sábado, 15 de enero de 2011

La caza: Cuando el corazón es un cazador solitario

El arquetipo de la fuerza de la Vida/Muerte/Vida ha sido muy mal interpretado en muchas culturas modernas. En algunas ya no se comprende que la Dama de la Muerte representa una pauta esencial de la creación. gracias a sus amorosos cuidados, la vida se renueva. En muchas tradiciones populares las figuras femeninas de la muerte son objeto de representaciones espectaculares: lleva una guadaña y cosecha a los que menos lo esperan, besa a sus víctimas y deja los cadáveres a su espalda o asfixia a la gente y después se pasa la noche lanzando gemidos de dolor.
Pero en otras culturas como la de las Indias orientales y la Maya, que han conservado las enseñanzas acerca de la rueda de la vida y la muerte, la Dama de la Muerte envuelve a los moribundos, alivia su dolor y los consuela. En el curanderismo, dicen que da la vuelta al niño en el vientre y lo coloca boca abajo para que pueda nacer. Dicen que guía las manos de la comadrona, abre los caminos de la leche de la madre en los pechos y consuela a todos los que lloran solos. Lejos de despreciarla, los que la conocen en su ciclo completo respetan su generosidad y sus lecciones.

Desde el punto de vista arquetípico, la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida es un componente básico dela naturaleza instintiva. En el mito y el folclore se le llama la Dama de la Muerte; Coatlicue; Hel; Berchta; Ku'an Yin;Baba Yagá; la Dama de Blanco; La Belladona Misericordiosa; y, formando un grupo de mujeres, las griegas Graeae, las Damas grises. Desde la Banshee, en su carruaje hecho de nubes nocturnas, hasta La Llorona de la orilla del río, desde el ángel oscuro que roza a los seres humanos con la punta de su ala hundiéndolos en un éxtasis hasta el fuego de los pantanos que aparece cuando la muerte es inminente, los cuentos están llenos de estos vestigios de las antiguas personificaciones de la diosa de la creación.
Buena parte de nuestro conocimiento de la Vida/Muerte/Vida está contaminada por nuestro temor a la muerte. De ahí que nuestra capacidad de movernos al ritmo de los ciclos de esta naturaleza sea un tanto escasa. Estas fuerzas no nos hacen nada. No son ladrones que nos roban las cosas que más queremos. Esta naturaleza no es un conductor que atropella lo que más apreciamos y se da a la fuga. No, las fuerzas de la Vida/Muerte/Vida forman parte de nuestra propia naturaleza, forman parte de una interior que conoce los pasos de la danza de la Vida y la Muerte. Está integrada por los aspectos de nuestra personalidad que saben cuándo algo puede, debe y tiene que nacer y cuándo tiene que morir. Es una maestra muy sabia, siempre y cuando nosotros sepamos aprender su ritmo. Rosario Castellanos, la mística y poeta mexicana, escribe a propósito de la entrega a las fuerzas que gobiernan la vida y la muerte:

... Dadme la muerte que me hace falta...

Es fácil permanecer tendidos soñando simplemente con el amor perfecto. Es una anestesia de la cual tal vez jamás nos recuperemos como no sea para apropiarnos despiadadamente de algo valioso que se encuentra, sin embargo, fuera de nuestra conciencia. Para los ingenuos y heridos el milagro de la actuación de la psique consiste en que, aunque uno esté desanimado, aunque se muestre irreverente, no quiera hacerlo, no lo espere en realidad, no le apetezca, aunque se sienta indigno o no esté preparado, tropezará accidentalmente y de todos modos con el tesoro. Entonces al alma le corresponde la tarea de no pasar por alto lo que se ha encontrado, reconocer que el tesoro lo es efectivamente y reflexionar cuidadosamente acerca de lo que debe de hacer a continuación.
Una parte de todas las mujeres y de todos los hombres se niega a saber que en todas las relaciones amorosas la Muerte también tiene que intervenir. Fingimos poder amar sin que mueran nuestras ilusiones acerca del amor, fingimos poder avanzar sin que jamás tengan que morir nuestros vehementes arrebatos de emoción. Pero en el amor, desde un punto de vista psíquico, todo, absolutamente todo se desmenuza. El ego no lo quisiera, pero así tiene que ser y toda persona dotada de una profunda naturaleza salvaje se muestra inclinada a aceptarlo.

Amar significa permanecer al lado de alguien. Significa salir de un mundo de fantasía y entrar en un mundo en el que es posible el amor duradero, cara a cara, hueso a hueso, un amor hecho de afecto. Amar significa quedarse cuando todas las células gritan: "¡Echa a correr!"

"La ignorancia es no saber nada y sentirse atraído por lo bueno. La inocencia es saberlo todo y seguir sintiéndose atraído por lo bueno."

