lunes, 29 de marzo de 2010

¿Qué es Recapitular?

En principio hay que precisar que la recapitulación es un acto natural. Todos los seres humanos lo realizan antes de morir. De hecho, es el último acto que los seres vivientes realizan, justo antes de la desintegración de la individualidad que es la muerte.
Recapitulación no es recordar, es más precisamente revivir. Es la recuperación corporal de toda experiencia pasada.
Es nuestra capacidad de asociar y recordar lo que nos da un sentido de identidad individual y continuidad. Somos porque recordamos. Es natural que en el momento previo a dejar de ser, recordemos todo aquello que nos permitió ubicarnos como nosotros mismos, a lo largo de toda nuestra vida. Ese repaso vivencial es la recapitulación.

Una vez que el cuerpo ha completado su recapitulación final, se produce un estallido de conciencia total que dura únicamente el instante previo a la muerte definitiva. Por sólo un instante, merced a la recapitulación y en el momento de morir, somos conciencia pura.
Los efectos de la recapitulación son demasiado contundentes como para dejarlos de lado. Antes de mencionar sus efectos me interesa dejar claro que recapitular no es recordar. De hecho la recapitulación es el no hacer de la memoria. Y es que mientras los recuerdos son cosa mental, de pensamientos, la recapitulación es una memoria sensible que tiene más que ver con los sentimientos. Cuando recordamos, es nuestro ego el que recuerda por medio del diálogo interno, al que añadimos imágenes.
En la recapitulación en cambio, es el cuerpo el que recuerda y lo hace sintiendo, liberando los sentimientos que tiene almacenados.
La mayor parte de la gente tiene un gran apego a su pasado, y esto es muy natural si se toma en cuenta que el pasado es el soporte básico con que el ego se justifica a sí mismo. El pasado determina lo que somos y por él nos sentimos justificados a seguir comportándonos como lo hacemos normalmente, aunque sepamos que no nos hace bien. Pasamos gran parte de nuestro tiempo recordando el pasado. Sólo que no nos percatamos de que cuando recordamos lo que nos pasó, en realidad no estamos recordando esto, sino el discurso que elaboramos respecto de lo que nos pasó. No recordamos hechos, sino interpretaciones.

La recapitulación es un fenómeno corporal que tiene lugar en la totalidad de nuestro ser que recuerda, reviviendo sensiblemente los sentimientos implicados en los eventos que se recapitulan. La información que surge de ella, generalmente no concuerda con la información que nuestra memoria ordinaria (la mental) nos aporta de nuestra propia existencia.

Tal vez uno pueda pensar: ¿por qué ocuparse del pasado cuando lo que realmente nos compete es el presente? ¿no se nos ha insistido en vivir el aquí y ahora? Estas preguntas nos ponen de cara a un aspecto muy importante de la recapitulación; ella no se ocupa de un pasado que ocurrió y se fué, sino que sigue vigente en el momento actual, es un proceso que se encuentra registrado en nuestra persona presente y que de hecho está determinando todo cuanto somos y hacemos, nuestra manera de pensar, las cosas que se nos facilitan y las que nos son imposibles, las que deseamos y las que ni siquiera imaginamos, nuestros puntos fuertes y debilidades, la gente que nos atrae y la que evitamos, nuestro modo de vestir, nuestro modo de amar y experimentar afectos, en fin, todas esas características que quedan comprendidas en "lo que yo soy" y "la forma en que vivo".
Por todo lo anterior, recapitular no es ocuparse de algo que ya se fué, sino de algo que está operando de una manera contundente y comúnmente inevitable en cada instante de nuestra vida presente. Aquí y ahora cada persona está atada a otras personas, a un sin número de lugares, objetos y situaciones que no se ven a simple vista. Todas esas ataduras, son en realidad filamentos de la propia luminosidad que dejamos enganchados a lo largo de nuestra vida. Por eso, cuando queremos movernos, cambiar, intentar o emprender algo realmente nuevo, no podemos. Arrastramos con nosotros todos esos filamentos enganchados como un enorme peso que nos mantiene fijos en nuestras viejas rutinas, nuestro viejo modo de vivir. Cambian las personas con las que interactuamos, pero los acontecimientos se repiten.

De lo anterior se desprende que la recapitulación es también una puerta de liberación. Si soy capaz de conocer directamente, sin interpretaciones, de qué manera se formó mi ego, a qué cosas renuncié, que promesas del pasado arrastro secretamente, cómo es que llegue a creer que soy lo que creo que soy, si soy capaz de percatarme que mi ego es realmente la descripción que elabore en etapas pasadas de mi vida y que por tanto no es tan real ni tan definitivo como siempre creí, entonces, eso significa que soy capaz de cambiar y que no estoy condenado por esa burda historia a la que llamo mi pasado.
Técnicamente esto significa que si conozco cuáles son las rutinas estructurales de mi vida, tengo entonces la información necesaria para establecer los “no-haceres” más apropiados para desestructurarlas, para eliminar mi historia personal. Puedo entonces elegir cómo ser y cómo vivir. Puedo elegir en qué clase de mundo vivir. Puedo abandonar la repetición y el aburrimiento para elegir en su lugar la magia, el asombro y la alegría.

