viernes, 10 de abril de 2009

El arquetipo de la Mujer Salvaje

Fue en el estudio de los lobos, donde por primera vez cristalizó en mí el concepto del arquetipo de la Mujer Salvaje. He estudiado también a otras criaturas como, por ejemplo, el oso, el elefante y esos pájaros del alma que son las mariposas. Las características de cada especie ofrecen abundantes indicios de lo que es posible conocer acerca de la psique instintiva femenina.

Cuando las mujeres oyen las palabras "mujer" y "salvaje", despierta y renace en ellas un recuerdo antiquísimo. Es el recuerdo de nuestro absoluto, innegable e irrevocable parentesco con el femenino salvaje, una relación que puede haberse convertido en fantasmagórica como consecuencia del olvido, haber sido enterrada por un exceso de domesticación y proscrita por la cultura circundante, o incluso haberse vuelto ininteligible. Puede que hayamos olvidado los nombres de la Mujer Salvaje, puede que ya no contestemos cuando ella nos llama por los nuestros, pero en lo más hondo de nuestro ser la conocemos, ansiamos acercarnos a ella; sabemos que nos pertenece y que nosotras le pertenecemos.
Nacimos precisamente de esta fundamental, elemental y esencial relación y de ella derivamos también en esencia. El arquetipo de la Mujer Salvaje envuelve el ser alfa matrilíneo. Hay veces en que la percibimos, aunque sólo de manera fugaz, y entonces experimentamos el ardiente deseo de seguir adelante. Algunas mujeres perciben este vivificante "sabor de lo salvaje" durante el embarazo, durante la lactancia de los hijos, durante el milagro del cambio que en ellas se opera cuando crían a un hijo o cuan-do cuidan una relación amorosa con el mismo esmero con que se cuida un amado jardín.
La existencia de la Mujer Salvaje también se percibe a través de la visión; a través de la contemplación de la sublime belleza. Yo la he percibido contemplando lo que en los bosques llamamos una puesta de sol "de Jesús Dios". La he sentido en mi interior viendo venir a los pescadores del lago en el crepúsculo con las linternas encendidas y, asimismo, contemplando los dedos de los pies de mi hijo recién nacido, alineados como una hilera de maíz dulce. La vemos donde la vemos, o sea, en todas partes.
Viene también a nosotras a través del sonido; a través de la música que hace vibrar el esternón y emociona el corazón; viene a través del tambor, del silbido, de la llamada y del grito. Viene a través de la palabra escrita y hablada; a veces, una palabra, una frase, un poema o un relato es tan sonoro y tan acertado que nos induce a recordar, por lo menos durante un instante, de qué materia estamos hechas realmente y dónde está nuestro verdadero hogar.
Estos transitorios "sabores de lo salvaje" se perciben durante la mística de la inspiración... ah, aquí está; oh, ya se ha ido. El anhelo que sentimos de la Mujer Salvaje surge cuando nos tropezamos con alguien que ha conseguido establecer esta relación indómita. El anhelo aparece cuando una se da cuenta de que ha dedicado muy poco tiempo a la hoguera mística o a la ensoñación, y demasiado poco tiempo a la propia vida creativa, a la obra de su vida o a sus verdaderos amores.
Y, sin embargo, son estas fugaces experiencias que se producen tanto a través de la belleza como de la pérdida las que nos hacen sentir desnudas, alteradas y ansiosas hasta el extremo de obligarnos a ir en pos de la naturaleza salvaje. Y llegamos al bosque o al desierto o a una extensión nevada y nos ponemos a correr como locas, nuestros ojos escudriñan el suelo, aguzamos el oído, buscando arriba y abajo, buscando una clave, un vestigio, una señal de que ella sigue viva y de que no hemos perdido nuestra oportunidad. Y, cuando descubrimos su huella, lo típico es que las mujeres corramos para darle alcance, dejemos el escritorio, dejemos la relación, vaciemos nuestra mente, pasemos la página, insistamos en hacer una pausa, quebrantemos las normas y detengamos el mundo, pues ya no podernos seguir sin ella.
Si las mujeres la han perdido, cuando la vuelvan a encontrar, pugnarán por conservarla para siempre. Una vez que la hayan recuperado, lucharán con todas sus fuerzas para conservarla, pues con ella florece su vida creativa; sus relaciones adquieren significado, profundidad y salud; sus ciclos sexuales, creativos, laborales y lúdicos se restablecen; ya no son el blanco de las depredaciones de los demás, y tienen el mismo derecho a crecer y prosperar según las leyes de la naturaleza. Ahora su cansancio-del-final-de-la-jornada procede de un trabajo y un esfuerzo satisfactorios, no del hecho de haber estado encerradas en un esquema mental, una tarea o una relación excesivamente restringidos. Saben instintivamente cuándo tienen que morir las cosas y cuándo tienen que vivir; saben cómo alejarse y cómo quedarse.
Cuando las mujeres reafirman su relación con la naturaleza salvaje, adquieren una observadora interna permanente, una conocedora, una visionaria, un oráculo, una inspiradora, un ser intuitivo, una hacedora, una creadora, una inventora y una oyente que sugiere y suscita una vida vibrante en los mundos interior y exterior. Cuando las mujeres están próximas a esta naturaleza, dicha relación resplandece a través de ellas. Esa maestra, madre y mentora salvaje sustenta, contra viento y marea, la vida interior y exterior de las mujeres.

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El arquetipo de la Mujer Salvaje se puede expresar en otros términos igualmente idóneos. Esta poderosa naturaleza psicológica se puede llamar naturaleza instintiva, pero la Mujer Salvaje es la fuerza que se oculta detrás de ella. Se puede llamar psique natural, pero detrás de ella está también el arquetipo de la Mujer Salvaje. Se puede llamar la naturaleza innata y fundamental de las mujeres. Se puede llamar la naturaleza autóctona o intrínseca de las mujeres. En poesía se podría llamar lo "Otro" o los "siete océanos del universo" o "los bosques lejanos" o "La Amiga". En distintas psicologías y desde distintas perspectivas quizá se podría llamar el "id", el Yo, la naturaleza medial. En biología se llamaría la naturaleza típica o fundamental.
Pero, puesto que es tácita, presciente y visceral, entre las cantadoras se la llama naturaleza sabia o inteligente. A veces se la llama la "mujer que vive al final del tiempo" o la "que vive en el borde del mundo". Y esta criatura es siempre una hechicera-creadora o una diosa de la muerte o una doncella que desciende o cualquier otra personificación. Es al mismo tiempo amiga y madre de todas las que se han extraviado, de todas las que necesitan aprender, de todas las que tienen un enigma que resolver, de todas las que andan vagando y buscando en el bosque y en el desierto.
De hecho, en el inconciente psicoide -un inefable estrato de la psique, del cual emana este fenómeno- la Mujer Salvaje es tan inmensa que no tiene nombre. Pero, dado que esta fuerza engendra todas las facetas importantes de la feminidad, aquí en la tierra se la denomina con muchos nombres, no sólo para poder examinar la miríada de aspectos de su naturaleza sino también para aferrarse a ella. Puesto que al principio de la recuperación de nuestra relación con la Mujer Salvaje, ésta se puede esfumar en un instante, al darle un nombre podemos crear para ella un ámbito de pensamiento y sentimiento en nuestro interior. Entonces vendrá y, si la valoramos, se quedará.

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¿Cómo influye la Mujer Salvaje en las mujeres?
Teniéndola a ella por aliada, jefa, modelo -y maestra, vemos no a través de dos ojos sino a través de los ojos de la intuición, que tiene muchos. Cuando afirmamos nuestra intuición somos como la noche estrellada: contemplamos el mundo a través de miles de ojos.
La naturaleza salvaje acarrea consigo los fardos de la curación; lleva todo lo que una mujer necesita para ser y saber. Lleva la medicina para todas las cosas. Lleva relatos y sueños, palabras, cantos, signos y símbolos. Es al mismo tiempo el vehículo y el destino.
Unirse a la naturaleza instintiva no significa deshacerse, cambiarlo todo de derecha a izquierda, del blanco al negro, trasladarse del este al oeste, comportarse como una loca o sin control. No significa perder las relaciones propias de una vida en sociedad o convertirse en un ser menos humano. Significa justo lo contrario, ya que la naturaleza salvaje posee una enorme integridad.
Significa establecer un territorio, encontrar la propia manada, estar en el propio cuerpo con certeza y orgullo, cualesquiera que sean los dones y las limitaciones físicas, hablar y actuar en nombre propio, ser consciente y estar en guardia, echar mano de las innatas facultades femeninas de la intuición y la percepción, recuperar los propios ciclos, descubrir qué lugar le corresponde a una, levantarse con dignidad y conservar la mayor conciencia posible.

La Mujer Salvaje


Nuestro contacto con la naturaleza salvaje nos impulsa a no limitar nuestras conversaciones a los seres humanos, ni nuestros movimientos más espléndidos a las pistas de baile, ni nuestros oídos sólo a la música de los instrumentos creados por la mano del hombre, ni nuestros ojos a la belleza "que nos ha sido enseñada", ni nuestro cuerpo a las sensaciones autorizadas, ni nuestra mente a aquellas cosas sobre las cuales ya estamos todos de acuerdo.

