jueves, 25 de noviembre de 2010

La nueva masculinidad

En este momento la identidad masculina esta sufriendo un proceso de evolución, motivado en gran parte por los cambios que han protagonizado las mujeres y a la conciencia de que un modelo tan rígido no permite que las personas nos desarrollemos como seres completos y plenos, y esto solo se podría conseguir, si los varones dejaran de reprimir su parte femenina y las mujeres explorásemos nuestro lado masculino.

Ubiquémonos en el período de la Inquisición. El tiempo en que las denominadas brujas eran condenadas a muerte. Su falta: el pecado. Y eso las hacía merecedoras del castigo de soportar el dolor de ser quemadas vivas.
Pero tal vez nunca conocimos la verdadera historia, porque ellas no estuvieron para contarla, pero hay quienes sostienen que sus encantos provenían más que de pociones mágicas, del deseo sexual que eran capaces de despertar en los monjes de la época.
Y la decisión de matarlas es solo una de las tantas demostraciones de lo que conocemos como machismo, ideas sobre lo masculino que han marcado mucho más de 2500 años de historia humana, en pro del poder de los hombres y la discriminación femenina.
Pero los tiempos han cambiado y con ello también los seres humanos, que si bien se mantuvieron en determinados roles por siglos, hoy están rompiendo cánones de manera importante. ¿Por qué? Tan simple de explicar como la búsqueda de la igualdad, tanto en lo masculino como en lo femenino.

La identidad masculina

La identidad masculina se ha configurado siempre en términos de competitividad y poder; rasgos como el miedo, las lágrimas, el dolor o cualquier manifestación extrema de sentimientos no tenían cabida en el estereotipo de hombre. El rechazo de estas emociones implica la negación de uno mismo y la incapacidad para crecer como persona.
La identidad masculina es una construcción cultural, no se trata de algo biológico. Las características que consideramos masculinas se adquieren a través de un proceso de aprendizaje, el cual se da en el seno de la familia, la escuela, a través de los medios de comunicación, el barrio…
El concepto de masculinidad varía en función del contexto histórico, sociocultural, económico…
En nuestra sociedad y a lo largo de la historia ha existido y aún perdura en la actualidad una desigualdad entre lo masculino y lo femenino, que se expresa condiciones de rasgos, estatus o poder que se le asigna a cada uno. Los varones son vistos como sostenedores económicos de la familia, racionales, poseedores de la iniciativa sexual, dominantes, exitosos, poco sentimentales, competidores, aislados emocionalmente, valientes etc. Este modelo de masculinidad lleva implícito un alto componente de dominación hacia las mujeres.

"La identidad masculina nace de la renuncia a lo femenino, no de la afirmación directa de lo masculino, lo cual deja a la identidad de género masculino tenue y frágil".

La identidad masculina se ha construido históricamente en oposición a la identidad femenina, es decir, ser masculino es no ser femenino, es el opuesto, y los comportamientos femeninos son mal vistos en los varones, por lo que han de renunciar por completo a su lado femenino, de manera que se ven obligados a renunciar a una parte importantísima para su desarrollo. Además este ideal de masculinidad, hace que los varones traten de demostrar constantemente su virilidad a través de actos que lo alejen de lo femenino, y en muchos casos estas demostraciones están ligadas a la agresividad y la violencia.
A pesar de que las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, son reales y no modificables, los procesos de socialización son los que más peso tienen en las conductas típicas femeninas o masculinas.

¿Nueva Masculinidad?

Cuando nos referimos a lo masculino, la primera idea que viene a la mente es la fortaleza y el poder, lo que de inmediato implica una negación de la emocionalidad en el concepto, que tiene que ver con la demostración de afectos, miedo o dolor.
Pero de acuerdo a diversos estudios realizados por especialistas en sociología, no se puede hablar de lo masculino sin referirse al peso de la cultura, la historia y la psicología.
Y es cierto, porque no es secreto que una variable importante en la construcción de la idea de superioridad masculina viene desde los hogares, donde los varones viven las primeras etapas de socialización, para luego repetir los patrones en la sociedad, con el consiguiente menoscabo femenino. Por eso el hecho de que hoy en día los hombres sean capaces de romper códigos tan arraigados como el ser poderosos, proveedores, sometedores y superiores, es muestra de un importante avance. Pero este quiebre no se ha manifestado gratuitamente, sino que ha sido motivado de manera importante por la nueva postura que ha tomado la mujer ante la sociedad. Una mujer nueva, con participación política, con importantes puestos de trabajo y dueñas de su vida sexual.
"El consenso individual y grupal apunta a identificar a la mujer con el polo dinámico del cambio cultural en curso; en contrapartida, el varón pareciera tomar conocimiento de los cambios desde una posición forzada, incómoda, anquilosada. Lo anterior, sin desmedro de sensibilidades que procuran ponerse a la altura de los cambios que la construcción de una nueva alianza de género demanda, aspectos que la cultura
hegemónica (masculina) define como ‘feminizados’ –por ejemplo, la gestión de los afectos- refuerzan su importancia y reafirman el status de las mujeres".

"La masculinidad como algo monolítico no existe, sólo hay
masculinidades o muchos modos de ser hombre."

Así describe el cambio que se está produciendo el sociólogo Humberto Abarca y que viene a confirmar la postura de los especialistas en psicología, que plantean que si bien los cambios son propios de los seres humanos, siempre hay un grupo que se siente en desmedro que es el que los gatilla. En este caso, las mujeres. Y aquí las feministas tienen bastante que decir, porque saben que se ha producido un avance por parte de las mujeres, pero este cambio, si bien ha producido reacciones masculinas, no siempre son en pro de la igualdad de los géneros.

No somos iguales

El desarrollo de la identidad se forja mediante la interacción de la persona con su entorno social y cultural. Es indudable que existen diferencias físicas y psicológicas entre hombres y mujeres, si bien es cierto que sus identidades se manifiestan como tales a través de la relación con otras personas, costumbres, normas o estereotipos vigentes de las sociedades en las que viven.

"En el siglo XX las mujeres se batieron para obtener la igualdad con respecto a
los hombres. En este nuevo siglo, los varones (todavía de tipo dominador) están encontrando el
coraje para explorar la feminidad sin miedo a perder su cualidad de hombres de verdad".

A lo largo del proceso de socialización, el niño interioriza las normas y valores propios de una sociedad básicamente patriarcal. A través de su aprendizaje en la familia, escuela, grupo de amigos y medios de comunicación, alcanza el significado del comportamiento "masculino". El niño descubre que un hombre de "verdad" es el que se comporta siguiendo una serie de patrones y los diferencia de aquellos que no debe presentar por ser propios del mundo femenino.
El hombre, por tanto, se encuentra atrapado en un laberinto de roles, exigencias y mandatos que paralizan su capacidad de sentir y de exteriorizar sus emociones. Ante esto, o bien puede seguir bajo el peso de la norma social, con la consiguiente pérdida de sí mismo, o aventurarse en un proceso de aceptación y comprensión personal. No se trata de asumir lo denominado "femenino", la masculinidad no se completa únicamente con esos rasgos, ni se trata de alcanzar un prototipo de hombre afeminado.

La verdadera feminidad

Para tenerlo más claro sólo hay que observar el cambio social en los estereotipos protagonizado por la mujer. A lo largo de los años 50, 60 y 70, la mujer se alza frente a la represión masculina vivida a lo largo de la historia, interioriza los valores masculinos como propios y busca en ellos una reafirmación errónea de sí misma. Es en los 90 cuando adquiere conciencia de que la verdadera feminidad no radica en asumir roles puramente masculinos, sino en saber expresar y entender como mujer atributos socialmente encasillados en el mundo masculino. Es un conocimiento profundo que supone un giro radical en su situación y en todos los aspectos de su vida, educación, trabajo, familia o relaciones personales con su entorno. Igual debe ocurrir en el caso de los hombres.

"La condición masculina es un producto social, un resultado que se
puede modificar en uso de nuestra libertad."

Las tres décadas de transformación de lo femenino son imprescindibles en la modificación de las relaciones humanas de nuestra sociedad, pero es insuficiente sin el cambio de lo masculino.

Crisis de la masculinidad

El inicio de esta crisis se puede establecer en las últimas décadas, cuando se empieza a considerar la necesidad de elaborar un modelo de masculinidad basado en la igualdad y en el respeto.
La consolidación social del modelo tradicional tiene lugar con la llegada de la Revolución Industrial. Las posibilidades de un trabajo en las fábricas supone abandonar a la familia para pasar el día trabajando. Incluso dejar la casa familiar para vivir en la ciudad, más cerca del lugar de trabajo.
La actualidad es diferente, por lo que requiere un modelo propio a la época vigente. Dónde los hombres dejen de ser el centro de todos los sistemas para convertirlos en personas respetadas y respetuosas, y donde puedan conciliar la vida laboral y la familiar. Evitando discriminaciones tanto femeninas como masculinas.

"El modelo tradicional de masculinidad, determinado por el machismo, se caracteriza por la ausencia de la expresión de las emociones lo que supone ciertas limitaciones para los hombres y una gran dificultad para poder establecer relaciones personales completas."

Tras analizar este tema, se ha llegado a la conclusión de que no existe un único modelo de masculinidad, es decir, no existe una única forma de ser hombre, sino que existen tantas como hombres hay en el planeta.
Se entiende que es una crisis positiva porque les da a los hombres nuevas oportunidades. La crisis de la masculinidad supone una ruptura con los viejos roles. Superar aquellas actitudes que tienen como partida la superioridad de un sexo sobre el otro. Pero conservar aquellos comportamientos que se identifiquen como masculinos y que no supongan una discriminación sexista.

Nuevo modelo de masculinidad

Se propone la elaboración de un nuevo modelo que sustituya al tradicional, ya que se considera que en la masculinidad tradicional no hay cabida para los sentimientos, el miedo o el dolor, incluso contribuye el rechazo de sí mismo y a la incapacidad de crecer como persona. Este modelo tradicional puede llegar a tener serias repercusiones en los hombres; estrés, alcoholismo, drogodependencias, enfermedades mentales etc. Estas son algunas de las consecuencias más comunes que algunos autores destacan. Surgen por la incapacidad de cumplir las expectativas que genera este modelo; un hombre no puede ser pasivo, vulnerable, ni emocional; pero si exitoso, poderoso, importante, respetado etc.
Este nuevo modelo se basa en los roles compartidos, en la capacidad de exteriorización de los sentimientos superando los estereotipos y las normas sociales.
Así, frente al modelo tradicional, cada vez cobra más fuerza el concepto de una nueva masculinidad, basada en la superación de las barreras, los estereotipos y las normas sociales. Consiste en alcanzar una identidad masculina que permita al individuo ser persona en el más amplio sentido de la palabra.Este nuevo modelo se basaría en:

Aceptar la propia vulnerabilidad masculina.
Aprender a expresar emociones y sentimientos.
Aprender a pedir ayuda y apoyo.
Aprender métodos no violentos para resolver los conflictos.
Aprender y aceptar actitudes y comportamientos tradicionalmente considerados femeninos, necesarios para un desarrollo humano completo.

