viernes, 19 de septiembre de 2008

Concepto Estructural Atómico del Universo. (1)

Vamos a continuar insistiendo sobre la Magia Organizada del Universo, con fines de creación. En realidad todo tipo de creación, en el nivel que sea, es siempre una obra mágica que surge de centros creadores ya sean cósmicos, universales, planetarios o simplemente humanos. Sin embar­go, hay un imperativo en los momentos presentes de llevar la magia organizada a sus niveles científicos más asequibles a la humanidad. Cuando decimos por ejemplo, que el Universo está inmerso dentro de un espacio multidimensional, multimolecular, multigeométrico, es así mismo multidimensional, multimolecular y multigeométrico.

La base del Universo, la base de toda obra creadora, se halla en aquellos pequeñísimos elementos reconocidos como átomos o elementos químicos. No puede existir creación alguna, del tipo que sea y en cualquier nivel en la vida del Universo, que no sea el resultado de un trabajo de edifi­cación o de estructuración que se apoya en el diminuto átomo. Así que hoy podríamos tratar la magia a partir de los elementos atómicos, pues el á­tomo como entidad existe en todos los planos y en todos los niveles den­tro de no importa qué obra creadora.

Decir que un átomo es una entidad, en su nivel, tan completa como el hombre, puede parecer una afirmación casi descabellada desde el punto de vista científico; pero aquí estamos deduciendo verdades esotéricas que, sin embargo, se apoyan en todo cuanto ha descubierto la ciencia de nues­tros días pero que, sin embargo, profundiza en zonas de alta profundidad cósmica. La estructuración de cualquier obra en la vida de la naturaleza se apoya siempre sobre una acumulación de átomos o elementos químicos, constituyendo compuestos moleculares sea cual sea el nivel donde esta obra se manifieste.

Hay átomos físicos, físico‑etéricos, astrales, mentales y en todos los demás niveles superiores. Existe, sin embargo, una limitación científica en orden al descubrimiento de la actividad atómica en la construcción de cualquier elemento molecular y después, en la composición de cualquier obra creadora, fomentada o surgida de algún centro creador, que podemos decir que es un mago en potencia. El mago utiliza todos los elementos moleculares del espacio para formar aquellas formas que él preci­sa, alguna obra realmente creadora. Que existen niveles de estructuración, que existen niveles de magia, esto ya lo hemos dicho en repetidas ocasiones. Sabemos que dentro del infinito conglomerado atómico, dentro del cual estamos inmersos, los hay del tipo vibratorio sutil o del tipo vibratorio denso, la vacuidad, la diafanidad, la transparencia de un átomo, en relación con la densidad sombría de ciertos átomos que nos envuelven, puede establecer el límite o la barrera que separa la magia teúrgica de la magia goética, o sea de la magia blanca y de la magia negra. Pero el procedimiento que utiliza el mago para crear una obra cualquiera, ya sea goética o sea teúrgica, se basa siempre en esta atención depositada en los éteres, llevada a cabo por la intención de base, de un propósito, al cual seguirá una idea y, finalmente, se creará alrededor de esta intención‑idea una forma característica que obedece a las razones del creador o del mago; y esto puede llevarse adelante, de acuerdo con la analogía, a todos los niveles de no importa qué sistema solar, de no importa que tipo de constelación o galaxia. Todo es siempre una repetición en pequeña o a gran escala del principio de creación.

Pero, ¿qué sabemos exactamente del átomo sobre el cual se va estructurando el solemne edificio del universo? El átomo es una entidad que posee, al igual que el ser humano, un triple cuerpo de expresión. El hombre posee, hablamos del hombre actual, del hombre corriente que somos, seguramente todos y cada uno de nosotros, un cuerpo físico, un cuerpo astral y un cuerpo mental. La ciencia reconoce en el átomo y vamos a hablar del átomo de hidrógeno que es la unidad química: un protón, un neutrón y un electrón, que constituyen, por decirlo de alguna manera, y viendo la cosa desde el ángulo esotérico, un cuerpo físico, un cuerpo emocional y un cuerpo mental; el protón es la mente, el neutrón es el cuerpo emocional y el electrón es el aspecto físico, mayormente físico del átomo; entonces, si aceptamos esta verdad esotérica, siguiendo como siempre el principio de analogía tendremos que el átomo no sólo tendrá un triple cuerpo de expresión sino que también poseerá este elemento dinámico que es un propósito definido y después una conciencia, porque no pue­de haber relación en ningún nivel de la vida de la naturaleza, sin que exista conciencia.

