lunes, 14 de febrero de 2011

Dialogo a fondo con Carlos Castaneda - II

"Prosigue la entrevista que la doctora argentina Graciela Corvalán logró hacerle a Carlos Castaneda. En ella se observan algunos aspectos del camino vital emprendido por el escritor desde su aprendizaje en la via de conocimiento a través del célebre Tolteca Don Juan Matus. El aspecto mágico de la vida aparece plenamente en las actividades cotidianas de Castañeda, convertido ya en "hombre de poder", aunque aparezca como simple cocinero en un restaurante de carretera..."

La fenomenología, sin embargo, tiene para Castaneda un simple valor metodológico. Husserl no trascendió nunca el nivel teórico y, en consecuencia, no tocó al ser humano en su vida de todos los días. Para Castaneda, el hombre occidental -el hombre europeo- a lo más que ha llegado es al hombre político. Este hombre político sería el epítome de nuestra civilización.
"Don Juan, - dijo- con su enseñanza, está abriendo la puerta para otro hombre mucho más interesante: un hombre que vive ya en un mundo o universo mágico".
Meditando sobre eso del "hombre político" vino a mi memoria un libro de Eduardo Spranger llamado "Formas de vida", en el cual se dice que la vida del hombre político "está entrecruzada de relaciones de poder y rivalidad". El hombre político es el hombre de dominio cuyo poder controla tanto la realidad concreta del mundo como los seres que la habitan.
El mundo de don Juan, en cambio, es un mundo mágico poblado de entidades y de fuerzas.
- "Lo admirable de don Juan -dijo Castaneda- es que aunque en el mundo de todos los días él parece estar loco (¡loquito! ¡loquito!), nadie es capaz de percibirlo. Al mundo, don Juan le ofrece una fachada que es necesariamente temporal... una hora, un mes, sesenta años. ¡Nadie lo podría agarrar descuidado! En este mundo don Juan es impecable porque él siempre supo que lo de aquí es sólo un momentito y que lo que viene después... Bueno... ¡Una belleza! Don Juan y don Genaro amaban intensamente la belleza".

La percepción y concepción que don Juan tiene de la realidad y el tiempo son indudablemente muy distintas a la nuestra. Si bien a nivel de la cotidianeidad don Juan es siempre impecable, esto no impide que sepa que "de este lado" todo es definitivamente pasajero.
Castaneda continuó describiendo un universo polarizado hacia dos extremos: el lado derecho y el lado izquierdo. El lado derecho correspondería al tonal y el lado izquierdo al nagual.
En "Relatos de Poder" Don Juan le explica largamente a Castaneda acerca de esas dos mitades de la "burbuja de la percepción". Le dice que la tarea del maestro consiste en limpiar prolijamente una parte de la burbuja, para luego reordenar "todo lo que hay" en el otro lado.
- "El maestro se ocupa de esto martillándoselo al aprendiz sin piedad hasta que toda su visión del mundo queda en una mitad de la burbuja. La otra mitad, la que ha quedado limpia, puede entonces ser reclamada por algo que los brujos llaman voluntad."
"Explicar todo esto es muy difícil porque a este nivel las palabras son totalmente inadecuadas. Precisamente, la parte izquierda del universo "implica la ausencia de palabras", y sin palabras no podemos pensar. Allí sólo caben las acciones. "En ese otro mundo -dijo Castaneda-el cuerpo actúa."
"El cuerpo, para entender, no necesita palabras".
En el universo mágico -por así llamarlo- de Don Juan, existen ciertas entidades que llaman "aliados" o "sombras fugaces". Estas, se pueden captar un sinnúmero de veces. Para este tipo de captaciones se ha buscado una gran cantidad de explicaciones pero, según Castaneda, no hay duda de que estos fenómenos dependen principalmente de la anatomía humana. Lo importante es llegar a comprender que hay toda una gama de explicaciones que pueden dar cuenta de estas "sombras fugaces".
Le pregunté, entonces, acerca de ese conocer con el cuerpo del que habla en sus libros.
"¿Es que para Ud. el cuerpo entero es un órgano del conocer?" -inquirí.
Meditando sobre estas palabras de Castaneda, pensé en el paralelismo con la Yoga Tántrica y los distintos centros o chakras que el oficiante va despertando mediante ciertas prácticas rituales. En el libro "El círculo hermético" de Miguel Serrano se lee que los chakras son "centros de conciencia".