Todo tiene una consecuencia directa, la pérdida de papeles y de poder por parte de los hombres, es decir, lo que se propone es eliminar el estado de dominio masculino en la sociedad.
Otro tipo de consecuencias son las que este tipo de sociedad proporciona a los hombres. Las principales son las siguientes:
· No tener que ocultar los sentimientos ni las emociones, teniendo la posibilidad de expresarlos con total libertad.
· Participar activamente en la vida de los hijos y compartir más tiempo con la familia. Esto sería posible con las políticas que en la actualidad se están elaborando para compaginar la vida laboral y familiar.
· Disminución de la presión social, es decir, no tener que demostrar continuamente que es el mejor.
· Nuevo modelo social más igualitario basado en compartir papeles o roles sin relación de dominio por parte de cualquier sexo.
· Aceptar lo masculino de forma íntegra, no sesgada. Como hace el modelo tradicional al identificar lo masculino como lo no femenino.
· Ser considerado, primero, como persona y después como hombre.

La crisis de la masculinidad se debe entender como un punto de inflexión, del que parte un nuevo modelo de masculinidad más acorde con los tiempos actuales. Pero no hay que partir de cero, ya que se pueden conservar los rasgos positivos del modelo tradicional adaptándolos e incorporando otros “propios” de mujeres.

Está claro que las cosas están cambiando para ambas partes en cuestión, lo que es positivo, porque los dos son seres humanos con los mismos derechos. Pero hay que tener cuidado, por que si bien esta es una etapa en que se están produciendo ajustes y modificaciones, no puede generarse una confusión de géneros.
"Una vez que finalice esta etapa de cambios, vamos a definir nuestras diferencias (que existen de manera real a nivel biológico) y similitudes, para que en base a eso construyamos algo más homogéneo y complementario".

Fuentes:



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martes, 23 de noviembre de 2010

Manawee

He aquí un cuento que explica cuál es la verdadera naturaleza de las mujeres. Los que se esfuerzan en comprender la forma de ser y actuar que se muestra en el cuento serán para siempre compañeros y amantes de la mujer salvaje. Hace mucho tiempo la señorita V. B. Washington me regaló un pequeño cuento afroamericano que yo he ampliado y convertido aquí en un cuento literario titulado "Manawee":

Un hombre fue a cortejar a dos hermanas gemelas. Pero el padre le dijo: "No podrás casarte con ellas hasta que no adivines sus nombres." Aunque Manawee lo intentó repetidamente, no pudo adivinar los nombres de las hermanas. El padre de las jóvenes sacudió la cabeza y rechazó a Manawee una y otra vez.
Un día Manawee llevó consigo a su perrito en una de sus visitas adivinatorias y el perrito vio que una hermana era más guapa que la otra y que la segunda era más dulce que la primera. A pesar de que ninguna de las dos hermanas poseía ambas cualidades, al perrito le gustaron mucho las dos, pues ambas le daban golosinas y le miraban a los ojos sonriendo.
Aquel día Manawee tampoco consiguió adivinar los nombres de las jóvenes y volvió tristemente a su casa. Pero el perrito regresó corriendo a la cabaña de las jóvenes. Allí acercó la oreja a una de las paredes laterales y oyó que las mujeres comentaban entre risas lo guapo y viril que era Manawee. Mientras hablaban, las hermanas se llamaban, la una a la otra por sus respectivos nombres y el perrito lo oyó y regresó a la mayor rapidez posible junto a su amo para decírselo.
Pero, por el camino, un león había dejado un gran hueso con restos de carne al borde del sendero y el perrito lo olfateó inmediatamente y, sin pensarlo dos veces, se escondió entre la maleza arrastrando el hueso. Allí empezó a comerse la carne y a lamer el hueso hasta arrancarle todo el sabor. De repente, el perrito recordó su olvidada misión, pero, por desgracia, también había olvidado los nombres de las jóvenes.
Corrió por segunda vez a la cabaña de las gemelas. Esta vez ya era de noche y las muchachas se estaban untando mutuamente los brazos y las piernas con aceite como si se estuvieran preparando para una fiesta. Una vez más el perrito las oyó llamarse entre si por sus nombres. Pegó un brinco de alegría y, mientras regresaba por el camino que conducía a la cabaña de Manawee, aspiró desde la maleza el olor de la nuez moscada.
Nada le gustaba más al perrito que la nuez moscada. Se apartó rápidamente del camino y corrió al lugar donde una exquisita empanada de kumquat se estaba enfriando sobre un tronco. La empanada desapareció en un santiamén y al perrito le quedó un delicioso aroma de nuez moscada en el aliento. Mientras trotaba a casa con la tripa llena, trató de recordar los nombres de las jóvenes, pero una vez más los había olvidado.
Al final, el perrito regresó de nuevo a la cabaña de las jóvenes y esta vez las hermanas se estaban preparando para casarse. "¡Oh, no! -pensó el perrito-, ya casi no hay tiempo." Cuando las hermanas se volvieron a llamar mutuamente por sus nombres, el perrito se grabó los nombres en la mente y se alejó a toda prisa, firmemente decidido a no permitir que nada le impidiera comunicar de inmediato los dos valiosos nombres a Manawee.
El perrito en el camino vio los restos de una pequeña presa recién muerta por las fieras, pero no hizo caso y pasó de largo. Por un instante, le pareció aspirar una vaharada de nuez moscada en el aire, pero no hizo caso y siguió corriendo sin descanso hacia la casa de su amo. Sin embargo, el perrito no esperaba tropezarse con un oscuro desconocido que, saliendo de entre los arbustos, lo agarró por el cuello y lo sacudió con tal fuerza que poco faltó para que se le cayera el rabo.
Y eso fue lo que ocurrió mientras el desconocido le gritaba: "¡Dime los nombres! Dime los nombres de las chicas para que yo pueda conseguirlas."
El perrito temió desmayarse a causa del puño que le apretaba el cuello, pero luchó con todas sus fuerzas. Gruñó, arañó, golpeó con las patas y, al final, mordió al gigante entre los dedos. Sus dientes picaban tanto como las avispas. El desconocido rugió como un carabao, pero el perrito no soltó la presa. El desconocido corrió hacia los arbustos con el perrito colgando de la mano.
"Suéltame, suéltame, perrito, y yo te soltaré a ti", le suplicó el desconocido.
El perrito le gruñó entre dientes: "No vuelvas por aquí o jamás volverás a ver la mañana." El forastero huyó hacia los arbustos, gimiendo y sujetándose la mano mientras corría. Y el perrito bajó medio renqueando y medio corriendo por el camino que conducía a la casa de Manawee.
Aunque tenía el pelaje ensangrentado y le dolían mucho las mandíbulas, conservaba claramente en la memoria los nombres de las jóvenes, por lo que se acercó cojeando a Manawee con una radiante expresión de felicidad en el rostro. Manawee lavó suavemente las heridas del perrito y éste le contó toda la historia de lo ocurrido y le reveló los nombres de las jóvenes. Manawee regresó corriendo a la aldea de las jóvenes llevando sentado sobre sus hombros al perrito cuyas orejas volaban al viento como dos colas de caballo. Cuando Manawee se presentó ante el padre de las muchachas y le dijo sus nombres, las gemelas lo recibieron completamente vestidas para emprender el viaje con él; le habían estado esperando desde el principio. De esta manera Manawee consiguió a las doncellas más hermosas de las tierras del río. Y los cuatro, las hermanas, Manawee y el perrito, vivieron felices juntos muchos años.

Krik Krak Krado, este cuento se ha acabado
Krik Krak Kron, este cuento se acabó.

Fuentes:

Clarissa Pinkola Estés
"Mujeres que Corren con los Lobos"


Apadrina el Blog "Hombres que corren con los lobos"

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lunes, 22 de noviembre de 2010

El himno del hombre salvaje: Manawee

Si las mujeres quieren que los hombres las conozcan de verdad, tienen que enseñarles un poco de sabiduría profunda. Algunas mujeres dicen que están cansadas, que ya han hecho demasiado a este respecto. Me atrevo a decir humildemente que han estado intentando enseñar a un hombre que no quiere aprender. Cuando los hombres ponen de manifiesto una buena disposición, es el momento de revelarles cosas no sólo por este motivo sino porque otra alma lo pide. Ya lo verás. He aquí algunas de las cosas que ayudarán a un hombre a comprender y a salir a medio camino al encuentro de la mujer; éste es el lenguaje, nuestro lenguaje.

La Nueva Masculinidad

Ante el empuje emancipador de la mujer, el hombre con su imagen, sus prerrogativas, han quedado profundamente cuestionados. Al hombre, sin aparente salida, no le queda otra que pararse y reflexionar, cuestionar ese modelo, y encontrar otra forma de ser hombre desde una búsqueda profunda de su masculinidad. ¿Cómo integrar para él su razón y su sentimiento, su fortaleza y su fragilidad, su sexualidad y su receptividad?, ¿cómo no tener miedo a la vulnerabilidad, a perder el control, a ceder poder, a ser solidario?.
En definitiva ¿cómo encontrar otro modelo cuando sólo se tiene un modelo?

Sin Fronteras (SF): En tus libros planteas el surgimiento de una nueva masculinidad, cómo encontrar nuevos sentidos, como rehacerse hombre hacia una identidad más amplia de la que hasta ahora éste se había identificado. ¿Cómo has llegado a plantear esta nueva dimensión y en qué está basado tu trabajo sobre la masculinidad?