La conciencia ya sea del átomo, ya sea del propio Dios se basa siempre en el principio de relación, relación magnética, finalmente se llega a cumplimentar el propósito definido y, a través de este propósito, se va realizando la obra, la obra de masificación del é­ter, para construir formas, que es lo que hace realmente el mago cuando esta creando. El mago realmente no hace otra cosa que seguir, por analogía, las leyes del creador, las leyes de la intención o del propósito, las leyes de la idea y, después, las leyes de la forma. Pero, si aceptamos el átomo como una entidad completa, ¿de dónde procede la vida de esta entidad?, ¿y la conciencia? ¿Procederá al igual que la conciencia del hombre de los niveles causales? Podríamos aceptar por analogía, que real­mente existe un compuesto monádico en el centro místico del átomo, que es el que trae la intención del Creador, que existe una conciencia que procede de la relación de este propósito con la materia dentro de la cual se va creando su forma y debe existir –forzosamente— un campo de actividad en sí mismo y además, a través de una serie de compuestos moleculares en el seno de cualquier forma dentro de la cual esté elaborando simplemente como un agregado de tipo físico. Ahí está entonces el dilema que se le presenta al científico moderno de indagar dentro del átomo no sólo esta ineficaz, todavía, interpretación del significado atómico y de la propia liberación de la energía. Y decir, por ejemplo, como decía no hace mucho tiempo el Maestro K.H. de que la ciencia está solamente al principio de una era de grandes revelaciones, una de las cuales es descubrir la conciencia del átomo y descubrir que esta conciencia es inteligente y que actúa inducida por móviles que la ciencia desconoce. Se habla de las afi­nidades químicas, de que existe realmente una elección atómica llevada por impulsos –dichos primarios pero que para el esoterista son universales— de acercarse a otros átomos de tipo de vibración parecida, para constituir moléculas. Y estas moléculas, siguiendo idéntico principio, se van aliando a otras moléculas de distintas procedencias para formar organismos, para formar los cuerpos, que son otras formas geométricas de que se revis­ten todas las conciencias y todas las vidas dentro y fuera del sistema solar.

El átomo que el científico reconoce como una triple entidad actuan­te o interactuante de protón, de electrón y de neutrón, no es todavía lo que debería haber descubierto la ciencia, pues si se posee clarividencia y se examina el átomo en profundidad, se verá que dentro de ca­da protón, de cada neutrón y de cada electrón existen infinidad e infinidades de corpúsculos eléctricos para verlos; que la ciencia a pesar de sus grandes descubrimientos técnicos, todavía no puede llegar a descu­brir. Si se entrase solamente en el primer nivel etérico en la vida del planeta, o sea en el cuarto éter, se verían formas y compuestos moleculares y elementos químicos, por decirlo de alguna manera, que están tan maravillosamente organizados y tan completos en su esencia y en su distribución que se precisaría ser un gran soñador o un gran romántico para aceptarlos. Pero el esoterista no es ningún romántico, ni tampoco ningún soñador, sino que es una persona que ha descubierto, en virtud de su propio desarrollo espiritual, unas capacidades de percepción que no están al alcance de todo el mundo. En virtud de esas facultades, de la clarividencia por ejemplo, se pueden detectar, primero, que el átomo primario, o el átomo que es la unidad en química o el átomo de hidrógeno, está compuesto además de dieciocho cuerpos menores que constituyen sistemas de relación tan maravillosamente organizados que nos hablan de un propio universo en miniatura y que por lo tanto cuando existe ‑como se ha producido y se viene produciendo— una liberación de la energía, solamente está poniendo en evidencia una pequeña parte de su potencial eléctrico o ígneo y, como ustedes saben, desdichadamente, la ciencia to­davía no ha logrado captar estas grandes verdades, para dominar no sólo la relación protón, electrón y neutrón, sino que no puede todavía calcu­lar la tremenda fuerza liberada de aquellos diminutos corpúsculos eléctricos, dieciocho en total, que constituyen la estructura interna o la sede de la intención de Dios en el átomo. Entonces, no es posible todavía que, la ciencia controle la energía nuclear porque se basa en principios todavía incipientes, porque no puede controlar esta fuerza tremenda, este fuego que está ardiendo en la vida del átomo, en la profundidad misteriosa de los grandes arcanos de la naturaleza.

