miércoles, 12 de marzo de 2008

El Koan.

Rompiendo las barreras de la Mente:

El Koan, ese juego irracional y aparentemente absurdo de preguntas y respuestas entre maestro y discípulo del esoterismo oriental asiático, es uno de esos estímulos al que el maestro somete al discípulo, a lo largo de todo el proceso de iniciación, que conduce a que la conciencia dormida despierta a la Realidad que tiene ante sí.
En apariencia, el Koan se plantea como autentico despropósito; en realidad, es un intento de ruptura de la visión racionalista de la vida cotidiana y, sobre todo, de la relación causa-efecto, con la intención de que el discípulo salte por encima de lo aceptado para encontrar su propia ubicación en el desarrollo armónico del Universo.

"Si es dificultoso hablar del Zen, lo es porque todo intento de explicarlo lo hace más oscuro."

El filósofo Kitarō Nishida nos dice: "...Koan, el problema paradójico para la meditación, es creado para quebrar el intelecto. Todo esto sólo tiene valor como un medio para aclarar la senda para la intuición; está ideado sólo para ayudar a abrir la puerta desde dentro".

El primer koan fue atribuido al Buddha. Los maestros dicen que al centrar la atención en un koan se pueden interrumpir los pensamientos habituales y la naturaleza interior puede ser percibida. El biólogo Francisco Varela escribió sobre este tema: "Este es…el motivo por el cual aparece la paradoja en situaciones como la de los ejercicios zen, en los que justamente debería aprenderse a saltar a un plano cognoscitivo superior para poder observar en este nuevo plano sus pensamientos y conceptos valorativos en forma imparcial. Mientras el que aprende se mantenga atado a uno u otro plano, a una predilección o juicio, a lo bueno o lo malo, lo positivo o lo negativo, a lo espiritual o lo mundano, la meta de la enseñanza no se habrá alcanzado. Un buen maestro es aquel que puede transmitir vívidamente la reflexividad y lo entreverado de la situación hasta que el estudiante se vea obligado a extraerse de ella".

Según la filosofía Zen no se puede enseñar con palabras lo que es el Zen por lo que es el propio alumno el que debe aprender por si solo. Esto significa que en la relación maestro-alumno, el maestro tiene la función de guiar al alumno. Una de las formas para conseguirlo es utilizando los koans que parecen no contener información en si mismos pero ayudan a que el alumno sin darse cuenta pueda llegar a un mayor entendimiento del universo. Es como intentar comunicar algo sin decirlo directamente, algo que en cierta medida ha llegado hasta la mente de los japoneses de hoy en día y sobre todo a los escritores japoneses.

Quizás de los koans más conocidos son estos que dicen:
"¿Qué sonido hace una sola mano al aplaudir?".

¿Cómo era tu cara original, antes de nacer tus padres?

Si comprendes, las cosas son tal como son. Si no comprendes, las cosas son tal como son.

Veamos un koan que nos intenta acercar al entendimiento de que el universo es inmutable y es nuestra mente la que lo interpreta a su manera:
Dos monjes estaban discutiendo acerca de una bandera. Uno dijo, “La bandera se está moviendo”. El otro dijo, “El viento se está moviendo”. Sucedió que el sexto patriarca, Zenón, pasaba justamente por ahí. El les dijo, “Ni el viento, ni la bandera; la mente se está moviendo”.

Al terminar de leer un koan se nos queda un sabor agridulce, nos quedamos sorprendidos, nos quedamos por unos instantes en un estado alógico. Cuando estamos en un estado de perplejidad es cuando nuestro cerebro comienza a pensar de forma algo no lógica, nuestros pensamientos se tambalean, de esta forma según las filosofías orientales podremos avanzar hacia la iluminación.

El discípulo Doko se apersonó a un maestro zen, y le dijo: “Estoy buscando la verdad. ¿Cuál es el estado mental en el que debo perfeccionarme para encontrarla?”.
Dijo el maestro: “No hay mente, de modo que no puedes ubicarte en estado alguno. No hay verdad, de modo que no puedes perfeccionarte para alcanzarla”.
“Si no hay mente que perfeccionar, ni verdad por encontrar, ¿por qué tienes aquí esos monjes que se reúnen todos los días ante ti para estudiar el zen y perfeccionarse mediante ello?”
“Pero si aquí no hay siguiera un palmo de sitio”, dijo el maestro, “cómo podría haber una reunión de monjes?”. “¿Y yo no tengo lengua, ¿cómo podría entonces llamarlos o impartirles enseñanzas?”.

“Oh, ¿cómo puedes mentir así?”, dijo Doko.
“Pero si no tengo lengua que me permita hablar, ¿cómo podría mentirte?”, respondió el maestro.
Entonces, Doko dijo con tristeza, “no puedo seguirte. no puedo comprenderte”.
“Yo no puedo comprenderme a mí mismo”, dijo el maestro.

Y para terminar un último koan para terminar de perturbar totalmente la lógica de nuestro pensamiento.

Joshu preguntó al maestro Nanse, “¿Cuál es el verdadero Camino?”
Nansen respondió, “El camino de cada día es el verdadero Camino”.
Joshu preguntó, “¿Puedo estudiarlo?”.
Nansen respondió, “Cuanto más lo estudies, más te alejarás del Camino”.
Joshu pregunto, “Si no lo estudio, cómo puedo conocerlo?”.
Nansen respondió´, “El Camino no es de las cosas que se ven, ni de las cosas que no se ven. No es de las cosas conocidas, ni de las cosas desconocidas. No lo busques , ni lo estudies, ni lo nombres. Para alcanzarlo, ábrete con la amplitud del cielo”.

Fuentes:
No se puede mostrar la imagen “http://www.kirainet.com/wp-content/themes/wp-reboot-0.2.9/img/kirai.gif” porque contiene errores.

La Zen Koans Database fue diseñada originalmente por James Collado, en Febrero del 2007. Desde entonces trabaja manteniendo y expandiendo el sitio.

Mumonkan, "La Entrada sin Puerta"
(Mumon Ekai, 1183-1260)

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