JUAN CARLOS KREIMER: Está basado fundamentalmente en una necesidad personal y de un grupo de hombres que empezamos a reconocer que no teníamos un espacio propio donde compartir lo que nos pasaba sin ser interpretados, esterereotipados o criticados. Empezó con unos matrimonios amigos cuando nos reuníamos. Nos dábamos cuenta que cuando las mujeres se iban hablabámos de forma diferente, podíamos utilizar códigos de varones sin ser malinterpretados, códigos propios de varones. A partir de ahí empecé a enterarme de que los grupos de hombres ya existían en Canadá, Brasil, Costa Oeste Norteamericana, en España y Chile. Había grupos de hombres que estaban investigando esta problemática, investigando a partir de vivencias. En aquel momento empecé a buscar trabajos de reflexión sobre la condición masculina y solamente encontraba algunos hechos por mujeres, en verdad había muy pocos hace seis o siete años. Salvo «Hombres de Hierro» escrito por hombres, en Estados Unidos. Esta realidad me hizo dar cuenta de que eso era lo mejor que nos podía pasar porque nos permitiría empezar de cero, empezar a investigar y ver qué nos pasaba, a reflexionar sobre nuestra condición con menos condicionamentos.

SF: Me imagino que esa época coincidió con un fuerte aumento del feminismo, ¿en qué medida, esos grupos, tienen algo que ver con una reacción ante la voz que tomaba la mujer?.

KREIMER: Me interesa hacer una especificación, porque los grupos de hombres empezaron a salir a la superficie junto con el feminismo, que no con las feministas, porque el movimiento de las mujeres tuvo un primer periodo, allá en los años 60-70, de mucha confrontación, de mucho rechazo, donde todo vínculo con hombres era malo, dañino, tóxico. Poco a poco el movimiento se fue desnudando y las mujeres se dieron cuenta de que no podían hacer un cambio social sin los hombres. Vieron que era mucho más rico para ellas empezar a descubrir la Mujer, lo Femenino, y ahí aparecieron todos los grupos de identidad femenina, los grupos junguianos, empezaron a hablar de los arquetipos femeninos, de ser mujer, de la diosa que había en toda mujer, y en términos mucho mas cotidianos, las mujeres empezaron a descubrir su aspecto femenino. Entonces surgen los grupos de hombres. No aparecen como grupos para trabajar el aspecto femenino del hombre, son grupos de hombres machistas; no van a trabajar su aspecto mas sensible, sino que son hombres que acompañaron los fenómenos sociales que hubo en las últimas décadas; hombres que comprendieron los reclamos del feminismo hacia lo masculino por todo lo que la masculinidad acarreaba de ideas patriarcales, de ideas de predominancia de ser un modelo que respondía a un sistema capitalista destructor y empezaron a reeplantearse su parte masculina.

SF: Yo creo que la mujer, o el movimiento feminista a posteriori, ha reflexionado y ha visto que en la historia no solamente ha sido víctima dentro del sistema patriarcal, también ha sido de alguna manera cómplice. ¿En qué medida el hombre está también atrapado por el modelo patriarcal?, ¿cómo es este modelo para el hombre y cómo se debate?.

KREIMER: Muchos hombres que tenemos entre 30, 40 y 50 años hemos sido criados bajo un modelo de educación, en nuestra casa, escuela y sociedad, que respondía a un modelo patriarcal, y se ha impreso en nuestro psiquismo. No podemos decir «de esto me olvido»; nuestra mente está formada con un sistema patriarcal. Por otro lado, los hombres hemos ido evolucionando y vivimos a caballo entre dos paradigmas, el viejo y el nuevo, y hemos sido capaces de ir a caballo de los dos. Pero sigue el modelo patriarcal, nos cuesta aflojarnos y decir «no sé qué hacer». Es necesario revisar y explorar para poder llegar a una síntesis clara para que, por lo menos, nuestros hijos reciban en la educación un nuevo modelo de su padre. Aquí también aparece el modelo patriarcal a la superficie: a medida que crecen nuestros hijos nos vamos dando cuenta de como todo lo que criticábamos de nuestros padres, de las autoridades escolares o de la sociedad como representantes de un orden que pone límites de alguna manera lo adherimos y lo continuamos con nuestros hijos.

SF: A un cierto nivel la mujer ha podido poner fuera al malo de la película, el sistema patriarcal del hombre, pero él mismo lo tenía dentro entonces era difícil luchar contra sí mismo. De alguna manera, él también ha sido víctima de su propio sistema, y lo seguimos siendo.

KREIMER: En este momento las víctimas de la sociedad también son los hombres, quizás los que menos consciencia tienen de ello. Yo por ejemplo tengo que hacer mucho esfuerzo para llegar a los hombres, para explicarles cuál es su problemática y por qué muchos no tienen consciente esta cuestión. Piensan que la felicidad o la realización personal pasa por el poder material, profesional, por el triunfo, el éxito, por las posesiones y no por la recuperación de un ser, de una manera de ser. Yo creo que hay mas hombres víctimas del sistema patriarcal que mujeres golpeadas, acosadas, o más hombres víctimas que mueren de esta mentalidad en todo el mundo que en las mismas guerras actuales. En las guerras hay muchas muertes concentradas, y asustan, pero si tienes en cuenta la cantidad de hombres que mueren de infarto, de patologías degenerativas por contener al ser que hay dentro de ellos, cambia la idea.

SF: ¿Sería cierto de alguna manera que la mujer es al amor como el hombre al deseo y entonces es difícil una comunicación real, en la medida que el eje del hombre es desear, conquistar, triunfar, cuando en la mujer es sentirse amada?.

KREIMER: El hombre esta condicionado por el hacer. Es como si tuviera que encontrar su identidad en el hacer. En cambio, antes, muchas mujeres encontraban su identidad simplemente consiguiendo un buen marido, teniendo hijos, siendo buenas madres. A una mujer, el hecho de poder concebir le da cierta identidad. Los hombres como no podemos concebir tenemos que hacer y poseer para tener identidad. Esto es muy duro decirlo así, pero...

SF: Es cierto esto de que el hombre está a caballo entre un paradigma y otro. Recuerdo una encuesta relativamente seria que apareció en el diario El País acerca de las tareas que realizaban los hombres en casa, las tareas domésticas. Cuando la mayoría reconocía que si la mujer trabajaba fuera de casa ellos tenían que colaborar al 50%, la realidad era que sólo un 5% bajaba la basura, un 0,4% planchaba, un 2% iba a buscar a los niños al colegio, etc, etc., esto indica que la realidad es muy distinta, entre el deseo o el reconocimiento consciente de que tienen que cambiar las cosas y la realidad afectiva.

KREIMER: Esto es cierto y yo hablaría de cierta comodidad de los hombres en cuanto a las tareas cotidianas. Sentimos que tenemos como misión crear grandes proyectos, proveer de cantidades de dinero, y muchos hombres no se arremangan a la vida cotidiana.

SF: ¿No será que el prestigio como motor de la sociedad predisponga en este caso a los hombres a que ciertos comportamientos que son desvalorados y desprestigiados por la misma sociedad no puedan ser asumidos?. Los mismos medios de comunicación marcan cuales son los comportamientos adecuados de uno u otro sexo. Tal vez, mientras no cambien los valores en el prestigio sea difícil cambiar algo.

KREIMER: Tampoco tenemos que cuestionar tanto a los hombres. Hemos de tener en cuenta las características físicas y biológicas del hombre y de la mujer en cuanto a un comportamiento más hacia el exterior o hacia el interior.

SF: De alguna manera el modelo patriarcal que ha creado una sociedad también hace que la mujer se equipare al hombre en funciones

KREIMER: Estamos cayendo en la trampa. Muchas mujeres se sienten muy realizadas porque tienen éxito en el mundo de los hombres y lo que veo ahí es que han tomado lo peor del sistema masculino. Porque son gerentes de empresa, porque ganan mucho dinero y son buenas competidoras. ¡Qué fantástico! van estresadas, y de repente ganan dinero como para pagar a una empleada que le mantiene a los hijos. Hemos de tener conciencia de que estamos viviendo con valores muy trastocados, y muchos hombres que tienen conciencia de esta situación no intentan diferenciarse de las mujeres, que han quedado pegados a ella como a un sistema de creencias o pensamientos unisex. No somos unisex, no somos iguales, por suerte.

SF: ¿No habrá un cierto peligro en naturalizar los comportamientos femeninos y masculinos?. ¿Quiere decir que la mujer por naturaleza es más amorosa, más tierna, tiene que hacer un tipo de funciones, cuando el hombre es más activo, más dinámico y tendría que hacer otro tipo?. Desde otra lectura quizás más antropológica, podemos ver que aunque hay una tónica parecida en todas las sociedades más o menos estudiadas, lo cierto es que hay comportamientos muy dispares, comportamientos en sociedades que nosotros atribuiríamos como femenino cuando lo hacen hombres, y comportamientos que nosotros interpretaríamos como masculinos y los hacen mujeres. Tal vez no es tan fácil hacer una regla universal

KREIMER: No, lo que estoy diciendo es que no nos polaricemos y no nos quedemos pegados a este tipo de rol. Yo no digo que los hombres no hemos de tener la agresividad o la fuerza que teníamos, sino que tenemos que usarla para causas más sistémicas, más ecológicas, más globales, es decir, no para contribuir a un mundo en el cual seamos cada vez mas víctimas, sino para construir un mundo en el cual podamos vivir mejor esta situación. No estoy diciendo que las mujeres abandonen el mundo del trabajo, sino que nos ayuden a los hombres a crear empresas diferentes, maneras de relacionarnos, de colaborar diferentes, más propias de la vida hogareña que de la vida de los negocios, o más propias de las características femeninas, en cierto modo colaboradoras de los hombres. Y también estoy apuntando, no a dar una respuesta de lo que debe ser, yo soy apenas un hombre de los tantos que hay en el planeta, lo que si que estoy es invitando a mis congéneres a que empiecen a elegir el tipo de hombres que son, que busquen y que sean conscientes del tipo de hombre que eligen ser.

SF: ¿Hay algún planteamiento, algún modelo que se proponone dentro de los grupos de hombres?.

KREIMER: Sí. Hay un modelo que es encontrar el ser genuino, ser más de cada uno, encontrar quien es más allá o más adentro de los condicionamientos que recibe a lo largo de la vida, sacar su esencia. Que cada cual genere su propio estilo.

