jueves, 30 de abril de 2009

La Leyenda Personal

El proceso de individuación tiene dos aspectos principales: por una parte, es un proceso interno o subjetivo de integración; por otra, es un proceso objetivo de relación igualmente imprescindible. Lo uno no puede ser sin lo otro, aunque el primer plano lo ocupe ora lo uno, ora lo otro. A este aspecto doble corresponden dos peligros típicos: uno consiste en que el sujeto utilice las posibilidades de desarrollo espiritual que la confrontación con lo inconsciente le ofrece para sustraerse a ciertas obligaciones humanas profundas y afectar una «espiritualidad» que nó sobrevive a la crítica moral; el otro peligro consiste en que las inclinaciones atávicas predominen en exceso y rebajen la relación a un nivel primitivo. Entre esta Escila y este Caribdis va el angosto camino para cuyo conocimiento la mística cristiana medieval y la alquimia han aportado grandes cosas.
Carl Gustav Jung

La gente se dedica a la meditación para descubrir su orientación psíquica, obrar un trabajo de transmutación o alquimia espiritual.
*El Proceso de Individuación, nombre dado por Jung a la tendencia innata de la psique humana a encontrar su centro, su Sí-Mismo, es un camino progresivo de autoconocimiento, de desvelamientos de las proyecciones que nuestro inconsciente personal emana de forma natural, lo que supone una recuperación consciente de tales proyecciones y, consiguientemente, un gradual mayor conocimiento de uno mismo. Y ese Proceso de Individuación conlleva igualmente ser consciente de la acción de los arquetipos psíquicos en nuestra vida en varias etapas.*
Por eso se hace psicoterapia y psicoanálisis, se analiza los sueños y se crea arte.

*Imaginemos la psiquis humana como una esfera enorme, con una superficie consciente llena de facetas con marcas y colores, rellena de contenidos inconscientes, y con un núcleo central que es el YO interior o sí-mismo. Imaginemos en ese núcleo anidando las verdaderas necesidades y posibilidades de "ser". Podemos decir que la creatividad es lograr conectarse desde la superficie con ese YO, con ese sí-mismo, con ese núcleo luminoso interior, y descubrir o escuchar lo que allí tenemos. Así de simple y así de difícil.
Como nos ha enseñado el psicoanálisis, una gran porción de nuestro psiquismo se mantiene alejado de la conciencia. El famoso inconsciente, que Jung diferencia entre inconsciente personal, generado por nuestra propia historia, nuestra propia vida, y el inconsciente colectivo que sería el heredado donde recibimos la experiencia acumulada de la especie. El mismo Jung define también el sí-mismo, como el centro de nuestro yo, pero el centro real, que abarca tanto el consciente como inconsciente.
Heidegger, desde la filosofía, en el análisis existencial que hace del humano en su obra "El Ser y el Tiempo" nos habla exactamente de lo mismo. También las escuelas espirituales de Oriente coinciden en esto. Podemos decir entonces, con fundamento, que en la psiquis humana se distingue ese yo esencial o sí-mismo, una especie de centro de gravedad del yo total. Es como la concentración de lo que somos.
Tanto el psicoanálisis como la filosofía existencialista nos dicen que en ese centro están concentradas las posibilidades básicas de cada uno, sintetizadas en una especie de misión a desarrollar. Se nace con una tarea a cumplir de acuerdo a las posibilidades, al momento y lugar. Esa tarea se construye a lo largo de la vida, con la capacidad innata; condicionada por la herencia recibida, por el momento del nacimiento, por el ámbito familiar de los primeros meses y finalmente por el ámbito que rodea en los primeros años. Todo esto forman las posibilidades que puedo, o debo desarrollar. Cuando en el discurso cotidiano nos referimos a "estar realizados", ambiguamente nos referimos a esta situación: Hacer lo que debemos hacer para sentirnos mas YO, o más auténticos. Heidegger habla del vivir propio y del vivir impropio. La existencia es propia cuando nuestro accionar está alineado con necesidades esenciales. Para sentirme auténticamente "yo" necesito conectarme con esas necesidades que son flechas indicando hacia donde y con qué. Es una linda manera de entenderlo, imaginarnos que desde ese sí-mismo parten flechas apuntando en varias direcciones, y la tarea como seres humanos consiste en descubrirlas, en conocerlas y luego realizarlas*

Por eso algunas personas estudian las cartas del tarot, se hacen el I Ching, bailan, tocan el tambor, se dedican al teatro, tratan de desentrañar el significado de la poesía y rezan oraciones. Por eso hacemos las cosas que hacemos.
Lo hacemos para recoger los huesos.

Después tenemos que sentarnos junto al fuego y decidir qué canción utilizaremos para cantar sobre los huesos, qué himno de la creación, qué himno de la re-creación elegiremos. Y las verdades que digamos constituirán la canción.

*El ser humano se compone de tres Fuerzas: el yo instintivo, el ego personal y el ser espiritual. El yo instintivo, es nuestra parte más primitiva, más material. Se trata de las fuerzas primarias de la vida, que luchan ciegamente por existir siguiendo unas pautas comunes con todas las formas vivientes. Se trata de un poder en bruto que se si no se le domina nos arrastra, nos consume e incluso nos destruye finalmente. Rige la vida y la muerte de todas las cosas materiales. Pero también es la materia prima energética que permite cristalizarse a las otras dos fuerzas. Nuestro yo instintivo es la individuación de una fuerza de la que somos inconscientes y que se extiende por toda la Tierra. Es la fuerza ciega y poderosa de la vida. Un poder gigantesco y eterno que en los arquetipos de la mitología universal se le ha denominado comúnmente como El Dragón. Ese monstruo temible, ese poder de la tierra, de la vida y de toda materia, vive también dentro de cada uno de nosotros y a veces incluso puede devorarnos. La parte instintiva del yo individual o personal siempre permanece conectada, en un nivel profundo, con la Fuerza Universal del Dragón. Y ahí hay un gran misterio. Es una cacería. Se trata de un tipo de cazador muy especial. No un cazador de pobres e indefensos animales, sino un cazador espiritual. Un cazador que llama a su espíritu para cazar. Un cazador que adiestra y se hace amigo de su yo instintivo. Un cazador que caza las manifestaciones negativas de su ego personal para que mueran y ese ego sirva al espíritu. Ese campo de caza es el universo. Ese campo de caza eres tú mismo, cuando comprendas que el universo y tú sois una misma cosa. *
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* La parte de nuestro cerebro que es más primitiva es el hoy llamado cerebro básico, instintivo o reptiliano. Es esa parte en la que estoy mientras me ocupo de cosas puntuales: fregar, lavar o coser.
Alojado en el tronco cerebral, es la parte más antigua del cerebro y se desarrolló hace unos 500 millones de años. Se encuentra presente primordialmente en los reptiles. Los reptiles son las especies animales con el menor desarrollo del cerebro. El suyo, está diseñado para manejar la supervivencia desde un sistema binario: huir o pelear, con muy poco o ningún proceso sentimental. Tiene un papel muy importante en el control de la vida instintiva. Se encarga de autorregular el organismo. En consecuencia, este cerebro no está en capacidad de pensar, ni de sentir; su función es la de actuar y hacer. En los seres humanos, esto incluye conductas que se asemejan a los rituales animales como el anidarse o aparearse. Se trata de un tipo de conducta instintiva programada y poderosa y, por lo tanto, es muy resistente al cambio. Es el impulso por la supervivencia: comer, beber, temperatura corporal, sexo, territorialidad, necesidad de cobijo, de protección... Es nuestro instinto funcional, territorial, responsable de conservar la vida y el que también, es capaz de cometer las mayores atrocidades. Nos sitúa en el puro presente, sin pasado y sin futuro y por tanto es incapaz de aprender o anticipar. No piensa ni siente emociones, es pura impulsividad. En el cerebro reptiliano se procesan las experiencias primarias, no verbales, de aceptación o rechazo. Aquí se organizan y procesan las funciones que tienen que ver con el hacer y el actuar, lo cual incluye: las rutinas, los hábitos, la territorialidad, el espacio vital, condicionamiento, adicciones, rituales, ritmos, imitaciones, inhibiciones y seguridad. Es el responsable de la conducta automática o programada, tales como las que se refieren a la preservación de la especie y a los cambios fisiológicos necesarios para la sobrevivencia. En síntesis: este cerebro se caracteriza por la acción. Su carácter más específico desde el punto de vista temporal es su adecuación al presente. Este primitivo cerebro es sobre todo como un guardián de la vida, pues en él están los mayores sentidos de supervivencia y lucha. Por su interrelación con los poros de la piel, los cuales son como una especie de interfase que poseemos con el mundo externo, es nuestro agente avisador de peligros para el cuerpo en general. Permite con rapidez la adaptación por medio de respuestas elementales poco complicadas emocional o intelectualmente. Esta conducta no está primariamente basada en consideraciones basadas en las experiencias previas ni en los efectos a medio o largo plazo. Es en este primer cerebro donde las adicciones son muy poderosas, tanto a algo como a alguien o a una forma de actuar. Sustenta una parte de la mente inconsciente, o subconsciente, donde se graba, se aloja y se desarrolla aquello que determina la mayoría de miedos y fobias que conforman la mente reactiva, la cual, en algunas ocasiones, lleva al ser humano a comportarse como un animal salvaje. Este es el cerebro que da origen a la Tríada del Instinto. *


* Todo ser es guiado por la voz interna. Esta voz es llamada instinto, impulso natural, sentimiento interior e intuición. Esta voz silenciosa es muy perceptible, en el corazón y no espera a que la consulten, sino que ella siempre anticipa el hecho y si no es oída, a veces es porque la voz de la mente, del deseo en el hombre la acalla. Tratar de oír esta voz y vivir sus consejos es elevarse sobre el ritmo; es eludir el sufrimiento y ver el ciclo abierto ante sí a cada momento. *


*
Seré veraz, pues hay quienes confían en mí.
Seré puro, pues hay quienes se interesan.
Seré fuerte, pues hay mucho que sufrir.
Seré valiente, pues hay mucho que osar.
Howard Arnold Walter
Para ser veraces, puros, fuertes y valientes, lo que necesitamos es la voz interna. *


* Todos tenemos nuestra propia Leyenda Personal. Es aquello que siempre has deseado hacer.

