sábado, 20 de septiembre de 2008

Psicoterapia y Espiritualidad.

"La gente ha confundido el término psicosomático (que significa que un proceso de enfermedad físico puede verse afectado por factores psicológicos) con el de psicógeno (que significa que la mente puede provocar enfermedades en el cuerpo). Steven Locke y Douglas Colligan enumeran una serie de factores que interactúan en la evolución de una enfermedad: la herencia, el estilo de vida, las drogas, la ubicación geográfica, la profesión, la edad y la personalidad. Es la interacción entre todos ellos -a los que yo añadiría también los existenciales y espirituales- lo que parece influir en el origen y el desarrollo de una determinada enfermedad física. Aislar uno de ellos e ignorar a los demás constituye, pues, un exceso de simplificación que carece de sentido."

"A la vista de todo esto, parece que el estado psicológico desempeña un papel en toda enfermedad y estoy completamente de acuerdo en que ese componente debería aprovecharse al máximo, ya que, en una situación crítica, puede resultar decisivo para inclinar la balanza hacia el lado de la salud o de la enfermedad."


Pregunta EZ: Por favor explícanos tu visión sobre la interfase existente entre la psicoterapia y la religión.

Respuesta KW: ¿Y que entiendes por religión? ¿El fundamentalismo, el misticismo, la religión exotérica o la religión esotérica?

EZ: Muy bien. Podríamos empezar por ahí. Creo que, en tu libro “Un Dios sociable” presentas once definiciones diferentes, once formas distintas de utilizar la palabra religión.

KW: Lo que quiero decir es que no podemos hablar de ciencia y religión, de psicoterapia y religión, o de filosofía y religión mientras no nos pongamos de acuerdo en lo que entendemos por religión. Para nuestros fines actuales creo que, por lo menos, deberíamos recurrir a la distinción entre las llamadas religiones exotéricas y religiones esotéricas. La religión exotérica o “externa” en una religión mítica, una religión tremendamente literal, que cree, por ejemplo, que Moisés separó las aguas del Mar Rojo, que Cristo nació de una virgen, que el mundo se creó en siete días, que una vez llovió literalmente maná del cielo, etcétera.

Las religiones exotéricas del mundo entero se afirman en este tipo de creencias y dogmas. Los hindúes, por ejemplo, creen que la tierra descansa sobre la espalda de un elefante y que éste, a su vez, se apoya sobre una tortuga que reposa sobre una serpiente. Pero cuando les preguntamos “Y en qué se apoya la serpiente?”, te contestan: “Hablemos de otra cosa”. Si les hiciéramos caso tendríamos que creer que Lao Tzu tenía novecientos años cuando nació, que Krishna hizo el amor a diez mil pastorcillas, que Brahma brotó de una grieta en un huevo cósmico, etc. Así son las religiones exotéricas, un conjunto de sistemas de creencias que intentan explicar los misterios del mundo en términos míticos más que en términos de experiencia directa o de evidencia concreta.

EZ: De modo que la religión exotérica o externa es, fundamentalmente, una cuestión de creencias, no de evidencia.

KW: Así es, y si crees en todos esos mitos te salvarás mientras que, sino crees en ellos, irás al Infierno. Desde ese punto de vista no hay otra alternativa posible. Este tipo de religión literal y dogmática se encuentra en todos los rincones del mundo. Yo no discuto nada de eso, lo único que afirmo es que ese tipo de religión, la religión exotérica, no tiene nada que ver con la religión mística, vivencial y experimentable. Ese es el tipo de religión o espiritualidad que verdaderamente me interesa.

EZ: ¿Qué significa esotérico?

KW: Interno u oculto. Una religión no es esotérica o mística porque sea oculta, secreta o algo por el estilo, sino porque es una cuestión de experiencia directa y de conciencia personal. La religión esotérica no te pide que tengas fe en nada o que te sometas dócilmente a algún dogma. La religión esotérica, por el contrario, consiste en un conjunto de experimentos personales que llevas a cabo científicamente en el laboratorio de tu propia conciencia. Como toda ciencia que se precie, la religión esotérica no se basa en las creencias o los deseos sino en una experiencia directa válida y verificada públicamente por un grupo de iguales que también han llevado a cabo el mismo experimento. Ese experimento es la meditación.

EZ: Pero la meditación es privada.

KW: No, no lo es. No es más privada, digamos, por ejemplo, que las matemáticas. No existe la menor evidencia sensorial o empírica de que el cuadrado de – 1 sea igual a uno. La veracidad o falsedad de este tipo de afirmaciones descansa exclusivamente en su conformidad o inadecuación a ciertas reglas de lógica interna. Así pues, en el mundo externo no es posible encontrar ningún número negativo; eso sólo existe en nuestra propia mente. Pero que sólo exista en nuestra mente no significa que sea falso, no implica que sea conocimiento privado y que no pueda ser validado públicamente.

Su veracidad, por el contrario, es validada por una comunidad de matemáticos experimentados, personas que conocen la forma de realizar el experimento lógico necesario para decidir su verdad o su falsedad. Exactamente del mismo modo, el conocimiento meditativo es un conocimiento interno. Pero, al igual que ocurre con las matemáticas, se trata de un conocimiento que puede ser validado públicamente por una comunidad de meditadores experimentados que conocen la lógica interna de la experiencia contemplativa. La veracidad del teorema de Pitágoras, por ejemplo, no se determina por sufragio universal, sino que son los matemáticos experimentados quienes deciden al respecto.

De manera similar, las distintas tradiciones espirituales afirman, por ejemplo, que la experiencia íntima del Ser es una con la experiencia del mundo externo. Pero, en cualquiera de los casos, se trata de una verdad que puede ser verificada experimental y vivencialmente por cualquiera que lleve a cabo el experimento adecuado. Y, tras unos seis mil años de experimentación, es perfectamente lícito extraer ciertas conclusiones y postular determinados teoremas espirituales, por así decirlo. Esos teoremas espirituales constituyen el mismo núcleo de las tradiciones de la Sabiduría Perenne.

EZ: Pero ¿por qué se les considera “ocultas”?

KW: Porque hasta que no lleves a cabo el experimento no sabrás lo que ocurre y, por consiguiente, no estarás autorizado para opinar, del mismo modo que si no aprendes matemáticas no te permiten dictaminar sobre la veracidad o falsedad del teorema de Pitágoras, lo cual no quiere decir que no puedas tener opiniones al respecto. Pero al misticismo no le interesan las opiniones sino el conocimiento. La religión esotérica, el misticismo, permanece oculta a toda mente que no lleve a cabo el experimento adecuado. Eso es todo lo que significa el término esotérico.

EZ: Pero las religiones son muy diferentes entre si.

KW: Las religiones exotéricas difieren enormemente entre si pero las religiones esotéricas de todo el mundo son prácticamente idénticas. Como ya hemos visto, el misticismo o esoterismo es, en un sentido amplio del término, científico, y al igual que no existe una química alemana diferente de la química americana, tampoco existe una ciencia mística hindú diferente de la musulmana. Ambas, más bien al contrario, están fundamentalmente de acuerdo a la naturaleza del alma, la naturaleza del Espíritu y la naturaleza de su identidad suprema, por nombrar tan solo algunas de sus múltiples coincidencias.

Eso es lo que los eruditos denominan “ la unidad trascendente de las religiones del mundo”, es decir, el núcleo esotérico que las unifica. Obviamente, sus estructuras superficiales varían enormemente pero sus estructuras profundas, en cambio, son prácticamente idénticas y reflejan la unanimidad del espíritu humano y sus leyes reveladas fenomenológicamente.

EZ: Lo que dices es muy importante pero no pareces creer- a diferencia de Joseph Campbell- que las religiones míticas transmitan ningún conocimiento espiritual válido.

KW: Eres muy libre de interpretar los mitos de las religiones exotéricas como más te plazca. De hecho puedes, como hace Campbell, interpretar los mitos como alegorías o metáforas de verdades trascendentales. Puedes, por ejemplo, interpretar que el nacimiento virginal de Cristo significa que obraba espontáneamente desde su verdadero Yo (con mayúscula), lo cual es precisamente lo que yo opino. Pero el problema es que quienes creen en los mitos no suelen admitirlo así.

Ellos creen, por ejemplo, que María era realmente virgen cuando concibió a Jesús. Los creyentes míticos no interpretan alegóricamente los mitos sino que lo hacen de una manera literal y concreta. En su tentativa de salvar los mitos, Joseph Campbell violó el mismo tejido de las creencias míticas, lo cual constituye un error inaceptable. Campbell parece decir al creyente mítico: “Yo se lo que realmente quieres decir”. Pero el problema es que eso no es lo que ellos quieren decir. En mi opinión, su enfoque es básicamente erróneo ya desde su comienzo.

Este tipo de mitos es muy corriente entre los niños de seis a once años y corresponde al nivel de desarrollo cognitivo que Piaget denomina “período de las operaciones concretas”. Como reconoce incluso el mismo Campbell, las actuaciones espontáneas de los niños de siete años de hoy en día constituyen una muestra muy representativa de casi todos los grandes mitos exotéricos del mundo entero. Sin embargo, con la aparición de las siguiente estructura de conciencia- el estadio de las operaciones formales o racionales- ese mismo niño abandona las representaciones míticas; momento a partir del cual, el niño- a menos que viva en una sociedad que aliene de un modo u otro las creencias míticas- deja de creer en ellas. Pero, en general, la mente racional y reflexiva considera que los mitos no son más que eso, mitos, mitos útiles y necesarios hasta llegar a alcanzar un determinado momento evolutivo pero insostenibles a partir de entonces. No es cierto que los mitos transmitan el conocimiento evidente que pretenden comunicar y, por consiguiente, no soporten la menor tentativa de verificación científica.

EZ: Pero también hay quienes interpretan los mitos de las religiones esotéricas de una manera alegórica o metafísica.

KW: Efectivamente. Y esos son precisamente los místicos. En otras palabras, los místicos son quienes dan un significado esotérico u “ oculto” a los mitos. Y ese significado no depende de un sistema de creencias, de símbolos o de mitos externos, sino que brota de la experiencia directa interna y contemplativa del alma. En otras palabras, los místicos no son, en modo alguno, creyentes míticos, sino fenomenólogos contemplativos, místicos contemplativos y científicos contemplativos. Es por ello que, como ha señalado Alfred North Whitehead, el misticismo siempre se ha aliado con la ciencia en contra de la Iglesia, porque uno y otro se basan en la evidencia consensual directa.

Newton fue un gran científico y un profundo místico, y no experimentaba conflicto alguno por ello. Pero no parece existir el mismo tipo de compatibilidad entre la ciencia y la creencia religiosa.
Son precisamente los místicos quienes afirman que la esencia de su religión es básicamente idéntica en todas las religiones míticas y que “recibe muchos nombres cuando, en realidad, es Uno”. Pero no encontrarás un solo creyente mítico- un fundamentalista protestante, pongamos por caso- que admita fácilmente que el budismo también es un camino perfecto de salvación. Quienes creen en los mitos suelen considerar que están en posesión del único camino porque su religión se basa en mitos externos, que varían de lugar en lugar, y esto es lo que imposibilita que perciban – a diferencia de los místicos- la unidad interna que se oculta detrás de los símbolos externos.

EZ: Si, ya veo ¿De modo que no estás de acuerdo con Carl G. Jung en que los mitos son arquetipos y, en ese sentido, tienen una importancia mística o trascendente?

KW: Esperaba que ese tema saliera a relucir. Por aquel entonces, al igual que ahora, la encumbrada figura de Carl Jung- del que Campbell no es sino un seguidor más- domina totalmente el campo de la psicología de la religión. Cuando abordé este campo por primera vez, creía firmemente, como todo el mundo, en los conceptos fundamentales y en los esfuerzo pioneros que Jung realizó en este área. Pero con el transcurrir de los años acabé llegando a la conclusión de que Jung cometió varios errores profundos, y que esos errores- intensificados por lo profuso e incuestionado de su difusión- constituían el principal escollo en el terreno de la psicología transpersonal; no era posible entablar una conversación sobre psicología y religión sin antes aclarar este difícil y espinoso tema.

KW: Carl Gustav Jung descubrió que los hombres y mujeres modernos pueden producir de manera espontánea –en los sueños, la imaginación activa, las asociaciones libres, etc- casi todos los temas fundamentales de las religiones míticas del mundo. Este hallazgo le condujo a deducir que las formas míticas básicas- a las que denominó arquetipos- son comunes a todas las personas, las hereda todo el mundo y se transmiten gracias a lo que él denomina “inconsciente colectivo”. Y luego afirmó aquello de que- y aquí le cito literalmente- “el misticismo es la experiencia de los arquetipos”.
Pero, en mi opinión, este punto de vista incurre en varios errores cruciales.

