lunes, 14 de febrero de 2011

Dialogo a fondo con Carlos Castaneda - I

Desde la publicación de "Las enseñanzas de Don Juan", a principios de los años setenta, Carlos Castaneda se convirtió en un verdadero mito. Mucho se ha escrito acerca de la existencia de Don Juan, y se han estudiado hasta el más mínimo detalle tanto los textos como la vida personal de Castaneda, quien, por su parte, se encargó de que se sepa poco de su identidad: nunca apareció en público y mantuvo en secreto su paradero. Al escribir su primer libro era estudiante posgraduado en la Universidad de UCLA (EE.UU.), a donde acudía periódicamente. De hecho, uno de sus libros, "Relatos de Poder", constituyó su tesis doctoral. Las enseñanzas de Don Juan se encuentran en las tradiciones de la población autóctona de México y del suroeste americano. Y, sea como sea, lo cierto es que los textos de Castaneda son amenos y la enseñanza que transmiten resulta comprensible, aunque a menudo adornada con alegorías y relatos apócrifos. Todos ellos han gozado de una amplia popularidad, con un amplio espectro de lectores, y han estado en las listas de libros más vendidos.

Puso énfasis en que esta conversación fuese publicada en una revista de Sudamérica. Dice Graciela: "Lo entreviste en Los Ángeles. Fue una experiencia muy interesante, la cual compartí con tres amigos que me acompañaron. Carlos Castaneda nos refirió, con franqueza y simplicidad, sus ultimas experiencias. En mi opinión, en la entrevista se nos mostró sin mascaras ni poses. Esta conversación aclara y pone en situación algunos de los episodios que refiere en su último libro: "El Regalo del Águila". Creo que la historia de "Joe Córdoba y su señora" presenta un aspecto no popularizado de Carlos Castaneda y su grupo, que en mi opinión seria la síntesis o ultima etapa de su camino o conocimiento: ese "tocar tierra" y "ser una nada". Acabo de hacerle unas líneas para avisarle que el trabajo se publicara en Mutantia. El tenia mucho interés en que se diera a conocer en alguna publicación en español. Estoy segura de que se alegrara enormemente."
Hacía varios meses que le había escrito (dos cartas para ser más precisa) cuando Carlos Castaneda llamó por teléfono. Su llamada me tomó totalmente por sorpresa. Castaneda habló largamente, y sin que yo se lo pidiera se ofreció a darme información.
Castaneda tenía interés en encontrarse y hablar conmigo. Procuró hacerme comprender que la tarea que estaba realizando era de gran importancia. "No soy ni un gurú ni tampoco un charlatán", —insistió haciendo referencia a algunos críticos y periodistas. Castaneda es un investigador que tenía interés en hablar de los trabajos que estaba realizando en México y sobre su labor epistemológica. Según él, el hombre europeo no concibe que haya otro que piense ni que haya otra descripción de la realidad que la suya.
Estando ya en Los Angeles, Carlos Castaneda llamó por teléfono. Al no encontrarme, dejó su mensaje y las indicaciones acerca de la hora y el lugar de encuentro: "Salga de la Freeway en tal calle y doble a la derecha en tal otra. Pase luego cuatro semáforos. Allí, a la izquierda está la Iglesia de la Inmaculada; doble a la derecha y ahí encontrará el campus de UCLA. Entre en el "parking lo". Como es domingo no va a haber nadie y Ud. podrá entrar sin problemas. Generalmente hay poca gente durante los fines de semana. Entonces, a las 4 de la tarde: junto a la garita".
Esa noche y la mañana siguiente trabajé febrilmente en mis notas. Había dormido poco pero no estaba cansada. A eso de la una de la tarde, mis amigos y yo salimos rumbo al campus de UCLA. Teníamos algo más de dos horas de viaje.
Siguiendo las indicaciones de Castaneda, llegamos sin dificultad a la garita de la entrada del 'parking lot' de UCLA. Faltaban aún unos 15 minutos para las 4 de la tarde.
A las cuatro en punto, levanté la vista y los vi venir hacia el auto: mi amiga junto a un señor moreno y algo más bajo que ella. Castaneda vestía unos azules y chaqueta de cuello abierto color crema pálido. Bajé del auto y me reuní con ellos. Tras los saludos convencionales, le pregunté si me permitiría usar un magnetofón. En el coche teníamos uno por si acaso. "No, es mejor que no", contestó con un gesto de hombros, pero nos encaminamos al coche para recoger las notas, cuadernos y libros.
Cargados de libros y papeles, nos dejamos guiar por Castaneda. El conocía bien el camino. "Por ahí —decía señalando con la mano— hay unos bancos lindísimos".
Desde el principio Castaneda fijó el tono de la conversación y los temas que íbamos a tratar. Me di cuenta también de que no iba a necesitar todas esas preguntas que tan trabajosamente había preparado con antelación. Como me había anticipado por teléfono, él quería hablarnos de la tarea que estaban haciendo y de la importancia de sus investigaciones.
La conversación se llevó a cabo en español, lengua que maneja con fluidez y gran sentido del humor. Castaneda es un maestro en el arte de la conversación. Hablamos por espacio de siete horas. El tiempo pasó sin que su entusiasmo ni nuestra atención decayeran.
Toda esa tarde Castaneda procuró mantener la conversación en un nivel que no fuera intelectual. Aunque sin duda ha leído mucho y conoce las distintas corrientes de pensamiento, en ningún momento estableció comparaciones con otras tradiciones del pasado o del presente. La "Enseñanza Tolteca" nos la transmitió por medio de imágenes materiales que, precisamente por eso, impiden que se las interprete especulativamente. De este modo Castaneda no sólo fue totalmente fiel a sus maestros sino también al camino que ha elegido, no quiso contaminar su enseñanza con nada ajeno a ella.
Al poco de encontrarnos quiso saber las razones de nuestro interés en conocerlo. El ya sabía de mi posible reseña y del proyectado libro de entrevistas. Más allá de todo profesionalismo insistimos en la importancia de sus libros, que tanto habían influido en nosotros y en muchas personas. Teníamos un profundo interés por conocer la fuente de esa enseñanza.
Entretanto, habíamos llegado ya a los bancos, y a la sombra de los árboles nos sentamos.