Hay que buscar nuevos sistemas de aproximación para poder descubrir dentro del átomo, no sólo el aspecto triple, que constituye por decirlo de alguna manera, la personalidad característica del átomo, sino para penetrar en el trasfondo del átomo, esta conciencia inteligente que crea este principio de elección del átomo o de selectividad natural, o de aproximación por semejanza con los demás elementos con los cuales puede esta­blecer relaciones de afinidad. Podríamos hablar, siendo quizás un poco soñadores, que puede existir amor en el átomo, constituye el elemento de a­proximación con otros átomos de distinta calidad y de distinta proceden­cia y que esto, que todavía ignora la ciencia química, lo sabe perfectamente el clarividente iluminado una vez que ha recibido la tercera iniciación jerárquica, mediante la cual le son abiertos en Shamballa, los regis­tros akáshicos mediante los cuales se puede descubrir la esencia atómica desde el remoto momento en que se produjo la primera creación universal, lo cual no es llegar al final del libro, es solamente el final de una página del libro inmenso que contiene la sabiduría de todas las edades. Pues, si hemos dicho que el átomo constituye el elemento de base para la estructuración de toda posible forma universal o planetaria, debemos conocer también lo que hemos dicho tantas veces con respecto al espacio, parque el espacio contiene en potencia la esencia de todos los átomos que pue­den llegar a constituir aspectos moleculares en la confección de cual­quier tipo de universo.

Si el espacio es multidimensional, nos da idea de que la creación, debe partir de un centro creador que pulsando con maestría los éteres que constituyen el espacio como entidad, atrae por simpatía vibratoria –al igual que lo hace el átomo— aquellas condiciones físicas, astrales y mentales, o de todos los planos, o todas las dimensiones que precise, a­quel Logos que quiera manifestarse.

Pero, ¿qué sucede cuando hablamos de dimensiones como extensiones den­tro del espacio? Si es que podemos utilizar esta locución, nos daremos cuenta de que si el espacio es multidimensional no puede contener únicamente a las siete dimensiones que corresponden a nuestra universo físico, que tendrá todas las dimensiones posibles y que de acuerdo con la potencia creadora de cualquier lagos superior, aquellas dimensiones séptuples que corresponden a nuestro universo, pueden ser sumadas a otras tantas dimensiones constituyendo universos, galaxias y sistemas de galaxias para cuya medición, nosotros, como seres humanos, carecemos de medidas. Y esto, si se analiza desde un ángulo de vista científico, pero utilizando la clave de la analogía, veremos que es así y que lo que caracteriza a los Logos, es primero, la calidad espiritual de es­tos Logos y por ende Ia cantidad de dimensiones del espacio que es capaz de atraer a sí, para constituir –mediante su propia voluntad, su propio amor o tendencia incluyente y su inteligencia creadora— aquellos compuestos moleculares que constituirán la base de su universo o de su sistema de universos. Pues, ¿qué hace realmente un Logos cuando enfrenta la tarea de estructurar su universo? Ante todo elige un lugar en el espacio, entonces en este lugar del espacio deposita su intención profunda, automáticamente emite una vibración, una palabra, una orden, un sonido, y al conjuro de este mántram inmenso, surge del seno profundo del espacio, miríadas de pequeñas vidas adaptando formas incomprensibles quizás para noso­tros, que a la voz del Mago supremo se arremolinan a su alrededor y van creando progresivamente, aquello que será su estructura universal.