En primer lugar, es evidente que la mente, incluso la mente moderna, puede llegar a producir, de manera espontánea, formas míticas esencialmente similares a las que podemos encontrar en las religiones míticas. Como ya he dicho, los estadios preformales del desarrollo mental- en especial el pensamiento preoperacional y el pensamiento operacional concreto- son naturalmente mitógenos. Todos los hombre y mujeres de nuestro tiempo atraviesan esos estadios preformales del desarrollo mental- en especial el pensamiento preoperacional y el pensamiento operacional concreto- son naturalmente mitógenos. Todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo atraviesan esos estadios del desarrollo durante la infancia, lo que les permite acceder de manera espontánea a la estructura del pensamiento mítico, especialmente en los sueños, en donde los niveles primitivos del psiquismo pueden aflorar con más facilidad.

Pero eso no tiene absolutamente nada de místico. Según Jung, los arquetipos son formas míticas básicas vacías de contenido, mientras que el misticismo, por su parte, es conciencia carente de forma. No parece existir, por tanto, ningún punto de contacto entre ambas estructuras.
En segundo lugar, Jung tomó prestado el término “arquetipo” de grandes místicos como Platón y San Agustín. Pero la forma en que lo utiliza no es la misma en la que lo utilizaron ellos ni tampoco en la que lo han utilizado los grandes místicos del mundo entero. Para los místicos –Shankara, Platón, San Agustín, Eckhart y Garab Dorje, por ejemplo-, los arquetipos son las primeras formas sutiles que aparecen cuando el mundo brota del espíritu carente de forma, del Espíritu no manifestado. Para ellos, los arquetipos son los modelos en los que se basan todos los demás modelos manifestados. El término “arquetipo” procede el griego arche typon, que significa modelo original.

En este sentido, los arquetipos son formas sutiles, formas trascendentales, las primeras formas manifestadas, ya se trate de manifestaciones físicas, biológicas, mentales, etc, etc. Y en la mayor parte de las formas de misticismo, esos arquetipos son pautas de radiación, puntos de luz, iluminaciones audibles, formas y luminosidades de colores radiantes, luces irisadas, sonidos y vibraciones, a partir de los cuales se manifiesta y condensa, por así decirlo, el mundo material.

Pero Jung utiliza el término refiriéndose a ciertas estructuras míticas básicas que son comunes a todos los seres humanos, como la Sombra, el Sabio, el Ego, el Tramposo, la Máscara, la Gran Madre, el Anima, el Animus, y demás. Para Jung, pues, los arquetipos no son tanto trascendentales como existenciales, simples facetas de la experiencia comunes a la condición humana cotidiana. Coincido con él en que esas formas míticas constituyen un legado colectivo y también estoy plenamente de acuerdo en que es muy importante “llevarse bien” con esos “arquetipos” míticos.

Si, por ejemplo, tengo un problema psicológico con mi madre, si tengo lo que se llama un complejo materno, es importante que me dé cuenta de que gran parte de la carga emocional no sólo proviene de mi propia madre biológica sino también de la Gran Madre, una poderosa imagen del inconsciente colectivo que es, por así decirlo, la quinta esencia de todas las madres del mundo. Es decir, el psiquismo parece llevar integrada en sí mismo la imagen de la Gran Madre del mismo modo que también parece estar equipado con las formas rudimentarias del lenguaje, la percepción y diversas pautas instintivas. De este modo, si se reactiva la imagen de la gran Madre, no sólo tendré que habérmelas con mi propia madre biológica sino también deberé afrontar miles de años de experiencia materna.

Así pues, la imagen del la Gran Madre conlleva una carga que hace que tenga un impacto muy superior al de mi propia madre biológica. Llegar a entrar en contacto con la gran Madre, a través del estudio de los mitos de todo el mundo constituye una buena forma de hacer frente a esa forma mítica, de volverla consciente y así poder diferenciarse de ella. Estoy totalmente de acuerdo con Jung sobre este punto.
Pero, en cualquier caso, esas formas míticas no tienen nada que ver con el misticismo, ni con la auténtica conciencia trascendental. Lo explicaré de una manera más sencilla.

El gran error de Jung, en mi opinión, consistió en confundir lo colectivo con lo transpersonal ( con lo místico). El hecho de que mi mente herede ciertas formas colectivas no significa que esas formas sean místicas o transpersonales. Todos heredamos colectivamente diez dedos en los pies, por ejemplo, ¡pero el hecho de experimentar los diez dedos en mis pies no supone en modo alguno estar viviendo una experiencia mística!.

Los “arquetipos” de Jung no tienen prácticamente nada que ver con la conciencia auténticamente espiritual, trascendental, mística y transpersonal, son formas heredadas colectivamente que compendian algunos de los encuentros más fundamentales, cotidianos y existenciales de la condición humana: la vida, la muerte, el nacimiento, la madre, el padre, la sombra, el ego, etc. Pero en esto precisamente no hay nada místico. Colectivo sí pero transpersonal no.

Hay elementos colectivos prepersonales y elementos colectivos transpersonales, y Jung no los diferencia con la claridad necesaria. Es ese descuido, en mi opinión, lo que desvirtúa toda su comprensión del proceso espiritual.
Así que estoy de acuerdo con él en que es muy importante entenderse con las formas tanto del inconsciente mítico personal como del inconsciente colectivo. Pero ninguno de ellos está relacionado con el verdadero misticismo que consiste en encontrar, en primer lugar, la luz más allá de la forma, y en segundo, la ausencia de forma más allá de toda luz.

EZ: Pero tropezar con el material arquetípico del psiquismo puede constituir una experiencia muy poderosa y, en ocasiones, hasta muy sobrecogedora.

KW: Sí, porque los arquetipos son colectivos y su poder trasciende, con mucho, al individuo: cuentan con el poder de millones de años de evolución a sus espaldas. Pero colectivo no significa transpersonal. El poder de los “verdaderos arquetipos”, los arquetipos transpersonales, se deriva directamente del hecho de que son las primeras formas del Espíritu atemporal. El poder de los arquetipos junguianos, por su parte, se deriva del hecho de ser las formas más antiguas de la historia temporal.

Como constató el mismo Jung, es necesario alejarse de los arquetipos y diferenciarse de ellos para liberarse de su poder, un proceso al que denominó proceso de individuación. Y una vez más, estoy completamente de acuerdo con él a este respecto.

Hay que diferenciarse de los arquetipos junguianos.
Pero, en última instancia, para que la identidad de la persona se transforme en esa forma transpersonal, uno debe acercarse a los verdaderos arquetipos, los arquetipos transpersonales. Y esa es una diferencia enorme. El único arquetipo junguiano auténticamente transpersonal es el “Self”, pero hasta la misma exposición de Jung a este respecto me parece sumamente frágil porque, a mi juicio, no enfatiza lo suficiente su carácter no dual.

EZ: Quisiera preguntarte por la relación que existe entre la religión esotérica y la psicoterapia. En otras palabras, tanto la meditación como la psicoterapia pretenden transformar a la conciencia y curar el alma, pero ¿cuál es la relación que existe entre la meditación y la psicoterapia? En “Transformations of consciousnes” abordas el tema con mucho detalle. Tal vez podrías resumir esa exposición.

KW: Muy bien. Creo que lo más fácil será remitirnos al esquema que aparece en esta obra. En términos generales, la idea global es muy sencilla: el crecimiento y el desarrollo se dan a través de una serie de estadios o niveles, desde el menos desarrollado e integrado hasta el más desarrollado y más integrado. Y aunque probablemente existen multitud de niveles y subniveles de crecimiento diferentes, en ese libro he seleccionado nueve de los más importantes que aparecen en la primera columna de la figura
“estructuras básicas de la conciencia”.

Pues bien, a medida que el self se va desarrollando a través de cada una de esos estadios, las cosas pueden ir relativamente bien o relativamente mal. En el primer caso, el self se desarrolla normalmente y alcanza el siguiente estadio de un modo relativamente sano. Pero si las cosas, en cambio, se desarrollan de manera inadecuada pueden aparecer diversas patologías, y el tipo de patología, el tipo de neurosis, dependerá precisamente de la etapa o nivel en que tenga lugar el problema.

En otras palabras, en cada uno de los estadios o niveles de desarrollo, el self debe enfrentarse a diferentes tareas y su manera de gestionarlas determina si las supera de manera adecuada o inadecuada. En cada una de las etapas de desarrollo, el self comienza identificándose con esa etapa y debe realizar las tareas propias de ese estadio, ya se trate de aprender el control de los esfínteres o de aprender a hablar. Pero para que el desarrollo prosiga, el Self debe terminar renunciando a esa etapa u desidentificarse de ella para dar paso a una nueva etapa nueva y superior; en otras palabras, tiene que diferenciarse del estadio inferior, identificarse con el superior y, por último, integrar lo superior con lo inferior.

Esta tarea de diferenciación y posterior integración se denomina “fulcro”, un punto de inflexión, un momento clave del proceso de desarrollo. En la segunda columna, titulada “fulcros correspondientes”, tenemos los nueve grandes fulcros, los momentos decisivos correspondientes a los nueve grandes niveles o etapas de desarrollo de la conciencia. De este modo, cuando funciona mal en un determinado fulcro, el sujeto termina desarrollando una patología concreta característica. Esas nueve grandes patologías se presentan en la tercera columna de nuestra figura, “patologías características”. En ellas encuentra cosas tales como psicosis, neurosis, crisis existenciales, etcétera.

Finalmente, a lo largo de los años, se han desarrollado diversas modalidades terapéuticas para tratar las diversas patologías: en la cuarta columna –“modalidades de tratamiento”- he detallado los más apropiados para cada problema concreto. Esa es, precisamente, la relación que existe entre la psicoterapia y la meditación.

EZ: Esta sencilla figura condensa una enorme cantidad de información. Me gustaría ahora considerar cada punto con más detenimiento. Empecemos con una breve explicación de las estructuras básicas de la conciencia.

KW: Las estructuras básicas constituyen los ladrillos fundamentales de la conciencia: las sensaciones, las imágenes, los impulsos, los conceptos, etcétera. He señalado nueve grandes estructuras básicas que constituyen una versión ampliada de lo que la filosofía perenne denomina la Gran Cadena del Ser: material, cuerpo, mente, alma y espíritu. En orden ascendente, los nueve niveles son los siguientes:

Primer nivel: las estructuras físico-sensoriales. Incluyen los componentes materiales del cuerpo más la sensación y la percepción. Es lo que Piaget llamó inteligencia sensoriomotora; lo que Aurobindo denominó la sensoriofísico; lo que vedanta denomina annamaya-kosha, etcétera.

Segundo nivel: lo emocional-fantásmico. Se trata del nivel emocional y sexual, del nivel de los instintos, de la libido, del impulso vital, de la bioenergía y del prana más el nivel de las imágenes, las primeras formas mentales. Las imágenes- lo que Arieti denomina “nivel fantásmico”- empieza a aflorar en el niño en torno a los siete meses aproximadamente.

Tercer nivel: la mente representacional. Es lo que Piaget denomina pensamiento preoperacional. Está basada en los símbolos, que aparecen entre los dos y los cuatro años de edad y en los conceptos, que aparecen entre los cuatro y los siete años.

EZ: ¿Cuál es la diferencia existente entre las imágenes, los símbolos y los conceptos?

KW: Una imagen representa una cosa en la medida en que tiene su mismo aspecto. es muy sencillo. La imagen de un árbol, por ejemplo, tiene más o menos el aspecto de un árbol de verdad. Un símbolo, por su parte, representa una cosa pero no tiene el mismo aspecto que ella, lo cual constituye una tarea mucho más difícil y elevada. La palabra “Fido”, por ejemplo, puede representa a tu perro pero lo cierto es que no se parece en nada al perro y, por lo tanto, es bastante más difícil de recordar. Por eso las palabras sólo aparecen después de la imágenes.

Un concepto, finalmente, representa a una clase de cosas. el concepto de “perro”, por ejemplo, no sólo representa a “Fido” sino a todos los perros posibles y constituye, por consiguiente, una tarea todavía más difícil. Los símbolos denotan mientras que los conceptos connotan. Pero en mi esquema denomino mente preoperacional o figurativa a la mente que trabaja con los símbolos y los conceptos.

EZ: ¿Y luego la mente regla/ rol?

KW: El cuarto nivel, la mente regla/rol, lo que Piaget denomina pensamiento preoperacional concreto, aparece alrededor de los siete y los once años de edad. Los budistas le llaman manovijñana, una mente que opera concretamente sobre la experiencia sensorial. Yo lo llamo regla/ rol, porque es la primera estructura auténticamente capacitada para llevar a cabo un pensamiento reglado, como la multiplicación o la división, y es también la primera estructura que puede asumir el rol de los demás, asumir realmente una perspectiva diferente de la suya propia. Se trata de una estructura muy importante denominada por Piaget estadio de las operaciones concretas porque, aunque puede llevar a cabo operaciones complejas, lo hace de forma muy concreta y literal.

Quisiera subrayar, en este punto, que ésta es la estructura que piensa que los mitos son concretamente y literalmente ciertos.

El quinto nivel, al que llamo nivel reflexivo- formal, es la primera estructura que no sólo puede pensar, sino que también puede pensar sobre el pensamiento. Es, por consiguiente, la primera estructura capaz de llevar a cabo un razonamiento hipotético, o de cotejar propuestas con la evidencia empírica, lo que Piaget denomina de las operaciones formales. Suele aparecer en la adolescencia y es la responsable del desarrollo de la timidez y del desmedido idealismo propio de ese período. Aurobindo lo llama “mente razonadora” y el vedanta manomaya-kosha.