- "Don Juan a mí me lo dio todo —comenzó diciendo—. Cuando lo encontré no tenía otro interés que la antropología, pero a partir de ese encuentro cambié. ¡Y esto que me ha pasado a mí no lo cambiaría por nada!"
Don Juan estaba presente allí con nosotros. Cada vez que Castaneda lo mencionaba o lo recordaba percibíamos su emoción. De Don Juan nos dijo que era una totalidad de exquisita intensidad capaz de darse todo en cada ahora. "Darse todo en cada momento es su principio, su regla", dijo. El que Don Juan sea así no puede ser explicado y es rara vez comprendido; "simplemente es".
En "El segundo anillo de poder", Castaneda recuerda una característica especial de Don Juan y de Don Genaro, de la que todos los demás carecen: "Ninguno de nosotros está dispuesto a prestarle al otro una atención indivisa, de la manera que Don Juan y Don Genaro lo hacían". Estas palabras apuntan a ese "ser todo" en cada instante, a esa presencia que es Don Juan. En muchas oportunidades Castaneda se ha de referir a eso de tener "un gesto", a ese acto totalmente gratuito y libre del ser.
"El segundo anillo de poder" me había dejado llena de preguntas. El libro me interesó mucho, sobre todo después de su segunda lectura, pero había escuchado comentarios desfavorables. Yo misma tenía ciertas dudas. Le dije que creía que "Viaje a Ixtlán" era el que más me había gustado sin que supiera bien por qué. Castaneda me escuchaba y contestó mis palabras con un gesto que parecía decir: "Y yo, ¿qué tengo que ver con el gusto de todos ellos?" Yo seguía hablando, buscando razones y explicaciones. "Tal vez esa preferencia se deba a que en "Viaje a Ixtlán" se percibe mucho amor", dije. Castaneda frunció el ceño. La palabra amor no le gustó. Es posible que el término tenga para él connotaciones de amor romántico, sentimentalismo o debilidad. Tratando de explicarme, insistí en que la última escena de "Viaje a Ixtlán" está preñada de intensidad. Ahí Castaneda asintió. Sí, con esto último estaría de acuerdo. "Intensidad, sí —dijo—, ésa es la palabra".

