miércoles, 24 de septiembre de 2008

Etapas en el desarrollo de la consciencia.

UN ENFOQUE DESDE LA PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL

Este artículo es fundamentalmente un resumen de los planteamientos de Ken Wilber sobre la evolución de la consciencia humana como los presenta en sus libros "Breve Historia de todas las cosas" y "Diario". En lo relacionado con la prueba científica de las etapas de desarrollo llamadas místicas, me basé en el libro, también de Wilber, "La conciencia sin fronteras", y en la introducción al libro, editado por él, "Cuestiones Cuánticas: Escritos místicos de los físicos más famosos del mundo".
También transcribo en este artículo parte de las ideas relacionadas con la evolución de la consciencia de Piaget y Kohlberg, según son presentados en los siguientes libros: Juan Delval y Ileana Enesco : "Moral, desarrollo y educación" y Ed Labinowicz, : "Introducción a Piaget - Pensamiento, Aprendizaje, enseñanza".
El enfoque de los cuatro cuadrantes aparece en el libro "Breve Historia de Todas las Cosas", de Ken Wilber, ya mencionado. Lo relacionado con el pensamiento complejo está fundamentado principalmente en la obra de Edgar Morín "Introducción al pensamiento complejo".



Una teoría del desarrollo humano debe buscar dar contestación a la difícil pregunta de cual es el potencial del hombre. La respuesta final está aún lejos de ser encontrada, pero una aproximación a las etapas del desarrollo humano basada en la evolución del propio sentido de identidad, puede ayudarnos en su obtención. Estas etapas corresponden, parcialmente, a experiencias que todos los humanos hemos vivido, cuidadosamente estudiadas entre los autores contemporáneos más conocidos, por Jean Piaget y Lawrence Kohlberg.

Modernamente Ken Wilber, un intelectual norteamericano profundamente preocupado por el conocimiento integral del ser humano, convertido en uno de los principales teórico-prácticos de la consciencia, ha contribuido en alto grado al entendimiento de los llamados estados alterados de consciencia que en su visión, coincidente con la del Budismo y otras perspectivas espirituales de oriente, corresponden a fases normales de la evolución de la consciencia humana a la que todos los hombres en algún momento de nuestro desarrollo llegaremos. Wilber une a su claridad mental, la faceta experimental de la que ha dejado testimonio en algunos de los libros de su abundante obra.

Convoco a los lectores de este trabajo de síntesis, a abrir la mente a todo que en él les parezca extraño y en particular a someterse a la práctica sistemática de la llamada meditación de vacío, en cualquiera de su modalidad, ZaZen, Meditación Trascendental, Meditación Vipassana, si desean validar con su propia experiencia lo que en algunas partes de este trabajo se plantea.

CRITERIOS PARA INTERPRETAR LAS ETAPAS DE DESARROLLO DE LA CONSCIENCIA

1- Las nueve fases del desarrollo de la consciencia que se detallan más adelante, se podrían ver como ubicadas en un continuo que comienza con la subconsciencia, pasa por la autoconsciencia y termina con la supraconsciencia.

2- La sociedad tiene un grado de consciencia determinado por el nivel promedio de consciencia de sus integrantes. El centro de gravedad cultural actúa sobre cada uno de los miembros de la sociedad tratando de subir a los que están por debajo de él y bajar los que están por encima. Es necesario vencer la atracción que impide el ascenso. En todo caso, arriba o abajo del promedio se será un marginado.

3 -Los modelos evolutivos no son lineales. Los niveles superiores trascienden e incluyen a sus predecesores. Los niveles de consciencia se pueden representar como una serie de círculos concéntricos.

4- En cada estadio se tiene una visión distinta sobre uno mismo y su relación con el entorno. En cada uno se produce una sensación diferente de identidad, de necesidades del yo y un distinto pensamiento y conducta moral. Se efectúa un cambio de paradigma desapareciendo el anterior completamente de la conciencia. A través del nuevo se reinterpretan todos los acontecimientos existenciales reescribiendo la historia desde la perspectiva del paradigma nuevo y superior. Se tiende entonces a creer que se trata de la misma visión que se ha tenido siempre, lo cual no es cierto.

5- Los procesos de avance se dan en la siguiente secuencia:

* Identificación o fusión con una determinada fase. (Uno se halla atrapado en todo aquello que no ha trascendido y en ese sentido fusión es cautiverio.)

* Diferenciación. trascendencia o desidentificación con la misma.

* Inclusión o inmersión en una nueva fase, integrando a la misma las etapas anteriores.

6- Si algo funciona mal en cualquiera de los estadios del proceso de desarrollo evolutivo, ciertos aspectos del yo pueden verse dañados o rechazados. Entre más bajo el escalón en donde se originó la patología más grave el daño, pues se tiende a continuar con la visión del mundo en el que tuvo lugar el trauma. Algunos aspectos de la personalidad pueden en consecuencia no evolucionar, quedar atrapados.

7- Ninguna persona se encuentra ubicado en un solo estadio. Es probable que se esté en un cincuenta por ciento en la fase principal, un veinticinco por cierto en la fase inferior y un veinticinco por ciento en la superior. La representación gráfica más pertinente a esta realidad sería la de una burbuja. Hay períodos de desarrollo continuo que se sobreponen. Pueden existir regresiones y saltos temporales hacia delante. La rapidez por la que se pasa por cada etapa cambia de persona a persona.