El sexto nivel es el nivel existencia, el nivel visión- lógica, una visión que no es divisoria sino exclusiva, integradora, unificadora y creadora de redes de relaciones. Es lo que Aurobindo llama “ la mente superior” y el budismo, manas. Es una estructura muy integradora, tan integradora, en realidad, como para unificar la mente y el cuerpo en una unidad de orden superior que yo denomino “centauro” simbolizando, con ello, la fusión- no la identidad- entre la mente y el cuerpo.

El nivel siete es el nivel psíquico, pero con ello no estoy afirmando que, en él, aparezcan ciertas facultades paranormales aunque éstas, obviamente, pueden empezar a desarrollarse a partir de ese nivel. Este nivel constituye el inicio del desarrollo transpersonal, espiritual o contemplativo, lo que Aurobindo denomina “mente iluminada”.

El nivel ocho es el nivel sutil o intermedio del desarrollo espiritual, la morada de diversas formas luminosas y divinas llamadas yidam en el budismo e ishtadeva en el hinduísmo ( a las que no hay que confundir con las formas míticas colectivas propias de los niveles tres y cuatro). Se trata del hogar del Dios personal, de los arquetipos transpersonales “reales” y de las formas supraindividuales. Es la “mente intuitiva” de Aurobindo, el vijñamaya- kosha del vedanta y el alaya-vijñana del budismo.

El nivel nueve es el nivel causal, la fuente pura y no manifestada del resto de los niveles inferiores. Se trata de la morada no de un Dios personal sino de una Divinidad o Abismo sin forma. Es la “supermente”, el supramental, de Aurobindo, y el anandamaya- kosha, el cuarpo de gloria del vedanta. Por último, el papel en que está representado todo el diagrama representa la realidad última, el Espíritu Absoluti, que no es un nivel más sino el Fundamente y realidad de todos los niveles. Es la “supramente” de Aurobindo, el alaya puro del budismo y turiya del vedanta.

EZ: De modo que el nivel uno es la materia, el nivel dos es el cuerpo y los niveles tres, cuatro y cinco son la mente.

KW: Así es. Y el nivel seis constituye una integración de la mente y el cuerpo, lo que denomino el centauro; los niveles siete y ocho son el alma; y el nivel nueve más todo el papel son el espíritu. Como ya he dicho, este desarrollo no es más que una elaboración más sofisticada de la gradación materia, cuerpo, mente, alma y espíritu, pero realizada de tal forma que permita establecer relaciones con la investigación psicológica occidental.

EZ: De modo que, en cada uno de los nueve niveles de crecimiento de la conciencia, el self debe afrontar tareas muy diversas.

KW: Efectivamente. El bebé parte de la primera etapa, que es básicamente el nivel material o físico; sus emociones –nivel dos- son muy toscas y poco desarrolladas y carece de la capacidad para manejar símbolos, conceptos, reglas y todo lo demás. Es básicamente un ser fisiológico, cuya conciencia, por otra parte, es una no dual, oceánica o protoplásmica, de forma que en modo alguno se halla diferenciado de la persona que le cuida y del mundo material que le rodea.

EZ: Muchos teóricos sostienen que ese estado oceánico o indiferenciado es un estado protomístico en el que el sujeto y el objeto están fundidos y que ese estado es el estado de unidad que se recupera en la experiencia mística ¿Estás de acuerdo con eso?
¡Las ardillas habían vuelto! Entraban y salían de las gigantescas sequoyas, gozando de la beatitud de su ignorancia. Me pregunté si sería posible vender el alma, no al diablo sino a una ardilla.

Cuando Edith preguntó si el estado de fusión infantil es un prototipo del misticismo, metió el dedo en la llaga de la cuestión más ardientemente debatida en los círculos transpersonales. Muchos teóricos, siguiendo a Jung, mantienen que, dado que el misticismo es una fusión entre el sujeto y el objeto, este estado primordial de fusión indiferenciada debe ser lo que, en cierto modo, se reconquista en la experiencia de unidad mística. Yo había sido seguidor de Jung, había compartido esa perspectiva e incluso había escrito varios ensayos al respecto pero, como ocurre tantas veces con Jung, ahora era una postura que me parecía completamente insostenible y, lo que es más, me parecía molesta, porque significaba inequívocamente equiparar al misticismo con una especie de estado regresivo. Para mí era pues, como digo, una cuestión muy espinosa.

KW: Ciertos teóricos consideran que el hecho de que un niño no pueda explicar la diferencia existente entre el sujeto y el objeto constituye una demostración palpable de que ese estado es una especie de unión mística. Pero lo cierto es que las cosas no son así: el niño no solo no ha llegado todavía a trascender al sujeto y el objeto; simplemente es incapaz de diferenciarlos. Los místicos, por el contrario, son perfectamente conscientes de la diferencia convencional existente entre el sujeto y el objeto, lo único que ocurres es que también son conscientes de la identidad profunda y superior que los engloba.

Por otra parte, la unión mística es una fusión de todos los niveles de la existencia, físico, biológico, mental y espiritual, mientras que el estado de fusión infantil, por su parte, constituye una identidad exclusiva con el nivel físico o sensoriomotor. Como dijo Piaget: “Aquí, el self es material, por así decirlo”. Así pues, ésta no es una fusión con el Todo y, por consiguiente, no hay nada de místico en ello.

EZ: Pero en el estado de fusión infantil hay una unión entre el sujeto y el objeto.

KW: No se trata de una unión sino de una indiferenciación. Unir es juntar dos cosas separadas en una totalidad superior. En la fusión infantil no hay dos cosas sino una indiferenciación global, y resulta que no es posible integrar lo que no se ha diferenciado todavía. Además, aunque dijéramos que ese estado infantil constituye una unión entre el sujeto y el objeto, permíteme que insista en que este sujeto es un sujeto meramente sensoriomotor indiferenciado de un mundo sensoriomotor, y no un sujeto totalmente integrado a todos los niveles fundido con todos los mundos superiores.

En otras palabras, este estado no constituye, en modo alguno, un prototipo de la unión mística sino más bien justamente lo contrario del estado místico. Así pues, el estado de fusión infantil es el mayor punto de alienación o de alejamiento de los niveles y mundo superiores cuya integración o unión total constituye la misma esencia de la experiencia mística.

Este, dicho sea de paso, es el motivo por el cual los místicos cristianos sostienen que naces en el pecado, la separación o la alienación. El pecado no es algo que hagas después del nacimiento, sino algo que eres desde el mismo momento del nacimiento o de la concepción, algo que sólo se puede superar mediante el desarrollo y la evolución desde la materia hasta la mente y de ésta hasta el espíritu. El estado infantil de fusión material constituye así el comienzo, el momento más bajo del proceso de crecimiento, y no una especie de prefiguración del estado místico final.

EZ: Eso tiene que ver con lo que tu llamas la “falacia pre / trans”

KW: Así es. Los primeros estadios del desarrollo son prepersonales porque en ellos todavía no ha aparecido el ego personal, individual y separado; los estadios intermedios del crecimiento son personales o egoicos y los estadios superiores, por último, son transpersonales o transegoicos.
A mi juicio, la gente tiende a confundir los estadios “pre” con los estadios “trans”, porque superficialmente son parecidos. Si has equiparado el estadio de fusión infantil- que es prepersonal- con la unión mística- que es transpersonal- te verás forzado a seguir una de estas dos alternativas: o bien elevas el estadio infantil a la categoría de unión mística ( de la que, por cierto, carece) o bien niegas todo misticismo genuino afirmando que no es más que una regresión al narcisismo infantil y al no dualismo oceánico. Jung y el movimiento romántico en general cometieron el primero de los errores-elevar los niveles preegoicos y prerracionales a la gloria transegoica y transracional; es este sentido, son “elevacionistas”.

Freud y sus seguidores, por su parte, han hecho justamente lo contrario- reducir todos los estados transracionales, transegoicos y místicos a estadios prerracionales, preegoicos e infantiles; en este sentido son “reduccionistas”. Sin embargo, ambas visiones poseen un cincuenta por ciento de acierto y otro tanto de equivocación, ya que ninguna de ellas advierte ni explica la diferencia existente entre lo “pre” y lo “trans”. Hay que decir que el misticismo genuino existe y que no tiene absolutamente nada de infantil.

Afirmar lo contrario sería como confundir a un preescolar con un doctor, un verdadero disparate que no hace más que confundir totalmente las cosas.
Las ardillas jugaban frenéticamente. Edith, por su parte, seguí sonriendo y aciendo preguntas amablemente. Me pregunté si se habría notado, de algún modo, el enfado que me causa la noción de que “misticismo es regresión”.

EZ: Muy bien, volvamos, pues a la cuestión original. El niño se encuentra básicamente en el primero de los estadios, el nivel sensorioperceptual al que no podemos calificar de místico ¿Qué ocurre si algo va mal en ese estadio del desarrollo?.

KW: Se trata de un nivel tan primitivo que sus trastornos son verdaderamente muy graves. Si el niño no logra diferenciarse de su entorno, las fronteras de su ego siguen siendo permeables y difusas. En tal caso, el individuo no puede describir dónde termina su cuerpo y dónde comienza la silla. Se produce una difuminación alucinatoria de las fronteras entre lo interno y lo externo, entre el sueño y la realidad. Este, por supuesto, es el no dualismo característico de la psicosis, una patología grave que afecta al nivel de existencia más primitivo y fundamental, el self material.

En la infancia, este trastorno se traduce en autismo y psicosis simbióticas y, en el caso de persistir en grado importante en la edad adulta, contribuye al desarrollo de las psicosis depresivas y a la mayor parte de las esquizofrenias adultas.

Las modalidades de tratamiento propias de este nivel son la fisiológica y la pacificación, ya que por desgracia los únicos tratamientos que parecen funcionar realmente son farmacológicos o de custodia.

EZ: ¿Qué ocurre cuando aparece el segundo nivel?

KW: Cuando, alrededor del primer año de vida, aparece el nivel fantásmico- emociona, el self tiene que diferenciarse del mundo materia, e identificarse en cambio con el mundo biológico de su cuerpo separado y sensible, para luego integrar el mundo físico en su percepción. En otras palabras, el self debe romper su identidad exclusiva con el self material y el mundo material y establecer una identidad de orden superior con el cuerpo, el cuerpo como entidad separada y diferenciada en el mundo. Este es el segundo fulcro, lo que investigadores como Margaret Mahler, por ejemplo, llaman la fase de “separación-individuación”. El cuerpo- self debe separarse e individualizarse de la madre y del mundo físico en general.

EZ: ¿Qué ocurre si aparecen dificultades a lo largo de este estadio?

KW: En tal caso, las fronteras del self permanecen vagas, fluidas y confusas. El mundo parece entonces “inundar emocionalmente” al self, que es muy volátil e inestable. Son los llamados síndromes “borderline” o fronterizos, síndromes limítrofes porque se encuentran en la frontera entre la psicosis del nivel anterior y la neurosis del nivel subsiguiente. Los trastornos narcisistas, aunque son ligeramente más primitivos están relacionados con este fenómeno. En estos trastornos, el self, precisamente por no haber logrado diferenciarse plenamente del mundo, trata al mundo como su concha y a la gente como meras extensiones de sí mismo. En otras palabras, es completamente egocéntrico, ya que el mundo y el self son lo mismo.

EZ: ¿Y qué hay con respecto a los tratamientos más adecuados para estos trastornos?

KW: Tiempo atrás se creía que estos trastornos eran incurables por lo remotos. Pero desde hace poco, y espoleados por la obra de Mahler, Kohut, Kernberg y otros, se han desarrollado una serie de tratamientos, bastante eficaces por cierto, denominados “técnicas de consolación de estructura”. Dado que el problema fundamental de los trastornos limítrofes es que las fronteras del self todavía no son lo suficientemente fijas, las técnicas de consolidación de estructura apuntan precisamente a construir éstas y a delimitar y fijas las fronteras del ego.

Son técnicas que ayudan a la persona a diferenciar el self de todo lo demás, explicándose y mostrándole que lo que le ocurre al otro no le ocurre necesariamente al self, cosa que no resulta evidente para quien no hay completado el proceso de separación- individuo. Por ejemplo, estar en desacuerdo con tu madre no te matará.

Ahora bien, es importante darse cuenta de que, en estos síndromes limítrofes, la psicoterapia no trata de sacar a luz algo del inconsciente. Ello no es posible hasta el siguiente nivel, el nivel tres. En los estadios limítrofes, el problema no es que una fuerte barrera, un fuerte ego, esté reprimiendo alguna emoción o algún impulso; el problema es que ni siquiera hay una barrera o frontera egoica. Por así decirlo, no hay barrera que reprima y, por consiguiente, no existe inconsciente dinámico ni nada que sacar a la luz ¡De hecho, el objetivo de las técnicas de consolidación de estructura es hacer que la persona “ascienda” hasta un nivel en el que llegue a ser capaz de poder reprimir. A este nivel, el self simplemente no es lo bastante fuerte como para reprimir nada.