Insistiendo en el mismo libro, le manifesté que algunas escenas me habían resultado definitivamente grotescas. No les encontraba justificación. Castaneda estuvo de acuerdo conmigo.
- "Sí, el comportamiento de esas mujeres es monstruoso y grotesco pero esa visión me era necesaria para poder entrar en acción", dijo. Castaneda necesitaba ese shock.
- "Sin adversario no somos nada -continuó-. El ser adversario es propio de la forma humana. La vida es guerra, es lucha. La paz es una anomalía".
Refiriéndose al pacifismo lo calificó de monstruosidad porque, según él, los hombres "somos seres de logros y de luchas".
Sin poder contenerme le dije que no podía aceptar que calificara el pacifismo de monstruosidad.
- "¿Y Gandhi, cómo ve Ud. a Gandhi, por ejemplo?"
- "¿Gandhi? —respondió— Gandhi no es un pacifista. Gandhi es uno de los más tremendos luchadores que han existido. ¡Y qué luchador!"
Comprendí entonces que Castaneda da valores muy especiales a las palabras. El pacifismo al cual él había hecho referencia no podía sino ser el pacifismo del débil, el de quien no tiene agallas suficientes como para ser y hacer otra cosa, el de quien nada hace porque no tiene objetivos ni energía en la vida; en una palabra, ese pacifismo autocomplaciente y hedonista.
Con un amplio gesto que quería incluir a toda una sociedad ya sin valores, voluntad y energía, replicó:
- "Todos drogados... Sí, ¡hedonistas!"
Castaneda no aclaró estos conceptos, ni nosotros se lo pedimos. Yo tenía entendido que parte de la ascesis del guerrero era liberarse de la forma humana pero los inusitados comentarios de Castaneda me habían llenado de confusión. Poco a poco, sin embargo, me fui dando cuenta de que eso de ser "seres de logros y de luchas" es un primer nivel de la relación. Esa es la materia prima de donde se parte. Don Juan, en los libros, se refiere siempre al buen tonal de una persona. Ahí comienza el aprendizaje y se pasa a otro nivel. - "No se puede pasar al otro lado sin perder la forma humana" —dijo Castaneda.

Insistiendo sobre otros aspectos de su libro que no me habían quedado claros, le pregunté acerca de los huecos que le quedan a las personas por el simple hecho de haberse reproducido.
- "Sí —dijo Castaneda—. Hay diferencias entre las personas que han tenido hijos y las que no. Para pasar de puntillas frente al águila hay que estar entero. Una persona con huecos no pasa".
La metáfora del águila nos la explicaría más adelante. Por el momento pasó casi inadvertida ya que el foco de nuestra atención estaba en otro tema.
- "¿Cómo explica Ud. la actitud de doña Soledad con Pablito así como la de la Gorda con sus hijas?", quise saber con insistencia. Eso de quitarles a los hijos ese filo que al nacer ellos nos toman era, en gran medida, algo inconcebible para mí.
Castaneda convino en que aún no tiene bien sistematizado todo eso. Insistió, sin embargo, en las diferencias que existen entre las personas que se han reproducido y las que no.
- "Don Genaro es ¡loquito!, ¡loquito! Don Juan, en cambio, es un loco serio. Don Juan va despacio pero llega lejos. Al final, los dos llegan... Yo, como Don Juan tengo huecos; es decir, tengo que seguir su camino. Los Genaros, en cambio, tienen otro modelo. Los Genaros, por ejemplo, tienen un filo especial que nosotros no tenemos. Son más nerviosos y de marcha rápida... Son muy livianos; nada los detiene. Los que como la Gorda y yo hemos tenido hijos, tenemos otras características que compensan esa pérdida. Se es más reposado y, aunque el camino sea largo y arduo, también se llega. En general, los que han tenido hijos saben cómo cuidar a otros. No significa que las personas sin hijos no sepan hacerlo, pero es distinto... En general uno no sabe lo que hace; se es inconsciente de las acciones y después se paga. ¡Yo no supe lo que hacía! —exclamó refiriéndose a su propia vida personal. Al nacer, a mi padre y a mi madre les quité todo -dijo. ¡Quedaron todos magullados! A ellos les tuve que devolver ese filo que les había quitado. Ahora tengo que recuperar el filo que yo perdí".
Pareciera que esto de los huecos que hay que cerrar, tiene que ver con los atavismos biológicos. Quisimos saber si el tener huecos es algo irreparable.
- "No -nos respondió-. Uno se puede curar. Nada es irrevocable en la vida. Siempre es posible devolver lo que no nos pertenece y recuperar lo que es de uno".
Esta idea de la recuperación es coherente con todo un "camino de aprendizaje"; camino en el cual no basta conocer o practicar una o más técnicas sino que requiere la transformación individual y profunda del ser. Se trataría de todo un sistema coherente de vida con objetivos concretos y precisos.

