jueves, 18 de septiembre de 2008

Concepto Estructural Atómico del Universo.(2)

Y ahora podríamos ampliar estas ideas con sus propias preguntes.

Pregunta: ¿Es necesario conocer la química para conocer estos secretos?

Respuesta: Bueno, el químico moderno mediante la investigación ha logra­do descubrir la base y es que la energía que procede de los niveles cósmicos ha quedado sintonizada en el nivel puramente físico, en el átomo de hidrógeno como unidad.; pero que la gama de elementos químicos que proceden del átomo de hidrógeno son solamente pequeñas formas incomple­tas porque lo mismo que mirando el átomo a través de sus compuestos invisibles –lo que todavía la ciencia no reconoce porque no ha descubierto— igual sucede con la tabla de elementos químicos; hasta aquí creo que hay ciento tres elementos descubiertos o átomos con una potencia o carga eléctrica de ciento tres protones, ciento tres electrones y otros tantos neutrones. Pero, investigaciones recientes indican que se ha llegado a descubrir átomos de un peso atómico de hasta ciento diecisiete protones, eso significa que no se ha llegado al fin y que la tabla de elementos quími­cos se pierde en la inmensidad de la investigación y que, a medida que el ser avance, surgirán nuevos elementos, hasta que un día se descubra el verdadero elemento de base mediante el cual y por transmutación vendrán los demás y vendrá seguramente por un tipo de investigación completa, que rebasará el ámbito simplemente físico o mecánico de la existencia para penetrar en niveles superiores. Pues, si todo hay que analizarlo desde el ángulo de vista de la analogía, hay que suponer que donde termina el átomo de hidrógeno, por sutilidad se da vida a otros átomos más ligeros, más diáfanos, más perfectos en su expresión y que se va actualizando esta fuerza atómica, en el cuerpo del Iniciado por ejemplo, donde según se nos dice, se produce realmente aquella alquimia de la naturaleza que convierte al átomo de hidrógeno en átomos superiores dentro del propio cuerpo.

¿Qué sucederá por ejemplo cuando el cuerpo del ser humano sea capaz de contener compuestos moleculares pertenecientes el plano búdico? Habrá una revolución total en todos los ámbitos conocidos, porque realmente se habrá reconocido la existencia multimolecular del espacio, a través de le expresión de un universo. Y, a partir de aquí, vayan ustedes examinando la vida de los iniciados superiores, a partir del Adepto, cuando el Iniciado se mueve ya en dimensiones cósmicas, lo que puede suceder con la liberación de aquella tremenda energía que está infinitamente más allá y por encima de los más diáfanos átomos conocidos.

La química está trabajando, los científicos realmente de buena voluntad están intentando vencer la inercia de la materia mediante la infu­sión de su espíritu; pero a pesar de todo, no se avanza demasiado porque en su totalidad la humanidad es totalmente egoísta y, por lo tanto, cualquier provecho o ganancia de tipo cósmico le es negado, no existe otra opción para el ser humano, que somos todos nosotros, que vivir con un poco más de caridad y de amor y constituir una barrera magnética que nos aísle del egoísmo que, como egregor, está flotando dentro y fuera de nuestro sistema y dentro de los éteres planetarios hasta llegar a los ambientes sociales del mundo, en donde vivimos inmersos. Es un traba­jo de inmensa perspectiva, ustedes verán que hay que empezar a reconocer el hecho de que nosotros somos creadores; además tenemos un protón central en el corazón que nos habla de intención y de amor, tene­mos neutrones que nos llenan de equilibrio y de armonía y tenemos electrones que nos dan actividad. Esto es el reconocimiento de las le­yes científicas que regirán el futuro de los seres humanos.

Pregunta: ¿No es cierto que a través de este experimento de la alquimia en la cual el hombre, a través de la transmutación de la cantidad de energía que puede canalizar este ser, perturba al mismo tiempo el vehículo físico que ha de estar preparado para soportar mayores energías? Es decir, nos podrías hablar un poco de la ciencia de la transmutación.