EZ: Entiendo que eso ocurre en el siguiente nivel, el tercero.

KW: Si, así es. El nivel tres, o mente figurativa o representativa, empieza a surgir en torno a los dos años de edad y domina la conciencia hasta la edad de siete años. En este nivel aparecen los símbolos, los conceptos y el lenguaje, lo cual permite que el niño transforme su identidad de un self fundamentalmente corporal a un self mental o egoico. El niño ya no es sólo un cuerpo dominado por los sentimientos e impulsos del momento; también es un ser mental, con un nombre, con una identidad y con expectativas y deseos que se extienden en el tiempo. El lenguaje es el vehículo del timepo; es gracias al lenguaje que el niño puede recordar el ayer y soñar con el mañana y por consiguiente, lamentar el pasado y sentirse culpable o preocuparse por el futuro y experimentar ansiedad.

Por consiguiente, es en este estadio donde aparecen el sentimiento de culpa y la ansiedad. Y si la ansiedad es excesiva, el self puede reprimir y reprimirá todos los pensamientos o emociones ansiógenos. Esos pensamientos y estas emociones reprimidos, especialmente relacionados con el sexo, la agresividad y el poder constituyen el inconsciente reprimido dinámicamente, lo que yo llamo (al igual que Jung) “la sombra”. Si la sombra se vuelve excesiva, si está demasiado cargada, demasiado llena por así decirlo, entonces irrumpe en toda una serie de síntomas llamados psiconeurosis o abreviadamente neurosis.

De modo que, en el tercer nivel, la aparición del lenguaje favorece la emergencia del self egoico-mental que debe aprender a diferenciarse del cuerpo. Pero si esa diferenciación va demasiado lejos, el resultado es una disociación, una represión. En tal caso, el ego no trasciende al cuerpo sino que lo aliena, lo excluye. Pero eso sólo significa que ciertos aspectos del cuerpo y sus deseos permanecen en la sombra, saboteando dolorosamente al ego en forma de conflicto neurótico.

EZ: De manera que la forma de tratar las neurosis consiste en establecer contacto con la sombra y reintegrarla.

KW: Efectivamente. Y las técnicas que propician este movimiento se denomina “técnicas de descubrimiento” porque intentan descubrir a la sombre, sacarla a la superficie y luego, como dices, reintegrarla. Pero, para ello, primero hay que liberar o relajar la barrera de la represión creada por el lenguaje y sostenida por la ansiedad y por el sentimiento de culpa. Una de las formas de hacer esto, por ejemplo, consiste en animar a la persona a decir todo lo que acuda a su mente sin censurarlo. No obstante, sea cual fuere la técnica, el objetivo es esencialmente el mismo: establecer contacto con nuestra sombra, aceptarla y volver a tomar posesión de ella.

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viernes, 19 de septiembre de 2008

Comunicando el Diálogo Interno.

Aquellos familiarizados con los libros de Carlos Castaneda quizás recuerden esta cita:

Don Juan: Usted habla demasiado consigo mismo, y no es el único en hacerlo. Todos lo hacemos. Seguimos una conversación interior: rumiamos. Cuando está solo, ¿qué hace?
Castaneda: Hablo conmigo mismo.
Don Juan: ¿De qué habla?
Castaneda: No sé. De cualquier cosa, supongo.
Don Juan: Le voy a decir de qué hablamos: acerca de nuestro mundo. De hecho, mantenemos nuestro mundo con nuestra charla interior...
Castaneda: ¿Cómo puedo dejar de hablar conmigo mismo?
Don Juan: Antes que nada, tiene que usar sus oídos... Un guerrero está consciente de que el mundo cambiará en cuanto deje de hablarse a sí mismo, y que debe estar preparado para este salto monumental.
(Carlos Castaneda, "Una Realidad Aparte".)


¿Reconoce usted ese fenómeno en sí mismo? No sólo ocurre cuando estamos solos -en ese caso es más obvio-, pero en todo momento estamos "conversando" con nosotros mismos. ¿De qué hablamos? Comentamos situaciones, ensayamos conversaciones con otras personas: lo que deberíamos decirles, lo que debiéramos haberles dicho en tal o cual ocasión, lo injustos que han sido los otros o las circunstancias con nosotros, comentarios respecto a la situación del país, del mundo, de la familia o de otras personas, planificación de lo que haremos en un futuro próximo o lejano; realizamos balances económicos, rumiamos situaciones del pasado, fantaseamos con nuestras atracciones por otras personas, analizamos nuestros problemas y barajamos posibles soluciones, decidimos firmemente iniciar un proceso de cambio (hacer más ejercicio, dejar de fumar, tratar mejor a tal o cual persona, manejar con más prudencia...) etcétera, etcétera.

Si estamos conversando con otras personas, también hay "comentarios" presentes: estamos a gusto o no lo estamos, nos simpatiza o no esta persona, nos atrae o nos desagrada, especulamos si le atraemos o no le atraemos, barajamos comentarios acerca de lo que dice, el modo como lo dijo, las posibles implicancias de lo que dijo, su vestimenta, sus modales, etcétera. Obviamente, si atendemos a estos comentarios y no los comunicamos, no estamos de verdad con la otra persona, sino sólo en apariencia.

Estamos tan habituados a esto -todo el mundo lo hace y nosotros también- que puede que lo hallemos de lo más "normal" y que no veamos ningún perjuicio en el asunto. De hecho, la sola idea de comunicarles a los demás lo que pensamos suena aberrante, porque nos sentiríamos demasiado expuestos o bien temerosos del supuesto "daño" que les produciría escuchar lo que en verdad pensamos. Creo que el factor que más pesa para ni siquiera considerar un cambio de perspectiva es el juego social: ¡nadie dice la verdad! ¿Ve usted la televisión? ¿Escucha a los conductores de programas, a los candidatos políticos, a nuestros supuestos líderes? ¿Quiénes de ellos dicen la verdad? Generalmente, sólo aquellos que no tienen nada que perder.

Cuando el bla-bla interno sustituye a nuestra experiencia directa -cuando "colamos" lo que decimos y expresamos- nuestros recursos innatos, nuestra inteligencia y nuestra intuición son sustituídas por el mero intelecto. Perdemos la facultad de captar quiénes de verdad somos y quiénes de verdad son quienes nos rodean -objetos y personas, amigos, amantes, enemigos- en este momento, y la experiencia directa es reemplazada por meras ideas y conceptos. En cambio, organizamos nuestras relaciones de acuerdo con principios abstractos como belleza, nuestros "derechos" o la libertad y los principios terminan siendo lo más importante, en vez de lo que en verdad demanda una situación concreta. Los conceptos de derecho, bien, justicia (la gama de consideraciones éticas y morales) brotan para llenar la ausencia de sensibilidad de nuestra experiencia y la cualidad autista de nuestro contacto.

Podemos decir que, muy en general, hay dos tipos de personas: aquellos que dicen y expresan todo apenas lo piensan y aquellos que "cuelan" lo que dicen y que pierden, por tanto, su espontaneidad. Ninguno de estos dos estilos contribuye a las relaciones más conscientes entre las personas. El primer tipo de individuo se expresa irreflexivamente, convirtiéndose en una máquina -aparentemente espontánea- que emite una respuesta tan pronto recibe el estímulo. Presa de su condicionamiento, sus respuestas/reacciones son sólo las que se detonan automáticamente según sus experiencias previas. Insultará a quien no sea de su agrado, no por algún motivo claro basado en su sensibilidad presente, sino por alguna experiencia pasada cuya atingencia con esta situación y este momento puede ser nula. Obviamente, lo que esta persona necesita es sensibilizarse, caer al presente y dejarse sentir toda la gama de lo que le está ocurriendo ahora, en esta situación... y expresarse desde esa consciencia y sensibilidad.

Me extenderé más, sin embargo, en el segundo tipo de persona, aquélla a quien le resulta más difícil expresar lo que piensa y siente.

Revirtiendo la Situación

Paul Lowe describe así a estas personas: "Recuerden: no tengo un juicio respecto a esto, porque entiendo cómo llegaron donde están. Pero la verdad es que la mayoría de nosotros no es honesto nunca, nunca. No somos honestos, excepto en una emergencia, cuando nos invade el pánico. La mayoría de nosotros no le comunica a los demás lo que está pensando en el momento; tenemos un diálogo interno, y ésa es nuestra enfermedad. El diálogo interno es tu barrera hacia tu libertad, es aquello que obstaculiza tu contacto; primero, en tu relación contigo mismo, y luego entre tú y los demás".

Entre el extremo de la hipocresía total (disimular y disfrazar enteramente lo que sentimos) y la honestidad y transparencia deseables, hay muchos matices posibles. La peor forma de hipocresía es ocultar y disfrazar nuestras opiniones negativas tras la fachada opuesta, y más encima expresar esas opiniones a quien las quiera escuchar, a espaldas del afectado. Naturalmente, allí hay mucho que hacer y muchos caminos alternativos para mejorar. Puede partirse por ser más honesto con las personas, y dejar traslucir -en actos, palabras y gestos- lo que en realidad sentimos. Igualmente positivo resulta dejar de expresar opiniones respecto a otros a sus espaldas, a menos que estemos sinceramente dispuestos a expresárselas al afectado directamente. Todas las justificaciones que se ventilan socialmente para no hacerlo ("no herir" a los demás, los "buenos modales", que "esas cosas no se dicen", etc) son sólo eso: justificaciones para la cobardía, la hipocresía y el doble estándar caracteristicos de nuestra cultura.

Siguiendo adelante con los matices de esto, lo usual es que, sin necesariamente caer en lo anterior, al menos nos guardemos importantes sentimientos con las personas que nos rodean. Suelen ser estas cosas -dicho sea de paso- las que arruinan muchas relaciones de pareja: no expresarse mutuamente y a fondo lo que ambos sienten en los temas importantes para cada uno. Entonces, el asunto parte por expresar aquello que está "atascado" con otra persona (ver "Asuntos Inconclusos: disipadores de energia" Uno Mismo Nº 52, Abril 1994), yendo de mayor a menor respecto a lo que nos inquieta en nuestro interior. Estas cosas "atascadas" incluyen sentimientos tanto "negativos" como "positivos", desde lo que no hemos expresado por no atrevernos a hacerlo hasta lo que suponemos que es tan obvio que no vale la pena decirlo (pero puede que la otra persona no piense lo mismo).

Para lograr ventilar lo que no hemos dicho, no debemos vacilar en pedir una reunión con la persona involucrada, exclusivamente para este fin. Generalmente el resultado es sorprendentemente positivo si lo comparamos a la simpleza de la medida. Una vez expresados los asuntos inconclusos, podemos comenzar a preocuparnos de lo que no estamos diciendo en este momento, ahora. Al respecto, Paul Lowe -caluroso promotor de estas prácticas- sugiere: "Si estás preparado para comenzar con suavidad, como decir por ejemplo, "En este momento no estoy escuchando lo que estás diciendo", "No hallo interesante lo que dices", o bien "Tienes esa mirada en tu rostro… cuando la tienes, siento que no dices la verdad", o "Me estás contando una historia que me has relatado una y otra vez y no te siento a ti en esa historia", o "No creo que te des cuenta de lo hermoso(a) que eres en este momento. Veo ese brillo en tu cara y tú estás hablando acerca del pasado".

"Si desean mantener su seguridad y su comodidad, no lo harán. Puede ser tremendamente entretenido decir la verdad, pero no es cómodo hacerlo. Cada uno de nosotros sabe cuando alguien no está diciendo la verdad: lo saben, saben cuando retienen algo. Sabes cuando les atraes, saben cuando no les agradas, lo sabes". Te desconectas de eso, no estás aquí viviendo este momento como si fuese el último, viviendo este momento, estando aquí contigo mismo y con esta persona. Ahora bien: para que este proceso funcione a su máxima eficiencia, debes ir al encuentro de las dificultades, no evitarlas. Debes acercarte a las personas y decirles, "¿Qué opinas acerca de esa conversación, qué sientes respecto a mí en este momento? ¿Qué es lo que te gusta de mí y qué es lo que te desagrada?". No se nos ha entrenado a comunicarnos: se nos ha entrenado a mentir, y por tanto debemos de verdad hacer un esfuerzo, no evitar la incomodidad. Lo que habitualmente llamas "cómodo" está muerto, no está "vivo".

Hay algunos puntos importantes a tener en cuenta antes de emprender esta aventura. Pienso principalmente en tres:

(1) Los contenidos de nuestra mente -como lo sabe cualquiera que haya hecho un poco de introspección- no son para ser tomados demasiado en serio. Hay todo tipo de chatarra allí: mandatos grabados, frases de otras personas, opiniones de profesores, hasta un jingle que escuchamos en la radio, todo lo cual se repite al azar y mecánicamente. El problema se presenta cuando comenzamos a confundir nuestros pensamientos con la realidad y a tratarlos como tal.