Todos hemos estado en contacto con la propia Historia Personal; y esa información está presente durante la adolescencia y la primera juventud; cuando nada parece imposible y no tenemos miedo a soñar. Pero a medida que transcurre el tiempo, vamos cediendo terreno a otras voces; y una fuerza misteriosa trata de demostrarnos que es muy difícil o casi imposible realizar la Historia Personal. Entonces dejamos de creer en los propios sueños, de soñar y nos dejamos llevar por la rutina, las obligaciones y las cadenas que nos hemos labrado, olvidándonos que cumplir la Historia Personal es la única obligación de los seres humanos.

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Reconoce los Ecos de tu Leyenda

Para ello, debes remitirte a las actividades y momentos plenos de su vida. Toma un tiempo para recordar todo lo que te gustaba y te gusta hacer, desde niñ@ hasta el presente. Date permiso para reconocer todo ello.
No necesariamente deben ser acciones con resultados tangibles: puede ser escuchar, contemplar, relajarse, mirar; e incluso las no valoradas por los otros, por no ser redituables o prácticas
No las juzgue con ojos de adulto. Busca las palabras claves que las definan
Anota todo lo que te viene a la memoria; aún las actividades que te parezcan triviales: pueden ser claves importantes, pues representan partes de tu vida y habilidades o recursos que pueden encontrar nuevas formas en el momento actual. Por ejemplo, cosas que anhelabas hacer, aunque no las haya concretado.
Escribe todo aquello que definas tus gustos personales, pasiones y elecciones. Deja que la memoria despliegue su magia trayendo esos momentos

Piensa en tu Visión

Es decir, aquello que quieres hacer, tu legado.
Considera la visión proyectándote en el futuro, de manera audaz y ambiciosa, pensando en grande. Es una acción en el mundo que sea beneficiosa para los otros; y no los objetivos puntuales (metas). Para distinguir la sustancial diferencia, ten en cuenta que:
Los objetivos, están relacionados con uno mismo, beneficios personales, reconocimientos, dinero, etc...
En cambio, la visión es siempre algo que termina impactando en la sociedad, que tiene beneficio comunitario o social. Pero no significa que estén desconectados de los beneficios materiales o la profesión. Personas muy exitosas han alcanzado sus propósitos por tener una clara visión de lo que querían lograr.
Para conseguirlo, debes viajar en el futuro a fin de responderte: ¿Que me gustaría estar haciendo en algunos años? ¿Que me causaría placer, que me haría sentir complet@, que me haría feliz?. Y es fundamental que puedas encontrar todas las respuestas necesarias sin condicionamientos ni razonamientos.
Ten presentes estos consejos mientras hace tu investigación personal. No tengas miedo de soñar y de reconocer tus sueños. Proyéctate, sueña, expande los horizontes y date todos los permisos.
Respóndete qué harías desde este lugar si contara con infinitos recursos e infinita colaboración. Hay que poder imaginar un futuro ambicioso. Si crees que no puedes lograr tus sueños, piensa en personas que han hecho cosas similares, o han llegado desde cero hasta la cima de lo que anhelaban.
Si no sabes cual es tu sueño, trabaja con palabras directrices. A veces no aparece una actividad concreta, o el modo de expresar lo que se desea hacer, pero sí aparecen las palabras claves: comunicar, sembrar, construir, enseñar, divulgar, etcétera. ¿De que se trata tu sueño?
Para saber qué debes hacer, dónde encontrar inspiración y de qué elementos están compuestos tus sueños, haz de conectar los puntos de la información que escribistes de tu pasado, sin mirar al futuro. Confía en que, de alguna manera, se conectarán en tu futuro.
Los elementos que componen nuestra Leyenda Personal son como las semillas de nuestra vida. Representan todas aquellas cosas que amamos hacer, que nos son fáciles, que nos dan placer, que nos hacen felices, que nos dan identidad. Y cuando proyectamos la Visión encontramos que estas semillas dieron frutos allí en el futuro. Lo que hagamos en la vida debe estar nutrido de eso que somos.

Lo que hay que saber

El juego del niño es el recurso del adulto. Busca en tus actividades infantiles las semillas de aquello que te define hoy. Es fuente de habilidades y recursos. Al comparar los elementos que anotastes de tu pasado con los que componen tu visión, encontrarás similitudes. Estas similitudes te darán el perfil de la Leyenda que buscas; es decir eso que amas.
Lo que hagas en la actualidad -tu misión- debe estar compuesto de esos elementos. Son tus rayos de vida personal; y -para entusiasmarte y ser tu sueño- debes tenerlos en cualquier actividad que despliegues.
Busca en toda la información que escribistes sobre las semillas y los componentes de tu leyenda personal. Allí está desde lo que quieres hacer y/o haces; pero también todo lo que puede convertirte en un ser único y original.
Por ejemplo, las mejores películas de Steven Spielberg se refieren a lo que hacia, leía y le interesaban de niño y de joven; aquellas que están más cerca de su identidad y forman parte de su leyenda personal.

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Volver a las fuentes

La enorme repercusión mundial del libro “El Alquimista”, de Paulo Coelho, ha despertado la conciencia de la importancia de la búsqueda y la realización personal, que parecía dormida en algún siglo mítico o edad dorada fuera de nuestro alcance.
Le pregunta Coelho a su maestro:
-¿Qué es la Leyenda Personal?
- Es tu bendición, el camino que Dios escogió para ti aquí en la Tierra. Siempre que hagas aquello que te entusiasma, es que estás siguiendo tu Leyenda.

Sucede que no todos tienen el valor de enfrentarse con sus propios sueños.
*


He aquí algunas buenas preguntas que podemos hacernos hasta que decidamos cuál va a ser la canción, nuestra verdadera canción:

¿Qué ha ocurrido con la voz de mi alma?
¿Cuáles son los huesos enterrados de mi vida?
¿Cuál es mi relación con el Yo instintivo?
¿Cuándo fue la última vez que corrí libremente?
¿Cómo conseguiré que la vida vuelva a cobrar vida?
¿Adónde se fue La Loba?

La vieja canta sobre los huesos y, mientras canta, los huesos se recubren de carne. Nosotras también nos "hacemos" mientras derramamos alma sobre los huesos que hemos encontrado. Mientras derramamos nuestros anhelos y nuestros sufrimientos sobre los huesos de lo que éramos en nuestra juventud, de lo que sabíamos hace muchos siglos y sobre la aceleración que percibimos en el futuro, nos ponemos a gatas, bien asentadas. Mientras derramamos alma, nos sentimos renacer. Ya no somos una cosa frágil que se disuelve, estamos en fase de transformación.
Muchas veces empezamos en el desierto. Nos sentimos privadas de nuestros privilegios, alienadas, sin relación tan siquiera con un grupo de cactus. Para los antiguos, el desierto era el lugar de la revelación divina. Pero, para las mujeres, se trata de algo mucho más que eso.
Un desierto es un lugar en el que la vida está muy condensada. Las raíces de las cosas vivas se aferran a la última gota de agua y la flor conserva la humedad, apareciendo tan sólo a primera hora de la mañana y a última hora de la tarde. La vida en el desierto es pequeña pero brillante y buena parte de lo que ocurre tiene lugar bajo tierra. Como en las vidas de muchas mujeres.
El desierto no es tan exuberante como un bosque o una selva. En él las formas de vida son muy intensas y misteriosas. Muchas de nosotras hemos vivido vidas desérticas; pequeñas en la superficie y enormes bajo tierra. La Loba nos muestra lo valiosas que son las cosas que pueden surgir de esta clase de distribución psíquica.
Es posible que la psique de una mujer se haya abierto camino hacia el desierto por resonancia o como consecuencia de pasadas crueldades o porque no le permitieron vivir una vida más amplia en la superficie. Muy a menudo una mujer tiene la sensación de vivir en un lugar vacío en el que a veces sólo hay un cactus con una flor de brillante color rojo y nada más en mil kilómetros a la redonda. Pero, para la mujer que está dispuesta a recorrer mil y un kilómetros, hay algo más. Una valerosa casita muy antigua que lleva mucho tiempo esperándola.