SF: Sería lo ideal, que cada hombre pueda reconocer su propia fuerza masculina, y darle la forma que

KREIMER: Primero que pueda realmente darse cuenta de lo que le pasa, lo que siente, lo que quiere, a lo que aspira. Segundo, que lo pueda expresar, no sólo que se dé cuenta a un nivel intelectual, sino que también lo pueda sacar de adentro suyo a la vida real, cotidiana e inmediata, y tercero, que sea dueño de esta energía, en el sentido de que sepa cuando usarla y cuando no usarla, porque a veces surge de repente una fuerza y agresividad que tenemos los hombres delante de algún proyecto que puede romper algo muy frágil. Esos tres pasos son importantes, darse cuenta, expresar y adueñarse.

SF: ¿Cuáles serían los miedos que los hombres en esos encuentros tienen, esta homofobia que normalmente tienen con respecto a otro hombre, en cuanto a la dificultad de expresar su parte más vulnerable, sus sentimientos?. Me doy cuenta de que entre hombres es difícil que hablemos de cómo hacemos el amor, de cuáles son los problemas, de cuántos son nuestros miedos..., porque es como reconocer una parte muy frágil. Cosa que con las amigas es más fácil.

KREIMER: Yo creo que los hombres comunicamos más entre los hombres en función de una imagen que en función de un personaje. Esto se construye de pequeños, cuando la energía salvaje, como dice Wilde, silvestre, empieza a ser adaptada al nuevo tipo de vida; así como para gustar a su mamá, a papá, al maestro, al amigo. Es importante toda esa etapa de la infancia de los cinco años, el periodo edípico, los años en que el chico se socializa en la escuela. Es una edad terrible porque lo que quiere el chico es jugar, tener libertad. Yo recuerdo que lo que ansiaba era, llegar a casa, hacer las tareas e irme a la calle a correr, no tengo buenos recuerdos de aquel momento. Hay un momento en que empiezas a cortar esa energía, yo mismo, empecé a adaptarme para no tener problemas de conducta en la escuela, con mis padres, para que no me castigaran y ahí empezamos todos a olvidar quiénes somos. De adultos nos cuesta mucho llegar a esos registros que quedan grabados en alguna parte de la memoria y del cuerpo, y a esas memorias no llegamos sólo hablando, necesitamos hacer algún ritual, algún ejercicio de movilización emocional para que aparezcan memorias que están muy acorazadas. Por eso en los grupos de hombres se habla, pero también hay movimientos, situaciones, rituales, hay movilización.

SF: Recuerdo mi primera relación importante con una mujer mucho mayor que yo. Interpretaba que si yo no era un hombre femenino no iba a ser aceptado, con lo cual solamente potenciaba mis registros femeninos, tierno, tranquilo... y entonces me di cuenta de que habían aspectos masculinos que no los sacaba, porque no era valorado, tanto en la sexualidad como en la manera de vestir, todo. Era como encarnar un modelo femenino, porque el masculino estaba bastante castigado.

KREIMER: Fuiste iniciado por la diosa, se diría. Te faltó estar iniciado también por un mentor, por un hombre. Además, es cierto que en los años de transición que estábamos viviendo era más fácil ser un hombre sensible que no ser un hombre duro y por suerte, muchos hombres como tú se dieron cuenta de que había una carencia. En los trabajos de grupos de hombres se trata de recuperar la parte masculina, es decir, la parte masculina afectuosa, el padre amoroso, le llamamos en estos grupos. El hombre que puede amar a otro hombre por el solo hecho de ser, un ser que está en la vida, un ser divino, sin que por esto sea homosexual, ¡da mucho miedo!.

SF: ¿Cuál es el peso de las fantasías homosexuales?

KREIMER: No tengo ideas precisas al respecto. Por lo que compruebo, la mayoría de los hombres que han pasado por alguna experiencia homosexual, algún juego en la adolescencia -para muchos eso fue fantástico en el sentido de que por un lado les desarrolló la osadía de animarse a seguir sus impulsos, después se dieron cuenta de que eso no era de su gusto-. Esto es una constante que se ve en los grupos de hombres, casi todos han tenido algún tipo de experiencia muy secreta que no la han contado a nadie. Pero creo que la mayoría de los hombres en algún momento de su vida han tenido alguna fantasía mental homosexual, de algún cuerpo masculino, y creo que es bueno empezar a aceptarlo porque no es nada malo. Yo considero seres maravillosos a los hombres gays. Nos ha enseñado a muchos hombres a convivir con nuestra parte femenina, con menos prejuicios.

SF: ¿Cuál es el esquema psicoterapéutico en este trabajo con grupos de hombres?.

KREIMER: Resulta altamente terapéutico, puesto que se está partiendo de una aceptación, de quiénes somos, incluso en los grupos de hombres en las primeras etapas se insiste mucho que quien coordine no interprete para no crear otra vez la autoridad y el encasillamiento y repetir el tema del padre castigador. También es importante el alto poder curativo homeostático que tiene la persona, es decir, al aceptar a alguien tal como es, entonces esa parte empieza a armonizarse y a reencontrar y a expresar mucho más naturalmente que cuando se vive como un enemigo del cual hay que defenderse. Cuando un hombre acepta que es un mentiroso empieza a mentir menos pues llega a mostrar lo genuino.

SF: Una estrategia de casi todas las sociedades, a veces en demasía, ha sido la de polarizar los sexos, por una cuestión de orden, por un lado, y por otra, por una cuestión de tensión, deseo, etc, en la relación y, parece, que es una estrategia que ha funcionado; lo que ocurre es que la sociedad moderna es distinta de la tradicional y la discriminación, la diferenciación tendría que ser, por tanto, más personal, intransferible y no tanto de grupo. Yo quería hacerte unas últimas preguntas, de alguna manera la Nueva Era o la Era de Acuario está presente y pronostica una integración de las polaridades, pero ¿cómo influye el mito del andrógino? ¿Como lo contemplas tú en los grupos?.

KREIMER: Nunca lo había planteado en estos términos pero partimos de aceptarnos con tendencias femeninas sin ningún cuestionamiento, lo cual ya es novedoso en los grupos de hombres, no en los grupos deportivos ni de trabajo, en los cuales no se acepta el aspecto femenino, en cambio en los grupos de hombres se acepta que somos la suma de dos energías, y a partir de ahí se revisa todo lo masculino, en la aceptación de que somos andróginos.No es la idea de mitad y mitad, una cosa que no se sabe qué es, sino uno es hombre o es mujer e integra la otra parte. Diría que nos es más fácil a los hombres aceptar lo femenino que lo masculino profundo y desconocido. LLegar a una revisión de quien es uno, desde una visión andrógina que es más aceptadora de ambas partes, facilita mucho el camino.

SF: El hombre se ha identificado en cuanto a la oposición, o sea, ser hombre es no-ser mujer. Hay un dicho que se dice entre hombres, que es, te has rajado, que significaría te ha salido una raja, o sea eres una mujer. Lo masculino se define como lo que no-es mujer.

KREIMER: Nosotros nos definimos por lo que no somos, por reacción y no por adhesión, porque primero hemos de diferenciarnos con nuestra madre, después nos damos cuenta de que no somos una niña, después de que no somos un homosexual. En nuestra cultura faltan rituales o situaciones que nos digan que es ser un hombre. Pocos padres hablan de masculinidad a su hijo, porque pocos saben. El único rito de masculinidad que había hasta hace poco era la milicia, que es un rito muy violento, pero no hay un rito de masculinidad donde un padre o un mentor le expliquen a un muchacho adolescente todo lo sagrado que es el acto amoroso, o la sexualidad, o la energía sagrada que pone en juego todo eso.

SF: No hemos hablado del sexo a pesar de que éste tiene mucha importancia en la realidad del hombre, porque si bien la imagen que se da entre los hombres es de que uno es un buen amante, que es potente, cuando la realidad, al menos por análisis sociológicos, es bastante más pobre. ¿En los grupos de hombres reconocen sus carencias sexuales?.

KREIMER: No solamente las reconocen, sino que empiezan a aceptar, a socializar y a trabajar, es decir, hay grupos de hombres que cumplen un poco el rol de ese iniciador del hombre en cierta sabiduría de vida, que incluye también la sensualidad, el poder entregarse a gozar, a no ser sólo hacedor en la cama sino también recibidor, a dar, aflojar y relajar en la relación amorosa, sobre todo a sentir. Básicamente si tuviera que sintetizar qué hacen los grupos de hombres es que ayudan a que sintamos y a que pensemos.

Juan Carlos Kreimer es periodista, ensayista y docente.
Fundó y dirigió la revista Uno Mismo en Argentina.
Desde 1989 coordina talleres vivenciales donde hombres exploran las características tradicionales
masculinas a la luz de los modelos planteados por la vida actual.
Mantiene una red de hombres dispuestos a establecer relaciones basadas en la confianza,
la cooperación y la solidaridad, y a trabajar activamente por la defensa del planeta.
Algunos de sus libros más recientes en este tema son:
El Varón Sagrado, el Surgimiento de la Nueva Masculinidad (Planeta 1989);
Rehacerse Hombres (Planeta 1994).
Fuentes:


En los mitos, como en la vida, no cabe duda de que el Hombre Salvaje busca a una esposa de debajo de la tierra. En los relatos celtas hay célebres parejas de Dioses Salvajes que se aman de esta manera. A menudo habitan en el fondo de un lago, desde donde protegen la vida y el mundo subterráneos. En los mitos babilonios Inanna la de los n1uslos de cedro llama a su amado, el Toro Plow: "Ven a cubrirme con tu furia salvaje." En los tiempos modernos, incluso hoy en día en el medio Oeste de Estados Unidos, aún se dice que la Madre y el Padre de Dios crean los truenos revolcándose en su lecho primaveral.
De igual modo, nada le gusta más a la mujer salvaje que un compañero que se le pueda igualar. Sin embargo, una y otra vez quizá desde el principio de la infinidad, los que quisieran ser sus compañeros no están muy seguros de comprender su verdadera naturaleza. ¿Qué de sea realmente una mujer? Es una pregunta muy antigua, un acertijo espiritual acerca de la naturaleza salvaje y misteriosa que poseen todas las mujeres. Mientras que la vieja del cuento de "La viuda de Bath" de Chaucer dijo con voz cascada que la respuesta a esta pregunta era que las mujeres deseaban ejercer soberanía sobre su propia vida, lo cual es un hecho indiscutible, hay otra verdad igualmente poderosa que satisface también esa pregunta.