Tras un silencio le pregunté si "El Segundo Anillo de Poder" había sido publicado en español. Según Castaneda una editorial española tenía todos los derechos, pero no estaba seguro de si el libro había salido o no. (El no estaba muy conforme con la distribución de sus libros por la editorial de los primeros, "Fondo de Cultura Económica, de México").
"Las traducciones al español las hizo Juan Tovar, un gran amigo mío". Juan Tovar usó las notas en español que el mismo Castaneda le había facilitado; notas que algunos críticos han puesto en duda.
La traducción al portugués parece ser muy hermosa. "Sí, dijo Castaneda. Esa traducción está basada en la traducción al francés. Está muy bien hecha".
Al principio de nuestra conversación, Castaneda mencionó algo acerca de la "Enseñanza Tolteca". También en "El Segundo Anillo de Poder" se insiste en "los Toltecas" y en "ser un tolteca".
- "¿Qué significa ser un tolteca?" -le preguntamos.
Según Castaneda, la palabra tolteca constituye una unidad de significación muy amplia. Se dice de alguien que es un tolteca de la misma manera que se puede decir que es un demócrata o un filósofo. Tal como él la usa, esta palabra nada tiene que ver con su significado antropológico.
(Desde el punto de vista antropológico, la palabraTolteca hace referencia a una cultura india del centro y sur de México que ya se encontraba extinta en el momento dé la conquista y colonización de América.)
- "Tolteca es el que sabe los misterios del acecho y del sueño".
Todos ellos son toltecas. Se trata de un pequeño grupo que ha sabido mantener viva una tradición de más de 3-000 años antes de J.C.
Como yo estaba trabajando en el pensamiento místico y tenía particular interés en establecer la fuente y el lugar de origen de las distintas tradiciones, insistí:
- "¿Cree Ud. entonces que la tradición Tolteca ofrece una enseñanza que sería propia de América?"
Castaneda adujo que es posible que los pueblos de América hubieran traído algo de Asia al cruzar el estrecho de Bering, pero que hace tantos miles de años de todo eso que por el momento no hay más que teorías.
En "Relatos de Poder", Don Juan le habla a Castaneda de los brujos, de "esos hombres de conocimiento" que la conquista y colonización del hombre blanco no pudieron destruir porque ni supieron de su existencia ni notaron todo lo incomprensible de su mundo.
- "¿Quienes forman la nación Tolteca? ¿Trabajan juntos? ¿Dónde lo hacen?"
Castaneda contestó todos nuestros interrogantes. El está ahora a cargo de un grupo de jóvenes que vive en la zona de Chiapas, al sur de México. Todos se trasladaron a esa zona debido a que la señora que ahora les enseña estaba radicada allí.