8- Se puede tener una experiencia espiritual cumbre casi en cualquiera de los estadios del propio desarrollo, mas no es posible saltarse etapas. El yo debe todavía crecer y desarrollarse lo suficiente como para poder asentarse permanentemente en esa dimensión superior más profunda. La evolución obedece leyes de desarrollo sucesivo. Una mayor velocidad de crecimiento no elimina la existencia de una secuencia de pasos o la necesidad de volver atrás para asegurarse que lo que no se haya procesado bien se integre a la nueva condición. Una cosa es vislumbrar una fase superior y otra, completamente diferente, establecerse en ella. No hay cambios que aparezcan de la noche a la mañana. Es posible, por lo tanto, acelerar el proceso evolutivo, pero no hay modo alguno de eludirlo.

9- A lo largo de todo el proceso de desarrollo se puede advertir una continua disminución del egocentrismo. La evolución del ser humano apunta hacia una permanente disminución del egoísmo. A menor evolución mayor narcisismo.

Teniendo claro lo anterior iniciemos el recorrido por las diversas etapas de la consciencia humana.


ETAPA1: INDIFERENCIACIÓN PREPERSONAL

Etapa posterior al nacimiento caracterizada por el narcisismo primario. Se le denomina también estadio oceánico, pues el yo y el mundo físico se hallan fundidos. Para el niño la cuna y sus manos son lo mismo.

Alrededor de los cuatro meses el niño comienza a diferenciar entre las sensaciones físicas de su cuerpo y las del entorno; ejemplo: muerde una sábana y no le duele, pero se muerde el pulgar y si le duele.

Las patologías que se originan en este nivel son tan severas que pueden requerir el concurso de un psiquiatra y las correspondientes prescripciones farmacológicas.


ETAPA 2: IDENTIFICACIÓN CON EL CUERPO Y SUS EMOCIONES

Es un estado egocéntrico y narcisista. Se ve el mundo como una extensión de sí mismo. Lo que el niño siente es lo que el mundo siente, lo que él ve es lo que el mundo ve; por ello cuando juega al escondite se cubre los ojos creyendo que si él no ve a los demás, los demás tampoco lo ven a él. El yo carece de fronteras emocionales. Uno es el cuerpo y sus emociones, lo que siente.

La diferenciación empieza a ocurrir entre los quince y los veinticuatro meses, se tropieza entonces con lo que Ken Wilber denomina “el terrible dos”, la identidad separada.

Las etapas 1 y 2 corresponden aproximadamente a la llamada etapa sensomotriz por Piaget. El niño no es capaz de representaciones internas (lo que usualmente consideramos como pensamiento), pero en la última parte de la etapa 2 se refleja una especie de lógica de las acciones. Como el niño no ha desarrollado el lenguaje este brote de inteligencia es preverbal.

Las patologías de este nivel constituyen el dominio de terapeutas especializados en las técnicas de reconstrucción de estructuras.

Basándose en los patrones que había observado repetidamente en diferentes situaciones. Piaget clasificó los niveles del pensamiento infantil en cuatro períodos principales:

PERIODOS

EDADES

CARACTERÍSTICAS

Periodos

Preoperatorios,

Prelógicos

Sensomotriz

Del nacimiento hasta los dos años

Coordinación de movimientos, pre-representacional y –preverbal.

Pre

operacional

De 2 a 7 años

Habilidad para representarse la acción mediante el pensamiento y el lenguaje; prelógico.

Periodos avanzados,

Pensamiento lógico

Operaciones

Concretas

De 7 a 11 años

Pensamiento lógico, pero limitado a la realidad física

Operaciones

Formales

De 11 a 15 años

Pensamiento lógico, abstracto e ilimitado.



ETAPA 3: IDENTIFICACIÓN CON LOS PROCESOS MENTALES

Las imágenes comienzan a aparecer alrededor de los siete meses. Los símbolos entre los dos y los cuatro años. Estos dos sistemas de representación de la realidad gobiernan la consciencia aproximadamente hasta los siete años. A partir de allí empiezan a emerger los conceptos en el lenguaje.

La mente compuesta por imágenes, símbolos y conceptos la denomina Piaget, estadio preoperacional. El pensamiento infantil ya no está sujeto a acciones externas y se interioriza. Las representaciones internas proporcionan el vehículo de más movilidad para la creciente inteligencia del niño. Existe un rápido desarrollo del lenguaje hablado. A pesar de tremendos adelantos en el funcionamiento simbólico, la habilidad infantil para pensar lógicamente es limitada. En esta fase uno es el pensamiento.

Las fases dos y tres corresponden a la moral preconvencional de Kohlberg. Este nivel representa la forma más primitiva de razonamiento moral. Es una moral heterónoma, pues se basa en rasgos externos a la propia conciencia orientada a satisfacer los propios deseos o constreñida a la obediencia y preocupada por el castigo. Se denomina preconvencional porque en realidad el individuo no comprende el significado y función de las normas y lo que prima en él es satisfacer sus propias necesidades o intereses, cumpliendo en lo posible todas las reglas que estén respaldadas por sanciones para evitar ser castigado.

La represión constituye la patología más típica de esta fase.


ETAPA 4: IDENTIFICACIÓN CON EL PENSAMIENTO GRUPAL

Se le puede también denominar etapa sociocétrica o etnocéntrica. Aparece a los seis o siete años de edad y llega hasta los once o catorce. En este estadio la identidad la define el rol social; por ejemplo: soy blanco, católico o judío o soy un padre, una madre, una esposa; soy administrador, psicólogo, abogado, me interesan tales cosas etc.

Hay en esta etapa capacidad para aprender y acatar reglas mentales complejas y asumir roles y lo que es crucial, ponerse en el lugar de los demás.

Hasta la fase anterior la percepción del mundo es egocéntrica, a partir de esta etapa hay una expansión de la conciencia que deriva hacia la consideración y el respeto hacia el grupo; no va sin embargo más allá de él. El niño comienza a darse cuenta que su visión no es la única que existe en el mundo, que no es solo un cuerpo sujeto a impulsos y deseos sino también un yo social que convive con otros yo sociales y que debe adaptarse a los roles socio culturales. En esa etapa el niño se vuelve más sociocéntrico, cada vez más consciente de la opinión de otros; sin embargo, el pensamiento infantil está limitado a cosas concretas en lugar de ideas. En esta fase uno es un miembro de grupo.