Cada Logos emite varios tipos de vibraciones, surgiendo de una palabra o mántram de tipo esencial que constituye la llave maestra de todo el significado que tendrá su universo, pero de acuerdo con cada una de las cualidades que tenga desarrolladas el Logos, así serán los planos y las dimensiones. Lo cual quiere significar que si a nuestro Logos le corres­ponden, por ejemplo, siete cualidades puede que a otros Logos en su revelación ante el Cosmos, ante el espacio abierto, corresponden otros tantos o múltiples cualidades que posee desarrolladas y que, por lo tanto, el universo está estrecha y coherentemente unido en virtud de las cualidades que desarrollan los Logos creadores, no importa cuál sea su propia evolución, no importa cuál sea su estado evolutivo, para crear a su alrededor aquello que constituirá su morada para habitar durante todo un mahamanvántara que constituye el proceso de su propia evolución cósmica.

Entonces, cuando surge el átomo, en virtud del llamamiento del Mago, se produce en el espacio un desequilibrio, mediante el cual, se establecen las leyes de la polaridad magnética, se crean dos tipos de vibración de la palabra o sonido y el de la respuesta del espacio, que dependerá de la calidad de este sonido, y en virtud de esta dualidad que podríamos de acuerdo con la analogía, definir como de espíritu‑materia, se abre el campo de la evolución y en el contacto de los compuestos moleculares entre sí constituye un tipo de conciencia definido para cada plano, para cada esfera, para cada cualidad logoica. Entonces, ¿podríamos ya esclarecer algo más el trabajo del mago, cuando hablamos de su imperio sobre los devas que constituyen el espacio y son la fuerza cohe­rente del espacio? En este espacio vital donde aparentemente no hay nada pero donde están vibrando todas las dimensiones, no sólo las que corresponden al sistema planetario sino a todas las dimensiones del espacio, por ley de simpatía cósmica, la voluntad del Logos es una cualidad, el amor del Logos es una cualidad, igual que la inteligencia, el equilibrio, la armonía, la inteligencia concreta, que el arte, que la belleza y que la propia magia, constituyen cualidades de la propia diversidad, que para manifestarse precisan del concurso de los átomos que constituyen la estructura esencial de cada plano.

El plano físico, como sabemos, es el resultado de una acumulación de átomos de hidrógeno para constituir la tabla periódica de los elementos químicos. Y no conocemos todavía, como decíamos al principio, lo que es el átomo de hidrógeno, pero después del átomo de hidrógeno existe una evolución atómica, una evolución monádica podríamos decir, dentro del átomo, constituyendo una corriente de vida completamente desconocida todavía, tan completa y tan necesaria, como son las corrientes de vida de la humanidad, o del cuarto reino, o aquella que creó el reino de los ángeles. No se ha llegado todavía al fin de la investigación, pues si nuestro universo es septenario habrá que colegir, habrá que imaginar, que existen otras corrientes de vida dentro del propio planeta para no ir más lejos, totalmente desconocidas para nosotros y que constituyen precisamente el principio de investigación de los discípulos de la Jerarquía.

Pues, ¿qué creen que es estar en un ashram de la Jerarquía, es solamente para adquirir poderes psíquicos o para ostentar un distintivo "Yo soy un discípulo del Maestro”? ¡Es algo más! Es la necesidad que me­diante el estudio y la investigación constante se llegue a comprender, determinar y clasificar todas aquellas otras energías, constituyendo agregados atómicos, que se mueven en todos las niveles del universo.

Cuando se llega a cierto punto, aquellos poderes psíquicos que le han sido ocultos, no negados, reaparecen en el mago y es cuando com­prende la esencia, lo que es la vida del átomo, lo que es el átomo en sí, cuando puede gobernar el átomo. No lo que hace la ciencia que ha logrado liberar la energía del triple cuerpo, a través del núcleo vital del protón. Pero, ¿qué sabe en conciencia? Se dice que ha habido una liberación atómica en el momento en que se produce una explosión nuclear, pero, ¿es así realmente? ¿Se ha liberado el átomo? ¿O se le ha encadenado –hablando en términos de energía— a otras regiones del espacio donde continuará su acercamiento a las causas productoras? Ahí está el karma de la humanidad, el karma de los científicos, el karma de los políticos y el karma de los economistas; porque lo que se intenta con el átomo es querer dominarlo para satisfacción egoísta de las propias naciones. Y tendrá que esforzarse mucho el ser humano trabajando en este campo, para poder salir triunfante de esta prueba inmensa que tiene que vencer su propio egoísmo y penetrar, espiritual­mente hablando, en el corazón mismo, en la esencia misma del átomo pa­ra ver qué es lo que hay que liberar, si la personalidad –que se ha logrado— o aquello que constituye la esencia del átomo. Liberemos la intención del átomo, pero antes tenemos que libe­rar la intención humana, porque el átomo es un servidor del ser humano, es un amigo, si se convierte en enemigo es porque existe egoísmo en el corazón del hombre, no por su propia característica, pues constituye al igual que los ángeles, una corriente de vida a nuestro favor si logramos realmente no obligarle ni gobernarle, sino comprenderle y facilitar su liberación natural, no para crear armas, no para evitar que una parte considerable de la humanidad pueda llegar a tener oportunidades sociales.