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Algunas mujeres no quieren estar en el desierto psíquico. Aborrecen su fragilidad y su frugalidad. Una y otra vez intentan poner en marcha su oxidado cacharro y bajar dando tumbos por el camino hacia la resplandeciente ciudad soñada de la psique. Pero sufren una decepción, pues lo exuberante y lo salvaje no está allí. Está en el mundo espiritual, en aquel mundo entre los mundos, en aquel Río Bajo el Río.
No te engañes, regresa junto a la roja flor del cactus y ponte en camino para recorrer resueltamente el último y duro kilómetro. Acércate y llama a la vieja puerta desgastada por la intemperie. Sube a la cueva. Trepa a la ventana de un sueño. Recorre cuidadosamente el desierto a ver qué encuentras. Es lo único que tenemos que hacer.

Fuentes:

Clarissa Pinkola Estés
"Mujeres que Corren con los Lobos"
NOTA: El texto entre asteriscos ha sido añadido.


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miércoles, 29 de abril de 2009

Los huesos del alma

Poseer la semilla significa tener la clave de la vida. Estar con los ciclos de la semilla significa bailar con la vida, bailar con la muerte y volver a bailar con la vida. Es la encarnación de la Madre de la Vida y la Muerte en su forma más antigua y original. Y, dado que siempre gira en estos constantes ciclos, yo la llamo la Madre de la Vida/Muerte/Vida.

Si se pierde algo, tenemos que recurrir a la vieja que siempre vive en la lejana pelvis, con quien hay que hablar y a quien hay que escuchar. Su consejo psíquico es a veces duro o difícil de poner en práctica, pero siempre transforma y restaura.
Medio dentro y medio fuera del fuego creador, es la pelvis el mejor lugar en el que pueden vivir las mujeres, justo al lado de los óvulos fértiles, de sus semillas femeninas.
La figura de la vieja es la quintaesencia de la mujer de dos millones de años de edad, es la mujer fuera del tiempo. Es la Mujer Salvaje original que, aun viviendo bajo tierra, vive arriba. Vive en nosotras y a través de nosotras y nosotras estamos rodeadas por ella.
Ella es la sepulturera de las cosas muertas y moribundas de las mujeres. Es el camino entre los vivos y los muertos. Canta los himnos de la creación sobre los huesos. Es La voz mitológica que conoce el pasado y nuestra antigua historia y nos la conserva en los cuentos. A veces la soñamos como una hermosa voz incorpórea.
Como la doncella-hechicera, nos muestra lo que significa no estar marchita sino arrugada. Los niños nacen instintivamente arrugados. Saben en lo más hondo de sus huesos lo que está bien y lo que hay que hacer al respecto. Se trata de algo innato. Si una mujer logra conservar el regalo de ser vieja cuando es joven y de ser joven cuando es vieja, siempre sabrá lo que tiene que esperar. Pero, si lo ha perdido, lo puede recuperar mediante un decidido esfuerzo psíquico.

En la simbología arquetípica, los huesos representan la fuerza indestructible. No se prestan a la destrucción. Por su estructura, cuesta quemarlos y resulta casi imposible pulverizarlos. En el mito y en el cuento representan el espíritu del alma indestructible. Sabemos que el espíritu del alma se puede lastimar e incluso mutilar, pero es casi imposible matarlo.
El alma se puede abollar y doblar. Se la puede herir y dañar. Se pueden dejar en ella las señales de una enfermedad y las señales de las quemaduras del temor. Pero no muere porque está protegida por La Loba en el mundo subterráneo. Es a un tiempo la descubridora y la incubadora de los huesos.
Los huesos pesan lo bastante como para que se pueda hacer daño con ellos, son lo bastante afilados como para cortar la carne y, cuando son viejos y se los pellizca, tintinean como el cristal. Los huesos de los vivos están vivos, son capaces de crear por sí mismos y se renuevan constantemente. Un hueso vivo tiene una "piel" curiosamente suave y, al parecer, tiene cierta capacidad de regenerarse. E, incluso cuando es un hueso seco, se convierte en el hogar de minúsculas criaturas. Los huesos de lobo de esta historia representan el aspecto indestructible del Yo salvaje, la naturaleza instintiva, la criatura entregada a la libertad y lo intacto, es decir, aquello que jamás podrá aceptar los rigores y las exigencias de una cultura muerta o excesivamente civilizadora.

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Las metáforas de esta historia tipifican todo el proceso de conducción de una mujer hasta la totalidad de sus sentidos salvajes instintivos. En nuestro interior vive la vieja que recoge huesos. En nuestro interior están los huesos del alma de este Yo salvaje. Y en nuestro interior tenemos la capacidad de volver a configurarnos como las criaturas salvajes que antaño fuimos y tenemos los huesos que nos pueden cambiar y pueden cambiar nuestro mundo, y tenemos el aliento, nuestras verdades y nuestros anhelos; juntos constituyen el canto, el himno de la creación que siempre hemos ansiado entonar.
Lo cual no significa que tengamos que andar por ahí con el cabello desgreñado sobre los ojos o con unas uñas de las manos que parezcan unas garras orladas de negro. Sí, tenemos que seguir siendo humanas, pero, en el interior de la mujer humana, vive también el Yo instintivo animal. Tiene unos dientes de verdad, gruñe de verdad, posee una enorme magnanimidad, un oído extraordinario, unas garras muy afiladas y unos generosos y peludos pechos.
Este Yo tiene que gozar de libertad para moverse, hablar, enfadarse y crear. Es duradero y resistente y posee una gran intuición. Es un Yo experto en las cuestiones espirituales de la muerte y del nacimiento.
Hoy la vieja que llevamos dentro recoge los huesos. ¿Y qué es lo que rehace? Ella es el Yo del alma, la constructora del hogar del alma. Ella lo hace a mano, rehace el alma a mano. ¿Y qué hace por nosotras?
Incluso en el mejor de los mundos el alma necesita una remodelación. Tal como ocurre con las casas de adobe, siempre hay algo que se desprende, que se desconcha o se despinta.
Es la guardiana del alma. Sin ella, nos deformamos. Ella da forma a la casa del alma y con su trabajo manual la hace más casa. Es la que anda siempre haciendo arreglos. Es la hacedora del alma, la criadora del lobo, la guardiana de lo salvaje.

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Por consiguiente, lo digo con afecto y con lenguaje sencillo, tanto si eres un lobo negro como si eres un lobo gris del Norte, un lobo rojo del Sur o un blanco oso polar, ten por cierto que eres la quinta esencia de la criatura instintiva. Aunque algunos preferirían que te comportaras mejor y no te subieras alegremente a los muebles ni te echaras encima de la gente a modo de bienvenida, hazlo de todos modos.
Algunos se apartarán de ti con temor o repugnancia, pero a tu amante le encantará este nuevo aspecto de tu personalidad, siempre y cuando sea el amante adecuado para ti. A algunas personas no les gustará que olfatees las cosas para ver lo que son. Y tampoco les gustará que te tiendas de espaldas en el suelo y levantes las piernas en el aire.
Tú sigue adelante y diviértete.



Fuentes:

Clarissa Pinkola Estés
"Mujeres que Corren con los Lobos"
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viernes, 17 de abril de 2009

Los cuatro rabinos

En el lugar habitado por La Loba los espíritus se manifiestan como personajes y la voz mitológica de la psique profunda habla como poeta y oráculo.
En el lugar donde vive La Loba, el cuerpo físico se convierte, tal como escribe el poeta Tony Moffeit, en "un animal luminoso", y parece ser que, por medio de los relatos anecdóticos, el pensamiento consciente puede fortalecer o debilitar el sistema inmunitario corporal.

Una vez muertas, las cosas que poseen valor psíquico se pueden resucitar. Además, el material básico de todos los cuentos que ha habido en el mundo se inició con la experiencia de alguien que en esta inexplicable tierra psíquica intentó contar lo que allí le ocurrió.
El lugar intermedio entre los dos mundos recibe distintos nombres. Jung lo llamó el inconsciente colectivo, la psique objetiva y el inconsciente psicoide, refiriéndose a un estrato más inefable del primero. Consideraba el segundo un lugar en el que los mundos biológico y psicológico compartían las mismas fuentes, en el que la biología y la psicología se podían mezclar y podían influir mutuamente la una en la otra. En toda la memoria humana este lugar -llámesele Nod, el hogar de los Seres de la Niebla, la grieta entre los mundos- es el lugar donde se producen las visiones, los milagros, las imaginaciones, las inspiraciones y las curaciones de todo tipo.
Aunque el lugar transmite una enorme riqueza psíquica, hay que acercarse a él con una cierta preparación, pues uno podría ceder a la tentación de ahogarse gozosamente en el arrobamiento experimentado durante su estancia allí. La realidad correspondiente puede parecer menos emocionante comparada con él. En este sentido, estos estratos más profundos de la psique pueden convertirse en una trampa de éxtasis, de la cual las personas regresan tambaleándose y con la cabeza llena de ideas inestables y manifestaciones insustanciales. Y no debe ser así. Hay que regresar totalmente lavados y sumergidos en unas aguas vivificantes e informativas que dejen grabado en nuestra carne el olor de lo sagrado.

Toda mujer tiene potencialmente acceso al Río bajo el Río. Llega allí a través de la meditación profunda, la danza, la escritura, la pintura, la oración, el canto, el estudio, la imaginación activa o cualquier otra actividad que exija una intensa alteración de la conciencia. Una mujer llega a este mundo entre los mundos a través del anhelo y la búsqueda de algo que entrevé por el rabillo del ojo. Llega por medio de actos profundamente creativos, a través de la soledad deliberada y del cultivo de cualquiera de las artes. Y, a pesar de todas estas actividades tan bien practicadas, buena parte de lo que ocurre en este mundo inefable sigue envuelta en el misterio, pues rompe todas las leyes físicas y racionales que conocemos.