Esta fase coincide aproximadamente con lo que Piaget denomina estadio operacional concreto.

Corresponde en las etapas de desarrollo moral de Kohlberg a la moral convencional, frecuentemente muy conformista, que incluye la aprobación de los demás y el acatamiento a la ley y el orden. En este nivel el individuo entiende ya que una de las funciones de las normas y leyes sociales es proteger a la sociedad en su conjunto, salvaguardar el bien de todos. Por eso, lo típico de esta fase es la preocupación por respetar la ley adoptando una perspectiva de miembro de la sociedad, más allá de los individuos concretos y de los intereses particulares. Para el individuo de orientación convencional, ir contra la ley, significa poner en peligro el orden social. Hay también una intensa preocupación por obtener el respeto de las otras personas y, por tanto, por vivir de acuerdo con lo que los demás esperan de uno. Estas expectativas de los otros se identifican con las del “buen ciudadano”. La perspectiva convencional obliga a los individuos a cumplir sus “contratos” con la sociedad, esto es, todos los que derivan de su papel de ciudadano, de profesional, de esposo, de padre etcétera.

Cuando se comienza a pensar en forma diferente también se inicia un proceso de sentir diferente En esta etapa los problemas psicológicos derivan de creencias erróneas, las denominadas patologías de guión. Las terapias cognitivas de tipo interpretativo son las más eficaces para esta fase.


ETAPA 5: IDENTIFICACIÓN CON EL PROPIO PENSAMIENTO

En esta etapa empieza a emerger una perspectiva global. , que pertenece a lo colectivo del género humano, trascendiendo lo sociocéntrico. Se da entre los once y los quince años. En esta fase uno se define como un individuo con su particular manera de pensar y de sentir.

La fase anterior permite operar sobre el mundo concreto, ésta permite hacerlo sobre el pensamiento. Ya no se trata, por lo tanto, de pensar sobre las cosas del mundo, sino sobre el pensamiento mismo, posibilitando entre otras cosas la instrospección. Es la edad de la razón. El hecho de poder pensar sobre el pensamiento permite juzgar las normas. Se quiere saber qué es lo correcto, pero no solo para la familia, el propio pueblo, la propia etnia, sino para todo el mundo.

En Piaget esta fase corresponde aproximadamente al llamado período de operaciones formales, en la que se da un pensamiento lógico e ilimitado. Este nivel puede ser alcanzado sin una escolaridad muy avanzada. Se caracteriza por la habilidad para pensar más allá de la realidad concreta. En la etapa de pensamiento formal se tiene la capacidad de entender y apreciar, a nivel lógico, enunciados verbales y abstracciones simbólicas, en vez de objetos concretos únicamente.

En el desarrollo moral podría corresponder al primer estadio de lo que Kohlberg denomina etapa posconvencional. En este nivel el individuo puede o no aceptar el orden social establecido. Ello depende de que la normatividad social no viole principios morales que están por encima de ella. Por lo tanto, reconoce la necesidad de asumir responsablemente las reglas o normas que se derivan del contrato social siempre que éstas salvaguarden principios de justicia y otros derechos básicos de las personas como la vida, la libertad, la dignidad etcétera. En otras palabras, para el individuo posconvencional justicia y legalidad son aspectos de la realidad social que se pueden y se deben diferenciar y, en todo caso, ha de ser la justicia la que enmarque la legalidad, nunca a la inversa.

La patología más frecuente de este período es la crisis de identidad y su solución el uso de terapias introspectivas.


ETAPA 6: IDENTIFICACIÓN CON EL “YO”
Ken Wilber denomina al yo de esta etapa “Yo centaurico”.

Es el estadio más elevado reconocido por los investigadores más conocidos. El “yo observador”, el testigo, ha estado presente en cualesquiera de los estados anteriores de desarrollo, pero va haciéndose cada vez más evidente a medida que avanza la propia evolución. En la medida que prosigue el proceso, la consciencia va desplegando una mayor capacidad en extensión y profundidad, de observar sus procesos. Se llega así a una consciencia globalizadora e integradora en la que la persona no se identifica con sus pensamientos y sus emociones sino con el “yo” que los hace posible. La mente y el cuerpo, en consecuencia, se convierten en experiencias de un yo integrado en el que éste se experimenta como centro de consciencia capaz de pensar y sentir.

En este estadio la consciencia al comenzar a desidentificarse de la mente puede contemplarla y experimentarla hasta cierto punto como algo externo a ella. El yo se ve a sí mismo como el “programador” y a los contenidos de la mente como el “programa”. En esta etapa, por tanto, el yo se ha despojado de su identificación con el cuerpo y con la mente, los ha trascendido y los ha incorporado a su propia sensación de identidad en una experiencia de consciencia unificada emergiendo como un yo observador; es por ello que puede atestiguarlos. En esta fase se puede decir “yo soy yo”. Ken Wilber la denomina “etapa centaurica”

En las Etapas de Desarrollo Moral de Kohlberg en esta fase aparece la necesidad de desarrollar principios universales que guíen la consciencia moral equivaliendo aproximadamente al segundo estadio de la etapa posconvencional.

Según los resultados de Kohlberg, debemos concluir que la verdadera autonomía del pensamiento moral propia de esta fase, sólo la alcanzan unos pocos adultos. Kohlberg estudiando a niños, jóvenes y adultos de hasta casi cuarenta años, no encontró a ningún individuo que pudiera clasificarse como posconvencional –es decir, propiamente autónomo– antes de los veintiséis años. Por otra parte, Kohlberg admite que es más difícil alcanzar los niveles superiores de razonamiento moral que los del razonamiento lógico, entre otras cosas porque el desarrollo intelectual es una condición necesaria pero no suficiente del desarrollo moral.