Fuentes:

Clarissa Pinkola Estés
"Mujeres que Corren con los Lobos"


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lunes, 15 de noviembre de 2010

El compañero: La unión con el otro

El ser humano -de todas las edades y culturas- enfrenta la solución de un problema que es siempre el mismo: el problema de cómo superar la separatidad, cómo lograr la unión, cómo trascender la propia vida individual y encontrar compensación.
Erich Fromm

"El ser humano está dotado de razón, es vida consciente de sí misma; tiene conciencia de sí mismo, de sus semejantes, de su pasado y de las posibilidades de su futuro. Esa conciencia de sí mismo como una entidad separada, la conciencia de su breve lapso de vida, del hecho de que nace sin que intervenga su vo­luntad y ha de morir contra su voluntad, de que morirá antes que los que ama, o éstos antes que él, la conciencia de su sole­dad, de su desvalidez frente a las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad, todo ello hace de su existen­cia separada y desunida una insoportable prisión. Se volvería loco si no pudiera liberarse de su prisión y extender la mano para unirse en una o otra forma con los demás seres humanos, con el mundo exterior.
La vivencia de la separatidad provoca angustia; es, por cierto, la fuente de toda angustia. Estar separado significa estar aislado, sin posibilidad alguna para utilizar mis poderes humanos. De ahí que estar separado signifique estar desvalido, ser incapaz de aferrar el mundo —las cosas y las personas— activamente; significa que el mundo puede invadirme sin que yo pueda reaccionar. Así, pues, la separatidad es la fuente de una intensa angustia. Por otra parte, produce vergüenza y un sentimiento de culpa. El relato bíblico de Adán y Eva expresa esa experiencia de culpa y vergüenza en la separatidad. Después de haber comido Adán y Eva del fruto del "árbol del conocimiento del bien y del mal", después de haber desobedecido (el bien y el mal no existen si no hay libertad para desobedecer), después de haberse vuelto humanos al emanciparse de la originaria armonía animal con la naturaleza, es decir, después de su nacimiento como seres humanos, vieron "que estaban desnudos y tuvieron vergüenza". ¿Debemos suponer que un mito tan antiguo y elemental como ése comparte la mojigatería del enfoque moralista del siglo XIX, y que el punto importante que el relato quiere transmitirnos es la turbación de Adán y Eva porque sus genitales eran visibles? Es muy difícil que así sea, y si interpretamos el relato con un espíritu victoriano, pasamos por alto el punto principal, que parece ser el siguiente: después que hombre y mujer se hicieron conscientes de sí mismos y del otro, tuvieron conciencia de su separatidad, y de la diferencia entre ambos, en la medida en que pertenecían a sexos distintos. Pero, al reconocer su separatidad, siguen siendo desconocidos el uno para el otro, porque aún no han aprendido a amarse (como lo demuestra el hecho de que Adán se defiende, acusando a Eva, en lugar de tratar de defenderla). La conciencia de la separación humana -sin la reunión por el amor- es la fuente de la vergüenza. Es, al mismo tiempo, la fuente de la culpa y la angustia.
La necesidad más profunda del ser humano es, entonces, la necesidad de superar su separatidad, de abandonar la prisión de su soledad. El fracaso absoluto en el logro de tal finalidad significa la locura, porque el pánico del aislamiento total sólo puede vencerse por medio de un retraimiento tan radical del mundo exterior que el sentimiento de separación se desvanece -porque el mundo exterior, del cual se está separado, ha desaparecido-...

...El amor es la penetración activa en la otra persona, en la que la unión satisface mi deseo de conocer. En el acto de fusión, te conozco, me conozco a mí mismo, conozco a todos -y no "conozco" nada-. Conozco de la única manera en que el conocimiento de lo que está vivo le es posible al hombre -por la experiencia de la unión- no mediante algún conocimiento proporcionado por nuestro pensamiento. El amor es la única forma de conocimiento, que, en el acto de unión, satisface mi búsqueda. En el acto de amar, de entregarse, en el acto de penetrar en la otra persona, me encuentro a mí mismo, me descubro, nos descubro a ambos, descubro al ser humano. El anhelo de conocernos a nosotros mismos y de conocer a nuestros semejantes fue expresado en el lema délfico: "Conócete a ti mismo". Tal es la fuente primordial de toda psicología. Pero puesto que deseamos conocer todo del ser humano, su más profundo secreto, el conocimiento corriente, el que procede sólo del pensamiento, nunca se puede satisfacer dicho deseo. Aunque llegáramos a conocernos muchísimo más, nunca alcanzaríamos el fondo. Seguiríamos siendo un enigma para nosotros mismos, y nuestros semejantes seguirían siéndolo para nosotros. La única forma de alcanzar el conocimiento total consiste en el acto de amar: ese acto trasciende el pensamiento, trasciende las palabras. Es una zambullida temeraria en la experiencia de la unión. Sin embargo, el conocimiento del pensamiento, es decir, el conocimiento psicológico, es una condición necesaria para el pleno conocimiento en el acto de amar. Tengo que conocer a la otra persona y a mí mismo objetivamente, para poder ver su realidad, o más bien, para dejar de lado las ilusiones, mi imagen irracionalmente deformada de ella. Sólo conociendo objetivamente a un ser humano, puedo conocerlo en su esencia última, en el acto de amar...

...Pero por encima de la necesidad universal, existencial, de unión, surge otra más específica y de orden biológico: el de­seo de unión entre los polos masculino y femenino. La idea de tal polarización está notablemente expresada en el mito de que, originariamente, el hombre y la mujer fueron uno, que los divi­dieron por la mitad y que, desde entonces, cada hombre busca la parte femenina de sí mismo que ha perdido, para unirse nue­vamente con ella. La polarización sexual lleva al ser humano a buscar la unión con el otro sexo. La polaridad entre los principios masculino y femenino existe tam­bién dentro de cada hombre y cada mujer. Así como fisiológi­camente tanto el hombre como la mujer poseen hormonas del sexo opuesto, así también en el sentido psicológico son bise­xuales. Llevan en si mismos el principio de recibir y de pene­trar, de la materia y del espíritu. El hombre -y la mujer- sólo logra la unión interior en la unión con su polaridad femenina o masculina. Esa polaridad es la base de toda creatividad...

...Idéntica polaridad entre el principio masculino y el femenino existe en la naturaleza; no sólo, como es notorio, en los animales y las plantas, sino en la polaridad de dos funciones fundamentales, la de recibir y la de penetrar. Es la polaridad de la tierra y la lluvia, del río y el océano, de la noche y el día, de la oscuridad y la luz, de la materia y el espíritu. El gran poeta y místico musulmán, Rumi, expresó esta idea con hermosas frases:

Nunca el amante busca sin ser buscado por su amada.
Si la luz del amor ha penetrado en este corazón, sabe que también
hay amor en aquel corazón.
Cuando el amor a Dios agita tu corazón, también Dios tiene amor
para ti.
Sin la otra mano, ningún ruido de palmoteo sale de una mano.
La sabiduría Divina es destino y su decreto nos hace amarnos el uno
al otro.
Por eso está ordenado que cada parte del mundo se una con su
consorte.
El sabio dice: Cielo es hombre, y Tierra, mujer. Cuando la Tierra no
tiene calor, el Cielo se lo manda; cuando pierde su frescor y su rocío,
el Cielo se lo devuelve. El Cielo hace su ronda, como un marido que
trabaja por su mujer.
Y la Tierra se ocupa del gobierno de su casa: cuida de los
nacimientos y amamanta lo que pare.
Mira a la Tierra y al Cielo, tienen inteligencia, pues hacen el trabajo
de seres inteligentes.
Si esos dos no gustaran placer el uno del otro, ¿por qué habrían de
andar juntos como novios?
Sin la Tierra, ¿despuntarían las flores, echarían flores los árboles?
¿Qué, entonces, producirían el calor y el agua del Cielo?
Así como Dios puso el deseo en el hombre y en la mujer para que el
mundo fuera preservado por su unión.
Así en cada parte de la existencia planteó el deseo de la otra parte.
Día y noche son enemigos afuera; pero sirven ambos un único fin.
Cada uno ama al otro en aras de la perfección de su mutuo trabajo.
Sin la noche, la naturaleza del. Hombre no recibiría ganancia alguna,
y nada tendría entonces el día para gastar." 

Para ganarse el corazón de la mujer salvaje, una pareja deberá entender plenamente la dualidad natural en ella. Cualquier persona cercana a una mujer salvaje de hecho está en presencia de dos mujeres: un ser externo y una criatura interna, una que vive en el mundo de arriba, y otra que vive en el mundo no tan fácilmente visible. El ser externo vive bajo la luz del día y es fácilmente observable. A menudo es pragmática, aculturada, y muy humana. La criatura, no obstante, con frecuencia viaja a la superficie desde muy lejos, a menudo apareciendo para luego desaparecer con la misma velocidad, sin embargo dejando siempre tras de sí un sentimiento: algo sorprendente, original y sabio.

Una mujer posee tremendos poderes cuando los aspectos duales individuales son reconocidos conscientemente y contemplados como unidad, sosteniéndolos juntos en lugar de mantenerlos separados. El Poder de Dos es muy fuerte y ninguno de los dos lados de la dualidad debe ser desatendido. Necesitan ser alimentados por igual, pues juntos aportan un poder sobrenatural al individuo.

Fuentes:

Clarissa Pinkola Estés
"Mujeres que Corren con los Lobos"


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sábado, 13 de noviembre de 2010

Nunca volveré







Sobra cualquier comentario dialéctico acerca de este precioso poema de Meena.










Soy la mujer que ha despertado
Me he levantado y convertido en tempestad entre las cenizas de mis criaturas abrasadas
Me he alzado desde los arroyos de la sangre de mis hermanas
Me ha dado fuerzas la cólera de mi nación
Mis ruinosas y quemadas aldeas me llenan de rabia hacia el enemigo,
Soy la mujer que ha despertado,
He hallado mi camino y nunca volveré.
He abierto las puertas cerradas de la ignorancia
Me he despedido de todos los brazaletes de oro
Oh compatriota, ya no soy lo que fui
Soy la mujer que ha despertado
He hallado mi camino y nunca volveré.
He visto criaturas sin hogar vagando descalzas
He visto novias con jena vistiendo luto
He visto gigantes muros de prisiones devorando libertad en su feroz estómago
He vuelto a nacer en medio del coraje y la resistencia épica
He aprendido el canto de libertad en el último aliento, en las olas de sangre y en la victoria
Oh compatriota, oh hermano, no me veas más como débil e incapaz
Con todas mis fuerzas estoy contigo en la senda libertadora de nuestro país.
Mi voz se entremezcla con miles de mujeres en pie
Mis puños se enlazan con los puños de miles de compatriotas
Junto a ti he subido los escalones hacia el camino de mi nación,
Para acabar con todos esos sufrimientos y romper los grilletes de la esclavitud,
Oh compatriota, Oh hermano, ya no soy lo que fui
Soy la mujer que ha despertado
He hallado mi camino y nunca volveré.