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El cuidado con el cual se debe penetrar en este estado físico se ilustra en el pequeño, pero conmovedor cuento de los cuatro rabinos que ansiaban contemplar la sagrada Rueda del Profeta Ezequiel.

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Una noche cuatro rabinos recibieron la visita de un ángel que los despertó y los transportó a la Séptima Bóveda del Séptimo Cielo. Allí contemplaron la Sagrada Rueda de Ezequiel.

En determinado momento de su descenso del Pardes, el Paraíso, a la tierra, uno de los rabinos, tras haber contemplado semejante esplendor, perdió el juicio y vagó echando espumarajos por la boca hasta el fin de sus días.
El segundo rabino era extremadamente cínico: "He visto en sueños la Rueda de Ezequiel, eso es todo. No ha ocurrido nada en realidad."
El tercer rabino no paraba de hablar de lo que había visto, pues estaba totalmente obsesionado. Hablaba por los codos, describiendo cómo estaba construido todo aquello y lo que significaba... hasta que, al final, se extravió y traicionó su fe.
El cuarto rabino, que era un poeta, tomó un papel y una caña, se sentó junto a la ventana y se puso a escribir una canción tras otra sobre la paloma de la tarde, su hija en la cuna y todas las estrellas del cielo.
Y de esta manera vivió su vida mejor que antes.


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En una versión talmúdica de este cuento titulada "Los cuatro que entraron en el Paraíso",
los cuatro rabinos entran en el Paraíso, para estudiar los celestiales misterios
y tres de ellos enloquecen al contemplar a la Shekhinah, la antigua divinidad femenina.

El contacto con el mundo en el que residen las Esencias nos lleva a averiguar algo que está más allá del habitual oído humano y nos hace experimentar una sensación de júbilo y también de grandeza. Cuando tocamos el auténtico fundamento de La Que Sabe, reaccionamos y actuamos desde nuestra naturaleza integral más profunda.
El cuento nos dice que la mejor manera de experimentar el inconsciente profundo consiste en no dejarse arrastrar por una fascinación ni demasiado exagerada ni demasiado escasa, en la que no nos quedemos excesivamente embobados, pero tampoco seamos demasiado cínicos; valientes sí, pero no temerarios.

Jung nos advierte en su espléndido ensayo La función trascendente de que algunas personas, en su búsqueda del Yo, estetizan en exceso la experiencia de Dios o del Yo, que unas le atribuyen poco valor, otras le atribuyen demasiado y las que no están preparadas para ella sufren daños por esta causa. Pero otras sabrán encontrar el camino de lo que Jung llamaba "la obligación moral" de vivir y manifestar lo que uno ha aprendido en el descenso o el ascenso al Yo salvaje.
Esta obligación moral de que habla Jung consiste en vivir aquello que percibimos, tanto si lo encontramos en los Campos Elíseos de la mente como si lo descubrimos en las islas de los muertos, los desiertos de los huesos de la psique, el rostro de la montaña, la roca marina, el lujuriante mundo subterráneo, en cualquier lugar en el que La Que Sabe nos infunda su aliento y cambie nuestra manera de ser. Nuestra tarea es mostrar que se nos ha infundido el aliento, mostrarlo, repartirlo y cantarlo, y vivir en el mundo de arriba lo que hemos recibido a través de nuestros repentinos conocimientos y por medio del cuerpo, de los sueños y de los viajes de todo tipo.

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Existe un paralelismo entre La Loba y los mitos universales de la resurrección de los muertos. En los mitos egipcios Isis presta este servicio a su hermano muerto Osiris, el cual es descuartizado cada noche por su perverso hermano Set. Isis trabaja cada noche desde el ocaso hasta el amanecer juntando las partes de su hermano antes de que amanezca, pues, de lo contrario, no podría salir el sol. Jesucristo resucitó a Lázaro, el cual llevaba tanto tiempo muerto que ya "hedía", Deméter conjura a su pálida hija Perséfone de la Tierra de los Muertos una vez al año. Y La Loba canta sobre los huesos.
Ésta es nuestra práctica de meditación como mujeres, conjurar los aspectos muertos y descuartizados de la vida. El arquetipo que recrea a partir de algo que ha muerto tiene siempre una doble faceta. La Madre de la Creación es siempre también la Madre de la Muerte y viceversa. Debido a esta naturaleza dual o doble tarea, el importante trabajo que tenemos por delante es el de aprender a distinguir, entre todo lo que nos rodea y lo que llevamos dentro, qué tiene que vivir y qué tiene que morir. Nuestra misión es captar el momento más oportuno para ambas cosas; para dejar que muera lo que tiene que morir y que viva lo que tiene que vivir.

Para las mujeres, el "Río bajo el Río", el río bajo el río del mundo, el hogar de la Huesera contiene conocimientos directos acerca de los plantones, los rizomas, el maíz de siembra del mundo. En México dicen que las mujeres llevan la luz de la vida. Y esta luz está localizada no en el corazón de las mujeres ni detrás de sus ojos sino en los ovarios, donde están depositadas todas las semillas antes incluso de nacer. (En el caso de los hombres que exploran las ideas más profundas de la fertilidad y la naturaleza de la semilla, la imagen equivalente es la bolsa peluda, los cojones.)
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Ésta es la sabiduría que se puede adquirir estando cerca de la Mujer Salvaje. Cuando La Loba canta, lo hace desde los ovarios con una sabiduría que procede de lo más hondo de su cuerpo, de su mente y de su alma. Los símbolos de la semilla y el hueso son muy similares. Cuando se tiene el rizoma, la base, la parte original, cuando se tiene el maíz de siembra, cualquier estrago se puede arreglar, las tierras devastadas se pueden volver a sembrar, los campos se pueden dejar en barbecho, la semilla dura se puede remojar para ablandarla, ayudarla a abrirse y a germinar.





Fuentes:

Clarissa Pinkola Estés
"Mujeres que Corren con los Lobos"
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martes, 14 de abril de 2009

La identidad femenina desde el arquetipo de la Diosa

En las últimas décadas expertas en distintas disciplinas han comenzado a reconstruir la identidad femenina que fue ensombrecida y mutilada durante más de veinte siglos por el pensamiento patriarcal. Psicólogas, arqueólogas, antropólogas, chamanas, teólogas y eruditas han tenido que remontarse hasta los mitos y arquetipos de origen de la cultura agrícola que floreció en la Antigua Europa, Anatolia, Medio Oriente y otros lugares del planeta (entre el 800 al 3.000 a. C., y perduró en una miríada de diosas y rituales en culturas posteriores) para encontrar rostros femeninos no oprimidos.

En esas tradiciones sagradas el símbolo de la Gran Diosa, la Creadora de la vida, la muerte y el renacimiento cíclico contiene un caudal psicológico - espiritual de orientación femenina, muy distintos a las filosofías masculinas y religiones monoteístas tardías de la antigüedad clásica. Psicólogas neo-junguianas, como Jean Shinoda Bolen y Silvia Brinton Perera consideran a las diosas como patrones potenciales en la psiquis de todas las mujeres. Los arquetipos femeninos de las diosas pre-cristianas y pre-helénicas siguen siendo relevantes para las mujeres porque en ellos hay una resonancia de verdad. Muestran cómo son las mujeres, con más poder y diversidad de comportamiento del que se les ha permitido ejercer históricamente.
Caittlin Matthews, experta galesa en tradiciones celtas y artúricas, analizó la mitología de diferentes pueblos y épocas detectando diez arquetipos femeninos representados por las diosas de todo el mundo.
El primero es la Diosa Creadora o Conformadora de Todo, que se despliega en nueve aspectos o diosas que expresan potencialidades, energías y capacidades que las mujeres pueden traer a la conciencia, a fin de favorecer una percepción interna que reemplace al dualismo maniqueo que definió lo femenino con estereotipos tales como “santa o prostituta” “madre bondadosa o madre terrible”, “varón fallido”, “envidiosa del pene”, entre muchas otras.

Los primeros arquetipos que emergen de la Creadora son: la Energizadora, la Medidora y la protectora, las energías básicas para moverse en la vida. Afrodita, la diosa luna del mar, las Ninfas del bosque o la Sakti hindú fueron percibidas como danzantes que esparcen la energía de la Creadora en los humanos, la naturaleza y el cosmos, activando diversas potencialidades. Las manifestaciones de la Energizadora están cargadas de belleza, dinamismo y vitalidad; exaltan el cuerpo y la sexualidad, vivenciados con placer, dicha y libertad.
A la Medidora la encontramos entre las Parcas griegas y las Nornas vikingas, que determinan cómo circulará la energía y a través de qué canales. Como diosas del Destino implican las elecciones que realizamos en la vida. La activación de la Energizadora y las decisiones de la Medidora están equilibradas por la Protectora.
Artámis, Atenea y Hera, la Reina del Cielo, portan este atributo de autonomía como protectoras y gobernantes. Cuando uno o más de estos aspectos está desactivado o negado en la conciencia de una mujer, no es casualidad que ella vivencie estados depresivos, de baja autoestima, o de dependencia con el riesgo de sufrir algún tipo de maltrato.