En el mismo libro, Karl Jung le refiere a Serrano una conversación que tuvo con un cacique de los indios Pueblo llamado Ochwián Biano (Lago de la Montaña).
"Me explicaba su impresión de los blancos, siempre tan agitados, siempre buscando algo, aspirando a algo... Según Ochwián Biano, los blancos estaban locos, pues afirmaban pensar con la cabeza, y sólo los locos lo hacen así. Esta afirmación del jefe indio me produjo gran sorpresa y le pregunté que con qué pensaba él. Me respondió que con el corazón".
El camino del conocimiento del guerrero es largo, y requiere total dedicación. Todos ellos tienen un objetivo concreto y un incentivo muy puro.
- "¿Cuál es el objetivo?" -insistimos.
Parece que el objetivo consiste en pasar conscientemente al otro lado por el costado izquierdo del universo.
- "Hay que tratar de aproximarse lo más posible al águila y procurar escapársele sin que ella nos devore. El objetivo -dijo- es salirse de puntillas" por el lado izquierdo del águila. No sé si Uds. saben -continuó buscando el modo de aclararnos la imagen- que hay una entidad que los Toltecas llaman el águila. El visionario la ve como una inmensa negrura que se extiende al infinito; es una inmensa negrura que un relámpago cruza. Por eso es que la llaman el águila: tiene alas y lomo negros, y su pecho es luminoso. El ojo de esa entidad no es un ojo humano. El águila no tiene piedad. Todo lo que es vivo está representado en el águila. Esa entidad encierra toda la belleza que el hombre es capaz de crear así como también toda la bestialidad que no es el ser humano propiamente dicho. Lo que es propiamente humano en el águila es inmensamente pequeño en comparación a todo el resto. El águila es demasiada masa, bulto, negrura... frente a lo poquito que es lo propio del ser humano. El águila atrae a toda fuerza viva que está pronta a desaparecer porque se alimenta de esa energía. El águila es como un imán inmenso que va recogiendo todos esos haces de luz que son la energía vital de lo que está muriendo".
Mientras Castaneda nos decía todo esto, sus manos y dedos como martillos imitaban la cabeza de un águila picoteando el espacio con insaciable apetito.
- "Yo sólo les digo lo que don Juan y los otros dicen. ¡Son todos unos brujos y brujas! - exclamó-. Todos ellos están envueltos en una metáfora que es incomprensible para mi. ¿Cuál es el dueño del hombre? ¿Qué es lo que nos reclama?" -se preguntó.
Nosotros escuchábamos atentamente y lo dejábamos hablar porque él había entrado en un terreno en el cual ya no cabían las preguntas.
- "El dueño de nosotros no puede ser un hombre" -dijo.

