sábado, 3 de enero de 2009

Marsilio Ficino

Filósofo, médico y filólogo italiano nacido en Fifline el 19 de octubre de 1433 y muerto en Careggio el 1 de octubre de 1499. Era hijo del protomédico de Cosme de Médicis, y tuvo por maestro de humanidades a Lucas Quarqualio de San Geminiano y Comando. Su padre quería destinarlo a una profesión más lucrativa y le envió a Bolonia a estudiar medicina. Ficino obedeció, pero no perdía ocasión de manifestar su disgusto, y, percatado de ello Cosme de Médicis, le llamó a su lado, dándole toda clase de facilidades para iniciarse en el estudio de Platón, sobre el cual compuso una obra a los veintitrés años. Por consejo del sabio Landini, se dedicó a estudiar el griego para poder apreciar directamente la grandeza de aquella filosofía, dedicándose al mismo tiempo a la música, llevado del fervor que sentía por imitar en todo a los griegos. Cosme le regaló dos fincas, una en la ciudad y otra en el campo, y puso a su disposición varios manuscritos de los diálogos platónicos, que él empezó a traducir en 1463. Desde entonces su labor no cesó de intensificarse, trasladando en lengua latina muchas obras, entre las que destacan las del "Corpus Hermeticum", los "Comentarios a Zoroastro", los "Diálogos de Platón", las "Enéadas" de Plotino y los escritos del Pseudo-Dionisio.
El nombre de Ficino va asociado al de la famosa academia de Florencia que ejerció un influjo tan característico en el renacimiento de los estudios clásicos. Jorge Gemistio Plethon, uno de los griegos que concurrieron al Concilio de Florencia, indujo a Cosme de Médicis a fundar un centro de estudios que sirviera para difundir la filosofía platónica, de la cual era aquél un férvido entusiasta, el alma de esta Academia fue Ficino. La Academia existía ya desde 1440, pero bajo la dirección de Ficino llegó a su mayor esplendor.
Pedro de Médicis quiso que explicara también las doctrinas platónicas, y así lo hizo su protegido, reuniendo en su cátedra a hombres eminentes en política y en saber, y entre ellos al que fue después Lorenzo el Magnífico.
Cuando Ficino tenía cuarenta y dos años recibió las órdenes sagradas y desempeñó el rectorado de dos iglesias de Florencia, varios beneficios eclesiásticos y más tarde una canonjía en la catedral de San Lorenzo de dicha ciudad. Bastándole estas rentas, cedió su patrimonio a sus hermanos y permaneció en Florencia, siempre al lado de sus protectores, no obstante los ofrecimientos de Matías Corvino y del pontífice Sixto IV. Tenía Ficino un carácter afable, era de una salud delicada, y le gustaba pasar largas temporadas en el campo en compañía de algunos amigos, con quienes departía con preferencia sobre aquellas cuestiones filosóficas que enlazan el espiritualismo griego con la religión cristiana.
Como médico, por sus trabajos de astrología médica, de dietética y de epidemiología, merece un lugar distinguido en la historia de esta ciencia durante el siglo XV.
Dentro de las obras atribuidas a Ficino tenemos, dentro de las más conocidas: “De la religión cristiana" y "Teología platónica sobre la inmortalidad de las almas" -su obra principal- y su "Comentario al Banquete", en las que expone su neoplatonismo y sus doctrinas sobre una «pía filosofía» o una «docta religión», que es la fusión de platonismo y cristianismo; sus argumentos sobre la inmortalidad del alma -que llama «cópula del mundo», o punto de unión entre lo divino y lo humano-, que son un alegato a favor de la inmortalidad individual frente a la postura averroísta del entendimiento colectivo, doctrina que, por lo demás, poco después la Iglesia católica declaró dogma de fe en el concilio de Letrán V, de 1512; y su teoría del «amor platónico», o «amor socrático», términos que él acuña para expresar la ascensión del alma desde la belleza terrena hasta el amor a Dios, identificando Eros platónico con amor cristiano. A esta actividad intelectual deben añadirse sus doctrinas mágicas y astrológicas: él mismo se declaró mago, convencido de la unidad de todas las cosas de la naturaleza y de la simpatía entre todas ellas debido a la presencia en todo de una sustancia pneumática, el espíritu. Expone estas ideas en su "De vita". Su influencia en toda Europa fue quizás la más notable de los humanistas renacentistas.”



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