¿Qué es la Mujer Salvaje? Desde el punto de vista de la psicología arquetípica y también de las antiguas tradiciones, ella es el alma femenina. Pero es algo más; es el origen de lo femenino. Es todo lo que pertenece al instinto, a los mundos visibles y ocultos... es la base. Todas recibimos de ella una resplandeciente célula que contiene todos los instintos y los saberes necesarios para nuestras vidas.
"... Es la fuerza Vida/Muerte/Vida, es la incubadora. Es la intuición, es la visionaria, la que sabe escuchar, es el corazón leal. Anima a los seres humanos a ser multilingües; a hablar con fluidez los idiomas de los sueños, la pasión y la poesía. Habla en susurros desde los sueños nocturnos, deja en el territorio del alma de una mujer un áspero pelaje y unas huellas llenas de barro. Y ello hace que las mujeres ansíen encontrarla, liberarla y amarla.
"Es todo un conjunto de ideas, sentimientos, impulsos y recuerdos. Ha estado perdida y medio olvidada durante muchísimo tiempo.
Es la fuente, la luz, la noche, la oscuridad, el amanecer. Es el olor del buen barro y la pata trasera de la raposa. Los pájaros que nos cuentan los secretos le pertenecen. Es la voz que dice: "Por aquí, por aquí."
"Es la que protesta a voces contra la injusticia. Es la que gira como una inmensa rueda. Es la hacedora de ciclos. Es aquella por cuya búsqueda dejamos nuestro hogar. Es el hogar al que regresamos. Es la lodosa raíz de todas las mujeres. Es todas las cosas que nos inducen a seguir adelante cuando pensamos que estamos acabadas. Es la incubadora de las pequeñas ideas sin pulir y de los pactos. Es la mente que nos piensa; nosotras somos los pensamientos que ella piensa.
"¿Dónde está? ¿Dónde la sientes, dónde la encuentras? Camina por los desiertos, los bosques, los océanos, las ciudades, los barrios y los castillos. Vive entre las reinas y las campesinas, en la habitación de la casa de huéspedes, en la fábrica, en la cárcel, en las montañas de la soledad. Vive en el gueto, en la universidad y en las calles. Nos deja sus huellas para que pongamos los pies en ellas. Deja huellas dondequiera que haya una mujer que es tierra fértil.
"¿Dónde vive? En el fondo del pozo, en las fuentes, en el éter anterior al tiempo. Vive en la lágrima y en el océano, en la savia de los árboles. Pertenece al futuro y al principio del tiempo. Vive en el pasado y nosotras la llamamos. Está en el presente y se sienta a nuestra mesa, está detrás de nosotras cuando hacemos cola y conduce por delante de nosotras en la carretera. Está en el futuro y retrocede en el tiempo para encontrarnos.
"Vive en el verdor que asoma a través de la nieve, vive en los crujientes tallos del moribundo maíz de otoño, vive donde vienen los muertos a por un beso y en el lugar al que los vivos envían sus oraciones. Vive en donde se crea el lenguaje. Vive en la poesía, la percusión y el canto. Vive en las negras y en las apoyaturas y también en una cantata, en una sextina y en el blues. Es el momento que precede al estallido de la inspiración. Vive en un lejano lugar que se abre paso hasta nuestro mundo.
"La gente podría pedir una demostración o una prueba de su existencia. Pero lo que pide esencialmente es una prueba de la existencia de la psique. Y, puesto que nosotras somos la psique, también somos la prueba. Todas y cada una de nosotras somos la prueba no sólo de la existencia de la Mujer Salvaje sino también de su condición en la comunidad. Nosotras somos la prueba de este inefable numen femenino. Nuestra existencia es paralela a la suya.
"Las experiencias que nosotras tenernos de ella, dentro y fuera, son las pruebas. Nuestros miles de millones de encuentros intrapsíquicos con ella a través de nuestros sueños nocturnos y nuestros pensamientos diurnos, a través de nuestros anhelos y nuestras inspiraciones, nos lo demuestran. El hecho de que nos sintamos desoladas en su ausencia y que la echemos de menos y anhelemos su presencia cuando estamos separadas de ella es una manifestación de que ella ha pasado por aquí..."

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Fuentes:

Clarissa Pinkola Estés
"Mujeres que Corren con los Lobos"

Apadrina el Blog "Hombres que corren con los lobos"



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lunes, 6 de abril de 2009

Los cuentos como alimento para el Alma

Los cuentos de hadas, los mitos y los relatos proporcionan interpretaciones que aguzan nuestra visión y nos permiten distinguir y reencontrar el camino trazado por la naturaleza salvaje. Las enseñanzas que contienen nos infunden confianza: el camino no se ha terminado sino que sigue conduciendo a las mujeres hacia el conocimiento cada vez más profundo de sí mismas. Los senderos que todos seguimos son los del Yo instintivo innato y salvaje.
Los cuentos que aquí reproduzco para explicar la naturaleza instintiva de las mujeres son en algunos casos relatos originales y, en otros casos, versiones literarias distintas que yo he escrito, basándome en los relatos que me contaron mis tíos y tías, abuelitas y abuelos, omahs y opahs, los mayores de mi familia cuyas tradiciones orales se vienen transmitiendo ininterrumpidamente desde tiempos inmemoriales. Algunos son documentos escritos de mis encuentros directos, otros son de tiempos pasados y todos nacen del corazón. Los expongo con todos los detalles y en toda su arquetípica integridad. Y los presento con el permiso y la bendición de tres generaciones vivas de narradores de cuentos de mi familia que compren-den las sutilezas y las exigencias de los cuentos entendidos como fenómenos curativos.
Clarissa Pinkola Estés

«Los cuentos son una medicina». Así de rotunda se expresa Clarissa Pinkola Estés, psicoanalista norteamericana de la escuela junguiana, refiriéndose, naturalmente, a los cuentos de tradición oral. Esta escuela, a través del concepto de arquetipos, ha desarrollado una potente intuición inicial de Freud, según la cual es posible establecer relaciones entre el mito, el sueño y la historia de la civilización; también entre el inconsciente colectivo y el individual. La dificultad estriba en saber interpretar cada cuento como si fuera un sueño persistente de la humanidad en su conjunto.

Mircea Eliade sugiere que los mitos y los cuentos de hadas son expresiones psicodramáticas de ritos de iniciación asociados con la transformación hacia estados más elevados de existencia. Se dice que la diferencia entre un mito y un cuento de hadas está en el final de la historia: un mito casi siempre concluye trágicamente, mientras que ¡os cuentos de hadas tienen finales felices. Los cuentos de hadas usan el lenguaje de los símbolos para apelar a la vez a nuestras mentes consciente y subconsciente, simultáneamente. Sugieren respuestas que dependen de las preguntas que el iniciado formula y sobre las dificultades que está teniendo en que hallar su yo superior. Por lo tanto, un cuento de hadas puede tener una gran variedad de interpretaciones.
Los cuentos mágicos son las raíces que nos entroncan con nuestros orígenes.
Conocer los cuentos de las distintas culturas es honrarlas.

Los cuentos fantásticos, los relatos populares, las historias familiares, nos sumergen en el misterioso mundo de los símbolos, de la realidad del hemisferio derecho del cerebro, del incierto y desconocido entorno de nuestro mundo interior, para desde ahí, crear la personal forma de pensar de cada uno. Los símbolos en cada persona conforman el substrato en el que se apoya toda su estructura de pensamiento.
Para Jung los símbolos son:
“Las palabras o imágenes que representan algo más que su significado inmediato y obvio. Tienen un aspecto “inconsciente” más amplio de lo que esta definido con precisión o completamente explicado. Cuando la mente explora los símbolos se ve llevada a ideas que yacen más allá de la razón”.

Los símbolos surgen de la fantasía y esta es la puerta que nos desliza hacia la creación de nuestras propias realidades sin ninguna limitación, nos lleva hasta ese lugar interior en el que el tiempo y el espacio no plantean dificultad.
En la infancia los relatos fantásticos son los grandes aliados del adulto para desarrollar la fantasía e los niños y niñas, son los encargados de crear el puente que facilita el pasar de las leyes físicas finitas y concretas al mundo de la magia del todo es posible, para desde ahí encontrar las soluciones creativas que van mucho más allá de lo puramente real.

Los cuentos, tienen la misión de sumergirnos en la esencia de nuestra cultura para desde ahí poder vislumbrar lo que esta enterrado en lo más profundo nuestra psique.
Los cuentos a través de sus personajes y situaciones nos muestran los conflictos internos con los que pequeños y mayores nos enfrentamos a lo largo de la vida.
Los cuentos, además, nos dan pautas para encontrar la solución mágica, lo inesperado, lo que tiene que ver con la intuición, con los parámetros internos, a los cuales accedemos si nos entregamos, como, “el héroe o heroína” de los relatos, al viaje iniciativo que les lleva a no se sabe dónde para solucionar algo casi imposible.
El cuento, desde un lenguaje simbólico, nos habla de nosotros mismos, de nuestros aspectos más profundos, de la necesidad de trasformarnos para llegar a ser sabios.
Nos hablan de cómo enfrentarnos a los monstruos, dragones, ogros, brujas…, que no son otra cosa que los personajes internos que nos llenan de miedo inseguridad, contradicciones, rencor, etc.

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Y...¿De donde provienen?

Los cuentos como los mitos, tienen su origen en lo más profundo de la esencia cultural de cada pueblo.
Ellos, hasta hace unos años, eran los encargados de transmitir a la infancia los valores, las normas éticas y sociales a las que se debían ajustar, es decir, enseñaban las tradiciones culturales propias de donde habían nacido.
Por eso los cuentos chinos, árabes, hindúes…son tan distintos a los nuestros, porque cada cultura tiene unas creencias, unas formas de relación, una estructura familiar, unas costumbres, etc. Que conforman un universo simbólico diferente.
Los cuentos, al ser relatos cortos y fáciles de recordar, podían transmitirse verbalmente de padres a hijos o, mejor dicho, de abuelos a nietos (pues eran estos los que tenían más tiempo de contar historias).
De esta forma se han ido modelando generación tras generación, hasta convertirse en relatos perfectos, ni sobra ni falta nada, solo ha quedado la esencia de lo que se quería transmitir.

¿Por que son importantes los cuentos?

Porque son relatos que el niño y la niña entienden.
El cuento al mostrar, con un lenguaje simbólico, personajes y situaciones muy definidas, es decir sin contradicciones ni ambivalencias (los buenos son guapos y van vestidos de colores claros, los malos son feos y sus ropajes son de colores oscuros) sintoniza perfectamente con el tipo de elaboración mental que el niño y la niña hace, que es siempre desde parámetros muy concretos en donde ellos son el centro y las cosa tienen vida por sí mismas.

Los cuentos, además de mostrar conflictos, intrigas, situaciones inesperadas, procesos de la naturaleza…etc. También hablan de los miedos, inseguridades, recelos, odios…que los pequeños sienten y que les llevan a sentirse culpables y al mismo tiempo, no considerados en su justo valor. El cuento les ayuda a identificarse y proyectarse en esas situaciones y personajes, el final feliz supone una liberación y un descanso interno, además de un posible aprendizaje.
Su lenguaje claro y concreto y su simbología profunda y evocadora, hacen que no sea necesario captar completamente el mensaje del contenido del texto, solo hay que dejarse llevar.