Parece que los toltecas llaman dueño al "molde del hombre".
- "Todas las cosas -plantas, animales y seres humanos- tienen un molde. El "molde del hombre" es el mismo para todos los seres humanos. Mi molde y el suyo -continuó explicando- es el mismo, pero en cada uno se manifiesta y actúa en forma distinta según sea el desenvolvimiento de la persona ".
A partir de las palabras de Castaneda, interpretamos que el "molde humano" es lo que nos reúne, lo que unifica la fuerza de la vida. La "forma humana", en cambio, sería aquello que impide que veamos el molde. Parece que mientras no se pierda la "forma humana" sólo somos capaces de ver los reflejos de esa forma en todo lo que percibimos. A esa "forma humana" no la vemos pero la sentimos en nuestro cuerpo. Esa "forma" es la que nos hace ser lo que somos y nos impide cambiar.
En "El segundo anillo de poder" la Gorda lo instruye a Castaneda acerca del "molde humano" y la "forma humana". En ese libro, el "molde" se describe como una entidad luminosa y Castaneda recuerda que Don Juan, lo describió como "la fuente y el origen del hombre". La Gorda, pensando en Don Juan recuerda que éste le dijo que "si llegamos a tener suficiente poder personal podremos vislumbrar el molde aunque no seamos brujos; y que cuando esto ocurra diremos que hemos visto a Dios. Me dijo que si lo llamamos Dios, sería acertado porque el molde es Dios".
Varias veces esa tarde volvimos sobre el tema de la "forma humana" y el "molde " del hombre. Rodeando el tema desde distintos ángulos, cada vez se fue haciendo más evidente que "la forma" humana es esa cáscara dura de lo personal.
- "Esa forma humana - dijo- es como una toalla que lo cubre a uno desde las axilas a los pies. Tras esa toalla hay una vela encendida que se va consumiendo hasta apagarse. Cuando la vela se apaga es porque uno ha muerto. Entonces, viene el águila y se lo devora. Videntes -continuó Castaneda- son aquellos seres capaces de ver al ser humano como un huevo luminoso. Dentro de esa esfera de luz está la vela encendida. Si el vidente ve que la vela está chiquitita, por más fuerte que la persona parezca, significa que ya está terminada".
Castaneda nos había dicho antes que los Toltecas nunca mueren porque ser tolteca implica haber perdido la forma humana. Sólo en ese momento lo comprendimos: si el tolteca ha perdido la forma humana, no hay nada que el águila pueda devorar. No nos quedaba duda tampoco de que los conceptos dueño del hombre y molde  del hombre, así como la imagen del águila se referían a una misma entidad o estaban íntimamente relacionados.
Varias horas más tarde, sentados ante unas hamburguesas, en una cafetería del boulevard Westwood y otra calle cuyo nombre no recuerdo, Castaneda nos refirió su experiencia al perder la "forma humana". Según dijo, su experiencia no fue tan fuerte como la de la Gorda, quien tuvo síntomas similares a los de un ataque cardíaco.
- "En mi caso, dijo Castaneda- se produjo un simple fenómeno de hiperventilación. En ese preciso momento sentí una gran presión: una corriente de energía entró por la cabeza, atravesó el pecho y el estómago y siguió por las piernas hasta desaparecer por el pie izquierdo. Eso fue todo. Para asegurarme fui al médico, pero no me encontró nada. Solamente me sugirió que respirara en una bolsa de papel para disminuir la cantidad de oxígeno y contrarrestar el fenómeno de hiperventilación".
(En "El segundo anillo de poder", la Gorda le refiere a Castaneda que cuando ella perdió "la forma humana" comenzó a ver un ojo siempre frente a ella. Este ojo la acompañaba todo el tiempo y casi terminó por volverla loca. Poco a poco se acostumbró hasta que un día el ojo pasó a formar parte de ella. "Algún día, cuando llegue a ser un ser verdaderamente sin forma, no veré más ese ojo; el ojo será uno conmigo...")

Al principio de nuestra conversación, Castaneda mencionó algo acerca de la "Enseñanza Tolteca".
Según los toltecas, de alguna manera hay que devolverle o pagarle al águila lo que le corresponde. Ya nos ha dicho Castaneda que el dueño del hombre es el águila, y que el águila es toda la nobleza y belleza así como todo el horror y ferocidad que se encuentra en todo lo que es. ¿Por qué el águila es el dueño del hombre?
- "El águila es el dueño del hombre porque se alimenta de la llama de vida, de la energía vital que se desprende de todo lo que es."
Y, haciendo una vez más el gesto con sus manos semejando la cabeza con pico de águila, recorrió con su brazo el espacio a picotazos mientras decía:
- "¡Así! ¡Así! ¡Todo lo devora!. El único modo de escapar a la voracidad del águila, es salirse de puntillas y conteniendo el aliento... Cuando uno está listo para el último vuelo, se le hace una ofrenda al águila; una ofrenda -recalcó Castaneda- que casi es como darse uno mismo. Se le da al águila un equivalente de uno. Esta ofrenda ellos la llaman la recapitulación personal. Don Juan me dijo que la muerte comienza con esta recapitulación personal. Sólo entonces, vale decir, cuando la muerte es irrefutable e ineludible, la acción comienza".
- "¿En qué consiste, cómo se hace la recapitulación personal?" -quisimos saber nosotros.
- "En primer lugar hay que hacer una lista de todas las personas que uno ha conocido a lo largo de la vida -respondió-; una lista de todos aquellos que de una u otra manera nos han forzado a poner el ego -ese centro del orgullo personal que más tarde mostraría como un monstruo de 3.000 cabezas-, sobre la mesa."
"Tenemos que traer de vuelta a todos los que han colaborado pare que entrásemos en ese juego de "me quieren o no me quieren". Juego que no es otra cosa que un vivir volcados sobre nosotros mismos..."
"¡Lamiéndonos nuestras lastimaduras! La recapitulación tiene que ser total -continuó-; va de la Z a la A, hacia atrás. Se comienza en el momento presente y se va hacia la temprana infancia, hasta los dos o tres años y aún antes si fuera posible. Desde que nacemos, todo va quedando grabado en nuestro cuerpo. La recapitulación es y requiere un gran entrenamiento de la memoria. Ahora bien, ¿cómo se hace esta recapitulación? Se van trayendo cuidadosamente las imágenes y se las van fijando frente a uno; luego, con un movimiento de cabeza de derecha a izquierda, se sopla cada una de las imágenes como si las barriésemos de nuestra visión... El aliento es mágico." -agregó.
Con el fin de la recapitulación se acabaron también todos los trucos, los juegos y los autoengaños. Parece que al final sabemos todos nuestros trucos y no hay manera de poner el ego sobre la mesa sin que inmediatamente nos demos cuenta de lo que con eso pretendemos.
- "Con la `recapitulación personal uno se despoja de todo. Entonces. sólo queda la tarea; la tarea en toda su simpleza, pureza y crudeza. La recapitulación es posible para todos los hombres, pero se tiene que tener una voluntad inflexible. Si uno fluctúa o titubea, está perdido porque el águila se lo devora. En este terreno la duda no tiene cabida. No sé bien cómo explicar todo esto, pero en el cumplimiento y dedicación a la tarea se tiene que ser compulsivo sin de verdad serlo porque el tolteca es un ser libre. La tarea pide todo de uno y, sin embargo, se es libre. ¿Comprenden? Si esto es difícil de entender es porque, en el fondo, se trata de una paradoja. Pero a esta recapitulación -agregó Castaneda cambiando de tono y postura- hay que ponerle salsa. La característica de Don Juan y sus "compinches" es que son livianos. Don Juan me curó a mi de ser pesado. El no es solemne, nada ceremonioso."
(En el primer libro, "Las enseñanzas de Don Juan", éste le dice: "La cosa que hay que aprender es cómo llegar a la raja entre los mundos y cómo entrar en el otro mundo... Hay un lugar donde los dos mundos se montan el uno sobre el otro. La raja está allí. Se abre y se cierra como una puerta con el viento. Para llegar allí, un hombre debe ejercer su voluntad. Debe, diría yo, desarrollar un deseo indomable, una dedicación total. Pero debe hacerlo sin la ayuda de ningún poder y de ningún hombre...")