Fuentes:

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miércoles, 10 de noviembre de 2010

Fundamentos del pensamiento de Carl G. Jung

Entre los grandes psicólogos de la llamada Psicología Profunda, Jung, como pionero, se distingue como el único que ha interpretado lo Inconsciente en función de la vida espiritual del hombre, y el primer autor que trata los hechos de la experiencia religiosa - la Vivencia Numinosa - como instancia válida y auténtica de la personalidad, y no simplemente como " Epifenómeno ", como sublimación o como un síntoma neurótico. El vínculo con los hechos religiosos -no los credos ni los dogmas- sino la íntima relación entre el individuo y las vivencias de la realidad vital y cósmica, era para Jung de primordial importancia en la formación y desarrollo del ser humano.

Con respecto al ser humano contemporáneo, Jung señaló la falta de significación de la experiencia vital, que lo ha llevado a un estado de hosquedad interior, confusión, desorientación y ausencia del sentido de la vida. Si el ser humano actual quiere liberarse de su letargo, deberá encontrar el sentido de su existencia a través de la potencialidad de sus profundas fuerzas inconscientes, por cuanto, afirmaba Jung, la Psique es originaria e intrínsecamente creadora.
Si el ser humano actual se halla encerrado en una trampa, es porque se apartó de la esfera íntima de su ser, pues en los recónditos intersticios de su naturaleza misma está el integrarse y construir una unidad a partir de los fragmentos desarticulados de su personalidad. La concepción junguiana del Proceso de Individuación constituye, en esencia un camino hacia el encuentro consigo mismo, lo cual está dentro de las posibilidades del ser humano encontrar y vivenciar el sentido de su vida.
El ser humano que se encuentra en este sendero puede adquirir, además, un sentido de la amplitud de la Psique y de su íntima relación con la realidad tanto objetiva-externa como subjetiva-interior. En este campo, una de las contribuciones de Jung consistió en demostrar que entre los contenidos psíquicos, hay algunos cuya naturaleza esencial es la de dar al ser humano un encuentro vincular con el mundo como Cosmos. Estos contenidos, que son los símbolos más profundamente enraizados y fundamentales del Inconsciente, configuran una expresión no sólo de procesos psíquicos, sino también de principios que actúan en el Cosmos. Lo que Jung denomina arquetipos es una manifestación en el ser humano de dichos principios, y constituye un eslabón, un vínculo entre el si-mismo y el Macrocosmo, el universo que está más allá de la esfera psíquica del ser humano. La Psique contiene no sólo los deseos reprimidos. Y los temores ocultos en las oscuras profundidades del Inconsciente, sino también la vivencia de la realidad e interioridad psíquica del ser humano, de su " puesto " en el Cosmos, a través de las estructuras arquetípicas. Lo inconsciente se extiende hacia los estratos inferiores de la naturaleza animal del ser humano, y alcanza también, más allá de lo humano, un contacto significativo con los infinitos aspectos del Principio Vital, lo que nos permite ampliar nuestro concepto y hablar, más que la profundidad de la psique, tomando una expresión de San Agustín, de la Magnitud de la misma. Y es con este sentido, el de Magnitud, que Jung imprime una dimensión nueva y necesaria a la Psicología Profunda.

El poder creador de la personalidad y la Magnitud de la Psique son dos pilares en el pensamiento de Jung. Y agrega, además, un sentido temporal dialéctico: esto implica la idea fundamental de que, en todo opera el principio de los opuestos. Este principio es para Jung , la ley inherente a la naturaleza humana: La Psique es un sistema de autorregulación, y no hay equilibrio alguno ni sistema de autorregulación sin lucha de opuestos. La función reguladora de los opuestos, la Enantiodromía, fue considerada por Jung como fundamental entre todas las leyes psicológicas, y ha sido descubierta por Heráclito, pensador que ha influido notablemente en su pensamiento. Debemos entender por Enantiodromía (enantios = opuestos, contrario. Dromos = carrera, recorrido) el fenómeno por el cual un polo dialéctico pasa a ser opuesto. Es " Pasar a su contrario ". Heráclito dice:

"Lo contrario llega a concordar, y de las concordancias surge la más hermosa armonía, y todo nace de la lucha".
"Dios es día y noche, invierno y verano, guerra y paz, saciedad y hambre".
"Todo es cambio, las cosas se tornan fuego y el fuego cosas, así como las mercancías se convierten en oro y el oro en mercancías".

Podemos expresar esta ley como: Todo polo contiene secretamente a su contrario.

En la antropología psicológica de Jung, la personalidad como un todo es denominada psique, lo que significa originariamente Alma, deviniendo luego en el concepto Mente. La Psique abraza todo pensamiento, sentimiento y conducta, tanto consciente como inconsciente. Funciona como guía que regula y adapta al individuo a su medio social y físico, así como a las demandas de su mundo interior.
Para Jung, la Psicología no es ni biología ni fisiología, ni ninguna otra ciencia que no sea, precisamente, este conocimiento de la Psique. El concepto de Psique afirma la idea primaria de que una persona es un todo desde un comienzo, y no una reunión de fragmentos agregada por la experiencia y el aprendizaje. Lo que debe hacer el hombre en el lapso de su vida es desplegar esta integridad inherente (potencialidad) hasta el máximo grado posible de diferenciación, coherencia y armonía; y precaverse de la ruptura y escisión en sistemas parciales autónomos.
En su fundamento, el ser humano contiene en sí un factor ordenador. Y se halla situado entre el espíritu y los instintos, entre lo interior y lo exterior, entre lo consciente y lo inconsciente: el Alma es un lugar de cruce, y determinada desde ambas vertientes: por un lado es lo devenido y por otro, se halla en devenir, en cuyo caso sólo puede ser concebida sintéticamente o constructivamente.

La única parte de la mente que el individuo conoce directamente es la conciencia, y a su respecto expresa Jung: "Cuando se medita en lo que es en realidad la conciencia se queda uno profundamente impresionado por el hecho altamente asombroso de que a un acontecimiento que sucede en el cosmos al mismo tiempo se engendra internamente una imagen, de que, por así decirlo, acontece igualmente internamente, esto significa exactamente: se hace consciente". La conciencia es la referencia al yo de los contenidos psíquicos en cuanto es percibida por el yo como tal. Luego, las referencias que no son percibidas por el yo como tales, son inconscientes. La conciencia es la actividad que mantiene la relación entre todos los contenidos psíquicos y el yo. La conciencia no es algo idéntico a la Psique, por cuanto ésta representa la totalidad, el conjunto de todos los contenidos psíquicos, de los cuales poseen un vínculo directo con el yo, y por lo tanto, no pueden ser considerados como contenidos conscientes. La orientación de la mente consciente está dada por la Función Psíquica, siendo ésta una actividad psíquica determinada, que en circunstancias distintas permanece, en principio, idéntica a sí misma, y permite adecuar al individuo a la realidad objetiva-externa. Es una forma de manifestación de la Libido, considerada ésta por Jung, no como una mera energía sexual, sino como la total energía psíquica del individuo. Las cuatros funciones psíquicas son: Pensar, Sentir, Percibir e Intuir.

El yo es un complejo de representaciones que constituye el centro de la esfera consciente, y mantiene la máxima continuidad e identidad respecto de sí mismo. El complejo del Yo es tanto un contenido de la conciencia, como una condición de la misma.
El yo no es idéntico a la totalidad de la Psique, sino que es un complejo entre otros complejos. Es el organizador de la mente consciente: consta de percepciones, recuerdos, pensamiento y sentimientos conscientes, y juega la función vitalmente de ser guardián del umbral de la conciencia: a menos que el yo admita su presencia, una idea, un recuerdo, un sentimiento o una percepción, pueden no ser vivenciados conscientemente, puesto que el yo es altamente selectivo. Brinda la identidad y continuidad del hombre, porque a través de la selección y eliminación de cierto material psíquico, el Yo puede mantener la coherencia de la Trama histórico-vital del individuo. Por eso, a través del Yo es que sabemos que hoy somos la misma persona que la que éramos ayer y antes. A este respecto, la individualización y el Yo actúan en estrecha relación ínter fundamentándose para desarrollar una personalidad característica y en movimiento.

Más allá de la esfera de la conciencia, en un ámbito más profundo y de mayor oscuridad, se halla el Inconsciente Personal. Este abarca aquellos contenidos psíquicos que han sido reprimidos y aparentemente "olvidados" y también aquellas vivencias tendenciales e impulsivas que no han penetrado en la conciencia. El Inconsciente Personal, a diferencia de la conciencia que el individuo conoce directamente, lo inferimos a través de ciertas manifestaciones y, dentro de ellas, los Síntomas, Complejos y Símbolos.
Podemos considerar al síntoma como un fenómeno de estancamiento de la libido, que se manifiesta tanto somática como psíquicamente. Es una "señal de alarma" que anuncia que algo esencial en la actitud consciente no está bien, algo " falla ", es insuficiente y no está en armonía, y al impedirse el fluir de la energía psíquica, deja de existir la complementariedad de los opuestos, produciéndose desacuerdos y disonancias internas, coartándose así el libre despliegue del individuo.

Los Complejos son partes que se han separado de la personalidad psíquica, grupos de contenidos psíquicos que se han desunido de la conciencia y funcionan autónoma y arbitrariamente; es decir, que llevan una existencia aparte en la oscura esfera del inconsciente, desde la cual, en cualquier momento, pueden inhibir o estimular producciones conscientes.
El Complejo consta:
 a) de un elemento nuclear significativo, inconsciente y autónomo.
b) de asociaciones determinadas vinculadas entre sí por una Tonalidad afectiva.