Otros lazos que también crean

Los cuentos además de vincularnos con nuestros orígenes culturales, nos vinculan con los nuestros…con nuestras raíces familiares.
Me atrevería a decir que los que nos han contado cuentos en nuestra infancia han marcado nuestra forma de sentir y de posicionarnos ante la vida.
Os invito a recordar quienes os contaban cuentos o historias de pequeños y que cuentos recordáis os contaban, esos relatos nos conectan con la esencia de nosotros mismos
Los que hemos tenido la suerte de tener un familiar al lado, cuando éramos pequeños, que permitía que el tiempo real se parara para deslizarnos en el otro tiempo, en el de todo es posible, nos ha abierto la posibilidad de idear de fábulas…de evocar…de vincularnos con la memoria de los que ya no están. Para los pequeños esto supone seguridad… supone sentirse parte de algo mayor que les sustenta… supone reconocer sus raíces y sus orígenes…

Los cuentos tendrían que tener un lugar significativo entre nosotros.
Escuchar los relatos de otras culturas nos acercan a ellas nos permiten entenderlas y disfrutar de formas muy distintas de ver la vida.
No hay una forma más rápida de entender y crear vínculos con los que vienen de otras tierras que decirles:
Cuéntame un cuento de esos que te contaban cuando eras pequeño… cuando todos los tuyos se juntaban y recordaban las historias que sucedieron hace muchos, muchos años y que hablan de tu tierra, de tus costumbres… de todo lo tuyo.

Concepto de Arquetipo e Inconsciente Colectivo

La figura llamada Arquetipo define un conjunto de patrones arcaicos y primordiales, que están representados por imágenes que se repiten a través de todas la culturas y todos los tiempos. Son posibilidades de representación de aspectos instintivos del ser humano, que trascienden el tiempo y el espacio. El Arquetipo es como un molde psíquico en el cual la experiencias individuales se vierten y toman forma.

El Inconsciente Colectivo, a diferencia del Inconsciente Personal, alberga no solo contenidos de la experiencia personal sino que se le añaden contenidos referidos a instintos, impulsos naturales o adquisiciones de orden colectivo, o sea predisposiciones compartidas por toda la humanidad más allá de la diferencias históricas y culturales.
Estas imágenes se propagan a lo largo del tiempo de forma universal en forma de categorías o posibilidades heredadas. Estas predisposiciones innatas se representan a través de imágenes y conceptos con mucha fuerza.
Es importante recordar que los Arquetipos no son las formas que toma, sino el sentido que contienen y se sostienen y perpetúan gracias a la experiencia individual repetida.
Los Arquetipos tienen aspectos luminosos y positivos y aspectos oscuros y negativos.

Las necesidades expresadas a través de los Arquetipos deben tenerse en cuenta muy seriamente, ya que expresan necesidades humanas primordiales. Frustrar esas necesidades o distorsionarlas puede tener consecuencias psicopatológicas graves, ya que son exigencias que provienen de nuestra estructura biológica primordial.
Dichas representaciones colectivas se expresan en: rituales y tradiciones primitivas, sueños, expresiones de la religión, mitos, leyendas y cuentos de hadas. Todos ellos han sido frecuentemente vehículo de la expresión de dichas representaciones arquetípicas.

“Cuanto más se atiende a las necesidades del Ego y menos a las demandas del Inconsciente, más riesgo hay de ser aplastados por el poder de la inundación de la Sombra desde lo Colectivo”.
C.G. Jung.

Algunos de los Arquetipos antropomórficos son: El Animus y el Anima.
Otros clásicos, relacionados con los ciclos de la vida: El Puer Aeternus, La Gran Madre... El Viejo Sabio... el Arquetipo del Héroe, etc...

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Arquetipo de Animus y Anima:


Animus: Este es el aspecto masculino interno de la mujer. Al igual que el Anima del hombre, es tanto un complejo personal como una imagen Arquetípica.

Animus significa mente o espíritu. El Animus corresponde al Logos. Expresa el conjunto de experiencias ancestrales referente al hombre y a “lo masculino” que tiene la mujer. Una mujer que se identifique excesivamente con el Animus corre el riesgo de desconectarse del Eros.
En su forma negativa se expresa como rigidez en ideas fijas, verdades absolutas, y prejuicios... De una forma útil y positiva expresa ideas filosóficas y actúa como mediador entre lo consciente y lo inconsciente en la mujer.

Jung describió cuatro etapas del desarrollo del Animus en la mujer: primero aparece en sueños y fantasías como la encarnación del poder físico, el hombre musculoso: Hércules.
En la segunda etapa, el Animus le brinda iniciativa y capacidad para realizar y planificar acciones; deseo de independencia y un desarrollo intelectual, económico y profesional: Apolo.
En la etapa siguiente, el Animus es la palabra ( a veces tiene en los sueños la representación del profesor o sacerdote).
En la cuarta etapa el Animus encarna el significado espiritual. En este nivel, al igual que el Anima como Sofía, sabiduría, el Animus es verdaderamente el mediador entre la psique consciente e inconsciente de la mujer: Hermes.

Cualquiera de estos aspectos, se pueden proyectar en un hombre teniendo como consecuencia una imagen “reducida” o distorsionada de la realidad .
Mientras la tarea del hombre para asimilar los efectos del Anima implica descubrir sus íntimos sentimientos, la mujer se relaciona con el Animus cuestionando constantemente sus ideas y opiniones. Anima: Este es el aspecto femenino interno del hombre. El Anima es tanto un complejo personal como una imagen arquetípica de mujer en la psique masculina.

“El Anima es el arquetipo de la vida misma “ .
C.G.Jung.

Inicialmente se identifica con la madre personal, viéndose más adelante no solo en relación a otras mujeres, sino como la dimensión sentimental de la vida de un varón.
El Anima se personifica en los sueños a través de imágenes de mujeres que van desde la seductora... hasta la guía espiritual. El Anima esta asociada al Eros, de modo que el desarrollo del Anima de un hombre se refleja en su trato y relación con las mujeres. Internamente es la expresión de sus deseos del alma.

Entendemos por deseos del alma todo aquello no racional: estados del animo, reacciones e impulsos y cualquier gesto de espontaneidad de la vida Cuando el Anima inunda la vida de un varón, intensifica, exagera, falsea y mitologiza todas sus reacciones emocionales. Fantasías y embrollos debilitan su carácter, transformándolo en una persona quisquillosa, irritable, caprichoso, celoso, vanidoso e inadaptado.
El carácter del Anima generalmente está compensado por la imagen “ideal” de la Persona. Todas aquellas cualidades ausentes en la actitud externa están escondidas en el inconsciente. Jung distinguió cuatro etapas esenciales del desarrollo del Anima: Eva, Helena, María y Sofía.
Eva esta identificada con la madre personal. El hombre se desarrolla en extrema dependencia de una mujer.
Helena; ideal sexual colectivo.
María: Esta expresada en sentimientos religiosos y por lo tanto muestra la capacidad para establecer relaciones duraderas.
Y al final Sofía, la sabiduría, se manifiesta cuando el Anima del hombre funciona como una guía de su vida interior, llevando a la conciencia los contenidos del inconsciente. Al igual que el Animus en la mujer... un hombre tiende a proyectar los aspectos de su Anima en una mujer real.

Para un hombre, la prioridad psicológica en la primera mitad de la vida es liberarse de la fascinación del Anima por la experiencia de la madre. Lograr vivir en armonía con su Anima es obra de madurez de una vida. Para una mujer vivir en armonía con su Animus es mantener un grado óptimo de objetividad y autonomía.

Estudio Analítico del Significado de los Cuentos de Hadas

Estudiar un cuento de hadas es estudiar una representación de las estructuras básicas de la psique humana. Los héroes de los cuentos no son figuras humanas sino representaciones de figuras arquetípicas. Todos los personajes de los cuentos no son sujetos humanos, aunque observemos conductas y comportamientos que nos lo recuerden. Los cuentos se escribieron para niños y niñas, dada su inmensa capacidad de proyectarse: La experiencia de identidad con el Yo, en los niños, se encuentra aún muy precaria. Este es un fenómeno complejo, pero parece evidente que en las figuras de los personajes de los cuentos, los niños pueden proyectar imágenes de actitudes psicológicas, que posteriormente les pueden servir de modelo y orientación psíquica.
Más que representar al Yo... que es tan solo la parte consciente de la psique, a través de los personajes de los cuentos se expresan experiencias “Arquetípicas”. Esta representación se observa claramente en los cuentos puesto que las acciones de los personajes trascienden sus deseos personales... para lograr restituir un equilibrio del “destino”, una expresión de un modelo colectivo.

Así pues los cuentos de hadas recrean y reconstruyen una realidad psíquica universal ordenando el caos. Los cuentos se presentan en forma de imágenes que refieren las capas más profundas del inconsciente. La tradición oral reitera la necesidad de orden de las figuras arquetípicas. Las narraciones de los cuentos provienen de épocas pasadas, de estados previos de conciencia y perviven sus efectos hasta nuestros días.
Los cuentos, leyendas y mitos de la literatura universal contienen siempre y en todas partes los mismos temas colectivos. Estos temas los hallamos en las fantasías, sueños, delirios e imaginaciones de los hombres actuales y corresponden a representaciones distintas de tradicionales figuras Arquetípicas. Siguen produciendo una emoción intensa, el rapto instantáneo de la magia, la intensidad sentimental y el descarte de la lógica y la razón. Impresionan, atrapan, fascinan, emocionan y promueven estados del ánimo. Provienen de la manifestación del Arquetipo del Si-mismo: Una forma arcana y primigenia de unidad, de proyección pre-consciente del anhelo humano de totalidad y trascendencia, de sentido.
La información sobre los Arquetipos pertenece a la estructura neuronal más primitiva y se expresa constantemente en la vida humana de forma espontánea y múltiple.

Multitud de niños de este mundo han crecido escuchando cuentos de hadas. A pesar de la posterior influencia en Occidente del fenómeno del Racionalismo y Realismo, la importancia de la narración de cuentos de hadas a los niños, como alimento del alma infantil, ha perdurado. Desde la antigüedad, el hombre ha estado en conexión con la expresión de “Lo colectivo” a través de imágenes arquetípicas narradas en libros religiosos y otras formas literarias, como mitos y leyendas. El significado de dichas historias es simbólico y pertenece a la exploración espiritual y psicológica del alma infantil. Son mediador y reordenador de una civilización. Sirven para madurar, integrar y profundizar en las necesidades del alma, balanceando (enantiodromía) las sombras y las luces de cada persona y cada cultura.