Este nivel es el que, en mi opinión, más se encuentra relacionado con el nivel deseado de consciencia de la humanidad.

La preocupación por la búsqueda de sentido es el rasgo central característico de las patologías correspondientes a esta etapa, y la terapia más recomendable la existencial, ¿Quién soy yo y que hago aquí? es decir, la búsqueda del sentido de la propia vida.


ETAPA 7: IDENTIFICACIÓN CON LA NATURALEZA

A partir de esta fase se entra en las llamadas etapas místicas. En ellas se aumenta la probabilidad de ocurrencia de fenómenos considerados paranormales. Son muchas las personas que pueden entrar con cierta facilidad en estas etapas, pero vivir permanente en ella es algo completamente diferente. Abraham Maslow, uno de los psicólogos humanistas más conocidos en el campo de la administración, consideró un nivel superior a la motivación de autorrealización que denomino necesidad de fusión, correspondientes a estas fases. Es debido a este aporte temprano de Maslow por el que probablemente se le considera como uno de los precursores de la actual Psicología Transpersonal.

En la fase siete, conocida también como etapa de misticismo natural, se da una identificación con el mundo ordinario. No hay separación entre sujeto y objeto; entre uno y el mundo natural que se halla fuera, sin que ello implique la pérdida de la propia identidad separada. Dentro y fueran pierden todo significado. Se logra permanecer sereno en esta consciencia observadora contemplando en su unidad la mente y el cuerpo con todo lo que contiene el universo.

Es posible que esta etapa admita estadios; por ejemplo:
identidad con la naturaleza y posteriormente identidad con todos los seres humanos,
incorporando a ésta la identidad anterior.
Las visiones planetarias y cósmicas, podrían ser también
algunas variantes de los estados de conciencia de esta etapa.


No es solo que uno forme parte de la naturaleza sino que la naturaleza forma parte de uno, que literalmente se halla en nuestro interior, no una fibra de la red sino la totalidad de la red, se es uno con la naturaleza.

Emerge en ella el sentimiento de fraternidad universal en el que consideramos todo territorio como nuestra patria y todo hombre como nuestro hermano, nacido de la consciencia de unidad con todo lo que es. Igualmente la sensación de que todo anda bien, ya que todos los seres del universo están en el proceso evolutivo que les corresponde; se relativizan así las concepciones relacionadas con el bien y el mal. No se trata de un estado psicótico de adualismo porque se percibe con nitidez donde termina el cuerpo y comienza el entorno.


ETAPA 8: IDENTIFICACIÓN CON “DIOS”
Incorpora lo que K. Wilber denomina misticismo informe en el que todos los objetos,
incluido Dios como forma percibida, se desvanece.
El misticismo teísta, según él previo al misticismo informe,
desaparece para dejar paso a este último.
Lo anterior en mi opinión, implica una reconceptualización del significado de Dios,
asociándolo más con el vacío del que todo emana,
que con una visión antropomorfa de Él.


Corresponde a una especie de misticismo teísta. Implica la unión profunda con el sustrato de la naturaleza. Es una visión trascendente en la que la identidad se experimenta con el Dios que creamos está tras de toda la manifestación, cualquiera sea la forma en la que se le conciba; o con el vacío cuántico de donde según la Física contemporánea, todo emana.

Esta unión no se experimenta como una mera ausencia de todo, sino que por el contrario se experimenta como la plenitud más completa, un estado trascendente del ser, una plenitud. La sensación es de liberación, de no estar atado a ninguno de los objetos que desfilan frente al yo, de no estar identificado con ellos. Es en ese momento que adquiere sentido vivencial la suprema verdad de la identidad del yo con Todo lo que Es, expresada en la forma sagrada tan profunda y poco entendida en occidente, que dice “Aquiétate... y sabe: Yo soy Dios.”

El Testigo, propio de las dos primeras etapas místicas, es un estado de consciencia en la que todos los sujetos y los objetos individuales aparecen, permanecen un tiempo y terminan desvaneciéndose. Todo lo que es desfila ante el Testigo sin perturbar su serenidad. No se pierde, por lo tanto, la sensación de separatividad, aunque se tiene consciencia de la unidad que subyace tras de todas las formas.


ETAPA 9: INDIFERENCIACIÓN TRANSPERSONAL
Hay aquí una pérdida de la identidad separada
pero lejos de equivaler a una ausencia de cosciencia, como en la fase prepersonal,
se obtiene lo más cercano que podemos experimentar a la plena consciencia.
En ese sentido está más allá de la “persona”, la identidad separada,
de allí la denominación de traspersonal.
Equivale a una especie de “nirvana” en término de consciencia de unidad,
aunque no de acceso a características asociadas con Dios,
como el conocimiento y el poder universal. Se pierde al retomar la consciencia de separación.


Corresponde a lo que podría llamarse misticismo no dual. Se desvanece la sensación de ser el Testigo, la separación entre el observador y lo observado, representando un avance en relación con las etapas místicas anteriores. No se contempla la montaña como parte de uno, se es la montaña. Uno sigue siendo uno y la montaña sigue siendo la montaña, pero uno y la montaña son dos facetas de la misma experiencia, la única realidad presente en ese momento. Uno no pisa la tierra sino que es la tierra; uno no escucha la lluvia sino que es la lluvia. No se tiene una experiencia sino que uno se convierte en la experiencia nuestro yo más profundo se funde con todo lo que ocurre instante tras instante y se convierte en la resplandeciente totalidad del Universo.