"Entonces... ¿Ud. volvió?" -me sentí impelida a preguntarle al recordar la última conversación entre Castaneda y las hermanitas al final de "El Segundo Anillo de Poder".
- "¿Volvió Ud. pronto, tal como la Gorda se lo pedía?"
- "No, no volví pronto pero volví, me contestó riendo. Volví para llevar a cabo una tarea a la cual no puedo renunciar".
El grupo consta de unos 14 miembros. Si bien el núcleo básico es de 8 ó 9 personas, todos son indispensables en la tarea que se realiza. Si cada uno es suficientemente impecable, se puede ayudar a un mayor número de seres,
"Ocho es un número mágico", dijo en algún momento. También insistió en que el tolteca no se salva solo sino que se va con el núcleo básico. Los otros quedan y son indispensables para continuar y mantener viva la tradición. No es necesario que el grupo sea grande, pero cada uno de los que está envuelto en la tarea es definitivamente necesario para el todo.
- "La Gorda y yo somos los responsables por los allegados. Bueno, realmente yo soy el responsable pero ella me ayuda íntimamente en esta tarea", aclaró Castaneda.
Nos habló después de los miembros del grupo que conocíamos por sus 1ibros. Nos dijo que Don Juan era indio Yaqui, del estado de Sonora. Pablito, en cambio, era indio Mixteco, y Néstor era Mazateco (de Mazatlán, en la provincia de Sinaloa). Benigno era Zotsil (Sotzil). Recalcó varias veces que Josefina no era india sino que era mexicana y que uno de sus abuelos era de origen francés. La Gorda, como Néstor y Don Genaro, era Mazateca. "Cuando la conocí, la Gorda era una mujer inmensa, pesada y toda golpeada por la vida Ninguno de los que la conoció puede hoy imaginar que la de ahora es la misma de antes".             
Quisimos saber en qué lengua se comunicaba él con toda la gente del grupo, y cuál era la lengua que generalmente usaban entre ellos. Le recordé que en sus libros se hacen referencias a algunas lenguas indias.
- "Nos comunicamos en español porque es la lengua que todos hablamos. Además ni Josefina ni la señora Tolteca son indias. Yo sólo hablo un poquito en lengua india. Frases sueltas, como saludos y alguna que otra expresión. Lo que sé no me permite mantener una conversación".
 Aprovechando una pausa suya le preguntamos si la tarea que ellos están realizando es accesible a todos los hombres o si se trata de algo para unos pocos.
Como nuestras preguntas apuntaban a descubrir la relevancia de la "Enseñanza Tolteca" y el valor de la experiencia del grupo para el resto de la humanidad, Castaneda nos explicó que cada uno de los miembros del grupo tiene tareas específicas que cumplir, sea en la zona de Yucatán, en otras áreas de México o en otros lugares.
- "Cumpliendo tareas, uno descubre una gran cantidad de cosas que son directamente aplicables a las situaciones concretas de la vida diaria. Haciendo tareas se aprende mucho. Los Genaros, por ejemplo, tienen una banda de música con la que recorren todos los lugares de la frontera. Se imaginarán Uds. que ellos ven y están en contacto con mucha gente. Siempre se tienen posibilidades de transmitir el conocimiento. Siempre se ayuda. Se ayuda con una palabra, con una pequeña insinuación... Cada uno, cumpliendo fielmente su tarea, lo hace.
Todos los seres pueden aprender. Todos tienen la posibilidad de vivir como guerreros. Cualquier persona puede emprender la tarea del guerrero. El único requisito es querer hacerlo con un deseo inconmovible; es decir, se ha de ser inconmovible en el deseo de ser libre.
El camino no es fácil. Constantemente buscamos excusas y tratamos de escapar. Es posible que la mente lo logre, pero el cuerpo lo siente todo... El cuerpo aprende rápida y fácilmente. El tolteca no puede gastar energía en tonterías, -continuó-. Yo era una de esas personas que no pueden estar sin amigos... ¡Ni al cine podía ir solo!"