Respuesta: La transmutación es una actividad que realiza el ser humano el llegar a cierto nivel dentro de la evolución kármica. Si hablamos en términos de química o de alquimia, diremos que es aquella actividad mediante la cual el mago transforma un metal de tipo bajo, de bajo ni­vel vibratorio, en otro de superior vibración, como es al plomo convertirlo en oro, por ejemplo, que es lo que buscará el alquimista del fu­turo, apercibido de que existe muy poca diferencia de protones dentro del oro y del plomo –creo que son tres protones de diferencia. Se han realizado experimentos con el mercurio, casualmente hay un protón de diferencia, sin embargo la fabricación del oro es más cara que el oro sacado de la mina, porque no se comprende la ley de la transmu­tación que se basa en hallar dentro de la naturaleza aquello que alquímicamente se llama el disolvente universal o el "Alkahest" de los antiguos magos. No conocemos esto todavía porque no tenemos amor. Por lo tanto, solamente la transmutación física de los metales está al alcance de los iniciados y pueden transformar el plomo o el cobre, u otro cualquier metal vil en oro. Pero esto no resuelve la cuestión del ser humano, porque la transmutación es aquella fuerza tremenda que realiza el individuo cuando se va purificando, cuando se va separando del egoísmo circundante, aislándose cada vez más y más, hasta llegar a un punto dentro de sí mismo, dentro del cual el corazón tiene la máxima importancia; entonces, a través del corazón se realiza la obra transmutadora dentro del individuo,

Entonces, todos los compuestos químicos de alta densidad se transmutan en virtud de la voluntad del Iniciado en compuestos moleculares de alta vibración; impulsan, por decirlo de alguna manera, a los átomos nefastos y sombríos de su propia naturaleza y, automáticamente, aquel vacío se llena con compuestos moleculares de alta selectividad, ya sea astral, mental, o como decíamos anteriormente, por compuestos búdicos, o por compuestos átmicos, pues el iniciado o el discípulo no recibirá ninguna vibración superior o Iniciación, sino hasta que haya cambiado completamente ciertos compuestos moleculares dentro de sus cuerpos y cuando esto lo realiza viene el acto de la Iniciación: la ceremonia. La ceremonia no inicia al Iniciado, es el trabajo del Iniciado quien exige la iniciación. ¿Por qué? Porque entonces, cuando recibe la Iniciación es que ya es un Iniciado y lo que hace es que la Jerarquía, la Gran Fraternidad, el Único Iniciador, Sanat Kumara, le reconoce los méritos; igual que aquí en una universidad te dan el título cuando has sufrido las pruebas y los exámenes, luego lo que te den a cambio es la aceptación como que tú has hecho la prueba y has vencido; esto es en esencia la Iniciación.

Pero cuando se recibe la iniciación a través de una serie de transmutaciones dentro de los compuestos moleculares, es cuando se le admite de hecho dentro de la Gran Fraternidad. Y esto va para todos, porque el trabajo de estar atentos, el trabajo de la meditación, el trabajo del servicio y el trabajo del estudio y la investigación, son los peldaños mediante los cuales vamos ascendiendo y nos situamos ante la dorada puerta dentro de la cual está el Iniciador. Pero todo el trabajo se basa en nosotros, el esfuerzo necesario para vivir de acuerdo con la ley y, de acuerdo con la ley se efectúa la transmutación. Todos somos magos, todos somos alquímicos, entonces ¿por qué no utilizamos esos poderes para crear un mundo mejor? ¿0 esperamos que sea el destino o el karma, o Dios, quien resuelva por nosotros estas cosas? Si Dios ya está en nosotros, sólo es vigorizar el intento, la intención, el propósito y au­mentar el caudal de amor en el corazón. A partir de esto ya estamos venciendo la inercia de los sentidos, la inercia de las emociones o de los deseos y la inercia de la mente organizada, empeñada en descubrir la Verdad, en las pequeñas cosas de la vida, que es lo que sucede actualmente. El intelecto no es una gloria, entre otras cosas se convierte en un impedimento y ésta no es una afirmación dogmática, sino que es el reco­nocimiento de que a través del intelecto que consideramos como causa, se va realizando la gran transmutación creadora que traerá como resultado el hombre nuevo, el hombre nuevo por el cual todos nos estamos esforzan­do.