La Iniciadora, la Desafiante o la Liberadora nos muestran a la Diosa cuando encarna la capacidad de cambio y transformación. En los misterios de Isis y Démeter (que fuerron practicados hasta el principio del cristianismo) las diosas aparecen como sacerdotisas que conducen a los iniciados al interior de su cueva sagrada, laberinto o templo, para que experimenten las propias profundidades del inconciente y de lo mistérico. En ese descenso al mundo interno bajo la consigna délfica del “conócete a ti mismo”, la Diosa se transforma en Desafiante con rasgos temibles, portando la máscara de la muerte cíclica.

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La Desafiante como Serpiente, Górgona, Esfinge Sirena o Erinia ha sido desfigurada haciendo de las mujeres desafiantes las portadoras de los más terribles y misóginos calificativos; reprimidas como locas, brujas, o demonios, sexualmente insaciables. Esta mentalidad la encontramos en los mitos de los héroes aqueos (Teseo, Heracles, Perseo) glorificados por haber asesinado las diversas manifestaciones de la Desafiante pero en el pensamiento sagrado matrístico este arquetipo es profundamente sanador cuando se lo comprende en toda su dimensión. La Desafiante es el espejo donde vemos nuestro rostro más íntimo, y al contemplarlo vemos las distorsiones, conflictos y angustias que nos impiden crecer y madurar. Para las mujeres, el encuentro con la Desafiante ayuda a percibir y diferenciar los estereotipos patriarcales de los arquetipos o energía personales más genuinos. Cuando comprendemos el mensaje de transformación que este aspecto comunica podemos comenzar a transitar la liberación.
Tanto Isis como Démeter son liberadoras porque devolvían la vida a sus hijos o consortes, haciéndolos renacer de su útero sagrado. Lo mismo sucede con Inanna e Ishtar que, en su calidad de liberadoras, descienden al mundo subterráneo y se encuentran con Ereeskigal, la Diosa Oscura, su otro yo. En los mitos, la Desafiante-Liberadora no es otra que una diosa solar temporalmente oscurecida, como sucede con Ragnell, la Dama Horrible de la leyenda artúrica.
El proceso liberador que las diosas liberadoras revelan es muy semejante al que Carl Jung describió como percibir y honrar la sombra, de una manera aceptable en vistas a lograr el proceso de individuación o emergencia del Sí mismo.

Los últimos tres arquetipos que compone Caitlin Matthews son : La Tejedora, la Nutricia y la Potenciadora. La tejedora es una maga que teje, cuida y reajusta la trama sagrada de la vida. La Mujer Araña de los Navajos, la Brigit celta y Mnemosine, la madre de las musas, encarnan este aspecto conector, ejerciendo como patronas de conocimiento, el chamanismo, la profecía y las artes. Actualmente este arquetipo está muy activo en la psiquis de las mujeres, motivándolas a reconectar sus vidas desde un patrón diferente al usado hasta entonces, haciéndola conciente de la práctica del cambio en lo cotidiano. Muchas han descubierto sus energías sanadoras, holísticas o chamánicas en sintonía con la defensa de los ecosistemas.

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La Nutricia y la Potenciadora son dos arquetipos que están por venir, en el sentido que expresan la emergencia de una conciencia femenina finalmente despojado de los estereotipos patriarcales. La Nutricia es el aspecto sustentador de la madre pre y post-patriarcal. Todas las diosas madres que habitan las mitologías son nutricias y legisladoras, pero nuestra manera de apreciarlas aún es deficiente porque suponemos que las mujeres, al encarnarlas, deben “dar todo sin pedir nada a cambio”, y cuando expresan sus exigencias son criticadas como madres desnaturalizadas. Pero la Nutricia manifiesta la posibilidad de amar, sustentar y nutrir la vida ejerciendo poder con otros, en lugar de “poder sobre otros” que aún persiste en la cultura occidental.
El ejercicio de la maternidad tendrá importantes implicancia políticas, económicas y culturales.
Algo similar ocurre con la Potenciadora que en los mitos aparece como diosa de la sabiduría: Sofía, Kuan Yin, Tara y Shokiná. También en la anciana sabia de las culturas indígenas. Como continuadora de la Tejedora y la Nutricia, la Potenciadora manifestará una sabiduría femenina hasta ahora desconocida.
En este breve recorrido observamos que el trabajo de Caitlín Matthews, como el de otras erúditas que investigan los símbolos de la Diosa, tiene el mérito de haber sacado a la luz un conjunto arquetípico abierto a la experiencia de cada mujer.

El Arquetipo de la Gran Madre

El Arquetipo de la Gran Madre tiene todos los rasgos que usualmente han sido atribuidos a las madres en todos los tiempos. Como todo arquetipo se manifiesta en sus dos aspectos: oscuro y numinoso. Encontramos, entonces, dos tipos fundamentales: la madre nutricia y la madre devoradora.

En la “Gran Madre”, en tanto manifestación arquetípica, lo femenino aparece como principio creador independiente del hombre personificado y por esa razón es que se la considera “virgen” y su poder y riqueza va más allá del “principio masculino”. Esta figura arquetípica la vemos representada en los mitos y leyendas de todas las civilizaciones de todos los tiempos. Así, tenemos el ejemplo de la Virgen María, de las Grandes Madres egipcias y mediterráneas, todas ellas “madres vírgenes” portadoras de un gran poder de creación y fecundidad y a quienes, por sobre todo, se las venera, aún hoy en día, con el objeto de que haya prosperidad, alimento, buenos cultivos, salud, etc.

Tenemos otros ejemplos de este tipo de “madres”: los gemelos Rómulo y Remo fueron hijos de madre virgen; el Popol Vuh libro sagrado de los maya-quichés dice que los gemelos Hunahpu y Ixbalanqué fueron engendrados por la joven virgen Ixquic cuando una calavera escupió su mano (“en mi saliva y en mi baba te he dado mi descendencia”, dijo la calavera a la muchacha).
Otros héroes, dioses, semidioses y profetas han sido engendrados sin que interviniera el varón: la virgen Maia engendró a Buda, y, además, Hermes, Baco-Dionisos, Adonis, Agni, Mitra, Krishna y Jesús, fueron dados a luz por madres vírgenes.

En la mitología griega, el Arquetipo de la Gran Madre estuvo representado por Gaia (Tierra), personificando a la Madre Tierra. En su “Teogonía” Hesíodo relata cómo, después del Caos, surgió Gaia desafiante, y con ella la creación de los eternos dioses del Olimpo.
En Roma, la diosa Cibeles (extraída de la mitología griega), fue venerada como Magna Mater, la “Gran Madre”.
En la mitología nórdica, la Gran Madre estuvo representada por la misma madre de Thor, quien era conocida como Jord, Hlódyn o Fjörgyn. Mientras que en la mitología lituana Gaia – Žeme, también clara manifestación de este arquetipo, era hija del Sol y la Luna, y también esposa de Dangus.

Las culturas precolombinas, en especial la incaica, creían en la Pachamama como personificación de la Madre Tierra (Gran Madre). Ella, junto con su esposo Inti, el dios del sol, eran considerados deidades generosas. El culto a Inti se perdió con el paso del tiempo, pero la Pachamama aún sigue teniendo vigencia en los pueblos de esa zona y, en especial en el Noroeste argentino, lo que indica la fuerza energética que posee el arquetipo de la Gran Madre. El culto a la Pachamama no pudo ser erradicado ni siquiera con la evangelización de los aborígenes y actualmente cada 1º de agosto comienzan las ceremonias en su honor, y, además, se le hacen ofrendas cada vez que comienza la época de siembra y cosecha y cuando se marca la hacienda. En este culto participan también aquellos que profesan la fe católica.

Como hemos visto, el Arquetipo de la Gran Madre puede tener dos vertientes, puede ser benévola (nutricia) o puede tener un carácter vengativo, oscuro (devoradora) castigando a la gente, pidiendo tributos o convirtiendo a los seres humanos en piedras, todo dependiendo de su justicia caprichosa y de su estado de humor.

Esta dualidad está presente en Artemisa, la Señora de los Animales griega, que podía ser cruel o benévola, cazadora virginal o diosa de la fertilidad. Las Grandes Madres de la época Micénica tenían también ambos caracteres, vírgenes y diosas de la fertilidad.
De modo general el Arquetipo de la Gran Madre, cuando actúa como complejo psíquico tanto en el hombre como en la mujer, implica la búsqueda del retorno a la protección materna, a ese paraíso imaginario de plenitud y armonía, y en este sentido está íntimamente ligado a las manifestaciones del Arquetipo del Paraíso Perdido.

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La virtud que el Arquetipo de la Gran Madre desarrolla es la capacidad nutricia, de protección y amor. Jung sostuvo que la experiencia que haya tenido el niño o la niña con su propia madre no alcanza para comprender las características que se le atribuyen a las figuras representativas de lo “materno”, tales como: la autoridad mágica de lo femenino; la sabiduría; la bondad; el aspecto protector, sustentador y generador de crecimiento, fertilidad y alimento; así como lo secreto, lo oculto, lo sombrío; el abismo; lo que devora, seduce y provoca miedo. Es por esto que afirmó que “…todos esos efectos de la madre sobre la psique infantil pintados por la literatura no provienen meramente de la madre personal, sino más bien del ´arquetipo proyectado sobre la madre´, el cual da un fondo mitológico a ésta y le presta de ese modo autoridad y numinosidad”
(Jung, C. G. “Arquetipos e Inconsciente Colectivo”).