“El mito y el cuento de hadas potencia el orden moral y causa una adaptación y una conciliación entre los individuos y los requerimientos de sus diferentes culturas”.
J.Campbell.

Los mitos, leyendas y cuentos son una narración “codificada” que sugiere, advierte y señala enorme posibilidades de restitución del equilibrio en la vida .

“Llegue pronto a la convicción de que si no se da una respuesta y solución desde lo interno a las relaciones de la vida, su significado es muy pobre. Las circunstancias externas no pueden sustituir a las internas“.
C.G Jung

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Estructura de los Cuentos de Hadas


Debemos distinguir dos tipos de cuentos. Los que provienen de la tradición oral y los que son creaciones literarias propias de la fantasía del autor. Los primeros no tienen un autor reconocido, han circulado por transmisión oral, se desarrollan en diversas “versiones” sobre el mismo tema y se apoyan en esquemas muy simples con estructuras parecidas. Los segundos tienen características y desarrollo propios y están influidos por el carácter y la personalidad del autor. Ambos están sujetos a los cánones de su época histórica y modas literarias y aunque todos se sostienen en patrones clásicos, las variaciones son muy diversas.

El cuento consta de una serie de personajes, que están expresados por cualidades externas que nos explican sus circunstancias y su carácter (caperuza roja, el tamaño... pulgarcito etc...) así como una escenografía que señala el clima sentimental de la narración ( caminos, castillo, palacio, porqueriza...) y un conjunto de objetos simbólicos que representan actitudes psicológicas o pruebas simbólicas que los personajes tendrán que superar (dragones, anillos, camisas, pozos...) Muchas veces actitudes psíquicas, tanto positivas como negativas, están representadas por animales.
También con las teorías de la doctora Pinkola Estés hay que valorar el verdadero significado que, según ella, tienen en los cuentos tradicionales cocinar, lavar, barrer, etcétera: «Todas estas metáforas ofrecen maneras de pensar, medir, alimentar, fortalecer, limpiar, y ordenar la vida espiritual». Mucho ojo.

El cuento tiene una estructura fija que consta de tres partes: presentación de los personajes, y sus circunstancias, desarrollo y pruebas a realizar y conclusión o cierre.
Los personajes siempre se enfrentan a un “Conflicto” que deberá resolverse. La peculiaridad del cuento es que los personajes se enfrentan a estos conflictos y es según como los resuelvan, como su destino variará considerablemente. Este clímax de “tensión” explica implícitamente que el tema presentado en el cuento es de suma importancia. Así pues los niños saben con absoluta certeza que el cuento está lleno de indicaciones y símbolos, que perciben claramente, ayudándoles a ordenar y decidir su posición vital. Los niños se identifican con la figura del héroe del cuento y se proyectan en todos los demás personajes (muchas veces es el hermano menor), posibilitándoles una guía de resolución de conflictos vitales. Los cuentos ofrecen un amplio abanico de expresiones de la maduración de un ser humano.



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sábado, 4 de abril de 2009

Cantando sobre los Huesos

La Mujer Salvaje te pertenece. Pertenece a todas las mujeres.
Para encontrarla, las mujeres deben regresar a sus vidas instintivas, a sus más profundos conocimientos. Por consiguiente, pongámonos en marcha ahora mismo y volvamos a recordar nuestra alma salvaje. Dejemos que su carne vuelva a cantar en nuestros huesos. Despojémonos de todos los falsos mantos que nos han dado. Cubrámonos con el verdadero manto del poderoso instinto y la sabiduría. Penetremos en los territorios psíquicos que antaño nos pertenecieron. Desenrollemos las vendas, preparemos la medicina. Regresemos ahora mismo como mujeres salvajes que aúllan, se ríen y cantan las alabanzas de Aquella que tanto nos ama.
Para nosotras la elección no ofrece duda. Sin nosotras, la Mujer Salvaje se muere. Sin la Mujer Salvaje, nos morimos nosotras. Para la Vida, para la verdadera vida, ambas tenemos que vivir.

No es ninguna casualidad que la prístina naturaleza virgen de nuestro planeta vaya desapareciendo a medida que se desvanece la comprensión de nuestra íntima naturaleza salvaje. No es ningún misterio comprender por qué razón los viejos bosques y las ancianas se consideran unos recursos de escasa importancia. Tampoco es casual que los lobos y los coyotes, los osos y las mujeres inconformistas tengan una fama parecida. Todos ellos comparten unos arquetipos instintivos semejantes y, como tales, se les considera erróneamente poco gratos, total y congénitamente peligrosos y voraces.

La maltrecha vitalidad de las mujeres se puede recuperar efectuando amplias excavaciones "psíquico-arqueológicas" en las ruinas del subsuelo femenino. Recurriendo a estos métodos conseguimos recobrar las maneras de la psique instintiva natural y, mediante su personificación en el arquetipo de la Mujer Salvaje, podemos discernir las maneras y los medios de la naturaleza femenina más profunda. La mujer moderna es un borroso torbellino de actividad. Se ve obligada a serlo todo para todos. Ya es hora de que se restablezca la antigua sabiduría.

Los lobos sanos y las mujeres sanas comparten ciertas características psíquicas: una aguda percepción, un espíritu lúdico y una elevada capacidad de afecto. Los lobos y las mujeres son sociables e inquisitivos por naturaleza y están dotados de una gran fuerza y resistencia. Son también extremadamente intuitivos y se preocupan con fervor por sus vástagos, sus parejas y su manada. Son expertos en el arte de adaptarse a las circunstancias siempre cambiantes y son fieramente leales y valientes.

Como un sendero del bosque que poco a poco se va borrando hasta que, al final, se reduce a casi nada, la teoría psicológica tradicional también se agota demasiado pronto cuando se trata de analizar a la mujer creativa, talentosa, profunda. La pirología tradicional se muestra a menudo muy parca o totalmente silenciosa a propósito de las cuestiones más profundas e importantes para las mujeres: lo arquetípico, lo intuitivo, lo sexual y lo cíclico, las edades de las mujeres, la manera de actuar de una mujer, su sabiduría y su fuego creador.
No se puede abordar la cuestión del alma femenina moldeando a la mujer de manera que se adapte a una forma más aceptable según la definición de la cultura que la ignora, y tampoco se puede doblegar a una mujer con el fin de que adopte una configuración intelectualmente aceptable para aquellos que afirman ser los portadores exclusivos del conocimiento. No, eso es lo que ya ha dado lugar a que millones de mujeres que empezaron siendo unas potencias fuertes y naturales se hayan convertido en unas extrañas en sus propias culturas. El objetivo tiene que ser la recuperación de las bellas y naturales formas psíquicas femeninas y la ayuda a las mismas.

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Los cuentos de hadas, los mitos y los relatos proporcionan interpretaciones que aguzan nuestra visión y nos permiten distinguir y reencontrar el camino trazado por la naturaleza salvaje. Las enseñanzas que contienen nos infunden confianza: el camino no se ha terminado sino que sigue conduciendo a las mujeres hacia el conocimiento cada vez más profundo de sí mismas. Los senderos que todos seguimos son los del Yo instintivo innato y salvaje.
Los cuentos son una medicina. Me sentí fascinada por ellos desde que escuché el primero. Tienen un poder extraordinario; no exigen que hagamos, seamos o pongamos en práctica algo: basta con que escuchemos. Los cuentos contienen los remedios para reparar o recuperar cualquier pulsión perdida. Los cuentos engendran emociones, tristeza, preguntas, anhelos y comprensiones que hacen aflorar espontáneamente a la superficie el arquetipo, en este caso, la Mujer Salvaje.
Los cuentos están repletos de instrucciones que nos guían en medio de las complejidades de la vida. Los cuentos nos permiten comprender la necesidad de recobrar un arquetipo sumergido y los medios para hacerlo. Los cuentos de las páginas siguientes son, de entre los centenares que he estudiado y con los que he trabajado a lo largo de varias décadas, los que, a mi juicio, más claramente expresan la riqueza del arquetipo de la Mujer Salvaje.
Los cuentos ponen en marcha la vida interior, y eso reviste especial importancia cuando la vida interior está amedrentada, encajonada o acorralada. El cuento engrasa los montacargas y las poleas, estimula la adrenalina, nos muestra la manera de salir, ya sea por arriba o por abajo y, en premio a nuestro esfuerzo, nos abre unas anchas y cómodas puertas donde antes no habla más que paredes en blanco, unas puertas que nos conducen al país de los sueños, al amor y a la sabiduría y nos llevan de vuelta a nuestra auténtica vida de mujeres sabias y salvajes.

El cuento es muchísimo más antiguo que el arte y la ciencia de la psicología y siempre será el más antiguo de la ecuación, por mucho tiempo que pase. Una de las modalidades más antiguas de narración, que a mí me intriga enormemente, es el apasionado estado de trance, en el que la narradora "percibe" a su público -que puede ser una sola persona o muchas- y entra en un estado de "mundo en medio de otros mundos", en el que un relato es "atraído" hacia la narradora y contado a través de ella.

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La llamo la Mujer Salvaje porque estas dos palabras en concreto, "mujer" y "salvaje", son las que crean el llamar o tocar a la puerta, la mágica llamada a la puerta de la profunda psique femenina. Llamar o tocar a la puerta significa literalmente tañer el instrumento del nombre para hacer que se abra una puerta. Significa utilizar unas palabras que dan lugar a la abertura de un pasadizo. Cualquiera que sea la cultura que haya influido en una mujer, ésta comprende intuitivamente las palabras "mujer" y "salvaje".
Aquí la palabra "salvaje" no se utiliza en su sentido peyorativo moderno con el significado de falto de control sino en su sentido original que significa vivir una existencia natural, en la que la criatura posee una integridad innata y unos límites saludables. Las palabras "mujer" y "salvaje" hacen que las mujeres recuerden quiénes son y qué es lo que se proponen. Personifican la fuerza que sostiene a todas las mujeres.

