jueves, 29 de enero de 2009

La parábola del buen samaritano

La Parábola del Buen Samaritano es una de las parábolas de Jesús más importantes, relatada solamente en el Evangelio de Lucas 10,25-37.

La parábola es narrada por Jesús a fin de ilustrar que la piedad es un sentimiento muy importante y que cumplir el espíritu de la ley de Moises es tan importante como cumplir la letra de la ley. En esta parábola, Jesús amplía la definición de prójimo.

La elección de la figura de un samaritano, considerado un herético para los sectores más ortodoxos de la religión hebrea, sirve para mostrar que no es la ortodoxia en la propia religión la que conduce a la vida eterna, sino la caridad de las propias acciones, independientemente de la religión a la cual se pertenece.


Un maestro de la Ley, que quería ponerlo a prueba, se levantó y le dijo: «Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?»

Jesús le dijo: «¿Qué está escrito en la Escritura? ¿Qué lees en ella?»

El hombre contestó: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y amarás a tu prójimo como a ti mismo.»

Jesús le dijo: «¡Excelente respuesta! Haz eso y vivirás.»

El otro, que quería justificar su pregunta, replicó: «¿Y quién es mi prójimo?»

Jesús empezó a decir: «Bajaba un hombre por el camino de Jerusalén a Jericó;un camino peligroso, conocido como "El Camino de Sangre" a causa de los ladrones; y cayó en manos de unos bandidos, que lo despojaron hasta de sus ropas, lo golpearon y se marcharon dejándolo medio muerto.

Por casualidad bajaba por ese camino un sacerdote; lo vió, dio un rodeo y siguió.

Lo mismo hizo un levita que llegó a ese lugar: lo vio, dio un rodeo y pasó de largo.

Un samaritano también pasó por aquel camino y lo vio, pero éste se compadeció de él.

Se acercó, curó sus heridas con aceite y vino y se las vendó; después lo montó sobre el animal que traía, lo condujo a una posada y se encargó de cuidarlo.

Al día siguiente sacó dos monedas y se las dio al posadero diciéndole: «Cuídalo, y si gastas más, yo te lo pagaré a mi vuelta.»

Jesús entonces le preguntó: «Según tu parecer, ¿cuál de estos tres se hizo el prójimo del hombre que cayó en manos de los salteadores?»

El maestro de la Ley contestó: «El que se mostró compasivo con él.» Y Jesús le dijo: «Vete y haz tú lo mismo.»




“Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?”

Ama a tu prójimo como a ti mismo. Es sencillo. Pero el doctor de la ley no queda satisfecho. Quiere una respuesta clara, y probablemente compleja. ¡Los hombres de leyes no tendrían nada que hacer si las respuestas fuesen demasiado sencillas! Quiere saber exactamente cuáles son sus obligaciones. Los judíos reflexionaron mucho sobre quién era el prójimo. Literalmente la palabra significa “alguien que está cerca de mí”. Cuanto más cercano esté, más obligaciones tengo para con él. Algunas personas están tan alejadas de mí que en modo alguno pueden considerarse prójimos, y por tanto no tengo ninguna obligación para con ellas. Esto se aplicaba sobre todo a aquellos herejes, los samaritanos.

¿Quién es mi prójimo? Lo importante no está en saber sino en hacer. Los conocedores de la ley pasan de largo ante la realidad del prójimo; el ignorante, samaritano, se detiene y hace realidad el precepto del amor. Prójimo no es el que yo busco, es el que viene de improviso, el que aparece sufriente, el que está ahí, cercano y caído, oprimido y sin vida. Andamos los caminos del mundo animados de muy buenas teorías de paz, amor, justicia; pero el hombre sigue tirado al borde del camino, desprovisto y casi exhausto. El prójimo es pequeño, cercano, próximo. Las teorías no liberan al hombre, sino las obras. Los teóricos pasan de largo ante lo concreto, que es lo único real, se sumergen en su idealismo y dejan, olvidan la realidad. Lo que salva es vivir y hacer vivir y obrar como prójimo, no las teorías filosóficas de projimidad. El caído al borde es un hombre, sin nombre, sin postura religiosa o política; y, sólo, esto basta. Lo perentorio es que está necesitado. "Ve y haz tú lo mismo". Es hacer, ejercer y practicar el amor.

Esta parábola es una de las más famosas del Nuevo Testamento, y su influencia es tal que el significado actual de samaritano en la cultura occidental es el de una persona generosa y dispuesta a ofrecer ayuda a quien sea que lo requiera.


Fuentes:
"La red de redes".

We Shall Be Free




3 comentarios:

Guillermo dijo...

Muy buen video

Gracias por tus comentarios en mi blog

Vengo y me voy con prisa, pero no quería demorarme más en contestarte

Cuidate y otro apretón de manos para ti :)

El que corre con lobos dijo...

No te preocupe Guillermo, entiendo lo que es compartir un blog, contestar en otros y además atender a los quehaceres cotidianos.

Jurema dijo...

Holaaaa...
Buen video!

Solo me paseaba por aquí para saludarte.

Un abrazo

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