Don Juan en un determinado momento le dijo que debía abandonar todo y, particularmente, separarse de todos aquellos amigos, con los cuales no tenía nada en común. Por largo tiempo resistió la idea hasta que por último lo fue envolviendo.
- "Cierta vez, volviendo a Los Ángeles, bajé del auto una cuadra antes de llegar a casa y llamé por teléfono. Por supuesto que ese día, como todos, mi casa estaba llena de gente, me atendió uno de mis amigos a quien le pedí que preparara una valija con algunas cosas y que me la trajera adonde me encontraba. También le dije que el resto de las cosas, libros, discos, etc: podían repartírselas entre ellos. Claro que mis amigos no me creyeron y tomaron todas las cosas como en préstamo", aclaró Castaneda.
Este acto de deshacerse de la biblioteca y los discos es como cortar con todo el pasado, con todo un mundo de ideas y emociones.
- "Mis amigos creyeron que yo estaba loco y se quedaron esperando que volviera de mi locura. No los vi como en doce años... sí, durante unos doce años", concluyó.
Tras esos doce años, Castaneda pudo encontrarse nuevamente con ellos. Buscó primero a uno de sus amigos quien lo puso en contacto con los demás. Planearon luego una salida en la que fueron juntos a cenar. Ese día lo pasaron muy bien. Comieron mucho y sus amigos se emborracharon.
- "Encontrarme con ellos después de todos esos años fue mi modo de agradecerles la amistad que me habían brindado antes. Ahora todos son mayores. Tienen sus familias, esposas, hijos...
Era necesario sin embargo, que yo les agradeciera. Sólo así pude terminar definitivamente con ellos y cerrar una etapa de mi vida".
Es posible que los amigos de Castaneda ni entiendan ni puedan compartir nada de lo que él está haciendo, pero el hecho de que él quisiera y pudiera agradecerles fue algo muy bonito. Castaneda no se enojó con ellos, no pretendió nada de ellos. Les agradeció sinceramente su amistad y al hacerlo, se liberó interiormente de todo ese pasado.

Hablamos entonces del amor, "del tan mentado amor ". Nos contó varias anécdotas de su abuelo italiano, "siempre tan enamoradizo", y de su padre "tan bohemio él". "¡Oh! ¡L'amore! ¡L'amore!". -repitió varias veces. Todos sus comentarios tendían a destruir las ideas que comúnmente se tienen acerca del amor.
- "A mí me costó mucho aprender, siguió. Yo era también muy enamoradizo... A Don Juan le costó trabajo hacerme entender que debía cortar con ciertas relaciones. El modo como finalmente corté con ella fue el siguiente. La invité a cenar y nos encontramos en un restaurante. Durante la cena pasó lo que siempre pasaba. Hubo una gran pelea y ella me gritó e insultó. Por último le pregunté si tenía dinero. Me respondió que sí. Aproveché para decirle que debía ir hasta el auto a buscar mi billetera o algo así. Me levanté y no volví más. Antes de dejarla quise estar seguro de que tenía suficiente dinero como para tomar un taxi y volver a casa. Desde ese entonces no la he vuelto a ver. No me van a creer Uds., pero los toltecas son muy ascéticos", insistió.
Sin poner en duda su palabra le comenté que esa idea no se desprendía de "El segundo anillo".
- "Al contrario, -recalqué-. Creo qué en su libro muchas escenas y actitudes se prestan a confusión".
- "¿Cómo cree Ud. que yo iba a decir eso claramente? -me contesto-. No podía decir que las relaciones entre ellos fueran puras porque no sólo nadie me lo hubiera creído sino que nadie me hubiera entendido".
Después de escuchar a Castaneda, quedamos convencidos que para el tolteca el sexo representa un inmenso desgaste de energías que necesita para otra tarea. Se comprende entonces su insistencia acerca de las relaciones totalmente ascéticas que mantienen los miembros del grupo.
- "Desde el punto de vista del mundo, la vida que el grupo lleva y las relaciones que mantienen es algo totalmente inaceptable e inaudito. Lo que les cuento no sería creíble. A mi me llevó mucho tiempo comprenderlo pero lo he podido finalmente comprobar".
Castaneda nos había dicho antes que cuando una persona se reproduce pierde un filo especial. Parece que ese filo es una fuerza que los hijos toman de los padres por el mero hecho de nacer. Este hueco que a la persona le queda es el que hay que llenar o recuperar. Hay que recuperar la fuerza que se ha perdido. Nos dio también a entender que la relación sexual prolongada de una pareja termina por desgastarlos. En una relación van surgiendo diferencias que hacen que progresivamente se vayan rechazando ciertas características de uno y de otro. En consecuencia, para la reproducción se elige de la otra parte aquello que a uno le gusta, pero no hay ninguna garantía de que aquello que se elige sea necesariamente lo mejor. "Desde el punto de vista de la reproducción -comentó-, lo mejor es at randum ". Castaneda se esforzó por explicarnos mejor estos conceptos, pero hubo de confesar nuevamente que son temas que él mismo no tiene aún claros.