La comprensión de la naturaleza de esta Mujer Salvaje es una práctica. Es una psicología en su sentido más auténtico: conocimiento del alma. Sin ella, las mujeres carecen de oídos para entender el habla del alma o percibir el sonido de sus propios ritmos internos. Sin ella, una oscura mano cierra los ojos interiores de las mujeres y buena parte de sus jornadas transcurre en un tedio semiparalizador o en vanas quimeras. Sin ella, las mujeres pierden la seguridad de su equilibrio espiritual. Sin ella, olvidan por qué razón están aquí, se agarran cuando sería mejor que se soltaran. Sin ella, toman demasiado o demasiado poco o nada en absoluto. Sin ella se quedan mudas cuando, en realidad, están ardiendo. Ella es la reguladora, el corazón espiritual, idéntico al corazón humano que regula el cuerpo físico.
Cuando perdemos el contacto con la psique instintiva, vivimos en un estado próximo a la destrucción, y las imágenes y facultades propias de lo femenino no se pueden desarrollar plenamente. Cuando una mujer se aparta de su fuente básica, queda esterilizada, pierde sus instintos y sus ciclos vitales naturales y éstos son subsumidos por la cultura o por el intelecto o el ego, ya sea el propio o el de los demás.
La Mujer Salvaje es la salud de todas las mujeres. Sin ella, la psicología femenina carece de sentido. La mujer salvaje es la mujer prototípica; cualquiera que sea la cultura, cualquiera que sea la época, cualquiera que sea la política, ella no cambia. Cambian sus ciclos, cambian sus representaciones simbólicas, pero en esencia ella no cambia. Es lo que es y ella es un todo.

Creo que todas las mujeres y todos los hombres han nacido con ciertos dones. Sin embargo, poco esfuerzo se ha dedicado en realidad a describir las vidas y los hábitos psicológicos de las mujeres inteligentes, talentosas y creativas. En cambio, se ha escrito mucho acerca de las debilidades y las flaquezas de los seres humanos en general y de las mujeres en particular. Pero, en el caso de la Mujer Salvaje como arquetipo, a fin de comprenderla, captarla y aprovechar lo que ella nos ofrece, debemos interesarnos más por los pensamientos, los sentimientos y los esfuerzos que fortalecen a las mujeres y debemos tener en cuenta los factores interiores y culturales que las debilitan.

El arquetipo de la Mujer Salvaje y todo lo que ésta representa es la patrona de todos los Pintores, escritores, escultores, bailarines, pensadores, inventores de plegarias, buscadores, descubridores, pues todos ellos se dedican a la tarea de la invención y ésta es la principal ocupación de la naturaleza instintiva. Como todo arte, reside en las entrañas, no en la cabeza. Puede rastrear y correr, convocar y repeler. Puede percibir, camuflarse y amar profundamente. Es intuitiva, típica y respetuosa con las normas. Es absolutamente esencial para la salud mental y espiritual de las mujeres.

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Por consiguiente, ¿qué es la Mujer Salvaje? Desde el punto de vista de la psicología arquetípica y también de las antiguas tradiciones, ella es el alma femenina. Pero es algo más; es el origen de lo femenino. Es todo lo que pertenece al instinto, a los mundos visibles y ocultos... es la base. Todas recibimos de ella una resplandeciente célula que contiene todos los instintos y los saberes necesarios para nuestras vidas.

Una mujer sana se parece mucho a una loba: robusta, colmada, tan poderosa como la fuerza vital, dadora de vida, consciente de su propio territorio, ingeniosa, leal, en constante movimiento. En cambio, la separación de la naturaleza salvaje provoca que la personalidad de una mujer adelgace, se debilite y adquiera un carácter espectral y fantasmagórico. No estamos hechas para ser unas criaturas enclenques de cabello frágil, incapaces de pegar un salto, de perseguir, dar a luz y crear una vida. Cuando las vidas de las mujeres se quedan estancadas o se llenan de aburrimiento, es hora de que emerja la Mujer Salvaje; es hora de que la función creadora de la psique inunde el delta.





Fuentes:

Clarissa Pinkola Estés
"Mujeres que Corren con los Lobos"
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viernes, 3 de abril de 2009

Mujeres que corren con los lobos

Todos sentimos el anhelo de lo salvaje. Y este anhelo tiene muy pocos antídotos culturalmente aceptados. Nos han enseñado a avergonzarnos de este deseo. Nos hemos dejado el cabello largo y con él ocultamos nuestros sentimientos. Pero la sombra de la "Mujer Salvaje" acecha todavía a nuestra espalda de día y de noche. Dondequiera que estemos, la sombra que trota detrás de nosotros tiene sin duda cuatro patas.
Prefacio de "Mujeres que corren con los lobos"

Dentro de toda mujer, incluso de la mas reprimida, alienta una vida secreta, una fuerza poderosa llena de buenos instintos, creatividad apasionada y sabiduría eterna. Es la Mujer Salvaje, una especie en peligro de extinción que representa la esencia femenina instintiva. Aunque los regalos de la naturaleza les pertenecen desde el nacimiento, los constantes esfuerzos de la sociedad por civilizar a las mujeres y constreñirlas a unos roles rígidos las han dejado sordas a los dones que albergan en su interior."En Mujeres que corren con los lobos", la doctora Pinkola Estés revela mitos interculturales, cuentos de hadas e historias (muchas de ellas relativas a su propia familia) para ayudar a las mujeres a recuperar su fuerza y su salud, atributos visionarios de esta esencia instintiva. Mediante los relatos y los comentarios examinamos el amor, comprendemos a la Mujer Salvaje y nuestra psique mas profunda la abraza íntimamente, como a alguien que contiene medicina y magia. Estés ha creado una psicología femenina es su sentido mas verdadero: el que lleva al conocimiento del alma.

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"Mujeres que corren con los lobos" es un libro que recoge una sabiduría ancestral y dispersa, en parte aprovechada por la psicología clínica y el psicoanálisis, almacenada en la tradición oral traspasada de generación a generación, y tal vez lo más valioso auscultada y obtenida a través de la autobservación, de la introspección, que algunas mujeres han hecho de sí mismas. Esta introspección ha mostrado paradigmas conductuales femeninos que pueden ayudar a muchas féminas a tener una mejor relación con el entorno y con “el otro”.
La introducción hecha por la autora se juega su posibilidad persuasiva invitando al lector a una observación de su acontecer vital como sujeto en relación, a percibir como en la propia y aparentemente libre elección afectiva hay componentes opresivos.

Después de esta bella e interesantísima introducción, comienzan los relatos mágicos, los cuentos que por miles de años han ido acumulando sabiduría respecto de los temas de las mujeres y el amor, de las razones de elección del “príncipe azul”, contrastando a este último con el clásico Barba azul con el que la autora explica la condición estructural de subyugación femenina, puesto que su propia psiquis se ha ido conformando en torno al principio de la dependencia. No estamos frente a una antología de cuentos, sino a un volumen de psicología antropológica a la que los cuentos sirven de material de prueba.
La autora, maestra en el arte del relato, nos dispone casi físicamente al cuento, con lo que casi terminamos apoyando la cabeza en el brazo, tendidas y entregadas a “la voluntaria suspensión de la incredulidad”, requisito indispensable del buen arte y de la buena lectura, como sugería el gran Borges.

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Es probable que este sea el ensayo más profundo y revolucionario que se haya escrito respecto de la mujer en los últimos cincuenta años, juzgada desde la atemporalidad. El lector debe pensar en el tremendo impacto que puede provocar un libro que desinvita y en cierto modo, desautoriza, al prototipo de la mujer moderna, sofisticada, que compite mano a mano con el hombre en la política, en el mundo empresarial, en la ciencia y en la tecnología por mencionar algunas de las áreas conquistadas por la mujer contemporánea, precisamente porque en sus vidas personales no han alcanzado resultados satisfactorios. Clarissa Pinkola. nos invita a las mujeres a conocernos mejor y desde nuestras raíces más interiores: la intuición y la creatividad.
La sabia psiquiatra norteamericana, de raíces latinas por el lado materno y por otra parte, heredera de la tradición oriental europea, se apropia de las tradiciones heredadas y nos sumerge en los relatos infantiles que la acompañaron y nutrieron desde su infancia. Allí comienzan a aparecer los primeros paradigmas ejemplificados de la conducta y el comportamiento femeninos.
Clarissa Pinkola no sólo es una gran narradora: es una notable cuentista que amalgama los relatos que escuchó en su infancia con aquellos que recoge a través de su experiencia vivencial tomando contacto con numerosas congregaciones aborígenes del Norte y Sur de América. En buenas cuentas, escuchó las voces primarias de la naturaleza femenina para ofrecer un testimonio auténtico de su rol, de su sexo y sus correspondientes complejidades.
"Mujeres que corren con los lobos" es una invitación a recoger la sabiduría de la mujer de antaño y de la mujer primitiva que circunda la tierra.
Pinkola nos obliga a observar la naturaleza para respetar sus ciclos y respetar los nuestros. La base de la sabiduría femenina estriba en respetar los tiempos de gestación, vida y resurrección. Tal como lo hace la naturaleza. El mal llamado sexo débil aparece aparejado en este libro al comportamiento de los lobos: salvaje pero crucial para el desarrollo de la personalidad humana. Hay tantos factores culturales que han ido minando en el sexo femenino su verdadera naturaleza como la obsesión por la perfección en la belleza física y en lo profesional descuidando así la esencia del verdadero amor que le está siendo vedado a las mujeres en su loco afán narcisista. Pinkola incluso rechaza el concepto de la mujer delgada. Señala que la mujer debe seguir las formas físicas de sus antecesoras y no las de la moda porque atentan contra su naturaleza.