Dicen que todo lo que nosotros estamos buscando también nos busca a nosotros y que, si nos quedamos quietos, nos encontrará. Es algo que lleva mucho tiempo esperándonos. En cuanto llegue, no te muevas. Descansa. Ya verás lo que ocurre a continuación.
Así hay que acercarse a la naturaleza de la Muerte, no con astucia y artería sino con la confianza del espíritu. La palabra inocente se utiliza a menudo para calificar a una persona sin criterio, a un simplón, pero las raíces de la palabra se refieren a alguien libre de lesiones y daños. En español, la palabra inocente se aplica a una persona que procura no hacer daño a nadie, pero que también puede sanar cualquier daño o herida que los demás le hayan causado a ella.

En la psique masculina hay una criatura, un hombre ileso que cree en el bien, que no tiene dudas acerca de la vida, que no sólo es sabio sino que, además, no teme morir. Algunos lo calificarían de yo guerrero. Pero es algo más que eso. Es un yo espiritual, un joven espíritu que, a pesar de los tormentos, las heridas y los exilios, sigue amando por que se trata de algo que es en sí mismo curativo y reparador.
Cuando el hombre derrama una lágrima, significa que ha llegado a su dolor y se percata de ello cuando lo toca. Se da cuenta de que ha vivido una existencia a la defensiva por culpa de la herida. Se da cuenta de las cosas que se ha perdido en la vida por este motivo y de lo paralizado que está su amor por la vida, por su propia persona y por los demás. En los cuentos de hadas las lágrimas cambian a las personas, les recuerdan qué es lo más importante y salvan sus almas. Sólo la dureza del corazón impide el llanto y la unión. Cuando un hombre entrega todo su corazón, se convierte en una fuerza asombrosa.

Con sus cuerpos las mujeres viven muy cerca de la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida. Cuando las mujeres están en su sano juicio instintivo, las ideas e impulsos que las inducen a amar, crear, creer y desear, nacen, viven su tiempo, se desvanecen y mueren y vuelven a nacer. Se podría decir que las mujeres ponen en práctica este concepto de una manera consciente o inconsciente en cada ciclo lunar de sus vidas. Para algunas, la luna que indica los ciclos está en el cielo. Para otras es la Mujer Esqueleto que vive en su psique.
Desde su propia carne y sangre y desde los constantes ciclos que llenan y vacian el rojo jarrón de su vientre, una mujer comprende física, emocional y espiritualmente que los cenits se desvanecen y expiran y que lo que queda renace con formas inesperadas y por medios inspirados para reducirse de nuevo a nada y ser concebido otra vez en toda su gloria. Como se puede ver, los ciclos de la Mujer Esqueleto discurren en toda la mujer, a través de ella y por debajo de ella. No podría ser de otro modo.

A veces, los hombres que todavía huyen de la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida temen a semejante mujer, pues intuyen que es una aliada natural de la Mujer Esqueleto. Sin embargo, no siempre fue así. El símbolo de la muerte como transformadora espiritual es un vestigio de una época en el que la Dama de la Muerte era acogida como un pariente cercano, como una hermana, un hermano, un padre, una madre o un amante. En la ingeniería femenina, la Mujer de la Muerte o la Doncella de la Muerte siempre se ha considerado la portadora del destino, la hacedora, la doncella de la cosecha, la madre, la paseante fluvial y la re-creadora; todas ellas siguiendo un ciclo.

A veces quien huye de la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida insiste en considerar el amor como algo exclusivamente positivo. Pero el amor en su plenitud es toda una serie de muertes y renacimientos. Abandonamos una fase, un aspecto del amor, y entramos en otra. La pasión muere y regresa. El dolor se aleja y aparece de nuevo. Amar significa abrazar y, al mismo tiempo, resistir muchos finales y muchísimos comienzos... todos en la misma relación.

Hay doce labores que enseñan a un alma a amar bien y profundamente a otra:

1. Descubrir a la otra persona como una especie de tesoro espiritual.
2. Perseguir y esconderse: un tiempo de esperanzas y miedos para ambos.
3. Desenredar y entender los aspectos de Vida/Muerte/Vida de la relación, y la compasión por la labor.
4. Relajarse en la confianza: la habilidad de descansar en la presencia y la buena voluntad del otro.
5. Compartir tanto sueños futuros como tristezas pasadas.
6. Utilizar el corazón para cantar nueva vida.
7. Entremezclar los cuerpos y las almas.

Fuentes:

Este resumen ha sido copiado de "mujeres.territoriodelobos.com"

Clarissa Pinkola Estés
"Mujeres que Corren con los Lobos"


Amadrina el Blog "Hombres que corren con los lobos"

2 comentarios:

Alimontero dijo...

Extensa y buenísima entrada, gracias!
Es más, diría que para comprenderla bien, tenía que serlo....

A cada instante estamos muriendo, para re-nacer y vivir...

Un gran abrazo Manuel,

una buena semana para tí!

Ali

El que corre con lobos dijo...

Allí va en el siguiente post una asociación de idea entre la Vida/Muerte/Vida y la Danza de Shiva.
Un abrazo.

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