Esotéricamente y hablando siempre en términos del discipulado moderno, habrá que insistir, a través de la analogía, en este hecho aparentemente sin importancia, que es la liberación atómica en virtud del amor de los seres humanos y no en virtud del antagonismo entre los seres humanos. Si se trabaja el átomo con amor se descubrirá el secreto que permitirá al científico un control natural sobre la energía expansiva del átomo, porque el átomo se liberará, no colisionará con otros átomos que es lo que sucede actualmente con la explosión en cadena y ustedes lo saben.

Como estamos ya entrando en una era donde el espacio tendrá más importancia que el tiempo, es hora de que vivamos apercibidos porque dentro del espacio existen maravillosas combinaciones atómicas mediante las cuales, el Manú de la raza construirá los nuevos cuerpos. No hay que esperar llegar a la séptima subraza de la séptima raza para tener un vislumbre de lo que será aquel cuerpo humano al final de un manvántara planetario.

Hay que vivir en el presente, en estos momentos tenemos la posibili­dad. Las eras no vienen marcadas por las estrellas sino por la conducta de los hombres, por su inteligencia, por su amor y por su dedicación y servicio a la humanidad. La estructura molecular de cualquier tipo de universo sólo indica actualmente que se trata de un efecto kármico, por lo tanto si el karma todavía está latiendo en toda la estructuración de no importa qué tipo de creación, surgiendo de un mago, sea cualquiera que sea este mago, es que realmente estamos viviendo una era de aproximaciones. Siendo así hay que tratar de sacarle el fruto, un fruto positivo, de igual manera que a través del tiempo hemos dominado una fuerza ígnea en la vida de la naturaleza que llamamos electricidad, una electricidad que solamente es un primer peldaño dentro del gran edificio de o­portunidades que tendrá el hombre de los siglos venideros, pero que podría estar al alcance del hombre actual con sólo vivir atentamente la influencia positiva de las estrellas y no sus nefastas influencias, pues todas las estrellas, todas las constelaciones y todos las galaxias han sido edificadas siempre sobre estructuras atómicas y estas estructuras atómicas tienen como finalidad revelar el grado de evolución de cualquier tipo de Logos o centro creador. Y esto no es solamente una respuesta a la gran pregunta da toda la vida de: ¿quiénes somos nosotros, de dónde venimos y adónde nos dirigimos?, sino que constituye por primera vez en la historia planetaria un contacto establecido, en su conjunto, de la humanidad con las fuerzas cósmicas, habitantes del propio espacio que están intentando que las humanidades de todos los planetas y de todos los sis­temas sean tan puros y tan responsables que hagan posible que llegue a las humanidades un principio de energía mediante la cual se acabe el problema kármico de la humanidad. Se han hecho muchos trabajos en este aspecto, el principio ha sido, como sabemos, el descubrimiento de las leyes de la relatividad que, desde el punto de vista esotérico, es solamente un principio y no totalmente completo, porque el universo no es solamente masa y energía, sino que es amor e inteligencia y aquí no ha llegado todavía ninguna fórmula científica que pueda descubrir las profundidades donde se agita esta potencia innata que existe dentro de todos y cada uno de los compuestos moleculares en ciernes, o en suspensión, que constituyen el espacio dentro del cual y en forma de universo, vivimos, nos movemos y tenemos el ser.



Preguntas y respuestas.

Para saber más sobre Vicente Beltrán Anglada ver también:

Para saber más sobre Magia Organizada Planetaria ver también:

Magia Organizada Planetaria:
El Fracaso de Nuestra Era Técnica.






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