Esta etapa es la liberación última de todo, una libertad que no se halla en las confusiones de la mente ni en los deseos del corazón, los miedos o las expectativas; simplemente YO SOY.


ACERCA DE LA VALIDEZ CIENTÍFICA DE LOS NIVELES DE CONSCIENCIA MÍSTICA.

Los estado de consciencia mística corresponden a experiencias ampliamente reportadas en todas las religiones y en relatos de personas que han podido penetrar temporalmente en ellos, habiendo sufrido a raíz de su experiencia una transformación radical en sus vidas.

En el Budismo la búsqueda de estos estados de conciencia corresponde a la esencia misma de su práctica espiritual. Hoy en día uno de los objetivos más preciados en la llamada Psicología Transpersonal es determinar lo que ellos son y como pueden ser alcanzados.

Las prácticas relacionadas con la obtención de la consciencia mística, como se intentará demostrar más adelante, pueden ser denominadas científicas en el sentido ortodoxo del término, pues se relacionan con un recorrido experimental a través de la propia consciencia siendo los resultados alcanzados validados por personas, que habiéndose sometido a la misma experiencia de los practicantes, examinan en función de sus propios hallazgos, los resultados obtenidos.

El Budismo en sus diversas corrientes ha sostenido desde sus inicios (563 a 480 a. c. aproximadamente) la posibilidad de acceder a estos estados de consciencia a través de la disciplina rigurosa de la llamada meditación de vacío, en la que mediante diversas técnicas de control del pensamiento es posible adquirir consciencia del yo y de la identidad de éste con lo que aparentemente está por fuera de él, porque presumiblemente forma parte de él.

William James, el padre de los sicólogos norteamericanos, insistió una y otra vez en que, nuestra conciencia normal de vigilia no es más que un tipo especial de conciencia y que por fuera de ella hay un mundo de conciencia, vasto e inexplorado, pero intensamente real.

Se cometería un grave error si se llegara a la conclusión de que las experiencias de consciencia mística son alucinaciones, ya que en su manifestación nada hay de la angustia de las visiones sicóticas.

El aspecto más fascinante de las vivencias de iluminación, propias de los estadios de consciencia mística, es que el individuo llega a sentir, mas allá de cualquier duda, que fundamentalmente es uno con todo el universo. Su sentimiento de identidad se expande mucho más allá de los estrechos confines de su mente y su cuerpo, hasta abarcar la totalidad del cosmos. El musulmán llama a esta forma de percepción “Identidad Suprema”, porque es una unión con el Todo. En general, nos referimos a ella valiéndonos de la expresión “conciencia de la unidad” o “consciencia cósmica”, una integración del yo con la totalidad del universo.

Abundan las pruebas de que este tipo de experiencia o conocimiento es el núcleo central de toda religión importante.

Esta modalidad de la percepción, esta unidad de la conciencia o identidad suprema, sostiene Ken Wilber, constituye la naturaleza y condición de todos los seres sensibles. De ser esto cierto, una asombrosa aventura nos espera a todos los seres humanos en el camino del desarrollo de nuestro propio potencial.

¿Hasta que punto estas experiencias, basadas no en creencias o deseos sino en una vivencia directa validada por otros que la han vivido y cuya evidencia es muy difícil de negar, pueden considerarse científicas?

Examinemos el significado de la palabra "ciencia". Si definimos a la ciencia simplemente como "conocimiento", las llamadas técnicas de meditación son entonces una forma de ciencia. Por el contrario, si la definimos como "conocimiento empírico-sensorial validado instrumentalmente", deja de ser científica cualquier forma de experiencia de alteración de la consciencia que podamos vivir. Quedan entonces dos salidas; a saber: Considerar los niveles místicos que hemos presentado como una forma de fe, de valores o creencias personales perfectamente válidos, ajenos a toda crítica científica, o considerarlos como no científicos en el sentido peyorativo del término.

Ahora bien, toda esta confusión, como puede observarse, descansa en gran medida en la forma como definamos a la ciencia. Para hacerlo debemos distinguir, sugiere Wilber, entre el método y el campo de la ciencia. El método científico se refiere a las formas o medios de que se vale la ciencia, sea cual sea el modo cómo entendamos ésta, para reunir hechos, datos o información, y para poder afirmar o refutar una serie de afirmaciones, confrontándolas con esos datos. En otras palabras, el método se refiere al modo como se las arregla la ciencia para reunir conocimiento. Por el contrario, el campo científico se refiere a los tipos de hechos o fenómenos que son o pueden ser objeto de investigación por parte de la ciencia, sea lo que sea lo que entendamos por ella. El método pertenece a la epistemología de la ciencia, mientras que el campo pertenece a su ontología. Por tanto, en vez de preguntarnos "¿qué entendemos por ciencia?", podemos buscar definir qué es el método científico y qué es el campo científico.

En cuanto al método científico, los textos científicos en general parecen estar de acuerdo en definirlo como un sistema de obtener conocimientos nuevos a través de la verificación de hipótesis, instrumental o experimentalmente que es susceptible de repetición, confirmación o refutación. En esencia, esto significa que el método científico abarca toda pretensión de conocimiento abierta a una validación o refutación experimental.

Wilber anota que esta definición no hace ninguna referencia al campo u objetos del método científico. Si un pretendido conocimiento, sea del campo que sea, puede ser públicamente verificado experimentalmente, ese conocimiento puede entonces ser considerado científico con toda propiedad.

En cuanto al campo científico, esta definición no afirma que sólo puedan ser susceptibles de investigación científica los objetos sensibles o físicos. No hay nada en esa definición que nos impida aplicar legítimamente el término científico a ciertas y determinables pretensiones de conocimiento en áreas o campos como la biología, la psicología, la historia, la antropología, la sociología y la espiritualidad. De hecho, eso es justamente lo que entienden los alemanes por ciencia del espíritu, ciencias que tratan de los fenómenos mentales y espirituales y eso es lo que los americanos entienden por ciencias humanas o sociales.