Pregunta: ¿Una de las primeras bases para mi transmutación personal puede ser pasar del subconsciente al conciente?

Respuesta: Naturalmente, la transmutación psicológica tiene tres vertientes como ustedes saben: hay una subconciencia, debajo de la conciencia, una conciencia, en el centro, y una supraconciencia en la parte supe­rior. Entonces, ¿cómo transmutaremos psicológicamente nuestro ser? Convirtiendo la subconciencia en conciencia y la conciencia en supracon­ciencia. Es el paso que va de los recuerdos de ayer al devenir de mañana, pasando por el momento presente, lo cual si ustedes son muy analíticos verán claramente, que es en el presente donde existe la posibilidad de la transmutación psicológica y que cuando hablamos tan reiteradamente sobre la atención del pensador, nos estamos refiriendo precisamente, a esta capacidad de estar atentos al momento que estamos viviendo y este es el presente, no es el pasado, no es el futuro. El pasado es recuerdo, es subconciencia, es aquello de lo cual estamos apartándonos. En tanto que la supraconciencia solamente puede venir cuando en el presente estamos muy atentos. Significa que nuestra conciencia está tan identificada con aquello que está sucediendo que lo comprende por intuición y al propio tiempo, aquello que comprende por intuición, se transmuta en algo mejor que llamamos supraconciencia.

Pregunta: ¿Me podrías explicar algo de la transformación del tiempo en espacio?

Respuesta: ¿Qué es el tiempo cuando el espacio ha sido alterado, cuando el equilibrio existente crece en el espacio? Sucede algo imprevisible para nosotros, que es la creación de campos radioactivos dentro del espacio. Los estados relativos, relativos dentro del espacio, constituyen el tiempo. El tiempo no es más que el punto de enfoque del creador en el espacio, cuando se han creado los síntomas del universo –allí donde exis­te un círculo no se pasa dentro del gran Círculo, no se pasa dentro del cual el creador extiende su obra creadora— no existe espacio, el espe­cia está fuera del campo conceptual, conocemos solamente el tiempo; para conocer el espacio, saber lo que es el espacio y llegar a comprenderlo con tanta intensidad que nos diésemos cuenta de nuestro escasa valoración psicológica, veríamos que solamente donde existe una manifestación existe el tiempo.

Y, cuando hablamos de dimensiones estamos hablando de aquellas dimensiones que ha conquistado, dentro del espacio, cualquier centro creador, lo cual significa que incluso las dimensiones del espacio del Universo constituyen limitaciones, porque se apartan de la absoluta integridad multidimensional del espacio. Hay que comprender estos hechos. El tiempo, ¿qué es para nosotros? ¿Algo cronológico que depende del reloj o algo psicológico? Si es algo psicológico hay un gran problema, si es cronológico solamente con un orden establecido en la conducta personal lo podemos solucionar. Pero cuando existen problemas de orden psicológico con respecto al tiempo, hay una indicación de que el ser está pene­trando dentro de actividades moleculares de las cuales le es muy difícil salir. Le decimos karma a estas causas. El karma es el tiempo y el tiempo es una reducción del nivel natural vibratorio del espacio. Cuando dentro del espacio hay puntos más cercanos o más alejados entre sí, se crea el fenómeno de la distancia en el tiempo. Ya tenemos otra forma de evaluar el tiempo, en virtud de las leyes de necesidad de traslación de un punto más distante o de un punto más cercano.

