lunes, 3 de enero de 2011

La Gorgona y su triple poder mágico - II

La envidia es considerada como una de las raíces del odio. Ella es, desde el punto de vista fenomenológico, una mirada fascinante . ¿Qué es la fascinación ? Es simplemente la acción de "aojar", de emitir un mal a través de los ojos. ¿Hay en el acto comunicativo gentes que emiten maldad a través de sus ojos? ¿Hay personas que con su mirada maléfica influyen negativamente en el mismo acto comunicativo? Este es en síntesis el problema de la fascinación, en el que resalta, de un lado, el "aojador" o agente fascinador y, de otro lado, el que provoca la fascinación.

1 - Los ojos que fascinan

a). La mirada mágica. La fascinación

La fascinación es la influencia mágica y funesta ejercida por una persona sobre otra, escribía J. Tuchmann en 1884. Pero se entendía por fascinación, sobre todo, la ejercida por una divinidad.
Por ejemplo, ninguna persona podía ver el palladium del templo de Atenea en Ilion, bajo pena de ceguera, entendiendo que era tal la fuerza que de él emanaba que causaba el deslumbramiento y la ceguera de los simples mortales. También la estatua de Ártemis, en Pallena, estaba de ordinario encerrada. Y aun en la procesión en que la sacerdotisa la mostraba en público nadie osaba mirarla, "pues su vista era funesta a los hombres y volvía estériles los árboles del lugar adonde se la llevaba, haciendo morir los frutos". Y cuando la ciudad fue tomada por los enemigos, cuenta Plutarco que su sacerdotisa les mostró la cara de la imagen de la diosa, quedando los soldados paralizados y llenos de estupor. En el templo de Ártemis de Éfeso se recomendaba a los visitantes tener cuidado con sus ojos, por la irradiación mística que desprendían. Y se acude a ella como diosa de supremos poderes, derivados de su forma triple y de la fascinación de su mirada.

Otras divinidades podían fascinar con la mirada, como Gorgona. A fin de aclarar la personalidad de este ser mitológico, a veces confusa, diremos que no sólo debe hablarse de Gorgona, sino de las Gorgonas. Las Gorgonas son tres en Hesíodo: Esteno, Euríale y Medusa. Las dos primeras eran inmortales y la tercera mortal. Las tres eran hijas de dos divinidades marinas, Forcis y Ceto. Vivían las Gorgonas, según la Mitología, junto al Océano, en la costa atlántica meridional de la Península Ibérica, cerca de la ciudad de Tartessos. Generalmente se le da el nombre de Gorgona a Medusa, considerada como la Gorgona por excelencia. Ésta es también la única que tiene descendencia: Poseidón se une a ella y la hace madre de Crisaor y del caballo alado Pegaso. De Medusa, a la que Píndaro llama "la de bellas mejillas", cuenta Ovidio en las Metamorfosis que hubo un tiempo en que fue una joven bellísima y de espléndida cabellera, a la que deshonró Poseidón en el templo de Atenea y que esta diosa virginal, horrorizada, convirtió en serpientes sus cabellos.
Las Gorgonas son en la Mitología griega seres monstruosos, sobre todo por la cabellera de serpientes, por tener descomunales colmillos de jabalí, manos de bronce y alas de oro. Pero, sobre todo, eran especialmente temibles por el efecto sobrenatural que emanaba de su rostro, efecto que en el caso de Medusa subsistía después de muerta: sus ojos echaban chispas y su mirada era tan penetrante que todo aquel que la miraba de frente quedaba convertido en piedra. Por eso las Gorgonas, y en particular Medusa, eran unos de los monstruos más temidos de la mitología griega.
Perseo tuvo que aproximarse a ella mientras dormía y utilizando el espejo que le había proporcionado Atenea (en otras ocasiones se habla de un escudo pulido como un espejo o de un velo), procurar no mirarla de frente para no quedar convertido en piedra. La cabeza cortada, el Gorgoneion, figuraba en el escudo de Atenea, de forma que sus enemigos quedaban convertidos en piedra con sólo mirarla. Ese efecto mágico derivado del poder de la cabeza de Gorgona sólo se anulaba con la misma cabeza. Así, si en vez de una se contaban tres Gorgonas, se deshacía el hechizo provocado por la cabeza, ya que se suponía que el tres, con su magia, neutralizaba la acción de la Gorgona individual.

