lunes, 23 de marzo de 2009

El Cerebro holográfico

En 1960, el neurocirujano Karl H. Pribram encontró el concepto de holografía y la explicación que buscaban los neurólogos. Pribram cree que la memoria está guardada no en las neuronas ni en pequeños grupos de células cerebrales, sino en los dibujos de impulsos nerviosos que atraviesan el cerebro de parte a parte, de la misma forma que los dibujos del rayo láser atraviesan el área entera de un trozo de película que contenga una imagen holográfica. En otras palabras, Pribram está convencido de que el cerebro mismo es un holograma.

Pribram, que no negó los riesgos que significarían tomar ese camino: “Hay que decidirse a tener valor de parecer loco”, confeccionó un modelo holográfico con un puzzle, en el que se reflejaba dónde y cómo se graba la memoria en el cerebro. Durante décadas, numerosos estudios nos han mostrado que la memoria se situaba en diferentes zonas dispersas del cerebro, y no en una zona específica.
Pribram sentía recaudos en cuanto a la “ingenua” idea clásica de la percepción cerebral: interacción entre la realidad observada y el cerebro observador, material (gracias a sus conexiones con los sentidos). Siempre hay una visión conservada por la mayoría hasta convertirse en norma estable, aburrida, que alimenta al reaccionario, al inquieto en su búsqueda por lo desconocido. Porque la “explicación fácil puede sostenerse, claro está, a cierto nivel. Pero una mirada más profunda apunta a otras explicaciones”, plantea Pribram en la recopilación de artículos de “El paradigma holográfico”, de Ken Wilber. Y luego, antes de escandalizar a todo científico dogmático, preanuncia la cuestión fundamental; “si la mente resulta como propiedad nacida de la interacción de un organismo con su entorno, o si la mente refleja la organización básica del universo”. Y escandaliza: “Las observaciones, las percepciones…las imágenes son construcciones mentales”. Por eso la pregunta que termina acercándolo a Bohm: ¿Las propiedades del universo serán mentales y no materiales? De ser así, tanto el cerebro como la realidad serían holográficos.
El pilar de la teoría del cerebro como holograma está en las experimentaciones que el neurocirujano realizó respecto de la memoria. Pribram explica que las lesiones que pueda sufrir la masa cerebral en porciones específicas no afectan de modo alguno al conjunto de recuerdos. Ni tampoco a uno en particular. Puede pasar sí que por patologías o situaciones particulares se pierda o perturbe la memoria general, no una unidad memorial.
O sea, la imagen de ese hombre campechano, de pelo blanco y rostro severo, lleno de arrugas, que se le aparece a Juan cuando algo le recuerda a su bisabuelo, no residiría en los tres milímetros cúbicos de la parte posterior cerebral que está en línea con su oreja. Ni en ninguna otra porción específica del cerebro. Y la memoria completa -que incluye la imagen del bisabuelo y su casa, los ñoquis de su bisabuela, luego los ñoquis que comió hace unos días en el puerto, y el puerto de Génova del que le hablaba su padre y las olas, y etcétera eterno- sería una proyección, un despliegue de la intersección de todas las partes del cerebro. Un “espectáculo mágico”, mental. Un holograma. Y en cada parte vive el todo memorial. La imagen del bisabuelo estaría en cada una de las partículas cerebrales junto con todos los otros recuerdos.

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Las imágenes, no sólo de la memoria, sino también de las experiencias directas serían manifestadas como un holograma. Pribram, en “El Paradigma Holográfico”, argumenta con el modelo virtual: “La simulación del procesamiento de imágenes en ordenadores no ha dado otra técnica más que la holográfica para proporcionar la rica textura de escenas como las que componen nuestras experiencias”. El proceso humano de imágenes contiene una cuestión elemental –aparte del cerebro y los sentidos-, la realidad física, comprendida como sea (como ilusión, como sustancia visible, como un caos, como un orden natural, etc.). Cuando ya había desarrollado las cuestiones básicas de la holografía cerebral, Pribram se encontró frente al análisis de la realidad, física. Acá se cruzan los caminos de Pribram y Bohm.
No se unieron antes de comenzar a investigar, en pos de crear un nuevo paradigma científico. Cada uno por su lado planteó teorías, y Pribram un día, dialogando con su hijo –físico- descubrió que había otro científico, un ex compañero de investigación de Einstein, que planteaba la misma visión que tenía él pero en el campo físico. Fue el paradigma holográfico que los unió.
Cuando se integran el campo físico y neurológico, Pribram afirma un atractivo argumento en cuanto a la existencia del “orden implicado” sin tiempo, del que habla Bohm. Recuerda pensadores que han explicado cosas en épocas carentes de elementos para descubrirlas. En “El Paradigma Holográfico”, Pribram da un ejemplo: los antiguos místicos que describieron la función de la glándula pineal (órgano nervioso del encéfalo, relacionado con la regulación del sueño y procesos celulares) siglos antes que la ciencia. “¿Cómo surgieron ideas como éstas siglos antes de que tuviésemos las herramientas para comprenderlas? Tal vez en el estado holográfico, la esfera de la frecuencia, hace 4.000 años es mañana”. El “todo” no tendría tiempos. Y los pocos privilegiados que pudieran arrimarse a su despliegue –a través de procesos místicos, no racionales, con un principio de vacío del pensador- asimilarían materia desconocida, como en este caso visualizar a la glándula pineal, a ser comprendida por la razón humana más adelante en el factor, ¿ilusorio?, tiempo. Vivir como un viaje en el tiempo, pero en verdad a través de un viaje en el “todo”.
Y llegado cierto punto Pribram, se arriesgó y vaticinó: “Creo que nos hallamos en medio de un cambio de paradigma que abarca toda la ciencia”.
No faltaron críticas atroces al paradigma holográfico. Sea cierto o no, es arriesgado y controvertido, plantea relaciones tabú como ciencia con misticismo. Intenta la superación del pensamiento de hoy. Y busca clavarse en la realidad más profunda, superar el estado de ensueño, salir de la Matrix -si es que existe-. De la matriz de la que sale seguro es la que conforma a lo preestablecido. Habrá que ver si es un salto a una plataforma firme o un salto al vacío. Pero a todos los interrogantes que quedan cabe destacar una afirmación: Pribram, así como Bohm, acertados o no en la teoría, realmente tuvieron “valor de parecer locos”.

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1 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno el articulo, y sin dudas es correcto decir que vivimos dentro de una mente holográfica...hoy dia existen sistemas de sanación energéticos que ayudan a limpiar sanar y aclarar las formas de pensamientos, emociones discordantes de nuestro cerebro, lo cual provoca una expansión de la conciencia y así nuestra "realidad" comienza a alinearse con un propósito mas elevado. Saludos!

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