El Complejo depende, por un lado, de la disposición personal primigenia, y por otro, de vivencias vinculadas significativamente al mundo objetivo-externo. El complejo es un Punto medular, un centro vibracional, el cual, motivado por ciertas circunstancias, se torna amenazante y patógeno, y puede mediante su fuerza el estado de equilibrio psíquico, y someter al individuo íntegramente a su influencia. A través del "Descenso del umbral de la conciencia", de acuerdo al concepto de Pierre Janet, se sustrae energía a la conciencia, eclipsándose el estado consciente activo, permitiendo de este modo que el complejo irrumpa en la esfera consciente, actuando como "cuerpo extraño". Como complejo posee armonía propia, integridad y cierto grado de autonomía, representa la manifestación de un estado psíquico alterado con intensa carga emocional, y se muestra incompatible con la actitud habitual de la conciencia: el complejo es una potente fuerza psíquica, frente a la cual son vanas las intenciones conscientes, quedando así coartada la libertad del Yo.

Símbolo:

Del griego Symbolón, puede definirse como la unidad sintética de sentido entre dos polos diádicamente opuestos: lo manifiesto y lo oculto. Es decir, que tras su sentido objetival, visible, se oculta otro invisible más profundo. Lo simbólico puede darse tanto en forma gráfica o artística, como en forma viviente y dinámica en los sueños, ensueños y visiones.
El símbolo es una realidad dinámica plurisignificativa cargado de valores emocionales e ideales, es decir, de verdadera vida. El símbolo es una condensación expresiva y precisa, y corresponde por su esencia al mundo interior, que es intensivo y cualitativo, en contraposición al mundo exterior que es extensivo y cuantitativo.
Lo simbólico no es lo determinado, no es una reducción constrictiva: esto sería una alegoría, que sí es una derivación mecanizada y reductora del símbolo.
El símbolo se mantiene vivo mientras esté cargado de significación. Si hipotéticamente pudiese develarse totalmente, es decir, si se lo pudiese desocultar, ya no sería más un símbolo: desprovisto de vida, queda ya sólo como mero signo: es la historia de Monsieur Jourdan, del " Burgués gentilhombre " de Molière, quien descubre que hablaba en prosa creyendo, ilusoriamente, que se expresaba poéticamente.
A tal efecto, Goethe expresaba que: ... "en el símbolo", lo particular representa lo general, no como un sueño o como una sombra, sino como viva y momentánea revelación de lo inescrutable...
Lo simbólico no excluye lo histórico, ambas formas pueden considerarse como polos de una estructura dialéctica cuya síntesis es un principio metafísico. En tal sentido, el símbolo agrega un nuevo valor a un objeto o una acción, sin atentar por ello contra sus valores propios, inmediatos e históricos.
Puede ser también considerado símbolo todo fenómeno psicológico en cuanto suponemos que expresa o significa algo más o algo distinto de lo manifiesto, algo misterioso e incognoscible que escapa a los conocimientos conscientes, y que está cargado de nuevas potencialidades.
Jung distingue con precisión entre los conceptos de alegoría y símbolo: " Todo criterio que explique la expresión simbólica como analogía o designación abreviada, es semiótico. En cambio será simbólica como la mejor formulación posible -luego imposible de exponer más clara o característicamente por de pronto- de una cosa relativamente desconocida. Será alegórica la concepción que declare la expresión simbólica como paráfrasis o metamorfosis deliberada de una cosa conocida".
Y más adelante, expresa la diferencia entre signo y símbolo:
"La expresión que se supone para algo conocido nunca pasa de ser un mero signo, pero no será un símbolo nunca. Por eso es algo de todo punto imposible hacer surgir un símbolo vivo, es decir, grávido de significación, de conexiones conocidas. Pues el símbolo así creado nunca contendrá más que lo que en él se ha incluido".

Podemos concebir al símbolo en distintos aspectos de interpretación, y así tenemos los siguientes niveles:
a) Psicológico: Los símbolos se presentan como productos naturales de los procesos psíquicos y emergen de lo inconsciente para penetrar en las actitudes conscientes.
b) Social: Constituye el lado funcional del símbolo y canalizan las energías del sujeto, orientándolas hacia las actividades del grupo.
c) Histórico: El símbolo aparece bajo formas diversas y cambiantes conforme a los factores tiempo y cultura.
d) Nivel ontológico: El símbolo es interpretado como el medio a través del cual el hombre articula y manifiesta, sin saberlo, el modo de ser primario que está en su naturaleza.

Un importante fundamento ha recibido la psicología profunda en el campo filosófico a través del pensamiento de Ernesto Cassirer, quien realmente ha podido llegar a puerto firme al establecer la diferencia esencial o cualitativa entre el hombre y los de más antes de la naturaleza. Este diferencia cualitativa, que los representantes de la concepción científico-natural del Homo Faber no consideraban, estriba, no en grados de la inteligencia, sino precisamente, en el Universo simbólico, Universo de sentido propio y exclusivo del hombre.
Cassirer expresa: "... en el mundo humano encontramos una característica nueva que parece construir la marca distintiva de la vida del hombre. Si círculo funcional no sólo se ha ampliado cuantitativamente sino que ha sufrido también un cambio cualitativo..."
Para Cassirer esta marca distintiva es la capacidad de simbolizar. Y esta nueva adquisición transforma la totalidad de la vida humana. Para este gran filósofo el hombre, por lo tanto, no sólo vive en una realidad más amplia, sino en una nueva dimensión de la realidad, es decir, que el hombre "ya no vive solamente en un puro universo físico sino en un universo simbólico". Y agrega: "El lenguaje, el mito, el arte y la religión constituyen partes de este universo, forman los diversos hilos que tejan la red simbólica, la urdimbre complicada de la experiencia humana".
Con referencia a estos conceptos, Jung coincide con Cassirer, y considera que toda energía e interés que el hombre actual invierte hoy en la ciencia y en la técnica, el hombre de las culturas llamadas primitivas, la consagraba al mundo de los símbolos, a ese "lenguaje olvidado" que los pueblos proyectaron en forma de mitos, leyendas y cuentos.

La instancia más profunda y asimismo la de mayor Magnitud de la Psique - el Inconsciente Colectivo u Objetivo- es la fuente de los elementos que llegan a la conciencia, y también el punto de contacto entre el individuo y las fuerzas cósmicas supraindividuales.
Los contenidos del Inconsciente Colectivo son los Arquetipos que, al manifestarse emergen como " formas o imágenes de naturaleza colectiva, que se dan casi universalmente como constituyentes de los mitos y, al propio tiempo, como productos individuales autóctonos de origen inconsciente" ( Jung ).

Los arquetipos son los patrones fundamentales de la formación de símbolos, que se repiten a través de los contenidos de las mitologías de todos los pueblos, en la humanidad entera, y se expresan como imágenes Primordiales, desde los oscuros tiempos de la prehistoria de la especie humana. Los agentes primarios motivadores de vida en la Psique individual y las pautas psicológicas totales de culturas enteras son manifestaciones de fuerzas arquetípicas. Los arquetipos son las primordiales formas de la cual, por variación, derivan infinidad de formas distintas entre sí. Estos arquetipos son inherentes al estrato primordial de la vida. Ya vimos que este " Substratum " es el Inconsciente Colectivo. Los arquetipos son los principios universales que subyacen y motivan toda la vida psicológica, individual y colectiva.
El concepto tiene su origen en el EIDOS platónico ( Latín: Essentía o Quidditas ), y a la fuente de estas Ideas eternas se la consideraba como la " Mente Universal ", el dominio y el depósito de las esencias ( arquetipos ) de todas las formas que pudieron existir y de todas las ideas que pudieron pensarse. La mente universal es un concepto comparable al Inconsciente Colectivo. Ya el término Universo es " Vertiente del Uno ", " Giro del Uno ".

El descubrimiento de Jung ha sido erróneamente interpretado y criticado atribuyéndole el querer reflotar la antigua concepción de las " Ideas Innatas ", pero, en realidad, lo que quiso expresar Jung es que se trata de " Modos heredados ", de Tendencias, de Dominantes, que se hallan enraizadas en la naturaleza de la Psique, y que se heredan sólo en el sentido de la Estructura, con sus tendencias intrínsecas a manifestarse de determinada manera.
Para Jung, los arquetipos podrían compararse con el sistema axil de un cristal, el cual forma " a priori " la estructura cristalina en un líquido madre, aunque carezca de existencia material propia. El arquetipo en sí mismo es vacío y puramente formal, es un principio Formativo, una " Facultas Praeformandi ", una posibilidad de representación que se da "a priori".
La naturaleza real del arquetipo no es capaz de hacerse consciente, es trascendente. Por eso expresa Whitmont que los arquetipos son "Configuraciones energéticas dinámico -transpsicológicas , y por ende, trascendentales". Son "Pautas de forma y dinámica universales y cósmicas, y conforman en su manifestación "Campos arquetípicos".
Las imágenes primordiales no siempre son las mismas: varían según la proyección cultural, por lo que inferimos que lo que se hereda son las mismas tendencias estructurales. Por tanto, los arquetipos son patrones subyacentes de la formación de símbolos, y no sus detalles específicos.
En síntesis, los arquetipos en sí son Dominantes del Inconsciente Colectivo, son Tendencias, Entes potenciales, estructuras virtuales, que no adquieren significado hasta no hallar expresión en el mundo exterior, por cuanto no percibimos los Arquetipos en sí, sino los arquetipos manifestados. Mas que presentarnos hechos, se nos presentan a través de los hechos: "Conoceréis al árbol por sus frutos ".

La antropología psicológica de Jung es una de las respuestas antitéticas a la concepción del hombre que el siglo XIX nos había legado. La idea del Homo Faber del Positivismo y Darwinismo consistía en una visión demasiado restringida de la existencia humana, en donde la misma se hallaba en un estado de extrema " cerrazón ", con su Hombre - animal - evolucionado - económico- racionalista, y con su determinismo biológico e histórico.

La concepción freudiana del inconsciente fue la primera herramienta intelectual con fuerza suficiente para superar a la vieja psicología racionalista. Pero el propio Freud no pudo trascender el umbral del naturalismo antropológico, quedando así en la oscuridad ciertas respuestas acerca de la problemática del hombre contemporáneo, esperando que alguien proyectara la luz de la Psicología Profunda sobre las fuerzas sociales e históricas que se ocultan bajo la conciencia y permita comprender lo inconsciente en función de su significado y de sus consecuencias para la vida espiritual del hombre.
La obra de Jung está orientada en esta dirección: su comprensión de lo Inconsciente va mucho más allá de la concepción racionalista de la conciencia. Su interpretación de la Psique es intrínsecamente histórica y se basa prevalentemente en una concepción sociocultural, lo que lo acerca a las ideas filosóficas de Ernest Cassirer, más que biológica del hombre. Y, sin ofrecer teoría metafísica unilateral alguna, evita una limitada posición materialista, preparando el campo psicológicamente para una penetración más profunda de la realidad, al interpretar con seriedad el significado de la "Vivencia Numinosa ".