Puede resultar más fácil comunicar nuestro diálogo interno si no creemos que lo que pensamos es tan importante y trascendental. Si una persona no nos cae bien, quizás es porque se parece a nuestra tía Ágata; o bien, quizás nuestra desconfianza con tal o cual persona no sea más que una paranoica re-creación de un episodio del pasado de características similares al presente. De igual modo, tomaremos menos a la tremenda lo que alguien piense de nosotros si consideramos la posibilidad de que lo más probable es que esta persona no nos esté realmente viendo a nosotros, sino simplemente usándonos de pantalla de sus experiencias previas.


(2) Responsabilidad. Un principio tremendamente útil y valioso para ser cada vez más libres es partir de la base de que nuestro estado interno depende de nosotros, y no de los demás. En términos prácticos: si lo que alguien nos dice "nos hiere", es muy probable que sea nuestra interpretación de ello lo que nos produce dolor, y no la otra persona. Con "nuestra interpretación", me refiero a cómo me resuena lo que el otro me dijo. Si cuestionó mi inteligencia y yo tengo dudas acerca de ella, eso es lo que me hace sentir el supuesto dolor -el revivir mi propia duda- y no lo que me dijo la otra persona.

Por lo tanto, sea lo que sea lo que otra persona me diga, ella no me está haciendo daño y la solución no es lograr que se calle o convencerla de que cambie de opinión. Lo que puedo hacer si deseo de veras atender al dolor es sentirlo y quedarme con él, aceptarlo y seguirme quedando con él por el tiempo que sea necesario hasta que la herida sane. Eso es lo único que aquietará nuestra reacción: mientras no hagamos esto, seguiremos estando a merced de lo que los demás opinen de nosotros.


(3) Privilegiar la consciencia. Al comunicar lo que siento, debo dejar de lado los deseos de simplemente vengarme, descargar mi agresividad sobre la otra persona, herirla o humillarla. Ésta sólo será una experiencia auténticamente positiva y constructiva si se basa en un deseo genuino de limpieza, transparencia y sinceridad, y si permanezco atento a mi propia sensibilidad y a la de la otra persona.

Beneficios

Nuevamente, Paul Lowe: "Si comenzaran a comunicarse su diálogo interno unos a otros en este momento, en este momento, sin editarlo, sin analizarlo para decidir si "¿Le agradaré o no a esta persona?", "¿Será verdad o no lo que digo?", "¿Estoy siendo arrogante acaso…?". Si sólo comenzaran a percatarse de su diálogo interno, se transformarían a sí mismos y se transformarán unos a otros. "Es algo tan simple.... Si sólo comenzaran a hacer eso, su vida se transformaría: atravesarían de un golpe toda esa cortina de basura, todo ese bla-bla mental, y comenzarían a estar presentes con ustedes mismos y los demás".

¿Qué significa "estar presente"? Algo que lamentablemente ocurre en forma muy escasa -a pesar de lo simple que es-: es estar atento, con mi cuerpo, mis sentidos y mi sensibilidad, a lo que está ocurriendo en este momento y este lugar, y no dejarme extraviar en, precisamente, el "diálogo interno". Estemos o no conscientes del hecho, éste tiende una cortina de anestesia que no nos deja estar en contacto con nuestra propia sensibilidad y mucho menos aún con la otra persona y la situación presente. Nuestra energía se halla volcada fundamentalmente a nuestra conversación privada con nosotros mismos. En palabras de Paul, "En cada instante existe la posibilidad de una vibración de verdad, de flujo; y, si no vivimos de acuerdo a eso, hay una aberración, la que se siente subjetivamente como incomodidad, y que es acumulativa".

Es difícil transmitir la liberación que significa no tener asuntos inconclusos ni nada retenido en un momento dado -y digo "en un momento dado" porque esto es algo que debe atenderse continuamente-. Don Juan dice, "el mundo cambiará en cuanto deje de hablarse a sí mismo, y debe estar preparado para este salto monumental": es verdad, y es algo que debe experimentarse directamente, superando nuestra tendencia a mantener nuestra comodidad e ilusoria seguridad. Si de veras deseamos vitalizarnos y superar la semi-inconsciencia que nos caracteriza, debemos correr el riesgo de incomodar a otros, de sufrir bochornos, de que nos critiquen. No existe otra forma de sacudirnos el verdadero traje de buzo que nos ha dejado nuestro condicionamiento y que esconde nuestra verdadera inocencia y espontaneidad.


El siguiente artículo no está escrito por Paul Lowe, pero me parece conveniente incluirlo debido a que se basa en un método que él enseña.


Concepto Estructural Atómico del Universo. (1)

Vamos a continuar insistiendo sobre la Magia Organizada del Universo, con fines de creación. En realidad todo tipo de creación, en el nivel que sea, es siempre una obra mágica que surge de centros creadores ya sean cósmicos, universales, planetarios o simplemente humanos. Sin embar­go, hay un imperativo en los momentos presentes de llevar la magia organizada a sus niveles científicos más asequibles a la humanidad. Cuando decimos por ejemplo, que el Universo está inmerso dentro de un espacio multidimensional, multimolecular, multigeométrico, es así mismo multidimensional, multimolecular y multigeométrico.

La base del Universo, la base de toda obra creadora, se halla en aquellos pequeñísimos elementos reconocidos como átomos o elementos químicos. No puede existir creación alguna, del tipo que sea y en cualquier nivel en la vida del Universo, que no sea el resultado de un trabajo de edifi­cación o de estructuración que se apoya en el diminuto átomo. Así que hoy podríamos tratar la magia a partir de los elementos atómicos, pues el á­tomo como entidad existe en todos los planos y en todos los niveles den­tro de no importa qué obra creadora.

Decir que un átomo es una entidad, en su nivel, tan completa como el hombre, puede parecer una afirmación casi descabellada desde el punto de vista científico; pero aquí estamos deduciendo verdades esotéricas que, sin embargo, se apoyan en todo cuanto ha descubierto la ciencia de nues­tros días pero que, sin embargo, profundiza en zonas de alta profundidad cósmica. La estructuración de cualquier obra en la vida de la naturaleza se apoya siempre sobre una acumulación de átomos o elementos químicos, constituyendo compuestos moleculares sea cual sea el nivel donde esta obra se manifieste.

Hay átomos físicos, físico‑etéricos, astrales, mentales y en todos los demás niveles superiores. Existe, sin embargo, una limitación científica en orden al descubrimiento de la actividad atómica en la construcción de cualquier elemento molecular y después, en la composición de cualquier obra creadora, fomentada o surgida de algún centro creador, que podemos decir que es un mago en potencia. El mago utiliza todos los elementos moleculares del espacio para formar aquellas formas que él preci­sa, alguna obra realmente creadora. Que existen niveles de estructuración, que existen niveles de magia, esto ya lo hemos dicho en repetidas ocasiones. Sabemos que dentro del infinito conglomerado atómico, dentro del cual estamos inmersos, los hay del tipo vibratorio sutil o del tipo vibratorio denso, la vacuidad, la diafanidad, la transparencia de un átomo, en relación con la densidad sombría de ciertos átomos que nos envuelven, puede establecer el límite o la barrera que separa la magia teúrgica de la magia goética, o sea de la magia blanca y de la magia negra. Pero el procedimiento que utiliza el mago para crear una obra cualquiera, ya sea goética o sea teúrgica, se basa siempre en esta atención depositada en los éteres, llevada a cabo por la intención de base, de un propósito, al cual seguirá una idea y, finalmente, se creará alrededor de esta intención‑idea una forma característica que obedece a las razones del creador o del mago; y esto puede llevarse adelante, de acuerdo con la analogía, a todos los niveles de no importa qué sistema solar, de no importa que tipo de constelación o galaxia. Todo es siempre una repetición en pequeña o a gran escala del principio de creación.

Pero, ¿qué sabemos exactamente del átomo sobre el cual se va estructurando el solemne edificio del universo? El átomo es una entidad que posee, al igual que el ser humano, un triple cuerpo de expresión. El hombre posee, hablamos del hombre actual, del hombre corriente que somos, seguramente todos y cada uno de nosotros, un cuerpo físico, un cuerpo astral y un cuerpo mental. La ciencia reconoce en el átomo y vamos a hablar del átomo de hidrógeno que es la unidad química: un protón, un neutrón y un electrón, que constituyen, por decirlo de alguna manera, y viendo la cosa desde el ángulo esotérico, un cuerpo físico, un cuerpo emocional y un cuerpo mental; el protón es la mente, el neutrón es el cuerpo emocional y el electrón es el aspecto físico, mayormente físico del átomo; entonces, si aceptamos esta verdad esotérica, siguiendo como siempre el principio de analogía tendremos que el átomo no sólo tendrá un triple cuerpo de expresión sino que también poseerá este elemento dinámico que es un propósito definido y después una conciencia, porque no pue­de haber relación en ningún nivel de la vida de la naturaleza, sin que exista conciencia.

La conciencia ya sea del átomo, ya sea del propio Dios se basa siempre en el principio de relación, relación magnética, finalmente se llega a cumplimentar el propósito definido y, a través de este propósito, se va realizando la obra, la obra de masificación del é­ter, para construir formas, que es lo que hace realmente el mago cuando esta creando. El mago realmente no hace otra cosa que seguir, por analogía, las leyes del creador, las leyes de la intención o del propósito, las leyes de la idea y, después, las leyes de la forma. Pero, si aceptamos el átomo como una entidad completa, ¿de dónde procede la vida de esta entidad?, ¿y la conciencia? ¿Procederá al igual que la conciencia del hombre de los niveles causales? Podríamos aceptar por analogía, que real­mente existe un compuesto monádico en el centro místico del átomo, que es el que trae la intención del Creador, que existe una conciencia que procede de la relación de este propósito con la materia dentro de la cual se va creando su forma y debe existir –forzosamente— un campo de actividad en sí mismo y además, a través de una serie de compuestos moleculares en el seno de cualquier forma dentro de la cual esté elaborando simplemente como un agregado de tipo físico. Ahí está entonces el dilema que se le presenta al científico moderno de indagar dentro del átomo no sólo esta ineficaz, todavía, interpretación del significado atómico y de la propia liberación de la energía. Y decir, por ejemplo, como decía no hace mucho tiempo el Maestro K.H. de que la ciencia está solamente al principio de una era de grandes revelaciones, una de las cuales es descubrir la conciencia del átomo y descubrir que esta conciencia es inteligente y que actúa inducida por móviles que la ciencia desconoce. Se habla de las afi­nidades químicas, de que existe realmente una elección atómica llevada por impulsos –dichos primarios pero que para el esoterista son universales— de acercarse a otros átomos de tipo de vibración parecida, para constituir moléculas. Y estas moléculas, siguiendo idéntico principio, se van aliando a otras moléculas de distintas procedencias para formar organismos, para formar los cuerpos, que son otras formas geométricas de que se revis­ten todas las conciencias y todas las vidas dentro y fuera del sistema solar.

El átomo que el científico reconoce como una triple entidad actuan­te o interactuante de protón, de electrón y de neutrón, no es todavía lo que debería haber descubierto la ciencia, pues si se posee clarividencia y se examina el átomo en profundidad, se verá que dentro de ca­da protón, de cada neutrón y de cada electrón existen infinidad e infinidades de corpúsculos eléctricos para verlos; que la ciencia a pesar de sus grandes descubrimientos técnicos, todavía no puede llegar a descu­brir. Si se entrase solamente en el primer nivel etérico en la vida del planeta, o sea en el cuarto éter, se verían formas y compuestos moleculares y elementos químicos, por decirlo de alguna manera, que están tan maravillosamente organizados y tan completos en su esencia y en su distribución que se precisaría ser un gran soñador o un gran romántico para aceptarlos. Pero el esoterista no es ningún romántico, ni tampoco ningún soñador, sino que es una persona que ha descubierto, en virtud de su propio desarrollo espiritual, unas capacidades de percepción que no están al alcance de todo el mundo. En virtud de esas facultades, de la clarividencia por ejemplo, se pueden detectar, primero, que el átomo primario, o el átomo que es la unidad en química o el átomo de hidrógeno, está compuesto además de dieciocho cuerpos menores que constituyen sistemas de relación tan maravillosamente organizados que nos hablan de un propio universo en miniatura y que por lo tanto cuando existe ‑como se ha producido y se viene produciendo— una liberación de la energía, solamente está poniendo en evidencia una pequeña parte de su potencial eléctrico o ígneo y, como ustedes saben, desdichadamente, la ciencia to­davía no ha logrado captar estas grandes verdades, para dominar no sólo la relación protón, electrón y neutrón, sino que no puede todavía calcu­lar la tremenda fuerza liberada de aquellos diminutos corpúsculos eléctricos, dieciocho en total, que constituyen la estructura interna o la sede de la intención de Dios en el átomo. Entonces, no es posible todavía que, la ciencia controle la energía nuclear porque se basa en principios todavía incipientes, porque no puede controlar esta fuerza tremenda, este fuego que está ardiendo en la vida del átomo, en la profundidad misteriosa de los grandes arcanos de la naturaleza.