Lo que resulta más apasionante y revelador de esta notable obra es el llamado que hace a la mujer a volver a reencontrarse con su espiritualidad. Un urgente llamado a ponerse en contacto con la intuición profunda y para desarrollarla, una invitación permanente a desarrollar la creatividad a través de la escritura, la danza, la pintura, y todas las artes que nos ayuden a sacar nuestro yo profundo de su escondite. Sólo así viviremos en equilibrio con nuestra materia y nuestro espíritu.
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Clarissa Pinkola nos ofrece una auténtica joya repleta de claves del espíritu femenino, nos ofrece una fantástica oportunidad para reinterpretar y comprender mejor nuestras experiencias vitales y así poder actuar en plena consciencia. Pinkola parte de la premisa básica de que toda mujer, sin excepción, alberga en su interior a la Loba, la Mujer Salvaje, aquella que nos llena de energía y nos hace recuperar la espontaneidad, a la vez que nos transforma en animales maduros que saben protegerse de los depredadores dejando a un lado la ingenuidad o la inexperiencia. Puede estar dormida o medio muerta, pero siempre anhelará reencontrarnos. En palabras de la autora : "La loba, la vieja, la Que Sabe, está dentro de nosotras. Florece en la más profunda psique del alma de las mujeres, la antigua y vital Mujer Salvaje. Ella describe su hogar como ese lugar en el tiempo donde el espíritu de las mujeres y el espíritu de los lobos hacen contacto -el lugar donde su mente y sus instintos se mezclan, donde la vida profunda de una mujer consolida su vida mundana. Es el punto donde el Yo y el Tú se besan, el lugar donde las mujeres corren con los lobos".

Fuentes:

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Deja de luchar

La mayoría de las personas se halla extraviada en lo que parece ser una incesante lucha y esfuerzo. Una lucha en contra de la experiencia del pensamiento. Una lucha en contra de los sentimientos que surgen. Una lucha en contra del movimiento del tiempo. Esto parece seguir continuamente. Puede que haya interrupciones momentáneas, breves instantes en que uno experimenta cierto alivio, pero esto generalmente no se prolonga por mucho tiempo, y luego la lucha se reinicia nuevamente.

Si podemos aprender a dejar de lado la lucha, descubriremos una libertad natural e inherente que ha estado allí desde siempre. Una parte considerable de la práctica espiritual guarda relación con aprender a dejar de luchar. Cuando hablo de dejar la lucha de lado, me refiero a estar dispuesto a soltar la relación rígida, temerosa y encapsulada en nosotros mismos que establecemos con nuestra experiencia. Esto requiere de mucho valor. A pesar del hecho de que muchas personas aseguran que desean liberarse, cuando de hecho se les da la oportunidad de dejar de luchar, la mayoría de las veces no desean hacerlo. No desean hacerlo, puesto que la lucha, por desagradable, dolorosa y limitante que sea, al menos proporciona un refugio seguro, un terreno conocido desde el cual funcionar. Se trata de ese lugar desde el cual uno siempre se reconoce a sí mismo.

Si estamos de verdad preparados para dejar ir la lucha, si estamos preparados para dejar de luchar de la forma en que hemos estado acostumbrados a hacerlo, debemos comenzar a hacer espacio para aquello que no sabemos. Debemos hacer espacio para aquello que no sabemos en relación a nuestra experiencia interna, y también en relación a nuestras vidas externas. Descubrimos el secreto de la Liberación al aprender experiencialmente lo que significa dejar de luchar. Y una vez que hemos experimentado lo que significa no luchar -aún si esto ha ocurrido por un breve instante-, debemos hallar el valor necesario para poner eso en práctica en la forma en que vivimos.

Descubrir la disposición a dejar de luchar es uno de los aspectos más difíciles de la práctica espiritual. Claramente. parece ser muy difícil para la mayoría de las personas captar la sutileza inherente a dejar de luchar, hasta el punto en que se transforme en un estado natural. Eso sólo puede ocurrir si es lo que deseas más que ninguna otra cosa en la vida.

Si se desea descubrir lo que significa dejar de luchar, uno debe estar dispuesto, en primer lugar, a examinar muy de cerca los motivos por los cuales uno lucha. No sólo luchamos por aferrarnos a sentimientos de éxtasis, recuerdos felices y experiencias gratas, sino que también lo hacemos para aferrarnos al temor, la morbosidad y la infelicidad. Luchamos por aferrarnos a lo que es placentero y también lo hacemos para aferrarnos a lo que es doloroso. Esta es una forma ciega, mecánica y muy condicionada de aferrarse a aquello que es familiar.

Lo que resulta revelador es que, cuando tenemos la suerte suficiente para experimentar lo que es no aferrarse, aún si la experiencia es positiva, casi siempre nos sentimos amenazados por sus implicancias. Cuando finalmente dejamos de luchar, lo que descubrimos es una profundidad desconocida. Dejar de luchar y experimentar esa profundidad es, muy frecuentemente, algo percibido como inspirador y tremendamente significativo, pero un estado demasiado demandante como para pensar en vivir toda nuestra vida en él.

Una de las revelaciones más impactantes que se presentan en la práctica espiritual genuina es descubrir cuán profundo es nuestro apego a lo conocido, y cuán escasa es nuestra real disposición a internarnos en lo desconocido. Es en esta revelación que vemos por nosotros mismos que el acto mismo de luchar, aún siendo desagradable, nos permite permanecer en un territorio que se presenta como básicamente seguro y protegido, puesto que es conocido.

Si somos sinceros en nuestro deseo de dejar de luchar, debemos interesarnos más y más en apegarnos a ninguna otra cosa que al logro perfecto de la libertad. La libertad significa paz, término, alegría y éxtasis. Realmente descansaremos cuando alcancemos ese punto en nuestra evolución como seres humanos, en el que finalmente estamos preparados a dejar de luchar y realmente dispuestos a internarnos en lo desconocido. Todo cambiará. Todo nuestro mundo interno y nuestra relación con la vida como un todo se pondrá patas arriba, simplemente porque estamos dispuestos a dejar de lado la lucha para siempre.

Pero hay más. Si tenemos suerte, la paz que hemos hallado al dejar de luchar no se transforma en un nuevo refugio seguro, otro punto de referencia estático. Se transforma, más bien, en aquello que nos da el valor para sumergirnos entusiastamente en la experiencia de estar intensamente vivos. Es muy importante comprender que hacer esto por entero significa más que un mero abandono de la lucha. Hacerlo por entero significa esto porque hemos dejado de luchar, y somos finalmente capaces de sumergirnos enteramente en la experiencia de la vida ¿Por qué? Porque hemos soltado todos los apegos a conceptos estáticos respecto a la paz y al descanso, y hemos descubierto una disposición a luchar de un modo enteramente nuevo. De hecho, para nuestra sorpresa descubrimos que experimentamos una atracción a luchar de un modo que no nos mantiene atados, sino que literalmente prende fuego al mundo.

El descubrimiento de esta disposición aclara algo que destroza todas nuestras ideas acerca del Despertar o la Iluminación: la Liberación final es hallada en mayor grado a través de interesarnos más en la vida misma que en librarnos de ella.

Fuentes:

Andrew Cohen
Extracto de "La Libertad no tiene Historia"



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PRESENTACION

Por supuesto que el titulo de este blog esta inspirado en el libro de Clarissa Pinkola Estés :
"Mujeres que corren con los lobos."
Cuando leí ese libro tuve la sensación de que su contenido no se dirigía únicamente a las féminas, sino que trata sobre las energías o el "poder" femenino que late dentro de todo ser, sea del genero que sea.
Estoy convencido de que a más de un hombre le asombraría redescubrir ese "poder", y además ser capaz de manifestarlo y expresarlo, sin que por ello su masculinidad se vea amenazada.
Ese logro, para quien lo intente, puede conseguirse con un constante trabajo interior. Dicho trabajo tiene como cimientos la propia intuición. Esa intuición que siempre se refiere al componente femenino.
Y ese es el primer paso, volver a confiar en nuestra intuición para desarrollarla y fortalecerla.
Desde mi punto de vista este es un camino de guerrero, es el sendero de un “Chaman” de su propia vida , una vía de profunda transformación que nos llevas mas allá de muchos conceptos y prejuicios preestablecidos desde hace muchas generaciones, desde hace siglos.

"Aquél que no puede aullar, no podrá encontrar su manada."


— Charles Simic —

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jueves, 2 de abril de 2009

El cuerpo como instrumento de la iniciación chamánica

1. Introducción

En toda la hoya amazónica, el verdadero chamán se inicia mediante técnicas precisas y rigurosas en las cuales se compromete totalmente, utilizando su propio cuerpo como receptor del macrocosmos y de las fuerzas que lo animan y a la vez inductor de una auto-exploración de sus bloqueos personales ligados a su historia personal, sus herencias familiares, culturales, colectivas : en suma del microcosmos del cual es portador.

El acercamiento puramente racionalista de la realidad chamánica deja oculto el mundo llamado "mágico" demasiado rápidamente encasillado bajo conceptos o sistematizaciones reduccionistas que no hacen más que aplicar un discurso sobre una realidad que no encaja en la estrechez del vocabulario convencional o del logos lineal causalista.

2. Qué propone el maestro?

La enseñanza del maestro no se hace a través de las palabras, del discurso: el maestro habla muy poco y sólo controla las experiencias para evitar al aprendiz perderse en los laberintos de su inconsciente o del espacio-tiempo mítico en el cual recién se adentra su discípulo.

Por lo tanto, la enseñanza es un auto-descubrimiento conseguido mediante técnicas cuya finalidad es provocar modificaciones de estados mentales que dan al alumno la capacidad de percibir directamente, sin intermediario, los aspectos de la realidad que generalmente escapan a su conciencia ordinaria, cotidiana y "normal", especialmente cuando se trata de personas que viven en un medio urbano, occidentalizado donde se han perdido los vínculos con la naturaleza.

Se acrecientan las percepciones de los sentidos habituales para permitir ver, escuchar, oler, tocar y saborear más allá de la realidad fenomenal, el mundo de las apariencias o maya de la filosofía hindú, y descubrir tras de ella los otros aspectos de la realidad invisible, ocultos, enmascarados solamente en la medida que hemos apagado las funciones del cerebro derecho.

Para una persona que ha sido educada en un medio formal, racionalista, positivista, el acceso a un nuevo pensamiento exige una gimnasia mental muy exigente. El instrumento de la lógica causalista no permite abarcar todo los aspectos del universo mitológico que hace sumamente difícil la aventura del aprendizaje en este campo obligando al abandono momentáneo de su formación para ir hacia una verdadera "información" en el sentido etimológico de la palabra que es "formación desde adentro", donde surge la "verdad" del conocimiento ancestral gravado en las profundidades de nuestras células en el código genético, arraigado en las estructuras básicas de las zonas prehistóricas de nuestro cerebro como el rinencéfalo, el paleo-cerebro, los núcleos grises y lo que se considera clásicamente y en forma atrevida como vestigios atrofiados de nuestro pasado biológico.
Se nos ha enseñado que lo mental tiene que ver con el cerebro o el sistema nervioso y en base a ello se ha estructurado especialidades como la psiquiatría, la psicología, la psico-farmacología, etc.