La madre personal entonces, sólo influye en el hijo o hija en la medida en que éstos proyectan el arquetipo materno sobre ella, y ello tiene más que ver con un desarrollo muy particular, propio de la fantasía infantil proveniente de lo inconsciente colectivo, que con efectos traumáticos realmente acontecidos.
Es por esto que Jung sostenía que en aquellos casos en los que se sospechaba una neurosis infantil, él comenzaba buscando la neurosis en la madre, pues es mucho más probable que un niño tenga un desarrollo normal que neurótico, y porque en la mayoría de los casos se puede demostrar la existencia de perturbación en los padres, en especial en la madre.

Muchos de nuestros más terribles temores están arraigados en la figura arquetípica de la Gran Madre en su aspecto ourobórico. El terror más profundo respecto a ese aspecto devorador del arquetipo se refleja en el mito de las vampiresas, vigente en las culturas de todo el mundo.

El Arquetipo de la Gran Madre también aparece simbolizado por todo lo que sea profundo: abismos, valles, fuentes, grutas, mares y lagos. En otras ocasiones está representado como la casa o la ciudad que nos contiene. En general, todo aquello que se presente como de grandes dimensiones, espacioso y con la característica de abrazar, contener, ceñir, rodear, envolver, cubrir, preservar o nutrir a algo más pequeño, constituyen símbolos que se refieren a la Gran Madre.

Los humanos proyectamos este arquetipo en las respectivas madres. Pero cuando el arquetipo no encuentra una madre biológica o sustituta disponible, tiende a personificárselo, convirtiéndolo en un personaje mitológico – por ejemplo – “de cuentos de hadas”; o se lo busca a través de una institución religiosa; o identificándolo con la “Madre Tierra” la Pachamama en regiones cordilleranas de América del Sur; o en la figura de la Virgen María y otras tantas que se prestan para ser depositarias de la Gran Madre arquetípica. Porque, como señala Jung, “la Gran Madre es ante todo un arquetipo [...] una imagen interior, eternizada en la Psyché; y para la organización psíquica, a la vez un centro y fermento de unificación. Algo inmutable”.

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Jung explica también las causas de este fenómeno de la doble vertiente del arquetipo y las diversas manifestaciones que hemos mencionado, en su obra “Arquetipos e Inconsciente Colectivo”. Allí expresa: “La portadora del arquetipo es en primer término la madre personal, porque en un comienzo el niño vive en participación exclusiva, en identificación inconsciente con ella. La madre no es sólo precondición física, sino también psíquica del niño. Con el despertar de la consciencia del yo la participación se va disolviendo poco a poco y la consciencia comienza a ponerse en oposición con lo inconsciente, esto es con su propia precondición. De allí resulta la diferenciación entre el yo y la madre, cuya peculiaridad personal poco a poco se vuelve más clara. De ese modo se desprenden de su imagen todas las características misteriosas y fabulosas y se desplazan hacia la posibilidad más cercana: la abuela. Como madre de la madre, ella es “más grande” que ésta. No es raro que tome los caracteres de la sabiduría al igual que los propios de la brujería. Pues cuanto más se aleja el arquetipo de la consciencia tanto más clara se vuelve ésta y tanto más nítida figura mitológica toma el arquetipo. El paso de la madre a la abuela representa un ´ascenso de rango´ para el arquetipo.” Y luego agrega que: “Al volverse mayor la distancia entre lo consciente y lo inconsciente, la abuela materna se transforma, por ascenso de rango, en la “Gran Madre”, con lo cual ocurre frecuentemente que las oposiciones interiores de esta imagen se separan de ella. Surge por un lado un hada buena y por el otro una mala, o bien una diosa benévola y luminosa y otra peligrosa y sombría. En el Occidente antiguo y en especial en las culturas orientales, las oposiciones permanecen a menudo unificadas en una figura, sin que la consciencia experimente esta paradoja como algo perturbador. Así como las leyendas de los dioses muchas veces están llenas de contradicciones, lo mismo ocurre con el carácter moral de sus figuras.” Y de esa manera es que surge esta ambigüedad en las diosas míticas, fieles representantes del Arquetipo de la Gran Madre.

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La voz de las Trece Abuelas

Ancianas indígenas aconsejan al mundo

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Trece Abuelas procedentes de los cinco continentes nos presenta sus perspectivas y sus consejos. Muchas de ellas son leyendas vivas en sus tribus. Las Abuelas ofrecen sabiduría en temas tan actuales como la educación de las familias, el cultivo de la salud física y mental, la violencia, la guerra y la pobreza.

El Consejo Internacional de las Trece Abuelas Indígenas cree que sus ancestrales formas de oración, de conciliación y de sanación son de vital importancia hoy día, y que las enseñanzas de nuestros antepasados iluminarán el camino hacia un futuro incierto.

Declaración del Consejo Internacional de las Trece Abuelas Indígenas


“Somos trece Abuelas indígenas que nos reunimos por primera vez del 11 al 17 de octubre de 2004 en Phoenicia, Nueva York. Llegamos de los cuatro puntos cardinales para reunirnos en la tierra del pueblo de la Confederación Iroquesa. Venimos de la Selva Amazonas, del Círculo Polar Ártico, de los grandes bosques del Noroeste americano, de las vastas llanuras de América del Norte, de las montañas de América Central, de las Black Hills de Dakota del Sur, de las montañas de Oaxaca, del desierto del Suroeste americano, de las montañas del Tíbet y de la selva de África central.
Reafirmamos nuestras relaciones con los pueblos y comunidades de medicina tradicional de todo el mundo. Nos hemos reunido porque tenemos una visión común para formar una alianza global nueva.
Conformamos el Consejo Internacional de las Trece Abuelas Indígenas. Nos hemos unido como una sola mujer en una alianza de oración, educación y sanación para la Madre Tierra. Trabajamos por todos sus habitantes y por todos los niños de las siete generaciones venideras.
Estamos muy preocupadas con la destrucción sin precedentes que está sufriendo nuestra Madre Tierra: la contaminación de nuestro aire, nuestra agua y nuestro suelo, las atrocidades de la guerra, el azote global de la pobreza, la amenaza de las armas y los residuos nucleares, la cultura del materialismo, las epidemias que amenazan la salud de los pueblos de la tierra, la explotación de las medicinas indígenas y la destrucción de las formas de vida indígenas.
Nosotras, el Consejo Internacional de las Trece Abuelas Indígenas, creemos que nuestras formas ancestrales de oración, conciliación y sanación son de vital importancia hoy en día. Nos unimos para educar y enseñar a nuestros niños, nos unimos para rescatar la práctica de nuestras ceremonias y reafirmar el derecho a utilizar nuestras plantas medicina sin ninguna restricción legal, nos unimos para proteger las tierras donde viven nuestros pueblos y de las que dependen nuestras culturas, para cuidar la herencia colectiva de las medicinas tradicionales y para defender a la Tierra misma. Creemos que las enseñanzas de nuestros antepasados iluminarán nuestro camino hacia un futuro incierto.
Nos unimos a todos aquellos que honran a la Creadora y a todos aquellos que trabajan y rezan por nuestros niños, por la paz mundial y por la sanación de nuestra Madre Tierra.
Por todas nuestras relaciones.”

Las 13 Abuelas y su trabajo

RITA PITKA BLUMENSTEIN - ALASKA
“El pasado no es una carga, es un andamio que nos trae al presente. Somos libres para ser quienes somos, para crear nuestra vida desde nuestro presente y nuestro pasado. Somos nuestros antepasados. Podemos sanarnos y sanar a nuestros antepasados, a nuestras abuelas y abuelos y también a nuestros niños. Cuando nos sanamos, sanamos la Madre Tierra.”

Nacida en una barca de pesca, creció en Tununak, Alaska. Bisabuela, esposa, tía, hermana, amiga, anciana de la tribu, la Abuela Rita acudió a una escuela Montessori en Seattle. Crió 2 hijos y trabajó en hospitales atendiendo partos como acompañante del médico. Ha viajado alrededor del mundo enseñando cestería, canto y danza ganando dinero para los Colegios Nativos Americanos. Ha participado en muchas Conferencias de sanación donde sus enseñanzas sobre el “Circulo de palabra” han sido grabadas y publicadas. Actualmente trabaja para el South Central Fundation como doctora tribal utilizando plantas y medicina energética.

MONA POLACCA - ARIZONA, AMÉRICA DEL NORTE
“Los pueblos indígenas atraviesan un tiempo de gran lucha, un tiempo de oscuridad. Mi visión es la de la naturaleza de la mariposa. En el capullo, un lugar de oscuridad, la criatura se descompone en un fluido y luego cambia, una transformación sucede. Cuando está lista empieza a moverse y su forma se despliega, rompiendo el capullo emerge al mundo y a la vida como una bella criatura. Nosotras las abuelas, emergemos de esta oscuridad y vemos la belleza, vemos al otro y alcanzamos al mundo con los brazos abiertos llenos de amor, esperanza, compasión y caridad.”

Abuela Hopi – Havasupai - Tewa, está trabajando en su doctorado en el Departamento de Estudios Interdisciplinarios de Justicia de la Universidad de Arizona. Ha trabajado en sanación de temas de alcoholismo, violencia doméstica y salud mental para los ancianos nativos.

