lunes, 25 de agosto de 2008

Presentamos a Tenzin Gyatso

"Sólo soy un monje budista. Tibetano accidentalmente, por el lugar donde nací. Un monje budista que cree firmemente en la libertad y en la no violencia. Trato de ser realista y práctico, para ayudar a la construcción de un mundo más humano y mejor. Un lama es una persona sabia, estudiosa, buena y respetada. Mi primera motivación está dirigida hacia todos los seres vivientes, y en segundo lugar estoy dirigido a ayudar a los tibetanos. Uno de mis principales trabajos es educar a las nuevas generaciones, enseñándoles que el mundo es cada vez más pequeño y los problemas cada vez más globales; recordar a la gente que el amor y la comprensión son las fuerzas capaces de hacer mejores a los hombres."

Tenzin Gyatso es un tibetano que camina ligeramente encorvado y saluda agachando la cabeza y reuniendo las palmas de las manos. Parece que recorre el mundo pidiendo perdón. Su mirada, sin embargo, es firme y directa. Las pupilas le brillan como si fuese un leopardo: parece que puede abrirlas y cerrarlas a voluntad.

En cuanto tiene ocasión aprovecha para sonreír como un chiquillo, y lucir una irregular fila de blanquísimos dientes. Tiene una sonrisa maliciosa, que destaca como un cometa en mitad de una cabeza pelada al uno. La piel, tostada por el sol y el aire de las montañas y llanuras de la vertiente norte del Himalaya, se le arruga en la frente cuando pronuncia la palabra "exilio". Sus modales son suaves, sus palabras precisas y su voz, sorprendentemente sanguínea y recia.No resulta sencillo hacerse a la idea de que este individuo de 62 años, de aspecto frágil y bonachón, sea un puñado de sal en la herida de la todopoderosa China. Su Santidad Tenzin Gyatso, decimocuarto Dalai Lama, es el máximo líder espiritual y político de seis millones de tibetanos. Premio Nobel de la Paz en 1989 por su protesta pacífica contra la invasión de su país, se ha convertido en abanderado de la tolerancia y la no violencia. El Gobierno chino dice que sólo es "un entrometido", y que "interfiere en los asuntos internos del pueblo chino". "Tíbet ha sido desde tiempos inmemoriales territorio de China", afirman los invasores, "y, por tanto, sus asuntos competen total y exclusivamente a este país".

Los seguidores del líder budista, por otro lado, aseguran que es la última reencarnación del espíritu de la compasión, un espejo de perfección, un maestro incomparable, el señor de la merced y de la penetrante visión, la joya que otorga todos los deseos...

Antes de cumplir tres años Tensin Gyatso fue sometido a numerosas pruebas, para ser finalmente reconocido como la reencarnación de Avalokiteshvara, el "señor que mira hacia abajo", el bodhisatva de la compasión infinita. Un bodhisatva es un ser que ha logrado total o parcialmente el estado de iluminación. "Recuerdo que, de pequeño, yo tenía muy mal carácter. Pero con los años, y gracias a un largo entrenamiento mental, he cambiado mucho. Creo...", dice ensayando una carcajada. "Siempre he buscado la paz interior, el encontrarme bien conmigo mismo. Y esa calma interior es útil para la salud física. A través de la meditación uno puede modelar su propia mente".

"¿Tengo aspecto de dios? ¿Podría usted comparar mi aspecto con el del dios occidental? Seguro que sí, que los que dicen eso exageran. Por lo menos si hablamos en términos de un dios occidental. Si hablamos en términos budistas, la cosa cambia: la mayoría de los tibetanos me considera la reencarnación del dios de la compasión. Pero no es comparable el dios todopoderoso de las religiones de Occidente a nuestro Buda."