Dentro de la seriedad de la tarea que todos ellos realizan hay siempre cabida para el humor. Para ilustrar de un modo concreto la manera como Don Juan le enseñaba, Castaneda nos refirió un episodio muy interesante. Parece que él fumaba mucho, y que Don Juan resolvió curarlo.
- "Fumaba como tres cajetillas por día. ¡Uno tras otro! No los dejaba apagar. Uds. ven que ahora yo no llevo bolsillos -dijo señalando su remera que, en verdad, carecía de ellos-. Eliminé los bolsillos en ese entonces para quitarle al cuerpo la posibilidad de sentir algo en el costado izquierdo, y que este algo le recordara el hábito. Al eliminar el bolsillo eliminé también el hábito físico de llevar la mano hacia el bolsillo. Cierta vez Don Juan me dijo que íbamos a pasar unos días por los cerros de Chihuahua. Recuerdo que expresamente me dijo que no me olvidara de traer mis cigarrillos. Me recomendó, también, que llevara provisiones como para unos dos paquetes diarios y no más. Compré entonces las cajas de cigarrillos, pero en vez de 20 empaqueté unas 40. Hice unos paquetes divinos que recubrí con papel de aluminio para proteger mi carga de los animales y la lluvia. Bien equipado y con la mochila a cuestas, seguí a Don Juan por los cerros. ¡Ahí andaba yo encendiendo cigarrillo tras cigarrillo, y tratando de recuperar el aliento! Don Juan tiene un vigor tremendo; con gran paciencia me esperaba mientras me observaba fumar y agitarme por los cerros. ¡Yo no tendría ahora la paciencia que él tuvo conmigo! Llegamos, por fin, a una meseta bastante alta, rodeada de acantilados y empinadas laderas. Allí Don Juan me invitó a que tratara de volver o de bajar. Por mucho tiempo probé por un lado y otro hasta que finalmente tuve que desistir del intento. No iba a poder. Seguimos así, por varios días, hasta que una mañana me despierto y lo primero que hago es buscar mis cigarrillos. ¿Dónde están mis divinos paquetes? Busco y busco, y no los encuentro. Cuando Don Juan se despierta, quiere saber lo que me pasa. Le explico lo que ocurre y me dice: "No te preocupes. Seguramente vino un coyote y se las llevó, pero no pueden estar muy lejos. ¡Aquí! ¡Mira! ¡Hay rastros del coyote!" Todo ese día lo pasamos rastreando las huellas del coyote en busca de los paquetes. Después de mucho buscar, Don Juan seguía insistiendo en que no debía preocuparme porque ahí nomás -me decía-, tras la loma, hay un pueblo. Allí puedes comprar todos los cigarrillos que quieras. Otra vez anduvimos buscando y buscando... Claro es que ahora buscábamos el pueblo. ¿Dónde está el pueblo? Ni señales de él. En eso estábamos, cuando Don Juan se sentó en el suelo y haciéndose el viejito, bien viejito, empezó a quejarse: "Esta vez sí que estoy perdido... Ya estoy viejo... No puedo más..." Mientras esto decía: se agarraba la cabeza y hacía grandes aspavientos."
Castaneda nos hacía toda esta historia imitando a Don Juan en sus gestos y tono de voz. Era un espectáculo verlo. Más adelante, el mismo Castaneda nos diría que Don Juan solía hacer referencia a sus habilidades histriónicas.
- "Con tanto andar -siguió Castaneda- creo que habían pasado como 10 o 12 días, ¡Ya ni ansias de fumar me quedaban! Así es como se me quitaron las ganas de fumar. ¡Si nos las pasábamos como demonios corriendo por los cerros! Cuando llegó el momento de volver, se imaginan que Don Juan supo perfectamente cómo hacerlo. Bajamos derechito al pueblo. La diferencia fue que, entonces, yo ya no tenía necesidad de comprar cigarrillos. De este episodio -dijo nostálgico- han pasado como 15 años."
"La línea del no-hacer -comentó- es precisamente lo opuesto a la rutina o rutinas a las cuales estamos acostumbrados."
"Hábitos como el del cigarrillo, por ejemplo, son los que nos tienen amarrados, encadenados... En el sentido del no-hacer, en cambio, todas las avenidas son posibles".
Castaneda nos dio a entender que Don Juan los conocía muy bien a todos; los conocía en sus hábitos y debilidades. Así fue como uno a uno los fue agarrando. Don Juan y Don Genaro, "esos dos compinches", al decir de Castaneda, supieron hacerle a cada uno la jugada apropiada y, así, hacerlos caer en el camino del conocimiento.