AGNES BAKER PILGRIM - OREGÓN, AMÉRICA DEL NORTE
“Nosotras la abuelas venimos de lejos para hablar del conocimiento que tenemos en nuestro interior. En muchas lenguas se nos ha dicho que el tiempo de hacer cambios en nuestras familias y en las tierras que amamos. Somos las voces de los sin-voz. Estamos en el umbral. Vamos a ver los cambios. Si podemos crear la visión en nuestros corazones, esta se extenderá. Como portadoras de la luz, nuestra única opción es unirnos para trabajar juntas. Como mujeres de sabiduría no podemos dividirnos. Cuando el cóndor se encuentra con el águila los pájaros del trueno regresan a casa.”
Agnes es la mujer viva más anciana de su tribu, los indios Takelma, originarios del Sur de Oregon. Reconocida líder espiritual, es una leyenda viva y miembro de la Historic Society y guardiana de la Sagrada Ceremonia del Salmón.

BEATRICE LONG-VISITOR HOLY DANDE - BLAKS HILLS, AMÉRICA DEL N ORTE
“Estamos aquí con una oración para las próximas generaciones, para nuestros nietos que sufren, para los hijos de nuestros nietos. ¿Como vamos a sobrevivir? Nuestro gobierno nos lo está quitando todo. Nuestra gente quiere que se le devuelvan las Black Hills de Dakota del Sur. La única manera de sobrevivir es la oración.”

Guardiana de las tradiciones lakota, tatarabuela, anciana de la Iglesia Nativa Americana, danzante del sol y trabajadora de la salud para personas con diabetes.

RITA LONG-VISITOR HOLY DANDE - BLAKS HILLS, AMÉRICA DEL NORTE
Guardiana de la tradición Lakota, tatarabuela, anciana de la Iglesia Nativa Americana, artesana tradicional de cuentas lakota.







MARGARET BEHAN - AMÉRICA DEL NORTE
“Si queremos ver cambios lo primero que necesitamos es paz en nuestro interior y ser pacientes con quienes aún no han llegado a ese lugar de paz.”
Arapahoe - Cheyenne, es la 5º generación descendiente de la masacre de Sand Creek. De niña estuvo en una misión católica e internados gubernamentales. Margaret, "Red Spider Women" -mujer araña roja- es una guerrera danzante tradicional. Ha sido lider danzante en Oklahoma y en asambleas de USA. Ha sido honrada por su trabajo como escultora durante 24 años. Margaret es una poeta y dramaturga consumada y publicada. Consejera autorizada para tratar con Abuso de Sustancias, ha hecho talleres y retiros con mujeres, con hijos adultos de alcohólicos y codependientes. Actualmente investiga el trauma generacional, interesándose en el síndrome de estres post-traumático intercultural, duelo, peligro y miedo, odio y caos.

FLORDE MAYO – CENTROAMÉRICA
“En este tiempo de transición en que las puertas celestiales se han abierto, debemos hacer lo que se nos ha pedido. Estamos en el movimiento y en la vibración de una profecía sagrada que nos dice que la conciencia está preparando el espíritu de lo femenino, el espíritu de las abuelas. En esta profecía caminaremos hacia la luz unidas desde las cuatro direcciones.”
Abuela maya nacida en la frontera entre Honduras y Nicaragua. Su padre era un chaman local y su madre comadrona y sanadora. Cuando crecieron sus hijos Flordemayo comenzó a trabajar como sanadora y curandera. Es danzante del sol y considera su herencia maya como eje de su trabajo. Estudia con Don Alejandro Oxlaj, jefe del Consejo de Ancianos Mayas, quien convocó el primer Encuentro de los Sacerdotes Indígenas y Ancianos de America en 1994. Actualmente participa del Consejo de Directores del Instituto del Conocimiento Natural e Indígena en San Juan, Nuevo México.

JULIETA CASIMIRO - CENTROAMÉRICA
“Tenemos que mantener viva la esperanza. Es como una historia interminable: en mi pueblo hay violencia y lo que ocurre en mi pueblo está ocurriendo en el mundo. En este momento necesitamos nuestra fe. Necesitamos fortalecer esta fe para poder continuar haciendo nuestro trabajo espiritual y continuar ayudando a otros.”

Anciana mazateca, de Huautla de Jiménez, México, es heredera de la tradición de sanación y ceremonia con plantas sagradas, según el camino pre-hispánico Teonanactl de los “Niños Santos”.


MARIA ALICE CAMPOS FREIRE - AMAZONIA BRASILERA - AMÉRICA DEL SUR
“Conocí a un anciano chamán que durante su último año de vida no comió nada y ni siquiera bebió agua, sólo medicina sagrada. Todo el tiempo escuchaba sonidos divinos y llamó a la mayor de nuestras hermanas para pedirle que escribiera los mensajes que el recibía para las mujeres. Decía que las mujeres teníamos que transmutar primero, y que luego lo harían los hombres. Por lo tanto las mujeres han de ser valerosas, no dudar nunca de su tarea y ponerse a trabajar cuanto antes.”
En la iglesia del Culto Eclectico al Santo Daime, los líderes espirituales son llamados padrinos y madrinas. Marie Alice se convirtió en una de las madrinas de la Comunidad el Santo Daime Ceu do Mapia de Amazonia por su contribución como médium y sanadora, aportando fundamentos de Umbanda. Fundadora del Centro de Medicina de la Selva donde desde 1989 desarrolla investigación y sanación con plantas del Amazonas y también educación de niños y jóvenes para la conservación de la naturaleza y el desarrollo sostenible. Miembro de la Alianza de Gentes de la Selva Tropical es una activista en defensa de sus tradiciones y patrimonio natural.

CLARA SHINOBU IURA - AMAZONIA BRASILERA - AMÉRICA DEL SUR
“En estos tiempos en que vivimos en que matar parece casi natural, estamos aquí en oración con el deseo de iluminar conciencias. Trabajamos para este planeta que agoniza. En nuestros corazones alberga una gran esperanza. Esta esperanza es la semilla que hay que plantar.”
Nacida en Sao Paulo, Brasil, Clara estudió filosofía en la Universidad de Sao Paulo. A través de sus experiencias como adivinadora y médium, fue iniciada en muchas enseñanzas desde la macrobiótica a Umbanda. Después de ayudar en la sanación del Padrinho Sebastiao, líder espiritual de la iglesia del Santo Daime, fue invitada a vivir y trabajar en Ceu do Mapia, comunidad del corazón de la selva amazónica. Desde 1999 dirige Santa Casa de Saluz Padrino Manoel Corrente, el centro holístico de Céu de Mapia, Brasil.

BERNADETTE REBIENOT - GABÓN, ÁFRICA
“Nada ocurre en mi país sin que se consulte a las mujeres. Nuestros sabios y nuestros anciano, son como bibliotecas, y a ellos consultamos para tomar grandes decisiones. Cada cinco años, en mi país, las mujeres hacen una marcha por la paz y las abuelas se retiran un mes al bosque para preparar esa marcha. Allí ayunan, rezan e invocan a los antepasados. Cuando las abuelas hablan, el presidente escucha.”
Nacida en Libreville -el Gabón de la comunidad lingüística de Omyene- es viuda, madre de diez hijos y abuela de veintitrés nietos. Antes de jubilarse Bernadette trabajó como educadora y administrativa en una escuela. Ha participado en numerosas conferencias nacionales e internacionales sobre medicina tradicional. Es sanadora, maestra del rito Iboga Bwiti y maestra de Iniciaciones para Mujeres. Ha dedicado los últimos treinta años a hacer iniciaciones y consultas. Desde 1994 es presidenta de la Asociación de Profesionales de Medicina Tradicional de la Sanidad (U.T.S.G) en Gabón.

AAMA BOMBO - ASIA
Buddi Maya Lama, también conocida como Aama Bombo -“madre chamana”- nació en el remoto pueblo de Melona, Nepal. Su padre fue un renombrado chamán de la tradición nepalesa Tamang. Aama se convirtió en chamana a pesar de que en su tradición no está permitido a las mujeres la práctica chamánica. Su padre le impidió practicar pero al morir éste, su espíritu y otros dioses y espíritus comenzaron a visitarla para enseñarle a ser chamana. Hoy Aama ha alcanzado gran renombre en Nepal. Trata cerca de 50 pacientes cada mañana en su casa de Boudnath, cerca de Katmandú. Llegan a visitarla pacientes desde todo el pais, de India y Tibet. No hace diferencia con aquellos a quienes sana, tratando con igual dedicación y respeto tanto a los más pobres de los pobres como a la familia real nepalí.

TSERING DOLMA GYALTONG - TIBET, ASIA
“Me gustaría hablar de los problemas del mundo y de la fuente de esos problemas. Soy tibetana, así que hablaré de la situación del Tíbet. Los tibetanos cuidaron mucho la tierra pero ahora se esta convirtiendo en un lugar donde se entierran desechos radioactivos de todo el mundo, esto es un peligro para todos. En mi cultura siempre hemos respetado la naturaleza.”
Tsering Dolma nació en Tibet en 1929. Debido a la invasión comunista del Tibet, escapó a India con su familia en 1958. En 1972 ella y sus 4 hijos fueron a Canadá como refugiados. Volvió a India y fue uno de los miembros fundadores que revivió la Asociación Tibetana de Mujeres (TWA). Durante los siguientes 10 años fue miembro ejecutivo de TWA de la que estableció 30 oficinas en el mundo. En 1995 Tserin Dolma acudió a la IV Conferencia Mundial de Mujeres en Beijing, China. Sufrió amenazas y su vida corrió grave riesgo por criticar abiertamente al gobierno chino y su tratamiento del pueblo tibetano, especialmente de la mujer tibetana. Vive en Toronto y continúa su labor como consejera de TWA.