Lo importante en esta definición es que como acertadamente se refiere tan sólo al método y no hace ninguna referencia a su campo objetal, la línea divisoria entre lo científico y lo no-científico no es la que divide lo físico de lo metafísico, sino la que distingue entre afirmaciones experiencialmente verificables y no-verificables o puramente dogmáticas. Si la ciencia estuviera limitada al campo de los objetos físico-sensoriales, entonces ni las matemáticas, ni la lógica, ni la sicología, ni la sociología podrían ser consideradas como disciplinas científicas, en cuanto que los aspectos centrales de todas ellas no tienen carácter sensorial, ni empírico, ni físico.

Existe, por ejemplo, un modo de verificar la verdad de un teorema matemático, pero la prueba se basa, no en una evidencia sensorial, sino en una evidencia mental, es decir, en la experiencia interior de la coherencia mental existente en las proposiciones lógicas que lo integran; coherencia experiencial interna que puede ser comprobada por el pensamiento de otros matemáticos igualmente preparados, que no tiene nada que ver con una evidencia físico-sensorial. La correspondencia, o la falta de ella, puede también ser comprobada por referencia a la evidencia, ya sea mental o sensorial, según las exigencias del caso. Lo que es importante señalar es que comprobar por evidencia experiencial no significa meramente comprobar por evidencia físico-sensorial y es por eso justamente por lo que las matemáticas, la lógica, la psicología, y otras ramas parecidas pueden ser consideradas ciencias con toda propiedad.

La experiencia mística existe con no menos certeza que la experiencia psicológica o la experiencia sensorial. En ese sentido puede hablarse de la ciencia de la espiritualidad tan legítimamente como se habla de la ciencia de la biología o de la física. Por ello prácticamente todos los textos orientales relativos a la meditación contemplativa y todos los textos occidentales relativos al misticismo y a la oración interior pueden ser legítimamente considerados como tratados científicos. Contiene reglas y experimentos que, de ser seguidos correctamente, conducen a la obtención de fenómenos, o datos, de consciencia, que pueden ser fácilmente comprobados por otras personas de igual formación, lo mismo que cualquier matemático debidamente entrenado puede comprobar confirmar o rechazar, cualquier teorema de geometría.

Wilber concluye que la única batalla que merece la pena es la que se da entre lo auténtico y lo falso, no la que pueda darse entre la ciencia y la espiritualidad, en el sentido de que el criterio metodológico central, esto es, que todo pretendido conocimiento esté en último término basado en una apelación directa a la experiencia- es idéntico en todas las auténticas ciencias, sean físicas, biológicas, psicológicas o espirituales.

Basado en lo anterior sostenemos la tesis, que lo niveles de consciencia 7, 8 y 9 , pueden ser probados científicamente por todo el que quiera hacerlo, siempre y cuando decida aprender la técnica para lograrlo y someterse al entrenamiento debido. De no hacerlo perdería autoridad para criticar lo que otras han encontrado llevando a cabo el experimento que conduce a adentrarse en lo que en la etapa actual de evolución de la humanidad se consideran como estados alterados de consciencia.


EL ENFOQUE DE LOS CUATRO CUADRANTES

El enfoque que Ken Wilber llama de los cuatro cuadrantes es sumamente útil para entender y planear cambios de cualquier índole. A continuación se presenta un resumen del mismo.


Cuadrante No. 1

YO INTERNO

intencionalidad

Cuadrante No. 2

YO

YO EXTERNO

FISIOLOGÍA

CONDUCTA



Cuadrante No. 3

NOSOTROS INTERNO

PARADIGMAS

CULTURA

Cuadrante No. 4



NOSOTROS EXTERNO

INSTITUCIONES

PRÁCTICAS


INTERNOEXTERNO


Los cuadrantes 1 y 2 tienen que ver con el yo, los cuadrantes 3 y 4 con el nosotros. El 1 y el 3 con la dimensión interna, los senti-pensamientos y el 2 y el 4 con lo externo, lo conductual.

Cualquier cambio en un cuadrante implica modificaciones en los demás; así los cambios, por ejemplo en el cuadrante 1 implican cambios en el cuadrante 2, en el sistema nervioso en particular el cerebro, por ejemplo, y viceversa. Los cambios individuales del cuadrante 1 están relacionados con la cultura de la sociedad y afectan a la misma. Las instituciones y practicas sociales están determinadas por la cultura, y esta se encuentra influenciada por las instituciones y así sucesivamente. Todo esta relacionado con todo.

Tres principios del llamado pensamiento complejo de Edgar Morin, guardan relación con el enfoque de los 4 cuadrantes. Ellos son:


Principio de unión de contrarios

Los contrarios no son contrarios, son complementarios. Se puede decir que una gran verdad es aquella cuya contraria también es una gran verdad. La contradicción no parece existir en el “asunto” en si, sino en la mente de quienes lo perciben.

Esta perspectiva promueve la integración de los opuestos, sin desconocer sus diferencias.

Se puede suponer que cuando se llega a una contradicción que no ha sido posible resolver por medios lógicos o acudiendo a nuevas fuentes de información, se está ante la necesidad de esperar un avance en los conocimientos o en los métodos para analizar información, y no ante una contradicción insoluble.

En el caso del enfoque de los cuatro cuadrantes los fenómenos observados en cada uno de ellos lejos de ser excluyentes son complementarios. Se trata no de escoger entre una opción o la otra sino de integrarlas como facetas de una única realidad.