Jung ha sido una Fuerza Guía que abrió el camino a un campo nuevo, ocupándose en forma sistemática tanto de las instancias oscuras del hombre, como de sus capacidades espirituales integradoras. Por esta razón, se destaca como figura rectora para quienes creen que la respuesta a los problemas modernos debe abarcar la comprensión de los estratos profundos del inconsciente, conjuntamente con una concepción dinámica de la naturaleza espiritual del hombre. En su esfuerzo por obtener una visión más amplia de la realidad y, en particular, de sus aspectos psíquicos, Jung procuró colocarse fuera de la Weltanahauung de la mente occidental de su época, en una actitud de Epojé, es decir, de poner entre paréntesis, para poder comprender el sentir de otros pueblos, con sus diversas concepciones del mundo. Vivenció la necesidad de una perspectiva más amplia de la que nos habían brindado hasta ahora las filosofías de Occidente, y para adquirir conciencia de las limitaciones de la personalidad europea, se nutrió, para traducir su forma de pensar sobre los procesos psíquicos, en las religiones y filosofías antiguas de Oriente. Trató de interpretar los fenómenos psíquicos con el antiguo material de culturas remotas, procurando unir la sutileza introvertida de Oriente, con el espíritu extravertido y práctico de Occidente, y dando a la sabiduría las antiguas religiones orientales una forma tal que pueda ser utilizada por las modernas ciencias del hombre.
A pesar de que Jung trató de indagar en las raíces filosóficas de su propio pensamiento, nunca aceptó la apelación de filósofo y, sobretodo, de metafísico y, en verdad, tiene razón al mantener que su psicología no es una filosofía disfrazada, ya que describe pura y simplemente vivencias humanas. Pero, por otra parte, detrás de estas vivencias, expresada o no, subyace toda una fundamentación filosófica que no puede considerarse como la invención de una filosofía personal, de un sistema entre los sistemas, sino del descubrimiento de una filosofía inscripta implícitamente en el Inconsciente Colectivo. Es menos su filosofía que la filosofía implícita descifrada por él, y que se enraíza en lo más profundo del espíritu humano.

Mientras las psicologías de Janet y de Adler son representantes del pensamiento de la Ilustración, y la psicología existencial del Estoicismo, la psicología analítica de Jung, así como el psicoanálisis de Freud, son descendientes póstumos del Romanticismo. Pero el Psicoanálisis es también heredero del Positivismo y Darwinismo, mientras que la Psicología analítica rechaza dicha herencia y retoma a las fuentes del Romanticismo y de la filosofía de la Naturaleza.
En la obra de Jung, la dicotomía clásica entre el sujeto y el objeto pierde mucho de su rigor, y esta imprecisión de frontera marca tanto su práctica terapéutica como sus especulaciones sobre la religiosidad. Esta quiebra del límite entre sujeto y objeto, y la participación de la Intuición y del Sentimiento, convierten a la suya en una psicología comprometida: no se aparta naturalmente del espectáculo, sino que queda involucrado en el mismo. Dicha ruptura de la línea divisoria entre sujeto y objeto acerca a Jung a los postulados de Husserl y a su concepto de Intencionalidad, pero esa relación se observa en diferentes niveles: Husserl es un pensador que se despliega dentro de la esfera de la Esencia, haciéndolo Jung, en cambio, dentro de la esfera del hecho empírico.

La actitud general de la fenomenología de Husserl, en tanto método que se empeña en descubrir el sentido propio del fenómeno, tal cual se manifiesta a quien lo examina e interroga, renunciando a formular un juicio sobre el aspecto ontológico del mismo, es plenamente coherente con las perspectivas de Jung, y responde a sus búsquedas. El también desea estudiar los fenómenos psíquicos sin tener que preocuparse de una filosofía que desde afuera les prescribiera la ley y los juzgue desde el exterior, sea que se presente como un idealismo deductivo o que asuma las apariencias de un positivismo inductivo. Jung se había visto confrontado con estas dos tendencias predominantes del siglo IXI, y ambas le parecían inaceptables. La actitud de Husserl a través de su expresión: "Ir a las cosas mismas" le pareció providencial, por cuanto ansiaba comprender sin prejuicios los hechos empíricos.
Su fidelidad inicial al agnosticismo teórico de Kant fue el blanco de muchas críticas que se le hicieron. La abstención de todo juicio de valor -la Epojé-, en cambio, le permitió interpretar su actitud en una forma más flexible. De ella emanan los verdaderos enriquecimientos que se deben al constante esfuerzo de Jung por tener en cuenta los factores psíquicos de su integridad. Al renunciar a cualquier juicio absoluto de valor, Jung concentró su atención sobre la estructura y sentido propio de universos simbólicos alejados de la conciencia occidental, tales como el lenguaje de los sueños, la Filosofía Hermética de los alquimistas, la historia de las religiones, las cosmovisiones orientales, cuyas representaciones eran extrañas para un pensamiento científico puramente causalista. Logró crear así una ciencia de los fenómenos que hasta entonces se habían desdeñado por inadvertencia o menosprecio.

En la obra de Jung, el Alma, que había sido expulsada de la psicología, es restituida de nuevo a su lugar: " Wirklichkeit der Seele ", Realidad del alma. Pero esta alma es siempre pensada como sólidamente encarnada: " Organismus der Seele ". Este organismo del alma es solidario no sólo del cerebro, sino del organismo entero, lo que nos permite hablar de un " Psiquismo espinal ", el mismo que aparece en el pensamiento índico en la figura de la serpiente Kundalini, que con sus siete Chakras conforma verdaderos centros de conciencia.
Encontramos aquí una concepción jerárquica que, mucho más que el dualismo tradicional, es una forma dispuesta a recibir toda la Psicosomática de nuestros días: "Yo no tengo un cuerpo, soy mi cuerpo".

Desde el principio, los arquetipos han sido concebidos por Jung como trascendentes a la conciencia. Manifestaciones a ésta por más de una imagen, continúan inconscientes en sí mismos, de donde surge, entonces, un dramático interrogante: ¿Es puramente psíquico el Inconsciente?. En sus observaciones sobre los Fenómenos acausales Jung expresa que éstos se hallan regulados (no causados) por arquetipos, y se pregunta si estos últimos no pertenecen a una trascendencia más radical, en la que se delinearía una especie de denominador común entre la materia y el espíritu. Las ideas de Jung en este campo son ciertamente inquietantes y abren extrañas incógnitas: los conceptos turbadores sobre el Principio de Sincronicidad, que definió como " la coincidencia temporal de dos o más acontecimientos, no relacionados entre sí causalmente, cuyo contenido significativo es idéntico o semejante", nos invitan a sobrepasar, en último análisis, la oposición entre el espíritu y la materia, como la dualidad del espacio y del tiempo.
Estas concepciones de Jung subyacen en la filosofía implícita de su antropología psicológica, la cual, partiendo de las distintas fuentes que nutrieron su pensamiento, converge hacia una real Filosofía de la Naturaleza, que trata de elucidar, precisamente, las leyes espirituales inherentes a una interpretación de la Naturaleza y de la Psique. En la misma confluyen tanto las ideas de los pensadores del Romanticismo como la de la Filosofía Hermética, la de los filósofos de la Vida como el Pensamiento primitivo, la de la Filosofía del Inconsciente como la de la Simbología del Espíritu, en un movimiento fluyente heraclíteo, y dentro de un universo como el del milenario pensamiento filosófico chino.

La filosofía implícita en la obra de Jung contempla la Unidad del hombre y la naturaleza, el Micro y del Macrocosmos, donde la vida humana es considerada como Participación en el Ritmo Cósmico. El Universo es considerado como un Todo organizado en el que cada parte se vincula con todas las demás mediante una relación de Simpatía. Existe un Principio básico que se expresa en la Ley de polaridades: pares de fuerzas antagónicas y complementarias que se unirían en la forma de Indiferencia. En el seno de la naturaleza hay polaridades como el día y la noche, la energía y la materia, la gravedad y la luz y, fundamentalmente, los principios masculino Yang y femenino Yin, que sobrepasan los límites del mundo animado, y le dan a la filosofía implícita el carácter dialéctico que la caracteriza.
En esta filosofía existe el concepto básico de los Fenómenos Primordiales ( Urphanomene ), como los Arquetipos, y la serie de metamorfosis de ellos derivada. También contempla el Inconsciente como el real fundamento del ser humano, por estar enraizado en la vida invisible del universo y ser, por lo tanto, el verdadero nexo de unión del hombre con el cosmos. Relacionada con la noción de Inconsciente se encuentra la del "Sentido Interno o Universal" ( Allsinn ), mediante el cual el hombre, antes de la Caída, era capaz de conocer la naturaleza, en una comunión con todo lo que lo rodea, en una verdadera "Participación mística".

La cosmovisión de Jung expresa la existencia de un Principio Vital, el que desde su originaria unidad se desdobla y multiplica, se ramifica y diversifica, se metamorfosea, en suma y, es la gran fuente de la vida. Además de la naturaleza visible, la filosofía implícita espira a penetrar en los secretos del "Fundamento" (Grund) de la naturaleza, que es considerado a la vez, fundamento de la propia Alma, y los medios para alcanzar ese Fundamento se encuentran no sólo en el intelecto, sino, sobre todo, a través del Centro Viviente del Tetraktys, que Troxler llamó " Gemütt " y, que es análogo al Sí - mismo ( Selbst ).
Y contempla, además, la vida humana como un largo proceso de Advenimiento, una serie de metamorfosis que constituye el Proceso de Individuación, en un eterno Pantha rei, que convierte a las concepciones de Jung en una real Filosofía del Devenir.
Quedan así asignadas notas esenciales de la filosofía implícita en el pensamiento de Jung, y por ende, de su concepción antropológica.
Son las raíces del Árbol.
El árbol es la monumental obra que Jung nos ha legado.

Esta obra, su Opus, vive, precisamente, para desvelarnos verdades sumergidas de quien ha descendido a los infiernos del abismo humano, para encontrar sendas en las acuciantes criptas de los interrogantes del ser humano de nuestro tiempo.

Fuentes:

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