Quedamos en silencio un rato; finalmente lo rompí para preguntar acerca de Doña Soledad. Le dije que ella me había impresionado como una figura grotesca; como una bruja, verdaderamente.
- "Doña Soledad es india -me contestó. La historia de su transformación es algo increíble."
"Puso tal voluntad en su transformación que al final lo logró. En este esfuerzo desarrolló su voluntad a tal extremo que como consecuencia desarrolló también demasiado orgullo personal."
"Precisamente por esto es que no creo que ella pueda pasar de puntillas por el costado izquierdo del águila. De cualquier modo, es fantástico lo que fue capaz de hacer consigo misma! No se si Uds. recuerdan quién era ella... Ella era la "Manuelita" la "mamacita" de Pablito, siempre lavando, planchando y fregando...; ofreciendo comidita a unos y otros."
Al referimos esto, Castaneda imitaba en gestos y movimientos a una viejecita muy pobrecita.
- "Hay que verla ahora -siguió-. Doña Soledad una mujer fuerte y joven, ¡Ahora hay que temerle! La recapitulación le llevó a Doña Soledad siete años de su vida. Se metió en un hueco, y de allí no salió. Se quedó metida hasta que terminó todo. En siete años no hizo más que eso. Aunque no pueda pasar junto al águila -dijo Castaneda lleno de admiración-, nunca más volverá a ser la pobrecita de antes."

