jueves, 21 de agosto de 2008

"Cuéntame tus recuerdos y te diré quién eres."

Propone que nos conozcamos mejor a través de la interpretación de los recuerdos de infancia. Acaba de publicar "Esos recuerdos que gobiernan nuestra vida" (Kairós/Pagès editors).


--Usted se ocupa del pasado. La moda hedonista dicta que hay que vivir el presente, pero hace siglos los sabios ya criticaban el hecho de pensar demasiado en lo que se fue. El maestro taoísta Lü Yen decía a sus discípulos: "Si piensas en el pasado, tu yo antiguo no morirá".
--Sin el conocimiento del pasado, nuestro futuro está truncado. La salud psíquica se da cuando hemos recompuesto nuestra historia. El pasado es nuestro carnet de identidad. Nos dice quiénes hemos sido, cómo hemos sido y por qué hemos sido de aquella manera. Cuéntame tus recuerdos y te diré quién eres.

--¿Es posible vivir sin recuerdos?
--No. Freud sentenció que si no soñamos no vivimos. Y yo digo que si no recordamos, no vivimos.

--Si durante las comidas familiares de estas fechas alguien teme quedarse sin tema de conversación, que hable de recuerdos de infancia. El éxito está asegurado.
--Sí, porque todos son diferentes. Son historias únicas e incomparables sobre los caminos por los que hemos deambulado. Si ponemos a 100 personas una al lado de otra, ninguna tendrá los mismos recuerdos. Si coges a cuatro hermanos y les pides que relaten el mismo momento, los recuerdos serán todos distintos.

--A veces los recuerdos parecen sueños.
--Hay una gran imbricación entre recuerdo y sueño. Hasta el extremo de que hay muchas personas que no saben si algo lo vivieron o lo soñaron. En cualquier caso, los dos son caminos hacia el inconsciente.

--Y dice usted que ambos se parecen a los peces.
--Algunos salen a la superficie del agua y son visibles, mientras que otros permanecen en las profundidades. Pero no por no ser visibles dejan de estar ahí.

--Gabriel García Márquez escribió que la vida no es lo que se ha vivido, sino de lo que uno se acuerda y cómo se acuerda.
--Podríamos decir que esa frase es la columna vertebral de mi libro. Lo que importa es la percepción subjetiva de las cosas, la manera como las recuerdas. La esencia del recuerdo importa poco.

--Una paciente suya idolatraba a su padre y el amor entre ambos era perfecto. Hasta que un día escuchó un comentario en que la menospreciaba. Ya nada fue igual, porque no se sacó de encima aquel recuerdo.
--Esta señora lloraba al rememorarlo. Fue en una discusión terrible entre sus padres, en el curso de la cual él, bajo la influencia de la cólera, exasperado por una esposa que quería retenerle contra su voluntad, dijo: "Me importa un rábano mi hija". La niña sacó la conclusión de que su padre no la quería. Pesó más ese recuerdo que todas las señales de amor y ternura que le prodigó a partir de entonces.

--¿Cómo podemos librarnos de un recuerdo que nos hace daño?
--Se necesita un trabajo. Hay un trabajo para elaborar el recuerdo, igual que Freud trabajó los sueños. Ese trabajo es necesario a partir de que tomamos conciencia de que un recuerdo nos resulta doloroso.

--A veces nos autoengañamos, y creemos que hubo dolor donde no hubo dolor.
--Nos instalamos en una desgracia confortable, que nos apetece. El primer grado de liberación consiste en un atrevernos a enfrentarnos a ese recuerdo. Y tendremos que aprender a relacionarnos de una manera distinta con él. Es un proceso fascinante. Tiene algo de sadomasoquista.

--¿Por qué?
--Porque quiero librarme del recuerdo y a la vez siento una gran fascinación por él. Para salir del círculo neurótico, tengo que preguntarme: ¿Me será útil? ¿En qué medida? Al final, el recuerdo dejará de ser una herida abierta y será cicatriz.

--¿Por qué inventamos recuerdos?
--Tiene que ver con un sentimiento de inferioridad. Dos hermanas: una de ellas ha sufrido una enfermedad grave; la otra se inventa una historia extraordinaria para sobresalir. O personas que llevan una vida gris. Les gustaría tanto que les ocurriese algo extraordinario, que finalmente se convencen de que les ha ocurrido.

--Dice que recordamos momentos parecidos a los que estamos a punto de vivir.
--Sí. Si el de ahora es un momento melancólico, nos vienen a la cabeza recuerdos melancólicos. Si es un periodo emprendedor, tendré recuerdos de actividad. Es un efecto estabilizador de nuestro aparato psíquico. Nuestro cerebro es más que un superordenador. También demuestra ser inteligente frente a sí mismo.

--Dígame, por favor, el recuerdo más significativo de su infancia.
--Estaba con mi madre en el mercado: los dos solos. Normalmente íbamos con el resto de hermanos, pero ese día estábamos solos. De repente, mi madre empezó a llorar. Recuerdo perfectamente que yo la consolé: "No llores mamá, no llores".

Fuentes:

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