Fuentes:

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lunes, 13 de abril de 2009

Sueños, Cuentos, Poesía y Arte

“Los logros más grandes fueron al inicio y por un tiempo un sueño. El roble, duerme en la bellota. El ave, espera en el huevo. Y en la más elevada visión del alma, un ángel de la guarda se agita. Los sueños son las semillas de la realidad"
James Allen

El lenguaje de los cuentos y de la poesía es un poderoso hermano del lenguaje de los sueños. Por el análisis de muchos sueños (tanto contemporáneos como antiguos procedentes de relatos escritos) a lo largo de muchos años, por los textos sagrados y las obras de místicos como Catalina de Siena, Francisco de Asís, Rumi y Eckhart y por la obra de muchos poetas como Dickinson, Millay, Whitman, etc., se deduce que existe, al parecer, en el interior de la psique una función poética y artística que se pone en marcha cuando una persona se acerca de manera involuntaria o deliberada al núcleo instintivo de la psique.
Este lugar de la psique en el que se reúnen los sueños, los cuentos, la poesía y el arte constituye el misterioso hábitat de la naturaleza instintiva o salvaje. En los sueños y la poesía contemporáneos y en los más antiguos cuentos populares y las obras de los místicos, todo el ambiente del núcleo se considera un ser con vida propia y se suele representar en la pintura, la poesía, la danza y los sueños bien bajo la apariencia de uno de los vastos elementos tales como el océano, la bóveda celeste o la arcilla, bien bajo la de un poder con personalidad, como, por ejemplo, la Reina del Cielo, la Blanca Paloma, el Amigo, el Amado, el Amante, o el Compañero.
De este núcleo surgen cuestiones e ideas numinosas a través de la persona que experimenta la sensación de "estar llena de algo que es no Yo". Por otra parte, muchos artistas llevan las ideas y cuestiones nacidas de su ego al borde del núcleo y las dejan caer en él, intuyendo con razón que las recuperarán infundidas o lavadas con el extraordinario sentido psíquico de la vida. En cualquiera de los dos casos, ello dará lugar a un profundo despertar, a un cambio o una información de los sentidos, el estado de ánimo o el corazón del ser humano. Cuando una persona está recién informada, su estado de ánimo cambia. Y, cuando cambia el estado de ánimo, también cambia el corazón. Por eso son tan importantes las imágenes y el lenguaje que surgen de este núcleo. Combinados entre sí, las imágenes y el lenguaje poseen el poder de transformar una cosa en otra de una manera que, con la simple fuerza de voluntad, sería muy difícil y tortuosa de alcanzar. En este sentido, el Yo del núcleo, es decir, el Yo instintivo, es curativo y vitalizador.

Los cuentos son una medicina. Tienen un poder extraordinario; no exigen que hagamos, seamos o pongamos en práctica algo: basta con que escuchemos. Los cuentos contienen los remedios para reparar o recuperar cualquier pulsión perdida. Los cuentos engendran emociones, tristeza, preguntas, anhelos y comprensiones que hacen aflorar espontáneamente a la superficie el arquetipo, en este caso, la Mujer Salvaje.
Los cuentos están repletos de instrucciones que nos guían en medio de las complejidades de la vida. Los cuentos nos permiten comprender la necesidad de recobrar un arquetipo sumergido y los medios para hacerlo. Los cuentos de las páginas siguientes son, de entre los centenares que he estudiado y con los que he trabajado a lo largo de varias décadas, los que, a mi juicio, más claramente expresan la riqueza del arquetipo de la Mujer Salvaje.
A veces, varias capas culturales desdibujan los núcleos de los cuentos. Por ejemplo, en el caso de los hermanos Grimm, hay poderosas sospechas de que sus confidentes de aquella época "purificaron" los relatos para no herir la susceptibilidad de los piadosos hermanos. A lo largo del tiempo, se superpusieron a los viejos símbolos paganos otros de carácter cristiano, de tal forma que el viejo curandero de un cuento se convirtió en una perversa bruja, un espíritu se transformó en un ángel, un velo de iniciación en un pañuelo o una niña llamada Bella (el nombre habitual de una criatura nacida durante el solsticio de verano) se rebautizó con el nombre de Schmerzenreich, Apenada. Los elementos sexuales se eliminaban. Las amables criaturas y animales se transmutaban a menudo en demonios y cocos.

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De esta manera se perdieron muchos relatos didácticos sobre el sexo, el amor, el dinero, el matrimonio, el nacimiento, la muerte y la transformación. De esta manera se borraron también los cuentos de hadas y los mitos que explican los antiguos misterios de las mujeres. Casi todas las viejas colecciones de cuentos de hadas y mitos que hoy en día se conservan se han expurgado de todo lo escatológico, lo sexual, lo perverso (incluso las advertencias contra todas estas cosas), lo precristiano, lo femenino, las diosas, los ritos de iniciación, los remedios para los distintos trastornos psicológicos y las instrucciones para los arrobamientos espirituales.

No obstante, hasta los fragmentos de relatos en su forma actual pueden contener todo el conjunto de la historia. He rebuscado un poco en lo que denomino en broma la medicina forense y la palcomitología de los cuentos de hadas, por más que la reconstrucción sea esencialmente una tarea larga, complicada y contemplativa. En pro de la efectividad, utilizo varías formas de exégesis, comparando los leitmotifs, considerando deducciones antropológicas e históricas y formas tanto nuevas como antiguas. Trato de reconstruir los relatos a partir de antiguas pautas arquetípicas aprendidas en mis estudios de psicología analítica y arquetípica, una disciplina que preserva y estudia todos los temas y argumentos de los cuentos de hadas, las leyendas y los mitos para poder entender las vidas instintivas de los seres humanos. Para ello me resultan útiles los patrones subyacentes en los mundos imaginarios, las imágenes colectivas del inconciente y las que aparecen en los sueños y en los estados de conciencia no ordinarios. Y para redondear la tarea con un toque más vistoso comparo las matrices de los relatos con los restos arqueológicos de las antiguas culturas, tales como objetos rituales de alfarería, máscaras y figurillas. Con pocas palabras y utilizando una locución típica de los cuentos de hadas, me he pasado mucho tiempo hozando las cenizas.

Hay muchas maneras de abordar los cuentos. El folclorista profesional, el junguiano, el freudiano o cualquier otra clase de analista, el etriólogo, el antropólogo, el teólogo, el arqueólogo, tiene cada uno su método, tanto en la recopilación de los relatos como en el uso a que se destinen. Intelectualmente, mi manera de trabajar con los cuentos derivó de mis estudios de psicología analítica y arquetípica. Durante más de media década de mi formación psicoanalítica, estudié la ampliación de los leitmotifs, la simbología arquetípica, la mitología mundial, la iconología antigua y popular, la etnología, las religiones mundiales y la interpretación de las fábulas.

Los que han asumido las responsabilidades de este arte y se entregan al numen que se oculta detrás de él son descendientes directos de una inmensa y antigua comunidad de santos, trovadores, bardos, griots, cantadoras, cantores, poetas ambulantes, vagabundos, brujas y chiflados.

El cuento es muchísimo más antiguo que el arte y la ciencia de la psicología y siempre será el más antiguo de la ecuación, por mucho tiempo que pase. Una de las modalidades más antiguas de narración, que a mí me intriga enormemente, es el apasionado estado de trance, en el que la narradora "percibe" a su público -que puede ser una sola persona o muchas- y entra en un estado de "mundo en medio de otros mundos", en el que un relato es "atraído" hacia la narradora y contado a través de ella.

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Los cuentos ponen en marcha la vida interior, y eso reviste especial importancia cuando la vida interior está amedrentada, encajonada o acorralada. El cuento engrasa los montacargas y las poleas, estimula la adrenalina, nos muestra la manera de salir, ya sea por arriba o por abajo y, en premio a nuestro esfuerzo, nos abre unas anchas y cómodas puertas donde antes no habla más que paredes en blanco, unas puertas que nos conducen al país de los sueños, al amor y a la sabiduría y nos llevan de vuelta a nuestra auténtica vida de mujeres sabias y salvajes.
Los cuentos como "Barba Azul" nos enseñan lo que hay que hacer con las heridas femeninas que no dejan de sangrar. Los cuentos como "La Mujer Esqueleto" nos muestran el poder místico de la relación y de qué manera el sentimiento adormecido puede revivir y convertirse en un profundo afecto. Los dones de la Vieja Muerte están presentes en el personaje de Baba Yagá, la vieja Bruja Salvaje. En "Vasalisa la Sabia", la muñequita que indica el camino cuando todo parece perdido vuelve a practicar una de las artes femeninas instintivas hoy en día olvidadas. Los cuentos como "La Loba", una huesera del desierto, nos muestran la función transformadora de la psique. "La doncella manca" recupera las fases perdidas de los viejos ritos de iniciación de los tiempos antiguos y, como tal, constituye una guía perenne para todos los años de la vida de una mujer.

Todos estos cuentos presentan el filo de la interpretación, la llama de la vida apasionada, el aliento para hablar de lo que una sabe, el valor de resistir lo que una ve sin apartar la mirada, la fragancia del alma salvaje.

Fuentes:

Clarissa Pinkola Estés
"Mujeres que Corren con los Lobos"


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