Tras una pausa Castaneda nos recordó que Don Juan y Don Genaro ya no estaban con ellos.
- "Ahora ya todo es distinto -expresó Castaneda nostálgico. Don Juan y Don Genaro no están. La señora Tolteca está con nosotros. Ella nos pide tareas. La Gorda y yo hacemos la tarea juntos. También los otros tienen tareas que cumplir; tareas distintas, en lugares también distintos. Según Don Juan, las mujeres tienen más talento que los hombres. Las mujeres son más susceptibles. En la vida, además, ellas se gastan menos y se cansan menos que los hombres. Por esto es que Don Juan me ha dejado ahora en manos de una mujer."
"Me ha dejado en las manos del otro lado de la unidad hombre-mujer."
"Más aún, me ha dejado en manos de las mujeres: de las hermanitas y la Gorda ".
La mujer que ahora le enseña no tiene nombre. Ella es, simplemente, la mujer Tolteca.
(Varios meses más tarde, la Gorda (Maria Elena) me llamó por teléfono para trasmitirme un mensaje de Carlos Castaneda. En esa conversación, me dijo que la señora Tolteca se llamaba doña Florinda, y que se trataba de una persona muy elegante, vivaracha e inquieta. La señora Tolteca debe tener unos 50 años.)
- "La Sra. Tolteca es la que ahora me enseña. Ella es responsable de todo. Todos los otros, la Gorda y yo somos nada".Quisimos saber si ella sabia que iba a encontrarse con nosotros así como de sus otros planes.
- "La Sra. Tolteca lo sabe todo. Ella me mandó a Los Ángeles para que conversara con Ud. -nos respondió dirigiéndose a mi-. Ella sabe de mis proyectos, y que voy a Nueva York".
Quisimos también saber como era ella. "¿Es joven? ¿Es vieja?" -le preguntamos.
- "La Sra. Tolteca es una mujer muy fuerte. Sus músculos se mueven de una manera muy peculiar. Es vieja, pero una de esas viejas que lucen así a fuerza de maquillaje".
Era difícil explicar cómo era ella. En su intento, Castaneda buscó un punto de referencia y nos recordó la película "Gigante".
- "¿Recuerdan Uds. -nos pregunto- esa película en que trabajaban James Dean y Elizabeth Taylor? Allí E. Taylor hace de mujer madura aunque en realidad ella era muy joven. Esa misma impresión me causa la mujer Tolteca: un rostro con maquillaje de vieja sobre un cuerpo aún joven. También diría yo que ella se hace la vieja. ¿Conocen Uds. el "National Enquirer"? -continuó sueltamente-. Un amigo mío se encarga de guardármelos aquí en Los Ángeles, y cada vez que vengo los leo. Es lo único que aquí leo... Precisamente en ese periódico (recientemente) vi unas fotos de Elizabeth Taylor. ¡Ahora sí que está vieja de verdad!".
Este comentario, de algún modo sintetizó su juicio con respecto a la inmensa producción de noticias que caracteriza a nuestra época. Este comentario también encierra un juicio respecto al valor de toda la cultura occidental. Todo está al nivel del "National Enquirer".
Nada de lo que Castaneda dijo esa tarde fue casual. Los distintos trozos de información que él proporcionó apuntaron a crear una determinada impresión en nosotros. En esta intención de Castaneda no había nada equívoco; al contrario su interés fue transmitir la verdad esencial de la enseñanza en que están envueltos.

