jueves, 2 de diciembre de 2010

El poder de Dos

Aunque cada faceta de la naturaleza de la mujer constituye un ente aparte con distintas funciones y un conocimiento diferenciado, ambas poseen una conciencia o interpretación mutua, tal como ocurre entre el cerebro y su corpus callosum, y, por consiguiente, actúan como un todo. Cuando una mujer esconde o favorece demasiado una de sus facetas, vive una existencia muy desequilibrada que le impide el acceso a todo su poder. Y eso no es bueno. Hay que desarrollar ambas facetas.
Hay mucho que aprender acerca de la fuerza de Dos cuando examinamos el símbolo de las gemelas. En todo el mundo y desde la más remota antigüedad, se ha creído que los gemelos están dotados de poderes sobrenaturales. En algunas culturas, existe toda una disciplina dedicada al equilibrio de la naturaleza de los gemelos, considerados dos seres que comparten una sola alma. E incluso después de su muerte, a los gemelos se les da de comer, se les habla y se les ofrecen obsequios y sacrificios.
En varias comunidades africanas y caribeñas se dice que el símbolo de las hermanas gemelas tiene juju, la mística energía del alma. Por consiguiente, hay que cuidar esmeradamente de las gemelas para evitar que un mal destino se abata sobre toda la comunidad. Una norma del culto vudú de Haití exige que a los gemelos se les dé de comer exactamente las mismas raciones de alimento para evitar que surjan celos entre ambos, pero, sobre todo, para evitar que uno de ellos languidezca, pues, si muere uno, también morirá el otro y entonces se perderá la especial espiritualidad que ambos aportan a la comunidad.
De igual modo, una mujer posee un poder extraordinario cuando los dos aspectos de su psique se reconocen concientemente y se perciben como una unidad, juntas y no separadas. El poder de Dos es muy fuerte y no debe descuidarse ninguna de las facetas de la dualidad. Se las tiene que alimentar por igual, pues ambas aportan un misterioso poder al individuo.

"Un ramita, dos ramitas"

Una vez un viejo afroamericano del Medio Sur me contó un cuento. Salió de un callejón mientras yo permanecía sentada entre las pintadas de un aparcamiento del centro de una ciudad. Muchas personas lo hubieran calificado de loco, pues hablaba con todo el mundo sin dirigirse a nadie en particular. Avanzaba con un dedo extendido como si estuviera tanteando la dirección del viento. Las cuentistas dicen que estas personas han sido tocadas por los dioses. En nuestra tradición, a un hombre así lo llamaríamos El bulto, pues las almas como él llevan una cierta mercancía y la muestran a quien quiera verla, a cualquiera que tenga ojos para verla y sentido común para acogerla.
Aquel simpático bulto en particular me contó el siguiente cuento. Gira en torno a cierta transmisión ancestral y se titula "Un ramita, dos ramitas". "Así actúan los viejos reyes africanos", me dijo en un susurro.
En el cuento, un anciano se está muriendo y convoca en torno a sí a los suyos. A cada uno de sus muchos hijos, esposas y parientes le entrega una corta y resistente ramita. "Romped la ramita", les ordena. Con cierto esfuerzo, todos rompen la ramita por la mitad.
"Eso es lo que ocurre cuando un alma está sola y no tiene a nadie. Se rompe fácilmente."
Después el viejo les dio a cada uno de sus parientes otra ramita Y les dijo: "Así me gustaría que vivierais cuando yo haya muerto. Reunid todas las ramitas en haces de dos y de tres. Y ahora, quebrad los haces por la mitad."
Nadie puede quebrar las ramitas cuando forman un haz de dos o tres. El viejo me miró sonriendo. "Somos fuertes cuando estamos con otra alma. Cuando estamos unidos a los demás, no nos pueden romper."
De igual manera, cuando las dos facetas de la doble naturaleza se mantienen juntas en la conciencia, ejercen un enorme poder y no se pueden quebrar. Es la característica de la dualidad psíquica, de los dos aspectos gemelos de la personalidad de una mujer. Por su cuenta, el yo más civilizado se encuentra a gusto, pero un poco solitario. Por su cuenta, el yo salvaje también se encuentra a gusto, pero ansía relacionarse con el otro. La pérdida de los poderes psicológicos, emocionales y espirituales de las mujeres se debe a la separación de estas dos naturalezas, a la simulación de que uno u otro de ellos ya no existe.
Este cuento se puede interpretar como referido a la dualidad masculina y a la femenina.

Manawee posee también una doble naturaleza: una naturaleza humana y una naturaleza instintiva, simbolizada por el perro. Su naturaleza humana, amable y afectuosa, no es suficiente para superar la prueba. Es su perro, símbolo de la naturaleza instintiva, el que tiene la capacidad de acercarse subrepticiamente a las mujeres y, gracias a la agudeza de su oído, averiguar sus nombres. Es el perro el que aprende a desechar las seducciones superficiales y a conservar los conocimientos más importantes. Es el perro de Manawee el que posee un fino oído y es dueño de una tenacidad y un instinto que lo lleva a ocultarse junto a las paredes y a buscar, perseguir y recuperar las ideas valiosas.Como en otros cuentos de hadas, las fuerzas masculinas pueden poseer una energía de tipo Barba Azul o una energía tan aniquiladora como la de la Raposa, con la cual intentarán destruir la doble naturaleza de las mujeres. Esta clase de pretendiente no puede tolerar la dualidad y busca la perfección, la única verdad, la única sustancia femenina encarnada en una sola mujer perfecta. ¡Ay! Si tú conoces a esta clase de persona, echa a correr en dirección contraria a la mayor velocidad que puedas. Es mejor tener un amante que sea como Manawee tanto por dentro como por fuera: es un pretendiente mucho más satisfactorio, pues está profundamente entregado a la idea del Dos. Y el poder de Dos actúa como una entidad integral.
Por consiguiente, Manawee desea tocar esta extremadamente ubicua pero misteriosa combinación de vida espiritual de la mujer y pose, una soberanía propia. Puesto que él es también un hombre salvaje y natural, percibe el eco de la mujer salvaje y se siente atraído por ella.

Entre esta tribu acumulativa de figuras masculinas de la psique femenina que los junguianos denominan animus, existe también una actitud de tipo Manawee que descubre y aprecia la dualidad femenina, la considera valiosa y digna de ser cortejada y deseada y no ya diabólica, fea y despreciable. Manawee, tanto si es una figura externa como si es interna, representa un amante audaz pero rebosante de confianza cuyo mayor deseo es nombrar y comprender la misteriosa y numinosa dualidad de la naturaleza femenina.

Fuentes:

Clarissa Pinkola Estés
"Mujeres que Corren con los Lobos"


Apadrina el Blog "Hombres que corren con los lobos"

2 comentarios:

HYR dijo...

Me encanta tu blog es uno de mis favoritos, siempre te leo.

Gracias por tus posts, de una hermana leona a un hermano lobo.

Hayar de cuaderno de mujeres

El que corre con lobos dijo...

Te agradezco tu comentario, Hayar. "Mujeres que corren con los lobos" tiene material para largo, así pues te deseo felices lecturas...
Un muy afectuoso apretón de manos.

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