Pero, ¿qué sucederá? Vamos siempre a lo mismo, dense cuenta, cuando el individuo esté tan totalmente entregado a la vivencia del presente, con la atención depositada en todos y cada una de los momentos que es­tá viviendo, en este estado de observación profunda se produce el milagro, se produce el acercamiento entre el sujeto que observa y la cosa observada. Entonces, en virtud de ese acercamiento se produce el mila­gro, el tiempo no existe, solamente existe el espacio entre la mente del que observa y la cosa observada, y éste es el principio del amor que nos han enseñado los Grandes Seres. No hay distancia en el amor, ¿verdad? La inteligencia crea espacios, grandes espacios para investigación. Pero el amor es esencial, nunca crea espacios o tiempos en el espacio, es un espacio abierto a la investigación y, si se investiga muy atentamente, se pierde la noción del tiempo, equivale a decir que pierde la noción equivalente de subconciencia, conoce la conciencia y la supraconciencia y, entonces, el hombre ya no es un hombre en el sentido estricto de la palabra, es un Dios que se ha reconocido a sí mis­mo como esencia creadora, como espíritu latente y actuante de la pro­pia divinidad.

Pregunta: ¿Si el pequeño yo usa este cuerpo físico para manifestarse, se puede decir que el gran Yo de la Tierra también usa el cuerpo físico de la Tierra para manifestarse y así todas las galaxias del Universo?

Respuesta: Naturalmente. El planeta, nuestro mundo, no es sino un cuerpo de manifestación de esta entidad que, esotéricamente, llamamos el Lo­gos Planetario. Y el cuerpo universal, es decir, aquel rayo que va del centro creador del Logos hasta el confín del Universo, todo cuanto se agita dentro de este círculo-no-se-pasa, es el cuerpo mediante el cual se está manifestando aquella entidad que llamamos el Logos Solar y den­tro de este círculo-no-se-pasa, se están desarrollando siete virtudes o cualidades de este Logos, lo cual complica la investigación, pero se llega al menos a un significado claro del mismo.

Vemos el por qué de la Voluntad, del Amor, de la Inteligencia o de las demás cualidades que adornan a cualquier Logos del centro creador y, finalmente, todo esto constituye un séptuple cuerpo de manifestación de este Logos. Nosotros conocemos tres cuerpos definidos: uno muy completamente que es el cuerpo físico, el astral lo conocemos solamente en virtud de los intensos deseos que promueve en nosotros y el cuerpo mental del cual tenemos noción solamente por los pensamientos y por las averiguaciones y pesquisas a través de la mente. Pero no conocemos nada del cuerpo búdico, no conocemos nada del cuerpo átmico, ni del monádico, ni del ádico, lo cual significa que estamos viviendo únicamente en un mundo de confusión, de los tres mundos, mundo de maya de los sentidos, del espejismo emocional, de los deseos incompletos e insatisfechos y la intención dentro de la cual existen ilusiones, que embargan la vida de la intención y le impiden llegar al cumplimiento a través del cuerpo emocional, para finalmente llegar al cuerpo físico en forma creadora.

Si solamente conocemos nuestros tres cuerpos, al igual que el científico sólo conoce el protón, el electrón y el neutrón en la vida del áto­mo, indica solamente que estamos viviendo única y exclusivamente en los tres mundos de la confusión, en los tres mundos de la prueba kármica, en los tres mundos de los señores lunares con los cuales estamos emparentados por razones kármicas o por principios de semejanza. Hay mucho que decir aquí y para esto necesitaríamos por lo menos diez conferencias, debido a su complejidad y a tener que trabajar con elementos tan dinámicos y al propio tiempo tan asequibles que pueden llegar claramente a la men­te de todos. La vida es extraordinaria y todo cuanto surge de la vida es extraordinario, es un milagro viviente todo cuanto está sucediendo a partir de la vida y esto es lo que trata el esoterista de comprender en profundidad, para tener una noción más clara de aquel universo físico en donde vive, se mueve y tiene el ser.

Pregunta: Sí, quisiéramos que hablaras un poco sobre el tema, aplicando la ley de analogía y parte de lo que has venido diciendo ahora, es decir, creo que bastantes de nosotros hemos tenido la experiencia consciente de que, incluso a nivel físico, se realizan esporádicamente experimentos que en alguna manera tratan de comprobar la capacidad de resistir que tenemos, no solamente a nivel astral, mental, etc., sino incluso a nivel físico; entonces, si este cuerpo de manifestación recibe a todos los nive­les esta especie de transmutación alquímica de las energías que es capaz de canalizar, la pregunta es si también la Tierra, por ley de analogía, está sufriendo el mismo proceso de transmutación y entonces quizás sería, tal vez un poco más comprensible ver a la situación actual como un ente único e interdependiente de cada uno de sus componentes.

