lunes, 5 de enero de 2009

Jalaluddin Rumi

Rumi es quizás el maestro más representativo del Sufismo. Asociado al Islam, el Sufismo es un conocimiento esóterico (es decir, interno y de la experiencia directa de Dios) el cual, por supuesto, está muy lejos de lo que conocemos hoy como fundamentalismo o la religión ortodoxa del Islam. Es también uno de los maestros más queridos en esa tradición, tanto así que se lo proclama como el polo del amor en esta tradición. El aprecio que pueda provocar Rumi no se limita al mundo del Sufismo o a los buscadores espirituales; fuera de ese ámbito, es también apreciado por los literatos y por su pueblo (la actual Turquía). Su poesía y sus discursos son trascendentes y universales: en ellos refleja su profundo conocimiento y amor por Dios y la Verdad.

Hoy, en que corren tiempos en que el Corán es leído como una necesidad para entender al desconocido mundo Islámico, tal vez sea más apropiado comenzar por quien profundizó el Islam más allá de la forma, extrayendo las verdades profundas que se pueden encontrar tanto en el Islam como en una tradición tan sagrada como el Budismo, el Cristianismo, el Judaísmo o el Hinduismo, entre otras. Un hecho poco conocido en Occidente es que el verdadero Islam -no así sus interpretaciones superficiales o fanáticas- reconoce a los profetas judíos y -especialmente a Jesús- como auténticos mensajeros divinos, destacando a Mahoma como la versión más reciente de éstos.

Rumi nació en Balk (lo que se conoce hoy como el norte de Afganistán), hijo de un gran maestro sufi de la época, Baha Veled. Fue criado dentro del mundo místico desde muy pequeño: debió compenetrarse con la lectura del Corán, su interpretación y exégesis (interpretación crítica), la jurisprudencia Islámica y los hadith (los dichos y actos del profeta Mahoma), los que llegó a manejar a la perfección. A la edad de 10 años debió emigrar, debido a que el pueblo Mongol estaba invadiendo cruelmente esa zona. Él y su familia emprendieron un largo viaje, pasando por La Meca y Damasco, arribando finalmente luego de 12 años al estado de Anatolia (Turquía); durante el viaje, Rumi conoció a muchos y notables maestros del sufismo. Luego de la muerte de su padre en 1231, se convirtió en su sucesor y tuvo diversos ilustres e iluminados maestros, que fueron sus tutores y guías. Pero no fue hasta su encuentro con el gran maestro Shams i Tabriz, que Rumi despertó al máximo de su potencial. Shams es un espejo para Rumi, y en su compañía Jelaluddin Rumi hace realidad la verdad de su ser.

Su amistad con Shams durará por años, al igual que su devoción por él, hasta que Shams desaparece abrupta y misteriosamente de su vida, probablemente asesinado entre ardides y celos por parte de los discípulos de Mevlana que veían en Shams un rival que los alejaba de su Maestro. Mientras está cerca de Shams, Rumi, recita embriagado e inspirado por esta amistad en que compara a Shams con el maestro perfecto. Son pues, sus discípulos o amigos los que transcriben sus recitaciones y así será el caso de todas sus obras. Años más tarde, Husamedin Chelebi -seguidor y amigo de Mevlana- se ofrecerá para transcribir el Masnavi, que es una de las obras principales y más extensas de Rumi. En ella observamos un Rumi menos extático, pero más profundo; allí nos comprueba que el camino de la iluminación es un camino en que el buscador no puede detenerse, dado que su Meta es la Verdad, es Dios -y Dios no puede ser conocido en su totalidad-.

Su tercera obra es póstuma, Fiji ma Fiji, y es la recopilación por parte de sus discípulos de las transcripciones de sus discursos.

Tal vez la mayor dificultad para aquel que se inicie en sus textos, radique en la libertad que posee Rumi en su recitación. El se inspiraba y comenzaba en poesía o a través de discursos con un tema, intercalaba historias sobre otro tema a veces, y volvía al punto inicial luego. Pero es seguro que quien abra su corazón a Rumi y sobrepase esa dificultad, comprenderá en mayor profundidad el místicismo Islámico (Sufismo).

Fuentes:




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