Castaneda nos venía describiendo un grupo cuyas exigencias, para el común de las personas, eran extremas. Estábamos muy interesados en saber adónde conducía todo ese esfuerzo.
- "¿Cuál es el objetivo único del tolteca?" Queríamos saber el sentido de todo eso que Castaneda nos venía diciendo.
- "¿Cuál es el objetivo que Ud. persigue?" -insistimos llevando la pregunta a un nivel personal.
- "El objetivo es salirse del mundo vivo; salirse con todo lo que uno es pero con nada más que con lo que uno es. La cuestión es no llevarse nada ni dejar nada. Don Juan se salió enterito -¡vivito! del mundo. Don Juan no muere porque los toltecas no mueren".
(En "El segundo anillo de poder", la Gorda lo instruye a Castaneda con respecto a la dicotomía "nagual -tonal". El dominio de la segunda atención "sólo se logra después de que los guerreros barren totalmente la superficie de la mesa... esta segunda atención hace que las dos atenciones formen una unidad y que esta unidad sea la totalidad de uno mismo". En el mismo libro, la Gorda le dice a Castaneda: "Cuando los brujos aprenden a "soñar", atan sus dos atenciones y, entonces, no hay necesidad de que el centro empuje hacia afuera ...Los brujos no mueren... No quiero decir que nosotros no muramos. Nosotros somos nada; somos badulaques (tontos); no estamos ni aquí ni allá. Ellos, en cambio, tienen sus atenciones tan unidas que tal vez nunca mueran.)
Según Castaneda, la idea de que somos libres es una ilusión y un absurdo. Se esforzó por hacernos comprender que el sentido común nos engaña porque la percepción ordinaria sólo nos dice una parte de la verdad.
- "La percepción ordinaria no nos dice toda la verdad. Debe haber algo más que el mero paso por la tierra, que eso de sólo comer y reproducirnos" -dijo con vehemencia. Y con un gesto que interpretamos como aludiendo al sin sentido de todo y al inmenso tedio de la vida en su cotidiano aburrimiento, nos preguntó: - "¿Qué es todo esto que nos rodea?"
El sentido común sería ese acuerdo al que hemos llegado tras un largo proceso educativo que nos impone la percepción ordinaria como la única verdad.
- "Precisamente, el arte del brujo -dijo- consiste en llevar al aprendiz a descubrir y a destruir ese prejuicio perceptivo".
Según Castaneda, Edmundo Husserl es el primero en Occidente que concibe la posibilidad de "suspender el juicio". El método fenomenológico no niega sino que simplemente "pone entre paréntesis" aquellos elementos que sustentan nuestra percepción ordinaria.
Castaneda considera que la fenomenología le ofrece el marco teórico-metodológico más útil para comprender la enseñanza de Don Juan. Para la fenomenología el acto del conocimiento depende de la intención y no de la percepción. La percepción varía siempre según una historia; es decir, según el sujeto con saberes adquiridos e inmerso en una determinada tradición. La regla más importante del método fenomenológico es eso de "hacia las cosas mismas".
- "La tarea que Don Juan realizó conmigo -insistió- fue la de romper poco a poco los prejuicios perceptivos hasta llegar a la ruptura total".
La fenomenología suspende el juicio y se limita a la descripción de los puros actos intencionales.
- "Así, por ejemplo, el objeto casa yo lo construyo. El referente fenomenológico es mínimo. La intención es lo que transforma al referente en algo concreto y singular".



Fuentes:

Graciela N.Vico Corvalán
Revista "Esotera" Nº1

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