La reproducción artística de la Gorgona, por su doble forma de gorgoneion por un lado, es decir, la máscara, y de personaje femenino con cara de Gorgona por otro, aparece en Grecia no sólo en las series de ánforas, sino también, a partir de la época arcaica, en los frontones de los templos griegos o en los escudos de los hoplitas y en las monedas. Al igual que Diónysos, único olímpico al que se representa de frente, Gorgo es una potencia a la que el hombre no puede abordar sin sucumbir bajo su mirada. Cualesquiera que sean las modalidades de distorsión empleadas para representar su imagen, siempre se la muestra como un ser híbrido, mezcla de ser humano con caracteres animales: la cara redonda, los ojos desorbitados, la melena erizada llena de serpientes, mientras la lengua parece salir de su boca, abierta en un rictus, que a veces deja entrever varias hileras de dientes con caninos de león o colmillos de jabalí.
El predominio de la mirada de Gorgona o Medusa es subrayado sobre todo en cierto número de piezas de cerámica que encuadran la máscara de Gorgona con dos ojos profilácticos enormes. Recordemos sobre este tema la expresión de Plotino de que "el ojo no podría ver el sol si no fuese, en cierto modo, un sol", exponente del fondo y la cuestión de la importancia del ojo y de la mirada, ya que siendo el sol foco de luz, y ésta símbolo de la inteligencia y del espíritu, el acto de ver expresa una correspondencia a la acción espiritual y simboliza, en consecuencia, el comprender, el conocimiento. Por ello, el "ojo divino", llamado entre los egipcios como signo determinativo Ouadza, simboliza a diversos dioses y su poder: "al que alimenta el fuego sagrado o la inteligencia del hombre", es decir, a Osiris, siendo muy curiosa la concepción analítica egipcia del ojo, o mejor, del círculo del iris centrado por la pupila, como "sol en la boca" o "verbo creador". Según el Libro de los Muertos, es el dios solar. Re, el que se encuentra en el ojo divino: "Yo soy Re... Yo soy el Señor de la Eternidad. Yo soy el Señor de la Gran Corona, yo soy el que se encuentra en el ojo divino..., yo soy el que se encuentra en el ojo divino, al que no puede sobrevenirle ningún mal". En el papiro mágico Harris es Amón el que se esconde en el ojo divino. Y por su gran fuerza protectora, mágica, se utilizan a menudo en Egipto amuletos con esta forma.
Por algunos de sus rasgos, la Gorgona aparece como la cara oscura, el reverso siniestro de la Gran Diosa, cuya herencia ha sido asumida por Artemisa. Se trata, sobre todo, de una potencia sobrenatural, a la vez que se consolida con ella el modelo simbólico que la representa con la forma particular de la máscara gorgónica y muy a menudo sus cabellos se anudan bajo la barbilla, formando un nudo mágico, como vemos a menudo en las figuras que la representan.

b). La mirada envidiosa. El mal de ojo

Pero hay otro tema relacionado con la mirada: la envidia y el daño producido por la mirada envidiosa que produce el "mal de ojo". Para conjurar sus efectos se recurrirá a menudo a procedimientos mágicos.
La envidia se puede definir como la tristeza o el pesar por el bien ajeno. Y esta tristeza o pesar que el bien ajeno produce en algunas personas les ha llevado a buscar el mal o la perdición de aquella otra a la que envidian. Para ello se ha recurrido a buscar la protección de los buenos espíritus, de las fuerzas benéficas de la naturaleza, o a diversos procedimientos mágico-apotropaicos.

El mal de ojo, daño producido por la mirada, "fascinación" o "aojo", tiene a su vez el significado de "engañar", "ofuscar", "alucinar", mientras que "aojar" significa desgraciar o malograr una cosa. Este daño, podía producirse en cualquier momento y por cualquier motivo. La belleza, la riqueza, la prosperidad, la suerte de los enemigos son motivos de envidia por parte de los espíritus ruines y perversos, de las personas débiles, feas y desgraciadas. Por eso han "echado el mal de ojo" a los favorecidos del Destino, por eso han perseguido con conjuros y sortilegios a las personas felices. Y es bien cierto que nada produce mayor enojo a una persona ruin que la fortuna, suerte y felicidad de aquellos a quienes envidia.

Por ello, diversos males, enfermedades, dolores y desgracias de todo género se atribuyen al mal de ojo, a la mala mirada, a la mirada envidiosa de una persona que le desea daño por el simple hecho de no tener lo que ella tiene. La creencia en el mal de ojo y su eficacia funesta es una superstición de todos los tiempos, como señala J. Tuchmann, a quien debemos uno de los más exhaustivos trabajos sobre el tema. Su origen para este autor está en el fetichismo y en una creencia ignorante en lo sobrenatural.
Pero su existencia se constata de una forma universal. En su capítulo sobre la magia preventiva, G. Contenau describe ya algunos testimonios babilónicos. Para este autor el mal de ojo consiste en el poder que se atribuye a ciertas personas de "producir daño" por medio de su mirada. Son los "echadores de suertes", las personas que pueden producir, con el solo poder de su mirada, la mala suerte, la enfermedad y la muerte. Esta creencia se combina, además, a veces, con ciertas malformaciones físicas que suelen tener las personas con poder de echar el mal de ojo. Aun en nuestros días es corriente escuchar frases como «parece que me ha mirado un tuerto» o "parece que me ha mirado un cojo", atribuyendo a las personas con estos desafortunados defectos físicos la fuerza envidiosa de producir daño por medio de la vista, por el hecho mismo de estar contrahechos.