Respuesta: La transmutación se realiza en todos los cuerpos de la Tierra, la Tierra es sólo la envoltura física del Logos Planetario. Todo cuanto sucede en los niveles superiores repercute en la Tierra, donde hay el anclaje de las energías superiores. ¿De qué nos serviría un cuerpo que no fuese el resultado de aquello que es superior? Entonces, en la Tierra se producen transformaciones y transmutaciones, en virtud de lo que está desarrollando y en todos los órdenes, el género humano, la humanidad. La humanidad es dentro de la Tierra, de este gigantesco cuerpo, el único elemento conciente de transmutación de los elementos físicos que tratan precisamente de exteriorizarse en niveles superiores. Todo cuanto sabemos de la transmutación es meramente físico, porque no conocemos la transmutación que se está realizando en niveles superiores. ¿Qué sucede por ejemplo cuando una energía de carácter ígneo y de tremenda potencia como aquella que lleva Buda en el festival de Wesak? ¿Qué conocemos de la transmutación alquímica en la vida de la naturaleza? Aparentemente no nos damos cuenta de esta energía pero produce un impacto en todos y cada uno de los compuestos moleculares que constituyen el planeta. Por lo tanto, no podemos dejar de ver clara esta situación en lo que respecta a nuestro planeta, si tenemos en cuenta que no solamente Buda sino los hombres y mujeres de buena voluntad, los Iniciados de la Jerarquía y los Adeptos de la Gran Fraternidad de Shamballa, con sus influencias están creando siempre transmutaciones en el orden molecular de la exis­tencia organizada en el mundo, pasando primero por la mente del hombre, después por su cuerpo emocional y después, a través del cuarto reino, a los reinos sub‑humanos: al reino animal, al vegetal y al mineral, y así se va cumpliendo la ley transmutadora de la existencia. No existen zonas vacías en la Tierra, solamente existe algo realmente determinante para lo que es la evolución, que el hombre no se da cuenta de la situación en la que se encuentra, dentro del cuarto reino, en relación con los reinos subhumanos, ni sabe qué es exactamente lo que tiene que hacer para cumplir adecuadamente con la ley.

Se contempla a sí mismo con religiosidad lo cual no hace con los demás, no cumple con las leyes, esas leyes de donación de la cual la naturaleza es exponente. Siempre está pensando en sí mismo, que lo envilece constantemente y por lo tanto, no se da cuenta de la transmutación que tiene lugar en los niveles de la naturaleza porque es incapaz de comprenderlo, no llega a este punto de unión espiritual mediante el cual él se considere un creador y no un simple espectador de la obra mágica creadora de la naturaleza.

Pregunta: Me parecería que las cosas interesantes que ha dicho no fueran solamente de relleno si no creyera verdaderamente usted en ellas. Si creyera en su realización porque creo que en los momentos en que ha de predominar esta filosofía, si se la puede llamar de este modo, budista esotérica, ha sido en momentos en que la pobreza, la miseria ha predominado, ha existido el mal de un modo más extenso porque, precisamente, en las regiones en donde ha predominado el budismo ha pasado que millones de hom­bres se mueran y se vayan reencarnando otra vez en la miseria, para nuevamente el egoísmo, el deseo del egoísmo, solamente no la vamos a superar con las buenas intenciones sino con unos condicionamientos reales que im­piden, diríamos, el desarrollo del egoísmo destructivo de la humanidad.

Respuesta: Bueno, usted sabe que dentro de la humanidad y dentro de las propias religiones existe mucho dogma, mucho falseamiento de la verdad, pero yo no he hablado, me parece, nada tocante al budismo, he hablado del plano búdico que no es lo mismo; el plano búdico es un plano en el cual se dice, para aquel que lo ha experimentado, donde se puede tener la primera noción del Nirvana al cual hacía alusión siempre el gran Gautama, Señor Buda.