Sin embargo, lo que llama la atención es que el chamán nunca se refiere a esta dualidad de cuerpo y mente sino que evoca únicamente el cuerpo, como receptáculo a la vez de la materialidad como de la psique. Agrega además una tercera dimensión, la del espíritu que trasciende a ambas, constituye la esencia del ser humano y si bien esta vinculado al soma, en otras palabras está encarnado, preexiste a éste y no depende definitivamente de él. En otros términos el enfoque sumamente pragmático del chamán considera que el cuerpo es el mental localizado, que el pensamiento, los afectos, las emociones están ubicados dentro del espacio-tiempo en la materialidad del cuerpo. Más bien el espíritu es inmaterial, inalterable, trascendental y por lo tanto permanece cuando desaparecen cuerpo y mente.

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Ahí es sumamente importante distinguir mente y espíritu (o alma). El espíritu no se deja perturbar o afectar por las emociones, los sentimientos, no tiene localización en el espacio-tiempo de Euclides, pertenece al tiempo-espacio mítico caracterizado por su infinidad, su eternidad que en otros términos diríamos como a-temporal, carente de la noción de distancia y de duración.

3. Métodos de enseñanza y trabajo

En su vida terrestre, el individuo tiene por única posesión su propio cuerpo. Este constituye la materia prima que permite acceder a la plena consciencia, al espíritu realizado e iluminado si es que se utiliza en forma correcta.

En la zona amazónica, la iniciación chamánica "trabaja" sobre el cuerpo mediante técnicas empíricas cuyo núcleo es el empleo de sustancias psicotrópicas. La más importante es el Ayahuasca o Banisteriopsis caapi, liana amarga que se prepara en una mezcla con otras plantas cocinadas hasta conseguir un brebaje espeso y amargo que se toma en sesiones nocturnas.

Esta preparación se llama comúnmente la "purga" porque produce una intoxicación controlada permitiendo limpiar el "cuerpo-mente".

La toma de Ayahuasca para fines curativos o iniciáticos supone una serie de reglas muy estrictas, períodos de aislamiento en la selva, ayunos, dietas, evitamiento del sol, de la lluvia, del contacto con el fuego, la abstinencia sexual, el evitamiento de olores fuertes, dieta sin sal...Todos esos métodos no son meramente simbólicos, no constituyen una manera metafórica de concebir la vida, una simbología con alcances culturales...sino expresan un conocimiento sumamente fino y elaborado del manejo del cuerpo, un conocimiento también de los riesgos, de los peligros de la intoxicación descontrolada para la cual existe todo un cuerpo de técnicas preventivas y de emergencia.

La ingestión de estos brebajes inducen nuevos estados mentales sin pérdida de la consciencia, sin desubicación en el espacio-tiempo, sin desvanecimiento de la identidad de sí mismo, sino más bien una amplificación de esa, una superación del ego freudiano al gran Ego impersonal (Ello) en el cual el mundo mítico presenta cualidades siempre ambivalentes (y no ambiguas).

En otros términos, la solución de continuidad, la separación que introduce la sistematización racionalista, desaparece y se reconstruye una unidad del ser, una reintegración de la persona al cosmos; borra la neurosis y los aspectos disociativos psicoides. La exploración de su micro-cosmos vuelve a ser a la vez una lectura también del macro-cosmos, el ser humano siendo portador en su cuerpo-mente de todas las fuerzas y estructuras del universo.

El conocimiento de si mismo es ante todo un conocimiento de su propio "cuerpo" o como lo llaman las tradiciones de "sus cuerpos"; a veces llamados cuerpo vital, astral, energético, espiritual...

El restablecimiento de la continuidad con el macrocosmos permite entonces comunicarse con las "energías, fuerzas, espíritus, genios..." que animan la naturaleza, las plantas, los animales y el mundo calificado en forma abusiva de inanimado.

Son entonces las plantas o mejor dicho el "espíritu" de las plantas, sus "madre", que enseña directamente al iniciado, que le reintroduce en un estado de estrecha empatía en el cual el "lenguaje" de la naturaleza se vuelve de nuevo comprensible.

Desde un punto de vista médico diríamos que se echa de nuevo un puente entre los dos cerebros, el izquierdo y el derecho. El izquierdo es el único utilizado y educado, adiestrado en la sociedad occidental contemporánea. El cerebro derecho, el cerebro de la intuición, del arte, de la capacidad mediumnica, divinatoria, queda generalmente atrofiado.

Las pócimas que caracterizamos peyorativamente de alucinógenas permiten despertar y reeducar el cerebro derecho. Entonces, las funciones latentes, el potencial dormido se anima de nuevo y nos da acceso a un conocimiento complementario de la realidad.
El uso de las sustancias psicotrópicas en el marco ritual, con las precauciones de la iniciación, no induce jamás una dependencia o una adicción.

El ser moderno funciona de manera destabilizada, con un solo cerebro hipertrofiado y otro atrofiado. Es un cojo mental como lo es el "diablo" o satanás de la biblia o el "chullachaki" en la mitología selvática.

Los sueños y la visiones inducidos por el ayahuasca son representaciones de la realidad profunda que tienen un carácter pedagógico para quién sabe manejarlas. Ese es el trabajo del maestro. Sólo son accesibles con el enfoque del cerebro derecho. La interpretación racionalista del cerebro izquierdo lo reduce a conceptos "folclóricos", poéticos... en fin lo traduce como un conocimiento vano, inútil e ineficaz.

El chamán es un ser ante todo pragmático y realista, sumamente eficaz y concreto cuando tuvo una seria iniciación y se comprometió con ella. El trabajo sobre el cuerpo es de gran exigencia y el crecimiento del poder se conquista, no se puede robar.

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4. Uso del cuerpo

Su cuerpo siendo "preparado", las energías circulan, el chamán las consigue desde la naturaleza (los aliados). Luego utilizan su propio cuerpo para curar, asimilando las energías desubicadas de su paciente y equilibrando, armonizando la fuerza vital del paciente.
Su cuerpo se vuelve receptor o emisor de "energías".

Las energías perturbadas provocan disturbios a la vez físicos y mentales. Un disturbio mental necesita en primer lugar de un cuidado "físico". Nos encontramos al punto exactamente opuesto a las técnicas convencionales de psicoterapia que se mantienen generalmente a distancia del cuerpo (control de la transferencia y contra-transferencia) y se focalizan en la mente, el discurso del paciente, el logos, la palabra, el verbo.

Dichas energías pueden ser perturbadas también por elementos de la naturaleza: cargas energética de sitios especiales, de ciertos animales, de olores, de objetos..., o voluntariamente en actos de brujería que consisten a introducirse en forma sutil en el "cuerpo" del enemigo para desestabilizarlo.

La curación del chamán considera entonces no solamente el cuerpo del individuo pero también el lugar donde esta su casa, la limpieza de su negocio...La mala suerte vuelve a ser un elemento constitutivo del cuerpo de uno y se puede igualmente curar en base de un trabajo físico.

5. Conclusiones

El entender las prácticas y representaciones del chamanismo pasa en forma obligatoria por un trabajo con su propio cuerpo, o sea por una auto-experimentación.

Los conceptos de los chamanes pueden ser experimentados por cualquiera y por lo tanto constituyen un cuerpo de conocimiento asequible al estudio científico mediante la auto-experimentación controlada.

Los discursos "simbólicos", las explicaciones "socio-económicas" o la interpretación metafórica del mundo chamánico no dan cuenta de la realidad pragmática, realista, concreta, eficiente y coherente de la práctica chamánica y tienden a reducirla a una poesía obsoleta, un cuento cultural, una religiosidad primitiva cuyos alcances no presentan mayor interés para nuestra sociedad "civilizada".

Todo ello, lo formulamos luego de haber practicado con los curanderos, experimentado sobre nuestro cuerpo, vivido íntimamente el proceso iniciático y comprobado en carne y hueso los conceptos expresados por los curanderos a través de su discurso mitológico, poetizado...en fin sensible y bello.

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Existe una necesidad de revisar los instrumentos conceptuales que utilizamos tanto en medicina como en ciencias sociales para comprender las medicinas tradicionales. Las nociones de "bio-energía", el cerebro holográfico de Karl Pribam, los Campos morfogenéticos de Rupert Sheldrake, la Psicología Traspersonal...Por ejemplo pueden constituir pistas a explorar para profundizar un campo que nos queda ampliamente desconocido.



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miércoles, 1 de abril de 2009

El sentido de la participación

Introducción

La palabra "participación" con todas sus variantes es, hoy por hoy, de uso obligado en todo proyecto, documento o discurso.
Pero, ¿qué se entiende por "participación"? Seguramente existirán tantos conceptos, acepciones y enfoques, como personas utilizan la palabra.
La aproximación que propondré al concepto de "participación" es apenas una más de todas las posibles. Parte de la reflexión sobre experiencias concretas en programas de desarrollo comunitario y de reconstrucción, pretendidamente "participativos", a la luz del llamado "pensamiento de sistemas".
Acercarnos el tema a partir de una metáfora: el enfoque "alternativo" propuesto desde la llamada "psicología transpersonal" por el médico norteamericano Carlo Simonton y la psicoterapista Stephanie Matthews-Simonton. Vincularemos el proceso de "participación", a los procesos de "educación" e "intervención" por parte de agentes externos.
También realizaremos algunas reflexiones sobre el significado del "Yo" individual y del "Yo" comunitario, sujetos de la participación, en relación con los procesos en los cuales se pretende objetivar la participación y en relación con el ambiente circundante.

