el vacío y "la superficialidad de gran parte de la sociedad actual de supermercado que demanda versiones abreviadas de trascendencia espiritual", la autora cita a Michael Harner, quien respondió con las siguientes palabras a las críticas dirigidas contra sus "cursos intensivos" sobre chamanismo, poco después del accidente de 1986 en la central nuclear de Chernobyl, en la Unión Soviética:

...si las grandes naciones del mundo trabajan día y noche en sus propios cursos intensivos para nuestra aniquilación mutua, no podemos permitirnos ir más despacio en nuestro trabajo en dirección opuesta. La pausada enseñanza que fue posible en las antiguas culturas tribales ha dejado de ser apropiada. Las fuerzas de destrucción nuclear y ecológica avanzan apresuradamente, y también debemos hacerlo nosotros. Es preciso despertar a la gente, o puede que duerma eternamente. Y no sólo es preciso que despierte al conocimiento de la realidad ordinaria, por importante que ésta sea, sino a una comprensión personal, profundamente espiritual, de la interconexión de todo lo existente. Trabajemos unidos y tan rápido como podamos.

Según Townsend, la respuesta de Harner es típica de los sentimientos de muchos miembros del neochamanismo y del movimiento místico en general:

Es posible cambiar radicalmente la actitud y por consiguiente el rumbo de la historia mundial por medio del trabajo místico, conforme prolifere entre la población del planeta. Sin un cambio de rumbo importante, el mundo se encamina a la destrucción. Por el camino de la mística y conscientes de la unión de todo cuanto existe, se conseguiría un mundo nuevo y mejor en esta realidad, además de la paz que aporta la trascendencia. [...] El chamanismo posee importantes verdades místicas y el potencial de experiencias trascendentes que mucha gente en la sociedad occidental anhela con ahínco. [...] Así pues, creo que el neochamanismo y el resto del movimiento místico no constituyen una moda pasajera de una sociedad seglar y consumista, sino que suponen una tendencia importante, en potencia, capaz de cambiar radicalmente las creencias de la sociedad occidental.

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