PRINCIPIO DE CAUSALIDAD CIRCULAR

Implica aceptar que en el mundo de lo biológico y lo psicosocial, los efectos retrotraen sobre sus causas volviéndose causa de las causas que los generan. Se crea así un círculo que podemos considerar vicioso o virtuoso según sus efectos frente a nuestras intenciones.

En el enfoque de los cuatro cuadrantes cada uno de ellos es simultáneamente efecto y causa de los demás.


PRINCIPIO HOLOGRÁMICO

El todo está en la parte y la parte está en el todo.

El todo no es igual a la sumatoria de las partes.

El todo es simultáneamente mayor y menor que cada una de sus partes. El todo es más que la suma de sus partes y al mismo tiempo cada parte debe subordinar algunas de sus manifestaciones al efecto unificado de la totalidad.

Cualquier cambio en una parte repercute en las demás y en el todo y cualquier cambio en el todo repercute en cada una de los partes.

Las partes no se pueden entender sin una adecuada percepción del todo y viceversa.

Es UNIDAD en la DIVERSIDAD y DIVERSIDAD en la UNIDAD.

En el enfoque de los cuatro cuadrantes toda modificación global que se quiera lograr en la sociedad o en sus instituciones sin tener en cuenta su impacto en los demás cuadrantes está condenada al fracaso.


ANEXO

NIVELES MORALES SEGÚN KOHLBERG

El psicólogo norteamericano Lawrence Kohlberg trató de establecer una secuencia de niveles en la evolución del juicio moral desde la preadolescencia hasta la edad adulta. A Kohlberg le interesaba estudiar cómo razonan las personas cuando se enfrentan con problemas o asuntos de índole moral y qué cambios se observan con la edad en el modo de concebir estos problemas.

A partir de las entrevistas que realizó durante varios años a un abundante número de niños, adolescentes y adultos, Kohlberg identificó tres formas cualitativamente diferentes de razonamiento moral; además, observó que cada una de estas formas de razonar era más probable en unas edades que en otras. Esto le llevó a proponer que el desarrollo moral sigue una secuencia ordenada en tres niveles; a saber:

1) El nivel premoral o preconvencional en el que la conducta está motivada por impulsos sociales y biológicos.
2) el nivel convencional de conducta en el que el individuo acepta, sin apenas reflexión crítica, los modelos establecidos por su grupo.
3) El nivel autónomo o posconvencional en el que la conducta es guiada por el pensamiento del individuo que juzga por sí mismo si un propósito es bueno y no acepta los modelos establecidos en su grupo sin reflexionar.

El término “convencional”, alrededor del cual gira la definición de cada nivel, significa un sometimiento a las normas, convenciones y expectativas de la sociedad y una defensa a ultranza de ellas precisamente por el hecho de que son normas y expectativas de la sociedad.

Dentro de cada nivel Kohlberg definió dos estadios sucesivos, siendo el segundo una forma más avanzada de pensamiento aunque dentro de la misma orientación moral global del nivel. (Ver para mayor claridad al final de este trabajo, el anexo Niveles morales de Kohlberg)

Niveles

Estadios

Descripción

La moralidad está gobernada por reglas externas: lo que puede suponer un castigo es malo.

Moral heterónoma pues depende de la autoridad del adulto, de la presión que éste ejerza sobre la conciencia del niño.


PRECONVENCIONAL

1. Orientación hacia el castigo y la obediencia.

El niño tiene dificultad para considerar dos puntos de vista en un asunto moral, al tener problemas para concebir las diferencias de intereses. Acepta la perspectiva de la autoridad y considera las consecuencias físicas de la acción, sin tener en cuenta la intención.

2.Orientación hedonística ingenua.

Aparece la conciencia de que pueden existir distintos puntos de vista. La acción correcta es la que satisface las propias necesidades y ocasionalmente las de los otros, pero desde un punto de vista físico y pragmático. Aparece también una idea de reciprocidad de que si hago algo por otro, el otro lo hará por mí.


La base de la moralidad es la conformidad con las normas sociales. Mantener el orden social es algo importante. Realismo moral según el cual las obligaciones y los valores están determinados por la norma independientemente del contexto y de las intenciones.


CONVENCIONAL

3. Orientación hacia el “buen chico”, “buena chica”, o la moralidad de la concordancia interpersonal.

La buena conducta es la que agrada o ayuda a los otros y es aprobada por ellos. Orientación hacia la conducta “normal”, la conducta estereotipada. Las buenas intenciones son muy importantes y se busca la aprobación de los demás, tratando de ser una “buena persona”, leal, respetable, colaborador y agradable.

4. Orientación hacia el mantenimiento del orden social.

El sujeto es capaz de tener en cuenta no solo la perspectiva de dos personas, sino la de las leyes sociales. La conducta correcta consiste en realizar el propio deber, mostrando respeto por la autoridad y el orden social establecido para nuestro bien. La moralidad sobrepasa los lazos personales y se relaciona con las leyes, que no deben desobedecerse, para poder mantener el orden social.


La moralidad se determina mediante principios y valores universales, que permiten examinar críticamente la moral de la sociedad propia. Moral autónoma. Supone una interpretación de las normas junto a una creciente capacidad para reflexionar sobre ellas y discutirlas, pudiendo no estar de acuerdo en nombre de principios generales como el de justicia.

POSCONVENCIONAL

5.Orientación hacia el “contrato social”. La orientación legislativa.

Búsqueda del espíritu de la Ley.

La acción correcta tiende a definirse en términos de derechos generales, sobre los que está de acuerdo la sociedad en su conjunto. Hay un énfasis en el punto de vista legal, pero las leyes no son eternas, sino instrumentos flexibles para profundizar en los valores morales, que pueden y deben cambiarse para mejorarlas. El contrato social supone la participación voluntaria en un sistema social aceptado, porque es mejor para uno mismo y los demás, que su carencia.