Hay que buscar nuevos sistemas de aproximación para poder descubrir dentro del átomo, no sólo el aspecto triple, que constituye por decirlo de alguna manera, la personalidad característica del átomo, sino para penetrar en el trasfondo del átomo, esta conciencia inteligente que crea este principio de elección del átomo o de selectividad natural, o de aproximación por semejanza con los demás elementos con los cuales puede esta­blecer relaciones de afinidad. Podríamos hablar, siendo quizás un poco soñadores, que puede existir amor en el átomo, constituye el elemento de a­proximación con otros átomos de distinta calidad y de distinta proceden­cia y que esto, que todavía ignora la ciencia química, lo sabe perfectamente el clarividente iluminado una vez que ha recibido la tercera iniciación jerárquica, mediante la cual le son abiertos en Shamballa, los regis­tros akáshicos mediante los cuales se puede descubrir la esencia atómica desde el remoto momento en que se produjo la primera creación universal, lo cual no es llegar al final del libro, es solamente el final de una página del libro inmenso que contiene la sabiduría de todas las edades. Pues, si hemos dicho que el átomo constituye el elemento de base para la estructuración de toda posible forma universal o planetaria, debemos conocer también lo que hemos dicho tantas veces con respecto al espacio, parque el espacio contiene en potencia la esencia de todos los átomos que pue­den llegar a constituir aspectos moleculares en la confección de cual­quier tipo de universo.

Si el espacio es multidimensional, nos da idea de que la creación, debe partir de un centro creador que pulsando con maestría los éteres que constituyen el espacio como entidad, atrae por simpatía vibratoria –al igual que lo hace el átomo— aquellas condiciones físicas, astrales y mentales, o de todos los planos, o todas las dimensiones que precise, a­quel Logos que quiera manifestarse.

Pero, ¿qué sucede cuando hablamos de dimensiones como extensiones den­tro del espacio? Si es que podemos utilizar esta locución, nos daremos cuenta de que si el espacio es multidimensional no puede contener únicamente a las siete dimensiones que corresponden a nuestra universo físico, que tendrá todas las dimensiones posibles y que de acuerdo con la potencia creadora de cualquier lagos superior, aquellas dimensiones séptuples que corresponden a nuestro universo, pueden ser sumadas a otras tantas dimensiones constituyendo universos, galaxias y sistemas de galaxias para cuya medición, nosotros, como seres humanos, carecemos de medidas. Y esto, si se analiza desde un ángulo de vista científico, pero utilizando la clave de la analogía, veremos que es así y que lo que caracteriza a los Logos, es primero, la calidad espiritual de es­tos Logos y por ende Ia cantidad de dimensiones del espacio que es capaz de atraer a sí, para constituir –mediante su propia voluntad, su propio amor o tendencia incluyente y su inteligencia creadora— aquellos compuestos moleculares que constituirán la base de su universo o de su sistema de universos. Pues, ¿qué hace realmente un Logos cuando enfrenta la tarea de estructurar su universo? Ante todo elige un lugar en el espacio, entonces en este lugar del espacio deposita su intención profunda, automáticamente emite una vibración, una palabra, una orden, un sonido, y al conjuro de este mántram inmenso, surge del seno profundo del espacio, miríadas de pequeñas vidas adaptando formas incomprensibles quizás para noso­tros, que a la voz del Mago supremo se arremolinan a su alrededor y van creando progresivamente, aquello que será su estructura universal.

Cada Logos emite varios tipos de vibraciones, surgiendo de una palabra o mántram de tipo esencial que constituye la llave maestra de todo el significado que tendrá su universo, pero de acuerdo con cada una de las cualidades que tenga desarrolladas el Logos, así serán los planos y las dimensiones. Lo cual quiere significar que si a nuestro Logos le corres­ponden, por ejemplo, siete cualidades puede que a otros Logos en su revelación ante el Cosmos, ante el espacio abierto, corresponden otros tantos o múltiples cualidades que posee desarrolladas y que, por lo tanto, el universo está estrecha y coherentemente unido en virtud de las cualidades que desarrollan los Logos creadores, no importa cuál sea su propia evolución, no importa cuál sea su estado evolutivo, para crear a su alrededor aquello que constituirá su morada para habitar durante todo un mahamanvántara que constituye el proceso de su propia evolución cósmica.

Entonces, cuando surge el átomo, en virtud del llamamiento del Mago, se produce en el espacio un desequilibrio, mediante el cual, se establecen las leyes de la polaridad magnética, se crean dos tipos de vibración de la palabra o sonido y el de la respuesta del espacio, que dependerá de la calidad de este sonido, y en virtud de esta dualidad que podríamos de acuerdo con la analogía, definir como de espíritu‑materia, se abre el campo de la evolución y en el contacto de los compuestos moleculares entre sí constituye un tipo de conciencia definido para cada plano, para cada esfera, para cada cualidad logoica. Entonces, ¿podríamos ya esclarecer algo más el trabajo del mago, cuando hablamos de su imperio sobre los devas que constituyen el espacio y son la fuerza cohe­rente del espacio? En este espacio vital donde aparentemente no hay nada pero donde están vibrando todas las dimensiones, no sólo las que corresponden al sistema planetario sino a todas las dimensiones del espacio, por ley de simpatía cósmica, la voluntad del Logos es una cualidad, el amor del Logos es una cualidad, igual que la inteligencia, el equilibrio, la armonía, la inteligencia concreta, que el arte, que la belleza y que la propia magia, constituyen cualidades de la propia diversidad, que para manifestarse precisan del concurso de los átomos que constituyen la estructura esencial de cada plano.

El plano físico, como sabemos, es el resultado de una acumulación de átomos de hidrógeno para constituir la tabla periódica de los elementos químicos. Y no conocemos todavía, como decíamos al principio, lo que es el átomo de hidrógeno, pero después del átomo de hidrógeno existe una evolución atómica, una evolución monádica podríamos decir, dentro del átomo, constituyendo una corriente de vida completamente desconocida todavía, tan completa y tan necesaria, como son las corrientes de vida de la humanidad, o del cuarto reino, o aquella que creó el reino de los ángeles. No se ha llegado todavía al fin de la investigación, pues si nuestro universo es septenario habrá que colegir, habrá que imaginar, que existen otras corrientes de vida dentro del propio planeta para no ir más lejos, totalmente desconocidas para nosotros y que constituyen precisamente el principio de investigación de los discípulos de la Jerarquía.

Pues, ¿qué creen que es estar en un ashram de la Jerarquía, es solamente para adquirir poderes psíquicos o para ostentar un distintivo "Yo soy un discípulo del Maestro”? ¡Es algo más! Es la necesidad que me­diante el estudio y la investigación constante se llegue a comprender, determinar y clasificar todas aquellas otras energías, constituyendo agregados atómicos, que se mueven en todos las niveles del universo.

Cuando se llega a cierto punto, aquellos poderes psíquicos que le han sido ocultos, no negados, reaparecen en el mago y es cuando com­prende la esencia, lo que es la vida del átomo, lo que es el átomo en sí, cuando puede gobernar el átomo. No lo que hace la ciencia que ha logrado liberar la energía del triple cuerpo, a través del núcleo vital del protón. Pero, ¿qué sabe en conciencia? Se dice que ha habido una liberación atómica en el momento en que se produce una explosión nuclear, pero, ¿es así realmente? ¿Se ha liberado el átomo? ¿O se le ha encadenado –hablando en términos de energía— a otras regiones del espacio donde continuará su acercamiento a las causas productoras? Ahí está el karma de la humanidad, el karma de los científicos, el karma de los políticos y el karma de los economistas; porque lo que se intenta con el átomo es querer dominarlo para satisfacción egoísta de las propias naciones. Y tendrá que esforzarse mucho el ser humano trabajando en este campo, para poder salir triunfante de esta prueba inmensa que tiene que vencer su propio egoísmo y penetrar, espiritual­mente hablando, en el corazón mismo, en la esencia misma del átomo pa­ra ver qué es lo que hay que liberar, si la personalidad –que se ha logrado— o aquello que constituye la esencia del átomo. Liberemos la intención del átomo, pero antes tenemos que libe­rar la intención humana, porque el átomo es un servidor del ser humano, es un amigo, si se convierte en enemigo es porque existe egoísmo en el corazón del hombre, no por su propia característica, pues constituye al igual que los ángeles, una corriente de vida a nuestro favor si logramos realmente no obligarle ni gobernarle, sino comprenderle y facilitar su liberación natural, no para crear armas, no para evitar que una parte considerable de la humanidad pueda llegar a tener oportunidades sociales.

Esotéricamente y hablando siempre en términos del discipulado moderno, habrá que insistir, a través de la analogía, en este hecho aparentemente sin importancia, que es la liberación atómica en virtud del amor de los seres humanos y no en virtud del antagonismo entre los seres humanos. Si se trabaja el átomo con amor se descubrirá el secreto que permitirá al científico un control natural sobre la energía expansiva del átomo, porque el átomo se liberará, no colisionará con otros átomos que es lo que sucede actualmente con la explosión en cadena y ustedes lo saben.

Como estamos ya entrando en una era donde el espacio tendrá más importancia que el tiempo, es hora de que vivamos apercibidos porque dentro del espacio existen maravillosas combinaciones atómicas mediante las cuales, el Manú de la raza construirá los nuevos cuerpos. No hay que esperar llegar a la séptima subraza de la séptima raza para tener un vislumbre de lo que será aquel cuerpo humano al final de un manvántara planetario.

Hay que vivir en el presente, en estos momentos tenemos la posibili­dad. Las eras no vienen marcadas por las estrellas sino por la conducta de los hombres, por su inteligencia, por su amor y por su dedicación y servicio a la humanidad. La estructura molecular de cualquier tipo de universo sólo indica actualmente que se trata de un efecto kármico, por lo tanto si el karma todavía está latiendo en toda la estructuración de no importa qué tipo de creación, surgiendo de un mago, sea cualquiera que sea este mago, es que realmente estamos viviendo una era de aproximaciones. Siendo así hay que tratar de sacarle el fruto, un fruto positivo, de igual manera que a través del tiempo hemos dominado una fuerza ígnea en la vida de la naturaleza que llamamos electricidad, una electricidad que solamente es un primer peldaño dentro del gran edificio de o­portunidades que tendrá el hombre de los siglos venideros, pero que podría estar al alcance del hombre actual con sólo vivir atentamente la influencia positiva de las estrellas y no sus nefastas influencias, pues todas las estrellas, todas las constelaciones y todos las galaxias han sido edificadas siempre sobre estructuras atómicas y estas estructuras atómicas tienen como finalidad revelar el grado de evolución de cualquier tipo de Logos o centro creador. Y esto no es solamente una respuesta a la gran pregunta da toda la vida de: ¿quiénes somos nosotros, de dónde venimos y adónde nos dirigimos?, sino que constituye por primera vez en la historia planetaria un contacto establecido, en su conjunto, de la humanidad con las fuerzas cósmicas, habitantes del propio espacio que están intentando que las humanidades de todos los planetas y de todos los sis­temas sean tan puros y tan responsables que hagan posible que llegue a las humanidades un principio de energía mediante la cual se acabe el problema kármico de la humanidad. Se han hecho muchos trabajos en este aspecto, el principio ha sido, como sabemos, el descubrimiento de las leyes de la relatividad que, desde el punto de vista esotérico, es solamente un principio y no totalmente completo, porque el universo no es solamente masa y energía, sino que es amor e inteligencia y aquí no ha llegado todavía ninguna fórmula científica que pueda descubrir las profundidades donde se agita esta potencia innata que existe dentro de todos y cada uno de los compuestos moleculares en ciernes, o en suspensión, que constituyen el espacio dentro del cual y en forma de universo, vivimos, nos movemos y tenemos el ser.



Preguntas y respuestas.

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El Fracaso de Nuestra Era Técnica.






jueves, 18 de septiembre de 2008

Concepto Estructural Atómico del Universo.(2)

Y ahora podríamos ampliar estas ideas con sus propias preguntes.

Pregunta: ¿Es necesario conocer la química para conocer estos secretos?

Respuesta: Bueno, el químico moderno mediante la investigación ha logra­do descubrir la base y es que la energía que procede de los niveles cósmicos ha quedado sintonizada en el nivel puramente físico, en el átomo de hidrógeno como unidad.; pero que la gama de elementos químicos que proceden del átomo de hidrógeno son solamente pequeñas formas incomple­tas porque lo mismo que mirando el átomo a través de sus compuestos invisibles –lo que todavía la ciencia no reconoce porque no ha descubierto— igual sucede con la tabla de elementos químicos; hasta aquí creo que hay ciento tres elementos descubiertos o átomos con una potencia o carga eléctrica de ciento tres protones, ciento tres electrones y otros tantos neutrones. Pero, investigaciones recientes indican que se ha llegado a descubrir átomos de un peso atómico de hasta ciento diecisiete protones, eso significa que no se ha llegado al fin y que la tabla de elementos quími­cos se pierde en la inmensidad de la investigación y que, a medida que el ser avance, surgirán nuevos elementos, hasta que un día se descubra el verdadero elemento de base mediante el cual y por transmutación vendrán los demás y vendrá seguramente por un tipo de investigación completa, que rebasará el ámbito simplemente físico o mecánico de la existencia para penetrar en niveles superiores. Pues, si todo hay que analizarlo desde el ángulo de vista de la analogía, hay que suponer que donde termina el átomo de hidrógeno, por sutilidad se da vida a otros átomos más ligeros, más diáfanos, más perfectos en su expresión y que se va actualizando esta fuerza atómica, en el cuerpo del Iniciado por ejemplo, donde según se nos dice, se produce realmente aquella alquimia de la naturaleza que convierte al átomo de hidrógeno en átomos superiores dentro del propio cuerpo.