El espiritismo moderno trataba, desde el tiempo de Blavatsky, de aliar la miseria del mundo, siempre con los causas que existían kármicamente en los seres, pero hoy día esta idea viene, digamos, más exquisitamente presentada en forma científica por la teoría molecular del Universo y a través de las afinidades químicas que hacen posible una relación entre grupos moleculares de distinta procedencia. Pero ninguna religión podrá salvar al hombre como compuesto químico, si no surge de sí mismo la fuerza de la que usted decía, de la intención si es correcta, ahí está el proceso. Si la intención es correcta no puede haber nunca un desequilibrio social como estamos viendo actualmente. Nada tiene que ver con la religión esto, es algo que está en el propio individuo: la intención correcta o incorrecta.

He hablado de la causa suprema del Universo, he dicho que es el Amor. Y todo el mundo que ame se dará cuenta que el amor no tiene cualidades definidas, es una expansión magnética que los hombres de la Tierra, qui­zás, todavía no conocen y que solamente exteriorizarán aquellas personas, aquellos seres humanos que se liberaron de la cadena de los tres mundos, que se liberaron del cuerpo físico, del cuerpo astral y del cuerpo men­tal, lo cual no significa que se hayan muerto sino que están por encima de sus propios vehículos y reconocen que lo único que tiene valor en e­llos es la intención correcta y, cuando hay intención correcta jamás habrá desigualdad social, habrá siempre algo que podríamos llamar, por antonomasia, un sentido de aproximación , de compartir los bienes de la Tierra, como se dice en las Naciones Unidas en ciertos apartados y que no se cumplen porque siempre existen los intereses de aquellos que más tienen contra aquellos que menos poseen, ahí está el desequilibrio, no en las religiones. Las religiones inducen siempre, seguramente, por de­rroteros digamos no científicos, místicos, pero en el fondo dogmáticos, y la mayoría cree que la religión que tiene más prosélitos es la más a­decuada y ustedes saben cuáles son las dos religiones más numerosas de las cuales sus grandes instructores no quieren saber nada actualmente, que son la religión católica y la religión budista.

¿Qué hay que buscar en el trasfondo de esto? ¿Acaso no hay intereses políticos dentro de las religiones? ¿Se dan cuenta? Esto es la que está creando la confusión y la separación entre unos y otros a través del dogma, ya sea el dogma del cielo o del infierno, o ya sea el dogma del nirvana. Sí no existe un preclaro entendimiento entre los hijos de los hombres fatalmente caerán en las redes de aquellos que se hayan escudado tras estos innobles procederes. Y la ley se cumplirá, naturalmente.

¿Por qué no tenemos, por ejemplo, unidad social en compartir los bie­nes de la Tierra? Porque una pequeñísima minoría, altamente egoísta, ya sea individualmente o como grupo nacional, ha permitido este tremendo desequilibrio y ahora vemos que siempre tenemos ante nosotros el estig­ma de una guerra, la guerra es siempre de intereses, dense cuenta seño­res. No tiene nada que ver la religión, siempre y cuando la religión no sea portavoz de elementos políticos o sociales de origen desconocido. ¿Se dan cuenta de la situación? ¿Y cómo se puede evitar? Solamente cuando estemos muy precavidos, muy atentos, muy observantes, nos damos cuenta de una situación, en cualquier momento del tiempo y en cualquier lugar del espacio. Y la solución es: Yo, no el yo egoísta y partitivo sino el Yo espiritual, que es único y singular en todos los seres. ¿Por qué en lugar de hablar de esquemas cósmicos, no se habla del individuo como el agen­te social por excelencia, como el gran creador de todas las situaciones? Porque no interesa que el hombre se descubra a sí mismo, porque en tanto el hombre no se descubra será un juguete de las fuerzas ambientales, no será Dios en sí mismo, será solamente un ente mecanizado por las distintas estructuras. Y, a menos que nos liberemos de las estructuras de la clase que sean, el Yo espiritual no podrá manifestarse, entonces no po­drá haber en manera alguna una solución al tremendo problema de la humanidad: el de la miseria, el del hambre, el de las enfermedades y el de las injusticias sociales, a lo que usted hacía referencia. Sólo en noso­tros está la ley y el orden, nosotros somos todo, el destino y el karma y hay que reconocerlo, porque los tiempos se van aproximando y aquel que no esté despierto será llevado de aquí para allá, como una hoja, sin poder reaccionar, de un lado para otro dentro del sistema social establecido.