Continuamos hablando de la señora Tolteca y Castaneda nos dijo que ella se va pronto.
- "Ella nos ha dicho que en su lugar van a venir otras dos señoras. La mujer Tolteca es muy estricta. ¡Sus demandas son terribles! Ahora bien, si la mujer Tolteca es brava puede que las dos que vienen sean mucho peores. ¡Pueda ser que no se vaya todavía! Uno no puede dejar de querer ni puede impedir que el cuerpo se queje y tema la severidad de la empresa... Sin embargo, no hay modo de alterar el destino. ¡Ahí me agarró, entonces!"
(Por teléfono, la Gorda también insistió en que la Sra. Tolteca era muy "brava" y en que si bien a ella la quiere más que a Castaneda no estaría mal que la quisiera un poco más. "Andamos con todo el cuerpo magullado de los golpes que nos da " -dijo.)
"Yo no tengo más libertad que la de ser impecable porque sólo si soy impecable cambio mi destino; es decir, me voy de puntillas por el costado izquierdo del águila."
"Si no soy impecable, no cambio mi destino y el águila me devora. El Nagual Juan Matus es un hombre libre. El es libre cumpliendo con su destino. ¿Me comprenden Uds.? No sé si entienden lo que quiero decir" -dijo preocupado.
- "¡Claro que lo entendemos! -replicamos con vehemencia. Tanto en esto último como en muchas otras cosas que Ud. nos ha referido hasta ahora encontramos gran similitud con lo que sentimos y vivimos diariamente".
- "Don Juan es un hombre libre –continuó-. El busca la libertad, su espíritu la busca. Don Juan está libre de ese prejuicio básico; el prejuicio perceptivo que no nos deja ver la realidad".
Lo importante de todo eso que veníamos hablando reside en la posibilidad de desbaratar el círculo de las rutinas. Don Juan le hacía hacer numerosos ejercicios para que tomara conciencia de sus rutinas. Entre ellos está el de "caminar en la oscuridad" y la "marcha de poder".
¿Cómo romper ese círculo de las rutinas? ¿Cómo quebrar ese arco perceptivo que nos une a esa visión ordinaria de la realidad? Esa visión ordinaria que nuestras rutinas contribuyen a fijar es, precisamente lo que Castaneda denomina "la atención del tonal" o "el primer anillo de la atención".
- "Romper ese arco perceptivo no es tarea fácil, puede demorar años. La dificultad conmigo - afirmó riendo- es que soy muy testarudo. A las malas fui haciendo las cosas. Por esto es que, en mi caso, Don Juan tuvo que usar drogas... y así es como quedé... ¡Con el hígado en la acequia! En la línea del no-hacer se logra desbaratar las rutinas y tomar conciencia" -explicó Castaneda.
Al decir esto se levantó y comenzó a caminar hacia atrás mientras nos recordaba una técnica que Don Juan le había enseñado: la de caminar hacia atrás con la ayuda de un espejo. Castaneda siguió refiriéndonos que para facilitarse la tarea ideó un artefacto de metal (como un aro que a modo de corona se sostenía en la cabeza) en el cual había fijado el espejo. De esa manera, pudo practicar el ejercicio y tener libres las manos. Otros ejemplos de técnicas del no-hacer serían la de ponerse el cinturón al revés y la de
llevar los zapatos cambiados. Todas estas técnicas tienen como objetivo hacerlo a uno consciente de lo que en cada momento se está haciendo. "Desbaratar las rutinas -dijo- es él modo que tenemos de darle al cuerpo sensaciones nuevas. El cuerpo conoce...".
Seguidamente Castaneda nos refirió algunos de los juegos que los jóvenes toltecas practican durante horas. "Son juegos de no-hacer -explicó-. Juegos en los que no hay reglas fijas sino que éstas se van creando a medida que se juega".
Parece que al no haber reglas fijas, la conducta de los jugadores no es previsible y, en consecuencia todos deben estar muy atentos. "Uno de estos juegos -continuó- consiste en darle al adversario señales falsas. Es un juego de jalar o tirar ".
Según dijo, en ese juego de jalar intervienen 3 personas y hacen falta dos postes y una soga. Con la soga, se ata a uno de los jugadores y se lo cuelga de los postes. Los otros dos jugadores deben tirar de los extremos de la soga y tratar de engañarse dándose señales falsas. Todos tienen que estar muy atentos para que cuando uno tire, el otro también lo haga y la persona que está colgada no quede torcida.
Las técnicas y juegos de no-hacer desarrollan la atención. Se puede decir que son ejercicios de concentración puesto que obligan a los que los practican a estar plenamente conscientes de lo que hacen. Castaneda comentó que la senectud consistiría en haber quedado encerrado en el círculo perfecto de las rutinas.