La realidad es que todos los seres humanos tenemos nuestros propios cuasi recuerdos del otro yo, que no se refieren obviamente a experiencias en estado de conciencia acrecentada, sino que se refieren a experiencias que fueron tan definitivas en nuestra vida, que el único alivio a lo que allí confrontamos fue olvidarlas por completo. Lo que sucede es que cuando el ego se topa con algo que no encaja con su propia descripción del mundo o de sí mismo, el hecho le resulta tan traumático que sencillamente lo descarta por completo o lo sustituye por alguna explicación o discurso. Ese olvido es posible porque lo que allí ocurrió no quedó registrado en la memoria ordinaria sino en la memoria paralela del otro yo, cuyo reporte de nuestra existencia resulta bien distinto del reporte de nuestro ego. En alguna parte de nuestro cuerpo como campo de energía se esconden nuestros cuasi recuerdos del otro yo. En ellos encontramos los mecanismos vigentes que nos cierran el paso hacia muchas de las experiencias que anhelamos, pero que parecen fuera de nuestro alcance. Encontramos por ejemplo las promesas.

A lo largo de nuestra vida, y en particular en momentos cruciales, efectuamos promesas que luego olvidamos en nuestra memoria ordinaria, pero que siguen teniendo un gran peso en nuestra vida.
En concordancia con la ley universal de generación, un pensamiento emitido y asociado con una emoción de intensidad, genera forma. Cargamos con estas promesas durante toda nuestra vida y perdemos así la libertad. Descubrir estas promesas escondidas en alguna parte de nuestro ser, conocerlas, es también la oportunidad de decidir si tales promesas tienen vigencia todavía o las hemos honrado lo suficiente y podemos por tanto renunciar a ellas.
La recapitulación es el medio conveniente para recuperar la conciencia de las promesas de nuestras vidas, es la oportunidad de saber verdaderamente quiénes somos.

Finalmente quiero hablar de la energía y su incremento, el más importante efecto de la recapitulación.
A lo largo de nuestra vida, en las múltiples interacciones que tenemos con otros seres humanos, experimentamos momentos dolorosos en que perdemos porciones completas de nuestra luminosidad. Particularmente en las situaciones en que se produce un fuerte intercambio emocional, experimentamos gran pérdida de energía, partes completas de nosotros mismos se quedan en el camino. Después de tales sucesos ya nunca volvemos a sentirnos completos, sentimos secretamente que nos falta algo, aunque seamos incapaces de comprender qué. En tales situaciones, al huevo luminoso o aura que nos rodea se le forman agujeros que seguirán a lo largo de toda nuestra vida, puntos por donde seguiremos drenando nuestra energía y así perdemos equilibrio y poder, lo que se expresa en la vida de la gente común en la tendencia repetitiva de continuar ejecutando actitudes desgastantes que se iniciaron a partir de la vivencia dolorosa de un fuerte intercambio emocional.
Uno de los ejemplos más comunes de lo anterior es la separación de los amantes. El que es abandonado siente que pierde una parte de sí mismo. Lo llega a sentir como un dolor físico, como un hueco que le queda a la altura del vientre. Esto no es una alegoría, sino que de hecho, el amor posesivo de nuestras sociedades occidentales, produce tal enganchamiento de filamentos luminosos que, al producirse la separación, necesariamente alguien sale mutilado y probablemente no se volverá a sentir completo por el resto de su vida. Lo mismo sucede con la pérdida por fallecimiento de un ser cercano o querido.
La recapitulación permite la recuperación de energía perdida a lo largo del camino, es el medio para tapar los agujeros en nuestra luminosidad o campo de energía.
Pero así como dejamos jirones de energía en que nos quedamos atados a momentos, lugares y situaciones del pasado, así también otras personas dejaron parte de su ser en nosotros. Nos dejaron su marca y por su marca pueden usurpar nuestro tiempo y espacio sin importar que estén cerca o lejos, vivas o muertas. Es por esto que en muchas situaciones yo, no soy yo, sino que soy alguien más. Soy mi padre, mi madre, mi maestro de la infancia, mi mejor amigo de antaño, mi antiguo amante o alguien más.
El desprendimiento de esos fragmentos incorporados secretamente a nuestro ser se logra también con la recapitulación.

En esencia, la recapitulación nos permite recuperar la totalidad de nosotros mismos y desprendernos de todas aquellas cargas que arrastrarnos a lo largo de nuestra vida presente e incluso aquellas que se colaron de existencias previas, las que normalmente llamamos karma.
La tarea de la recapitulación funciona en base a la ley de causa y efecto. Según esta ley, toda causa tiene su origen en el nivel del pensamiento, que a su vez genera sentimientos y emociones que sutilmente nos hacen actuar en la vida cotidiana de tal o cual manera. La forma específica y única en que actuamos en nuestra vida es lo que llamamos historia personal, y a este cúmulo de pensamientos, emociones y sentimientos que nos describen, lo llamamos ego.


Fuentes:

Resumen de "Las enseñanzas de Don Carlos" por Vicror Sánchez
Del Blog de Alex "De todo para todo"

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