Pregunta: Bueno, yo quería hacer una pequeña acotación. Esto ha sido muy pero muy interesante, pero no podemos vivir fuera de las estructuras, no podemos vivir fuera de la familia, no podemos vivir fuera de una serie de mecanismos que nos vayan criando, educando, ni fuera de una serie de relaciones sociales establecidas, más o menos normativamente con una afinidad relativa. Bien, ¿qué clase de sistema económico y legislativo, diríamos, podemos buscar para personas como yo? Porque verdaderamente el yo, cuál es la relación al yo, al interior del individuo, en el ser yo; pero el yo no puede realizarse solitario, tiene que realizarse a tra­vés de una relación; ¿qué clases de relaciones más o menos estables aún cuando puedan ser dinámicas, dialécticas y cambiantes con el tiempo y con la experiencia?

Respuesta: Usted tiene razón, el hombre es una entidad social y como en­tidad social, debe vivir forzosamente relacionado con los demás, con las estructuras. Pero, una cosa es vivir en una estructura y otra cosa es vivir en sí mismo dentro de la estructura. ¿Por qué hay problemas hu­manos? Porque hay un condicionamiento de las propias estructuras sociales, profesionales y humanas; familiares por ejemplo. Pero, ¿podemos vivir dentro del hogar sin renunciar por ello a nosotros mismos? Ahí es­tá la clave que nosotros cuando estamos inmersos en una estructura perdemos la noción de nosotros mismos y, por lo tanto, dejamos de pensar, de sentir y de actuar como seres creadores. Estamos viviendo de una manera tan errónea que, naturalmente, lo que surge de esos errores es el condicionamiento social. Y usted pregunta qué tipo de organización económi­ca, política, religiosa, como sea, puede depararle paz al hombre porque no podemos dejar de pertenecer a estas estructuras que llamamos, por ejemplo, ambientes sociales. Pero es como aquella persona que desde un puente ve que pasa un río por debajo, el río pasa pero él está afirmado en sí mismo, no pasa con la corriente de las cosas ni con la corriente de las investigaciones propias, ni tampoco con la corriente de las co­sas sociales que se están viviendo; es él, es simplemente él, es singu­lar y, ¿como se produce? Lo he dicho anteriormente, estando muy atentos y esto no es una disciplina. El estar atentos no es una disciplina, es un deber que tiene el ser humano de estar atento, estar atento a todo cuanto sucede. ¿Cómo va a comprender las cosas sin estar constantemente pendiente de ellas? Sin dejarse atraer, sin embargo, por ellas. ¿Cómo va a ser consciente de la otra persona si no está atento a la otra persona? ¿Y cómo se va a salvar, hablando en sentido figurado si no es mirándose siempre a sí mismo? Como el espejo del Yo inmanente, del Yo Superior que, a través de sí, debe cumplir una finalidad social. Y hemos hablado de amor, pero me parece que el amor es una mera palabra, igual que Dios, son palabras mediante las cuales tratamos de encubrir artificiosamente, nuestra condición de ser y nos equivocamos porque no podemos ocultar aquello que somos. Hemos llegado a ser hipócritas en el propio pensamiento, lo hemos deformado por la conveniencia social y hemos perdido la fragancia del pensar claro y determinante. Este pensar profundo que nace de la riqueza interior y no de los escombros que nos están cons­tantemente martirizando, hiriendo. Entonces usted pide ¿qué debemos hacer? No existe disciplina, hay que amar mucho.






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Según Platón, el conocimiento es un subconjunto de lo que forma parte a la vez de la verdad y de la creencia.
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