Homeostasis o Autorregulación

La característica principal de los sistemas vivos es su capacidad de recibir e interpretar información procedente de su interior o del medio circundante y, a partir de la misma y de sus propios requerimientos vitales, transformar su estructura y su funcionamiento dentro de ciertos límites, con el objetivo, aparentemente contradictorio, de transformarse y simultáneamente conservar su identidad.
Esta característica recibe el nombre de homeostasis, autorregulación o autoajuste: el sistema modifica sus variables de manera tal que logra alcanzar una estabilidad dinámica lo más parecida posible al estado existente antes de recibir la información.
Con respecto a lo anterior debemos resaltar dos conceptos:

Primero: El sistema (llámese organismos, biosfera o comunidad) no retorna al mismo estado en el que se encontraba antes del ajuste, puesto que la evolución de los sistemas vivos constituye un proceso irreversible, sino a un estado "parecido", es decir que las transformaciones son acumulativas, en el sentido de que mientras más se producen, los sistemas más se alejan cuantitativa, y a partir de cierto punto, cualitativamente, de su estado "original".

Segundo: Decimos estabilidad dinámica o estado estable, en contraposición al concepto de equilibrio. El estado estable consiste en la capacidad de un sistema para "mantener su estructura global a pesar de los cambios y del reemplazo de sus componentes. Una célula conserva en cada momento su identidad consigo misma y su parecido con las demás células del mismo tipo, mucho más allá de lo que podríamos esperar si nos limitáramos a hacer un inventario de sus moléculas, macromoléculas y organelos, sujetos a cambios y redistribuciones incesantes. Lo mismo sucede con el ser humano: Con excepción de las células cerebrales, reemplazamos nuestras demás células cada cierto número de años, pese a lo cual no tenemos ningún problema en reconocer a nuestros amigos después de largos períodos de separación. En eso consiste la estabilidad dinámica de los sistemas autorreguladores".

"Un sistema estable no es un sistema inmóvil, al cual le quedaría imposible mantenerse estable en un medio cambiante, sino aquel que, en el cambio, es capaz de conservar su estructura y su función básica"
Goldsmith

Un sistema en equilibrio, por el contrario, es aquel del cual ha desaparecido todo gradiente de energía o, en términos eléctricos, toda diferencia de potencial. Por ejemplo, decimos que una pila eléctrica se encuentra "descargada", cuando ha desaparecido la diferencia de potencial entre su polo positivo y su polo negativo, es decir, cuando sus polos se han equilibrado. Cuando coloquialmente hablamos, por ejemplo, de "equilibrio ecológico", en realidad nos estamos refiriendo a "estado estable". El equilibrio en un sistema es sinónimo de muerte.

El ecólogo Eugene Odum distingue entre dos tipos de estabilidad: estabilidad de resistencia, que define como "la capacidad de un ecosistema para resistir perturbaciones y conservar su estructura y función intactas"; y estabilidad de resilencia o elasticidad, que consiste en "la capacidad de un ecosistema para recuperarse luego de haber sido sujeto a una perturbación".

Fritjof Capra, en su libro "El Punto Crucial" nos entrega el más ilustrativo ejemplo de cómo operan en un organismo vivo los mecanismos homeostáticos, al referirse a la visión de la vida, del ser humano y de la salud sobre la cual se edifican la filosofía y los métodos de las llamadas medicinas alternativas o complementarias y concretamente al describir el enfoque del oncólogo Carl Simonton y la psicoterapista Stephanie Matthews-Simonton.

Claramente debemos especificar que al presentar, a manera de ejemplo, cómo se manifiesta la homeostasis en el organismo, no pretendemos encontrar "órganos" o "aparatos" equivalentes o paralelos al sistema inmunológico del cuerpo humano en el ámbito de la comunidad, sino "visualizar" en operación un principio general válido para todos los sistemas vivos: el de su capacidad para transformarse como respuesta a una crisis. Pero mientras en el organismo humano las respuestas, en últimas, se traducen en estímulos bioquímicos y bioenergéticos, en la sociedad las respuestas son eminentemente culturales, y se concretan algunas veces en soluciones físicas o técnicas.

El enfoque Simonton se basa en el conocimiento de un desorden sistemático que, si bien "hace erupción" en algún órgano concreto, aún antes de que se extienda por metástasis compromete a todo el organismo. El punto de partida consiste en que el paciente adquiera conciencia, por una parte, de que la enfermedad no lo ha atacado desde el exterior, sino que surge como consecuencia de una desestabilización integral de su estado interno, y por otra parte, de que el "yo" entero, y no sólo el órgano directamente afectado, participa en las causas y efectos de dicha desestabilización. Sin olvidar que también intervienen factores ambientales como la exposición a sustancias y radiaciones, así como la predisposición genética, de la cual depende, en parte, que unas mismas influencias ambientales provoquen en una persona la aparición de la enfermedad y en otra no.
La investigación de los científicos citados parece confirmar que la inoperancia del sistema inmunológico es el resultado de situaciones extremas de tensión emocional a las cuales se ha visto sometida la persona:

"El estado de desestabilización genera un estrés prolongado, el cual se canaliza a través de la personalidad particular del paciente; para dar lugar a desórdenes genéticos específicos. En el cáncer las tensiones críticas parecen ser aquellas que lesionan un papel social o una relación afectiva de importancia central en la identidad de la persona o que acorralan a ésta en una situación aparentemente sin salida. Varios estudios sugieren que dichas situaciones tensionantes se presentan entre seis y ocho meses antes de la aparición de la enfermedad, y provocan en el individuo sentimientos de desesperación y desamparo, ante las cuales, consciente o inconscientemente, una enfermedad grave o la muerte misma parecen como solución. El estrés bloquea el sistema inmunológico y simultáneamente conduce a desórdenes hormonales que culminan en un incremento de la producción de células enfermas."
Capra
Concebir integralmente al ser humano y la participación activa del paciente constituye la columna vertebral del manejo de la enfermedad. El enfermo se reconoce como protagonista principal del proceso, mientras el médico y las técnicas tradicionalmente actúan, al igual que el sistema inmunológico, en la función de fortalecer, y no de suplantar, tal protagonismo.

La participación del enfermo se manifiesta en actitudes concretas: ya mencionamos, que el punto de partida era adquirir conciencia de una desestabilización total del organismo y escrutar las posibles razones por las cuales el paciente, al bloquear su sistema inmunológico como consecuencia de tensiones emocionales prolongadas y profundas, de manera inconsciente le abrió las puertas a la enfermedad. El razonamiento fundamental podría resumirse así: "si de modo inconsciente contribuí a la aparición de la enfermedad, de manera consciente, puedo asumir el control y modificar la dirección de su proceso".

Modificar la dirección implica "visualizar" la lucha interior que adelanta el organismo para recuperar su estado estable y desarrollar una "actitud positiva" de confianza en su capacidad de lograrlo. "Está demostrado que la respuesta del paciente al tratamiento depende más de esa actitud que de la severidad de la enfermedad. Una vez que surgen los sentimientos de esperanza y anticipación, el organismo los traduce en procesos biológicos que comienzan a restablecer el balance y a revitalizar el sistema inmunológico, desandando los mismos caminos por los cuales avanzó la enfermedad" (Capra)

Desde el punto de vista educativo, lo más interesante del planteamiento de los Simonton es el papel que juega la concepción del mundo del paciente, tanto en la aparición, como en el combate de la enfermedad: "Para la mayoría de los pacientes de cáncer, la situación creada por acumulación de sucesos tensionantes sólo se puede superar si se cambia su sistema de creencias. La terapia Simonton les muestra a los enfermos que su situación parece desesperada solamente porque la manera como la interpreta bloquea sus mecanismos y posibilidades de respuesta. Se estimula a los pacientes a explorar y ensayar interpretaciones y respuestas alternativas que permitan eliminar el estado de tensión. La terapia implica una revisión continua del cuerpo de creencias y la visión del mundo del paciente" (Capra)

En lo anterior, no solamente en la concepción del mundo y el sistema de creencias del individuo, sino en el lenguaje y la forma empleadas para concretarlas y expresarlas, se basa una escuela de pensamiento dentro de la psicoterapia:

"Quien acude a nosotros en busca de ayuda, es porque de alguna manera sufre bajo el peso de su relación con el mundo. Con esto quiere decirse -y esta opinión se remonta hasta el primitivo budismo que, como se sabe, era eminentemente práctico- que sufre bajo el peso de su concepción e imagen del mundo, bajo la no resuelta contradicción entre lo que las cosas son y lo que, de acuerdo con su visión del mundo, deberían ser".
(Watzlawick)

"Como seres humanos, nosotros no actuamos directamente en el mundo. Cada uno de nosotros crea una representación del mundo en que vivimos, es decir, un mapa, o un modelo que nos sirve para generar nuestra conducta. En gran medida nuestra representación del mundo determinará lo que será nuestra experiencia de él, el modo de percibirlo y las opciones que estarán a nuestra disposición al vivir en el mundo".
(Bandler y Grinder, "La Estructura de la Magia")

Esto nos remite a lo que, en el texto sobre "La Vulnerabilidad Global", denominamos vulnerabilidad ideológica, y que hace referencia al hecho de que "la respuesta que logre desplegar una comunidad ante una amenaza, depende en gran medida de la concepción del mundo, y de la concepción sobre el papel de los seres humanos en el mundo, que posean sus miembros. Si en la ideología predominante se imponen concepciones fatalistas, según las cuales los desastres corresponden a manifestaciones de la voluntad de Dios, contra las cuales nada podemos hacer los seres humanos, o si se piensa que "está escrito" que deben suceder, las únicas respuestas posibles serán el dolor, la espera pasiva y la resignación. Si, por el contrario, la voluntad humana encuentra cabida en las concepciones existentes, si se reconoce la capacidad de transformación del mundo que, a veces para bien, a veces para mal, ha desplegado la humanidad a través de su existencia, y si se identifican las causas naturales y sociales que conducen al desastre, la reacción de la comunidad podrá ser más activa, más constructiva, más de "rebelión" contra lo que parece inevitable" (Wilches-Chaux).

En lo anterior encontramos implícitos suficientes elementos que nos permiten decantar el sentido de tres procesos fundamentales en el desarrollo de las comunidades, como sistemas dinámicos que son, y que adquieren una especial significación en el manejo comunitario de crisis, es decir, en el manejo de desastres basado en el fortalecimiento de los mecanismos homeostáticos de la comunidad. Tales elementos son la educación, la participación y la intervención.



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Según Platón, el conocimiento es un subconjunto de lo que forma parte a la vez de la verdad y de la creencia.
Integral Philosopher Michel Bauwens "Vision"