- "Una manera de enseñar de la señora Tolteca es ponernos en situaciones. Creo que es la mejor manera porque al ponernos en situaciones descubrimos que no somos nada. El otro camino es el del amor propio, el del orgullo personal. Por este último camino nos vamos transformando en detectives, siempre atentos a todo lo que nos puede pasar y ofender. ¿Detectives? ¡Sí!"
"Nos lo pasamos buscando evidencias de si nos quieren o no nos quieren. Así centrados en nuestro ego no hacemos otra cosa que fortalecerlo."
"Según la mujer Tolteca, lo mejor es empezar considerando que nadie nos quiere".
Castaneda nos dijo que para Don Juan, el orgullo personal semeja a un monstruo de 3.000 cabezas.
- "Uno destruye y abate cabezas pero siempre otras se levantan... ¡Es que uno tiene todos los trucos! -exclamó. Con los trucos parece que nos auto engañamos creyendo que somos alguien."
Le recordé, entonces, la imagen de cazar las debilidades "como se recogen los conejos de una trampa", que aparece en su libro. "Si -me respondió-, hay que estar constantemente en acecho". Cambiando de posición, Castaneda comenzó a hacernos la historia de los tres últimos años.
- "Una de las tantas tareas fue la de cocinero en esas cafeterías de rutas. La Gorda me acompañó ese año como mesera. ¡Más de un año anduvimos por allí como Joe Córdoba y su Sra.! Mi nombre completo era José Luis Córdoba, para servirlos -dijo haciendo una profunda reverencia-. Sin embargo, todos me conocían como Joe Córdoba."
Castaneda no nos dijo el nombre ni el lugar de la ciudad en que vivieron. Es posible que hayan estado en diversos sitios. Parece que en un principio llegaron él, la Gorda y la Sra. Tolteca, quien los acompañó por un tiempo. Lo primero era encontrar casa y trabajo para Joe Córdoba, su Sra. y su suegra. "Así fue como nos presentamos -comentó Castaneda- de lo contrario, la gente no hubiera entendido".
Por mucho tiempo buscaron trabajo, hasta que al final lo encontraron en una cafetería de ruta. "En ese tipo de establecimiento se empieza muy temprano en la mañana. A las cinco hay que estar ya trabajando". Castaneda nos contó, riendo, que en esos lugares lo primero que le preguntan a uno es: "¿Sabe Ud. hacer huevos?" ¿Qué podía ser eso de hacer huevos? Parece que él demoró bastante tiempo en darse cuenta de lo que querían decirle, hasta que finalmente descubrió que se trataba de los diversos modos de preparar los huevos para los desayunos. En los restaurantes o cafeterías para camioneros, esto de "hacer huevos" es muy importante.
Un año estuvieron trabajando así. "Ahora sí que sé "hacer huevos" -afirmó riendo-; ¡todos los que Uds. quieran!". La Gorda también trabajó mucho. Fue tan buena mesera que terminó haciéndose cargo de todas las muchachas. Al cabo de un año, cuando la señora Tolteca les dijo "que basta, que se acabó con esa tarea", el dueño de la cafetería no los quería dejar ir. "La verdad es que allí trabajamos muy duro. ¡Mucho! Desde la mañana hasta la noche".
Durante ese año tuvieron un encuentro significativo. Se trata de la historia de una muchacha llamada Terry, que llegó a la cafetería en que ellos estaban, pidiendo trabajo como mesera. Para ese entonces, Joe Córdoba había ganado la confianza del dueño del establecimiento y era el encargado de contratar y vigilar a todo el personal. Según Terry les dijo, ella estaba buscando a Carlos Castaneda. ¿Cómo pudo saber ella que ellos estaban por allí? Castaneda no lo sabia.
Según contó Castaneda, cuando Terry llegó no era buena mesera. Con los meses, sin embargo, cambió, se volvió limpia y cuidadosa. "La Gorda le dio muchos consejos a Terry. La cuidamos mucho... Nunca ella se imaginó con quienes estuvo todo ese tiempo".
Estos últimos años han pasado momentos de gran privación durante los cuales se los maltrató y ultrajó. Más de una vez estuvo a punto de decir quién era, pero... "¡Quién me hubiera creído! -dijo ¡Además, la mujer Tolteca es la que decide". "Ese año -continuó- hubo momentos en que estuvimos reducidos al mínimo: dormíamos en el suelo y comíamos de una sola cosa".

Al escuchar esto, quisimos que nos explicara el modo de comer que tienen. Castaneda nos dijo que los toltecas comen un sólo tipo de alimento por vez, pero que lo hacen más seguido. "Los toltecas comen todo el día"- comentó en tono casual.
(En esta afirmación de Castaneda se puede ver el deseo de romper la imagen que la gente tiene del hechicero o brujo -seres con poderes especiales que no tienen las mismas necesidades del resto de las mortales. Al decir que "comen todo el día", Castaneda los unió al resto de los hombres.)
Según Castaneda, la mezcla de alimentos -por ejemplo, comer carne con papas y verduras- es muy mala para la salud.
- "Esta mezcla es muy reciente en la vida de la humanidad - afirmó."
"Comer un sólo alimento ayuda a hacer la digestión y es mejor para el organismo."
"Cierta vez Don Juan me acusó de que yo siempre me sentía mal. ¡Se imaginan que me defendí! Sin embargo, luego me di cuenta de que él tenía razón y aprendí. Ahora me siento bien, fuerte y sano."
También el modo de dormir que ellos tienen es distinto al de la mayoría de nosotros. Lo importante es darse cuenta de que se puede dormir de muchas maneras. Según Castaneda, se nos ha enseñado a acostarnos y a levantarnos a una determinada hora porque eso es lo que la sociedad quiere de nosotros. "Así, por ejemplo -dijo Castaneda-, los papás acuestan a los niños para sacárselos de encima". Todos nos reímos porque algo de razón había en eso.
"Yo duermo todo el día y toda la noche -continuó-, pero si sumo las horas y minutos que duermo no creo que lleguen a más de cinco horas por día". Dormir de esta manera requiere, por parte de la persona, la habilidad de ir directamente al sueño profundo.


Fuentes:

Graciela N.Vico Corvalán
Revista "Esotera" Nº2

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Según Platón, el conocimiento es un subconjunto de lo que forma parte a la vez de la verdad y de la creencia.
Integral Philosopher Michel Bauwens "Vision"