¿Qué sucederá por ejemplo cuando el cuerpo del ser humano sea capaz de contener compuestos moleculares pertenecientes el plano búdico? Habrá una revolución total en todos los ámbitos conocidos, porque realmente se habrá reconocido la existencia multimolecular del espacio, a través de le expresión de un universo. Y, a partir de aquí, vayan ustedes examinando la vida de los iniciados superiores, a partir del Adepto, cuando el Iniciado se mueve ya en dimensiones cósmicas, lo que puede suceder con la liberación de aquella tremenda energía que está infinitamente más allá y por encima de los más diáfanos átomos conocidos.

La química está trabajando, los científicos realmente de buena voluntad están intentando vencer la inercia de la materia mediante la infu­sión de su espíritu; pero a pesar de todo, no se avanza demasiado porque en su totalidad la humanidad es totalmente egoísta y, por lo tanto, cualquier provecho o ganancia de tipo cósmico le es negado, no existe otra opción para el ser humano, que somos todos nosotros, que vivir con un poco más de caridad y de amor y constituir una barrera magnética que nos aísle del egoísmo que, como egregor, está flotando dentro y fuera de nuestro sistema y dentro de los éteres planetarios hasta llegar a los ambientes sociales del mundo, en donde vivimos inmersos. Es un traba­jo de inmensa perspectiva, ustedes verán que hay que empezar a reconocer el hecho de que nosotros somos creadores; además tenemos un protón central en el corazón que nos habla de intención y de amor, tene­mos neutrones que nos llenan de equilibrio y de armonía y tenemos electrones que nos dan actividad. Esto es el reconocimiento de las le­yes científicas que regirán el futuro de los seres humanos.

Pregunta: ¿No es cierto que a través de este experimento de la alquimia en la cual el hombre, a través de la transmutación de la cantidad de energía que puede canalizar este ser, perturba al mismo tiempo el vehículo físico que ha de estar preparado para soportar mayores energías? Es decir, nos podrías hablar un poco de la ciencia de la transmutación.

Respuesta: La transmutación es una actividad que realiza el ser humano el llegar a cierto nivel dentro de la evolución kármica. Si hablamos en términos de química o de alquimia, diremos que es aquella actividad mediante la cual el mago transforma un metal de tipo bajo, de bajo ni­vel vibratorio, en otro de superior vibración, como es al plomo convertirlo en oro, por ejemplo, que es lo que buscará el alquimista del fu­turo, apercibido de que existe muy poca diferencia de protones dentro del oro y del plomo –creo que son tres protones de diferencia. Se han realizado experimentos con el mercurio, casualmente hay un protón de diferencia, sin embargo la fabricación del oro es más cara que el oro sacado de la mina, porque no se comprende la ley de la transmu­tación que se basa en hallar dentro de la naturaleza aquello que alquímicamente se llama el disolvente universal o el "Alkahest" de los antiguos magos. No conocemos esto todavía porque no tenemos amor. Por lo tanto, solamente la transmutación física de los metales está al alcance de los iniciados y pueden transformar el plomo o el cobre, u otro cualquier metal vil en oro. Pero esto no resuelve la cuestión del ser humano, porque la transmutación es aquella fuerza tremenda que realiza el individuo cuando se va purificando, cuando se va separando del egoísmo circundante, aislándose cada vez más y más, hasta llegar a un punto dentro de sí mismo, dentro del cual el corazón tiene la máxima importancia; entonces, a través del corazón se realiza la obra transmutadora dentro del individuo,

Entonces, todos los compuestos químicos de alta densidad se transmutan en virtud de la voluntad del Iniciado en compuestos moleculares de alta vibración; impulsan, por decirlo de alguna manera, a los átomos nefastos y sombríos de su propia naturaleza y, automáticamente, aquel vacío se llena con compuestos moleculares de alta selectividad, ya sea astral, mental, o como decíamos anteriormente, por compuestos búdicos, o por compuestos átmicos, pues el iniciado o el discípulo no recibirá ninguna vibración superior o Iniciación, sino hasta que haya cambiado completamente ciertos compuestos moleculares dentro de sus cuerpos y cuando esto lo realiza viene el acto de la Iniciación: la ceremonia. La ceremonia no inicia al Iniciado, es el trabajo del Iniciado quien exige la iniciación. ¿Por qué? Porque entonces, cuando recibe la Iniciación es que ya es un Iniciado y lo que hace es que la Jerarquía, la Gran Fraternidad, el Único Iniciador, Sanat Kumara, le reconoce los méritos; igual que aquí en una universidad te dan el título cuando has sufrido las pruebas y los exámenes, luego lo que te den a cambio es la aceptación como que tú has hecho la prueba y has vencido; esto es en esencia la Iniciación.

Pero cuando se recibe la iniciación a través de una serie de transmutaciones dentro de los compuestos moleculares, es cuando se le admite de hecho dentro de la Gran Fraternidad. Y esto va para todos, porque el trabajo de estar atentos, el trabajo de la meditación, el trabajo del servicio y el trabajo del estudio y la investigación, son los peldaños mediante los cuales vamos ascendiendo y nos situamos ante la dorada puerta dentro de la cual está el Iniciador. Pero todo el trabajo se basa en nosotros, el esfuerzo necesario para vivir de acuerdo con la ley y, de acuerdo con la ley se efectúa la transmutación. Todos somos magos, todos somos alquímicos, entonces ¿por qué no utilizamos esos poderes para crear un mundo mejor? ¿0 esperamos que sea el destino o el karma, o Dios, quien resuelva por nosotros estas cosas? Si Dios ya está en nosotros, sólo es vigorizar el intento, la intención, el propósito y au­mentar el caudal de amor en el corazón. A partir de esto ya estamos venciendo la inercia de los sentidos, la inercia de las emociones o de los deseos y la inercia de la mente organizada, empeñada en descubrir la Verdad, en las pequeñas cosas de la vida, que es lo que sucede actualmente. El intelecto no es una gloria, entre otras cosas se convierte en un impedimento y ésta no es una afirmación dogmática, sino que es el reco­nocimiento de que a través del intelecto que consideramos como causa, se va realizando la gran transmutación creadora que traerá como resultado el hombre nuevo, el hombre nuevo por el cual todos nos estamos esforzan­do.

Pregunta: ¿Una de las primeras bases para mi transmutación personal puede ser pasar del subconsciente al conciente?

Respuesta: Naturalmente, la transmutación psicológica tiene tres vertientes como ustedes saben: hay una subconciencia, debajo de la conciencia, una conciencia, en el centro, y una supraconciencia en la parte supe­rior. Entonces, ¿cómo transmutaremos psicológicamente nuestro ser? Convirtiendo la subconciencia en conciencia y la conciencia en supracon­ciencia. Es el paso que va de los recuerdos de ayer al devenir de mañana, pasando por el momento presente, lo cual si ustedes son muy analíticos verán claramente, que es en el presente donde existe la posibilidad de la transmutación psicológica y que cuando hablamos tan reiteradamente sobre la atención del pensador, nos estamos refiriendo precisamente, a esta capacidad de estar atentos al momento que estamos viviendo y este es el presente, no es el pasado, no es el futuro. El pasado es recuerdo, es subconciencia, es aquello de lo cual estamos apartándonos. En tanto que la supraconciencia solamente puede venir cuando en el presente estamos muy atentos. Significa que nuestra conciencia está tan identificada con aquello que está sucediendo que lo comprende por intuición y al propio tiempo, aquello que comprende por intuición, se transmuta en algo mejor que llamamos supraconciencia.

Pregunta: ¿Me podrías explicar algo de la transformación del tiempo en espacio?

Respuesta: ¿Qué es el tiempo cuando el espacio ha sido alterado, cuando el equilibrio existente crece en el espacio? Sucede algo imprevisible para nosotros, que es la creación de campos radioactivos dentro del espacio. Los estados relativos, relativos dentro del espacio, constituyen el tiempo. El tiempo no es más que el punto de enfoque del creador en el espacio, cuando se han creado los síntomas del universo –allí donde exis­te un círculo no se pasa dentro del gran Círculo, no se pasa dentro del cual el creador extiende su obra creadora— no existe espacio, el espe­cia está fuera del campo conceptual, conocemos solamente el tiempo; para conocer el espacio, saber lo que es el espacio y llegar a comprenderlo con tanta intensidad que nos diésemos cuenta de nuestro escasa valoración psicológica, veríamos que solamente donde existe una manifestación existe el tiempo.

Y, cuando hablamos de dimensiones estamos hablando de aquellas dimensiones que ha conquistado, dentro del espacio, cualquier centro creador, lo cual significa que incluso las dimensiones del espacio del Universo constituyen limitaciones, porque se apartan de la absoluta integridad multidimensional del espacio. Hay que comprender estos hechos. El tiempo, ¿qué es para nosotros? ¿Algo cronológico que depende del reloj o algo psicológico? Si es algo psicológico hay un gran problema, si es cronológico solamente con un orden establecido en la conducta personal lo podemos solucionar. Pero cuando existen problemas de orden psicológico con respecto al tiempo, hay una indicación de que el ser está pene­trando dentro de actividades moleculares de las cuales le es muy difícil salir. Le decimos karma a estas causas. El karma es el tiempo y el tiempo es una reducción del nivel natural vibratorio del espacio. Cuando dentro del espacio hay puntos más cercanos o más alejados entre sí, se crea el fenómeno de la distancia en el tiempo. Ya tenemos otra forma de evaluar el tiempo, en virtud de las leyes de necesidad de traslación de un punto más distante o de un punto más cercano.

Pero, ¿qué sucederá? Vamos siempre a lo mismo, dense cuenta, cuando el individuo esté tan totalmente entregado a la vivencia del presente, con la atención depositada en todos y cada una de los momentos que es­tá viviendo, en este estado de observación profunda se produce el milagro, se produce el acercamiento entre el sujeto que observa y la cosa observada. Entonces, en virtud de ese acercamiento se produce el mila­gro, el tiempo no existe, solamente existe el espacio entre la mente del que observa y la cosa observada, y éste es el principio del amor que nos han enseñado los Grandes Seres. No hay distancia en el amor, ¿verdad? La inteligencia crea espacios, grandes espacios para investigación. Pero el amor es esencial, nunca crea espacios o tiempos en el espacio, es un espacio abierto a la investigación y, si se investiga muy atentamente, se pierde la noción del tiempo, equivale a decir que pierde la noción equivalente de subconciencia, conoce la conciencia y la supraconciencia y, entonces, el hombre ya no es un hombre en el sentido estricto de la palabra, es un Dios que se ha reconocido a sí mis­mo como esencia creadora, como espíritu latente y actuante de la pro­pia divinidad.

Pregunta: ¿Si el pequeño yo usa este cuerpo físico para manifestarse, se puede decir que el gran Yo de la Tierra también usa el cuerpo físico de la Tierra para manifestarse y así todas las galaxias del Universo?

Respuesta: Naturalmente. El planeta, nuestro mundo, no es sino un cuerpo de manifestación de esta entidad que, esotéricamente, llamamos el Lo­gos Planetario. Y el cuerpo universal, es decir, aquel rayo que va del centro creador del Logos hasta el confín del Universo, todo cuanto se agita dentro de este círculo-no-se-pasa, es el cuerpo mediante el cual se está manifestando aquella entidad que llamamos el Logos Solar y den­tro de este círculo-no-se-pasa, se están desarrollando siete virtudes o cualidades de este Logos, lo cual complica la investigación, pero se llega al menos a un significado claro del mismo.

Vemos el por qué de la Voluntad, del Amor, de la Inteligencia o de las demás cualidades que adornan a cualquier Logos del centro creador y, finalmente, todo esto constituye un séptuple cuerpo de manifestación de este Logos. Nosotros conocemos tres cuerpos definidos: uno muy completamente que es el cuerpo físico, el astral lo conocemos solamente en virtud de los intensos deseos que promueve en nosotros y el cuerpo mental del cual tenemos noción solamente por los pensamientos y por las averiguaciones y pesquisas a través de la mente. Pero no conocemos nada del cuerpo búdico, no conocemos nada del cuerpo átmico, ni del monádico, ni del ádico, lo cual significa que estamos viviendo únicamente en un mundo de confusión, de los tres mundos, mundo de maya de los sentidos, del espejismo emocional, de los deseos incompletos e insatisfechos y la intención dentro de la cual existen ilusiones, que embargan la vida de la intención y le impiden llegar al cumplimiento a través del cuerpo emocional, para finalmente llegar al cuerpo físico en forma creadora.