Entre los pueblos míticos hay que destacar el de los Telquines, genios de Rodas, hijos del Mar y de la Tierra, tuertos inventores de la metalurgia y de la idea de esculpir las estatuas de los dioses. Era éste un pueblo de encantadores, dotados de la facultad de hacer llover, granizar y nevar, representados de forma anfibia: mitad marinos, mitad terrestres, unas veces en forma de pez y otras en forma de serpiente. Su mirada era terrible y llena de maleficios. Se les llamaba así porque haciendo el mal de ojo secaban a las plantas. También entre las divinidades, Atenea fascinaba con la mirada. Y el mismo efecto de fascinación o aojamiento se lograba con el ojo por la multiplicación de la pupila, que a veces se utilizaba como múltiple protección contra el mismo, como vemos en amuletos egipcios.

El resentimiento a causa de la deformidad física se atribuye, en otro sentido, a los espíritus de las personas muertas antes de tiempo, por ajusticiamiento, accidente, asesinato o cualquier tipo de muerte violenta (áoros), quienes, según la creencia, tienen la facultad de permanecer en la tumba y un gran deseo de hacer daño a las personas vivas, por resentimiento y envidia de esa vida de la que han sido privados injustamente. Y esperan en el sepulcro, acechantes y vengativos, siendo a estos espíritus a los que acuden los nigromantes en sus ritos de magia negra, pero los demones (divinidades menores) encargados de ejecutar la acción del mal de ojo eran los baskosúnai.

En Oriente, escribe Contenau, los ojos azules, que son bastante raros, pasan por ser "fascinadores" o "encantadores" en primer grado. Tales eran los ojos glaucos o garzos de Atenea. Y en los sarcófagos fenicios antropomorfos, los ojos están a menudo pintados de color rojo, evitando en ellos el color azul. También los Telquines tenían los ojos azules, a lo que debían su potencia mágica. Y, a menudo, los amuletos egipcios en forma de ojos son de este color. En Roma, Virgilio y  Catulo evocaron esta creencia en el poder de la mirada, aunque hacen alusión a una creencia, común en la Antigüedad, en que el mal de ojo, no provenía del ojo en sí, sino de un corazón malvado que transmitía malos sentimientos, como dice repetidamente el Nuevo Testamento:

"Pero si tu ojo es malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Del corazón del hombre sale el ojo envidioso".

Asimismo, en Israel, el Antiguo Testamento se hace eco de estas creencias, que evidencian el poder del ojo y la maldad de la envidia, que hace daño a quien la siente y se vuelve contra el envidioso. En el Libro de la Sabiduría leemos: "La fascinación de lo vil oscurece el bien y la agitación de la pasión socava la mente sin malicia." Y en Eclesiástico al referirse al uso de las riquezas, dice el autor bíblico:
"6. Nadie peor que el cicatero consigo mismo; y eso mismo es la recompensa de su maldad. 7. Y si hace el bien, lo hace por descuido, y al fin manifiesta su maldad. 8. El malvado es hombre de ojo envidioso, que aparta el rostro y menosprecia las almas. 9. El ojo del ambicioso no se contenta con una parte y la injusticia malvada seca el alma. 10. El ojo malvado es envidioso del pan de otro. Y en su propia mesa habrá siempre escasez."

El ojamiento o fascinum era muy temido, y las personas afortunadas debían precaverse mediante conjuros. El conocimiento exacto de los bienes de fortuna podía provocar la envidia en el fascinator y en el poseedor el peligro de perder la propia felicidad. También la alabanza exagerada ha de ser evitada, ya que alabar la belleza, la suerte de las personas, su habilidad, su riqueza, puede atraer sobre ella la mala suerte. Precisamente los griegos suponían que una felicidad excesiva provocaba la envidia de los dioses (phónos). Y precisamente en el caso de Gorgona fue su belleza la que atrajo a Poseidón, quien, al violarla en el templo de Atenea, provocaría la conversión de la joven en un monstruo.

En su poema "El viaje de los Argonautas", Apolonio de Rodas describe el efecto de la mirada mágica de Medea sobre el gigante de bronce Talos. En otro de sus encantamientos la maga recurre a Hipnos, el sueño, para encantar a la serpiente de ojos insomnes que guarda el vellocino de oro.
Los ojos, sobre todo de animales negros, como los de los cuervos o los nocturnos considerados malignos, como los murciélagos, se utilizaban para hacer conjuros.

El efecto se conjura por medio de la utilización de algunos medios convencionales y diversos amuletos. Pues contra los daños producidos por el mal de ojo, como contra todos los males, existía una protección mágica. Nos referiremos a algunos de los medios utilizados desde la Antigüedad, que, como veremos en algunos casos, no han perdido efectividad en nuestros días.

Fuentes:




1 comentarios:

Alimontero dijo...

Hola Manuel, feliz año!!!! ;-)
Deseo darte las gracias por lo que me has motivado, por las energías tuya recibidas.....;-)

Que tengas un año lleno de satisfacciones!

Ali

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