6. Orientación hacia principios éticos universales.

La acción correcta se basa en principios éticos elegidos por uno mismo que son comprensivos, racionales y universalmente aplicables. Son principios morales abstractos que trascienden las leyes, como la igualdad de los seres humanos y el respeto por la dignidad de cada persona, no son normas concretas como los Diez mandamientos. Aparece una forma abstracta de considerar las perspectivas de todas las partes y de tratar de organizarlas usando principios generales.



Kohlberg había postulado que todos los individuos, cualquiera que fuera su entorno social y cultural, se desarrollan moralmente siguiendo esta secuencia evolutiva; es decir, desde el nivel preconvencional, pasando por el convencional, hasta el posconvencional y que, por tanto, los estadios 1 y 2 del nivel posconvencional deberían ser la culminación del desarrollo moral. Para poner a prueba esta hipótesis era necesario estudiar a individuos que vivían en entornos socioculturales diferentes y, además, seguirlos durante varios años para ver si sus juicios morales cambiaban en el sentido propuesto.

Esto es lo que, en parte, hizo Kohlberg junto a varios colaboradores. En los años 50 emprendió un estudio con chicos de diez, trece y dieciséis años a los que, a partir de entonces, entrevistó regularmente cada tres o cuatro años hasta mediados de los años 70. Estos chicos diferían en cuanto a su nivel socioeconómico (bajo y medio-alto) y también en cuanto a la religión que profesaban (católica, protestante y judía). Al finalizar su estudio longitudinal, los de menor edad tenían ya treinta años y los mayores treinta y seis. La idea era observar si, conforme pasaban los años, los chicos iban avanzando hacia estadios superiores de razonamiento moral o si, por el contrario, se mantenían siempre en el mismo o incluso regresaban a estadios inferiores. En este último caso la hipótesis de una secuencia ordenada e irreversible se vería, lógicamente, rechazada y entonces no tendría sentido hablar de desarrollo moral en el sentido de una evolución universal hacia formas de razonamiento más elaboradas.

Los resultados empíricos de éste y otros estudios complementarios realizados en Estados Unidos, Israel y Turquía fueron bastante claros. El pensamiento preconvencional era la forma de razonar propia de la mayoría de los niños hasta los diez-doce años (aproximadamente el 80%). El pensamiento convencional resultó ser el nivel en el que se hallaba la inmensa mayoría de los adultos. Gracias a su estudio pudo observar que entre los veinte y veintiséis años casi el 90% de los individuos había alcanzado los estadios 3 ó 4 del nivel convencional y sólo un 10% de los de veintiséis años se encontraba en el estadio 5, propio ya de un pensamiento posconvencional. Sin embargo, ninguno de los sujetos a los que entrevistaron a lo largo de todos estos años llegó a alcanzar el último estadio del desarrollo moral, es decir el estadio 6. Además, la inmensa mayoría de ellos ni siquiera había alcanzado el estadio 1 del nivel posconvencional al llegar a la treintena.

Pocos años antes de su muerte, Kohlberg escribió varios trabajos reflexionando sobre el estadio 2 del nivel posconvencional al que no parecía acceder ninguna persona común. En uno de esos trabajos, Kohlberg reconoce que para describir este estadio se inspiró en las acciones y reflexiones morales de un pequeño grupo de personas de élite, en el sentido tanto de su formación filosófica como de su compromiso moral con la humanidad. Kohlberg cita, entre otros, a personas como Martín Luther King o Gandhi como líderes morales que representarían ese nivel superior de moralidad basada en los principios irrenunciables de justicia y derechos de las personas, y en la que se busca actuar en coherencia con ellos. Tales principios, advierte Kohlberg, no son reglas concretas como puedan ser las de los Diez Mandamientos u otros semejantes, sino guías morales abstractas que deben aplicarse en todas las situaciones en las que surge un conflicto moral.

En las teorías de Kohlberg, también se considera la posibilidad de un último nivel evolutivo en donde se generaría una especie de metaética fundamentada en un sentimiento de unidad entre sujeto y objeto equivalente en términos místicos a una identidad con el universo.

Kohlberg postula la existencia de un último nivel evolutivo que se desarrollaría en plena edad adulta sobre las bases del pensamiento posconvencional, en donde se generaría una especie de metaética fundamentada en un sentimiento de unidad entre sujeto y objeto equivalente en términos místicos a una identidad con el universo.
Sin embargo, esta último etapa iría más allá de una moral basada en el sentido de justicia que, para este autor, es el eje alrededor del cual se va construyendo la moralidad.

En la Teoría de Desarrollo Moral de Kohlberg, las fases místicas corresponderían a lo que él sugiere como una posible metaética originada en nuestra consciencia de unidad con todo lo existente. En efecto, Kohlberg sostiene que para contestar a preguntas como “¿Por qué ser moral o justo en un mundo lleno de injusticias, sufrimiento y muerte?” es necesario trascender el dominio de la justicia y adoptar una perspectiva metaética universal que puede ser religiosa o agnóstica. Desde esta perspectiva ya no habría una oposición ni dualidad entre el yo y el otro, entre el sujeto y objeto, sino un sentido de identidad con el orden cósmico y de participación en él.

Carol Gilligan, discípula de Kohlberg sostiene que el desarrollo de la conciencia moral es preciso tener en cuenta otros componentes además de la justicia, como lo son la compasión y la responsabilidad; así alcanzar la madurez no consistiría solamente en llegar a ser justos, sino también en lograr ser compasivo y capaz de responsabilizarse por los demás. (Citada por Adela Cortina en su libro "El mundo de los Valores", página 61).

Fuentes:

Por Alberto Merlano; Octubre 2000.

http://www.geocities.com/ludico_pei/ludica.gif


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