Si solamente conocemos nuestros tres cuerpos, al igual que el científico sólo conoce el protón, el electrón y el neutrón en la vida del áto­mo, indica solamente que estamos viviendo única y exclusivamente en los tres mundos de la confusión, en los tres mundos de la prueba kármica, en los tres mundos de los señores lunares con los cuales estamos emparentados por razones kármicas o por principios de semejanza. Hay mucho que decir aquí y para esto necesitaríamos por lo menos diez conferencias, debido a su complejidad y a tener que trabajar con elementos tan dinámicos y al propio tiempo tan asequibles que pueden llegar claramente a la men­te de todos. La vida es extraordinaria y todo cuanto surge de la vida es extraordinario, es un milagro viviente todo cuanto está sucediendo a partir de la vida y esto es lo que trata el esoterista de comprender en profundidad, para tener una noción más clara de aquel universo físico en donde vive, se mueve y tiene el ser.

Pregunta: Sí, quisiéramos que hablaras un poco sobre el tema, aplicando la ley de analogía y parte de lo que has venido diciendo ahora, es decir, creo que bastantes de nosotros hemos tenido la experiencia consciente de que, incluso a nivel físico, se realizan esporádicamente experimentos que en alguna manera tratan de comprobar la capacidad de resistir que tenemos, no solamente a nivel astral, mental, etc., sino incluso a nivel físico; entonces, si este cuerpo de manifestación recibe a todos los nive­les esta especie de transmutación alquímica de las energías que es capaz de canalizar, la pregunta es si también la Tierra, por ley de analogía, está sufriendo el mismo proceso de transmutación y entonces quizás sería, tal vez un poco más comprensible ver a la situación actual como un ente único e interdependiente de cada uno de sus componentes.

Respuesta: La transmutación se realiza en todos los cuerpos de la Tierra, la Tierra es sólo la envoltura física del Logos Planetario. Todo cuanto sucede en los niveles superiores repercute en la Tierra, donde hay el anclaje de las energías superiores. ¿De qué nos serviría un cuerpo que no fuese el resultado de aquello que es superior? Entonces, en la Tierra se producen transformaciones y transmutaciones, en virtud de lo que está desarrollando y en todos los órdenes, el género humano, la humanidad. La humanidad es dentro de la Tierra, de este gigantesco cuerpo, el único elemento conciente de transmutación de los elementos físicos que tratan precisamente de exteriorizarse en niveles superiores. Todo cuanto sabemos de la transmutación es meramente físico, porque no conocemos la transmutación que se está realizando en niveles superiores. ¿Qué sucede por ejemplo cuando una energía de carácter ígneo y de tremenda potencia como aquella que lleva Buda en el festival de Wesak? ¿Qué conocemos de la transmutación alquímica en la vida de la naturaleza? Aparentemente no nos damos cuenta de esta energía pero produce un impacto en todos y cada uno de los compuestos moleculares que constituyen el planeta. Por lo tanto, no podemos dejar de ver clara esta situación en lo que respecta a nuestro planeta, si tenemos en cuenta que no solamente Buda sino los hombres y mujeres de buena voluntad, los Iniciados de la Jerarquía y los Adeptos de la Gran Fraternidad de Shamballa, con sus influencias están creando siempre transmutaciones en el orden molecular de la exis­tencia organizada en el mundo, pasando primero por la mente del hombre, después por su cuerpo emocional y después, a través del cuarto reino, a los reinos sub‑humanos: al reino animal, al vegetal y al mineral, y así se va cumpliendo la ley transmutadora de la existencia. No existen zonas vacías en la Tierra, solamente existe algo realmente determinante para lo que es la evolución, que el hombre no se da cuenta de la situación en la que se encuentra, dentro del cuarto reino, en relación con los reinos subhumanos, ni sabe qué es exactamente lo que tiene que hacer para cumplir adecuadamente con la ley.

Se contempla a sí mismo con religiosidad lo cual no hace con los demás, no cumple con las leyes, esas leyes de donación de la cual la naturaleza es exponente. Siempre está pensando en sí mismo, que lo envilece constantemente y por lo tanto, no se da cuenta de la transmutación que tiene lugar en los niveles de la naturaleza porque es incapaz de comprenderlo, no llega a este punto de unión espiritual mediante el cual él se considere un creador y no un simple espectador de la obra mágica creadora de la naturaleza.

Pregunta: Me parecería que las cosas interesantes que ha dicho no fueran solamente de relleno si no creyera verdaderamente usted en ellas. Si creyera en su realización porque creo que en los momentos en que ha de predominar esta filosofía, si se la puede llamar de este modo, budista esotérica, ha sido en momentos en que la pobreza, la miseria ha predominado, ha existido el mal de un modo más extenso porque, precisamente, en las regiones en donde ha predominado el budismo ha pasado que millones de hom­bres se mueran y se vayan reencarnando otra vez en la miseria, para nuevamente el egoísmo, el deseo del egoísmo, solamente no la vamos a superar con las buenas intenciones sino con unos condicionamientos reales que im­piden, diríamos, el desarrollo del egoísmo destructivo de la humanidad.

Respuesta: Bueno, usted sabe que dentro de la humanidad y dentro de las propias religiones existe mucho dogma, mucho falseamiento de la verdad, pero yo no he hablado, me parece, nada tocante al budismo, he hablado del plano búdico que no es lo mismo; el plano búdico es un plano en el cual se dice, para aquel que lo ha experimentado, donde se puede tener la primera noción del Nirvana al cual hacía alusión siempre el gran Gautama, Señor Buda.

El espiritismo moderno trataba, desde el tiempo de Blavatsky, de aliar la miseria del mundo, siempre con los causas que existían kármicamente en los seres, pero hoy día esta idea viene, digamos, más exquisitamente presentada en forma científica por la teoría molecular del Universo y a través de las afinidades químicas que hacen posible una relación entre grupos moleculares de distinta procedencia. Pero ninguna religión podrá salvar al hombre como compuesto químico, si no surge de sí mismo la fuerza de la que usted decía, de la intención si es correcta, ahí está el proceso. Si la intención es correcta no puede haber nunca un desequilibrio social como estamos viendo actualmente. Nada tiene que ver con la religión esto, es algo que está en el propio individuo: la intención correcta o incorrecta.

He hablado de la causa suprema del Universo, he dicho que es el Amor. Y todo el mundo que ame se dará cuenta que el amor no tiene cualidades definidas, es una expansión magnética que los hombres de la Tierra, qui­zás, todavía no conocen y que solamente exteriorizarán aquellas personas, aquellos seres humanos que se liberaron de la cadena de los tres mundos, que se liberaron del cuerpo físico, del cuerpo astral y del cuerpo men­tal, lo cual no significa que se hayan muerto sino que están por encima de sus propios vehículos y reconocen que lo único que tiene valor en e­llos es la intención correcta y, cuando hay intención correcta jamás habrá desigualdad social, habrá siempre algo que podríamos llamar, por antonomasia, un sentido de aproximación , de compartir los bienes de la Tierra, como se dice en las Naciones Unidas en ciertos apartados y que no se cumplen porque siempre existen los intereses de aquellos que más tienen contra aquellos que menos poseen, ahí está el desequilibrio, no en las religiones. Las religiones inducen siempre, seguramente, por de­rroteros digamos no científicos, místicos, pero en el fondo dogmáticos, y la mayoría cree que la religión que tiene más prosélitos es la más a­decuada y ustedes saben cuáles son las dos religiones más numerosas de las cuales sus grandes instructores no quieren saber nada actualmente, que son la religión católica y la religión budista.

¿Qué hay que buscar en el trasfondo de esto? ¿Acaso no hay intereses políticos dentro de las religiones? ¿Se dan cuenta? Esto es la que está creando la confusión y la separación entre unos y otros a través del dogma, ya sea el dogma del cielo o del infierno, o ya sea el dogma del nirvana. Sí no existe un preclaro entendimiento entre los hijos de los hombres fatalmente caerán en las redes de aquellos que se hayan escudado tras estos innobles procederes. Y la ley se cumplirá, naturalmente.

¿Por qué no tenemos, por ejemplo, unidad social en compartir los bie­nes de la Tierra? Porque una pequeñísima minoría, altamente egoísta, ya sea individualmente o como grupo nacional, ha permitido este tremendo desequilibrio y ahora vemos que siempre tenemos ante nosotros el estig­ma de una guerra, la guerra es siempre de intereses, dense cuenta seño­res. No tiene nada que ver la religión, siempre y cuando la religión no sea portavoz de elementos políticos o sociales de origen desconocido. ¿Se dan cuenta de la situación? ¿Y cómo se puede evitar? Solamente cuando estemos muy precavidos, muy atentos, muy observantes, nos damos cuenta de una situación, en cualquier momento del tiempo y en cualquier lugar del espacio. Y la solución es: Yo, no el yo egoísta y partitivo sino el Yo espiritual, que es único y singular en todos los seres. ¿Por qué en lugar de hablar de esquemas cósmicos, no se habla del individuo como el agen­te social por excelencia, como el gran creador de todas las situaciones? Porque no interesa que el hombre se descubra a sí mismo, porque en tanto el hombre no se descubra será un juguete de las fuerzas ambientales, no será Dios en sí mismo, será solamente un ente mecanizado por las distintas estructuras. Y, a menos que nos liberemos de las estructuras de la clase que sean, el Yo espiritual no podrá manifestarse, entonces no po­drá haber en manera alguna una solución al tremendo problema de la humanidad: el de la miseria, el del hambre, el de las enfermedades y el de las injusticias sociales, a lo que usted hacía referencia. Sólo en noso­tros está la ley y el orden, nosotros somos todo, el destino y el karma y hay que reconocerlo, porque los tiempos se van aproximando y aquel que no esté despierto será llevado de aquí para allá, como una hoja, sin poder reaccionar, de un lado para otro dentro del sistema social establecido.

Pregunta: Bueno, yo quería hacer una pequeña acotación. Esto ha sido muy pero muy interesante, pero no podemos vivir fuera de las estructuras, no podemos vivir fuera de la familia, no podemos vivir fuera de una serie de mecanismos que nos vayan criando, educando, ni fuera de una serie de relaciones sociales establecidas, más o menos normativamente con una afinidad relativa. Bien, ¿qué clase de sistema económico y legislativo, diríamos, podemos buscar para personas como yo? Porque verdaderamente el yo, cuál es la relación al yo, al interior del individuo, en el ser yo; pero el yo no puede realizarse solitario, tiene que realizarse a tra­vés de una relación; ¿qué clases de relaciones más o menos estables aún cuando puedan ser dinámicas, dialécticas y cambiantes con el tiempo y con la experiencia?

Respuesta: Usted tiene razón, el hombre es una entidad social y como en­tidad social, debe vivir forzosamente relacionado con los demás, con las estructuras. Pero, una cosa es vivir en una estructura y otra cosa es vivir en sí mismo dentro de la estructura. ¿Por qué hay problemas hu­manos? Porque hay un condicionamiento de las propias estructuras sociales, profesionales y humanas; familiares por ejemplo. Pero, ¿podemos vivir dentro del hogar sin renunciar por ello a nosotros mismos? Ahí es­tá la clave que nosotros cuando estamos inmersos en una estructura perdemos la noción de nosotros mismos y, por lo tanto, dejamos de pensar, de sentir y de actuar como seres creadores. Estamos viviendo de una manera tan errónea que, naturalmente, lo que surge de esos errores es el condicionamiento social. Y usted pregunta qué tipo de organización económi­ca, política, religiosa, como sea, puede depararle paz al hombre porque no podemos dejar de pertenecer a estas estructuras que llamamos, por ejemplo, ambientes sociales. Pero es como aquella persona que desde un puente ve que pasa un río por debajo, el río pasa pero él está afirmado en sí mismo, no pasa con la corriente de las cosas ni con la corriente de las investigaciones propias, ni tampoco con la corriente de las co­sas sociales que se están viviendo; es él, es simplemente él, es singu­lar y, ¿como se produce? Lo he dicho anteriormente, estando muy atentos y esto no es una disciplina. El estar atentos no es una disciplina, es un deber que tiene el ser humano de estar atento, estar atento a todo cuanto sucede. ¿Cómo va a comprender las cosas sin estar constantemente pendiente de ellas? Sin dejarse atraer, sin embargo, por ellas. ¿Cómo va a ser consciente de la otra persona si no está atento a la otra persona? ¿Y cómo se va a salvar, hablando en sentido figurado si no es mirándose siempre a sí mismo? Como el espejo del Yo inmanente, del Yo Superior que, a través de sí, debe cumplir una finalidad social. Y hemos hablado de amor, pero me parece que el amor es una mera palabra, igual que Dios, son palabras mediante las cuales tratamos de encubrir artificiosamente, nuestra condición de ser y nos equivocamos porque no podemos ocultar aquello que somos. Hemos llegado a ser hipócritas en el propio pensamiento, lo hemos deformado por la conveniencia social y hemos perdido la fragancia del pensar claro y determinante. Este pensar profundo que nace de la riqueza interior y no de los escombros que nos están cons­tantemente martirizando, hiriendo. Entonces usted pide ¿qué debemos hacer? No existe disciplina, hay que amar mucho.






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