Cuando cumplió cuatro años fue entronizado en Lhasa, capital de Tíbet, y dos años después se hizo monje y recibió una educación de gran nivel para dirigir el país y cumplir sus funciones religiosas. "Mi vida era muy rutinaria entonces", recuerda. "Estudiaba dos veces al día. Las clases eran de una hora, y el resto del tiempo lo pasaba jugando. A los trece años empecé a estudiar Filosofía, Definición y Debate. Y Caligrafía. Me acostumbré a la rutina. Pero de vez en cuando tenía vacaciones, muy agradables y felices. Recuerdo que mi madre, algunas veces, me traía un pan especial muy grueso y muy rico que hacía ella misma".

En 1949 la rutina se quiebra: China invade Tíbet. Entre el cielo budista y la tierra comunista el joven Dalai Lama recuerda a sus seguidores que la religión que profesan es partidaria de la no violencia, y rechaza cualquier tipo de lucha armada. Plegarias contra fusiles en mitad del siglo XX. Pero no puede evitar que se forme una resistencia, y que las manifestaciones por la libertad sean reprimidas con dureza por el Ejército chino. Hoy se puede hablar de genocidio, con más de un millón de tibetanos muertos y decenas de miles de torturados, encarcelados, desaparecidos y exiliados. "Me reuní varias veces al comienzo de los años cincuenta con Mao Zedong, y me impresionó muchísimo. Parecía un hombre honesto", afirma. "En las largas negociaciones que tuvimos me prometió muchas cosas, pero no cumplió ninguna. Me dijo que habían entrado en Tíbet para ayudarnos a convertir el país en una nación moderna, y que dos décadas después, cuando hubieran finalizado el trabajo, se marcharían. Pero en todos estos años no han hecho nada por los tibetanos: han tratado de destrozar nuestra cultura, nuestra religión, y nos han convertido en uno de los lugares más pobres de Asia. Y no sólo no se han marchado, sino que han intentado establecerse mediante programas especiales, animando a la gente de su país a vivir aquí". En Tíbet, un país con seis millones de habitantes, se han asentado ocho millones de colonos chinos.

Un frío día de marzo de 1959 el último Dalai Lama tuvo que huir, acompañado por 100.00 tibetanos más, al otro lado del Himalaya. Desde entonces vive en el exilio, en la aldea india de Dharamsala.

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El líder espiritual del budismo tibetano Tenzin Gyatso es el XIV y actual Dalai Lama, desde que a la edad de cinco años fue reconocido como la reencarnación de su predecesor, el XIII Dalai Lama; y por consiguiente es la encarnación de Avalokitesvara, el Buda de la Compasión, para más de 14.000.000 de tibetanos y mongoles.

Los budistas tibetanos consideran que los Dalai Lamas son la manifestación del Buda de la Compasión, un ser espiritual que escogió renacer para servir a la humanidad; aunque no es un maestro Buddha sino un Bodhisattva, es el patrono del Tíbet y se cree que, tras su muerte, su conciencia sutil tarda un intervalo de cuarenta y nueve días, por lo menos, para nacer de nuevo en un niño que ya desde su nacimiento puede dar señales de su carácter especial. Avalokiteśvara es una deidad importante para el budismo tibetano y es considerado en las enseñanzas vajrayāna como un buda. En cambio, para las enseñanzas mahāyāna es visto más bien como un bodhisattva de elevado nivel.
Dalai Lama significa "Océano de Sabiduría" y los tibetanos, por lo general, se refieren a Su Santidad como Yeshe Norbu (la Gema que Concede Todos los Deseos), Gyalwa Rinpoché (Precioso Vencedor) o simplemente lo llaman Kundun, la presencia.

Tenzin Gyatso nació el 6 de julio de 1935 en Takster (Amdo), en el este de Tíbet, con el nombre de Lhamo Dondhup. A la edad de cinco años, fue llevado al palacio de Potala, en la capital del Tíbet, para ser proclamado oficialmente líder espiritual.

Un personaje semidivino y mítico, que aúna la supremacía política y el liderazgo espiritual continuado desde el siglo XV por tradición, en el país más inaccesible del mundo.
Su Santidad, el Dalai Lama, vive en el exilio desde hace treinta años. En cierta ocasión comentaba en su tono desapasionado e irónico que le caracteriza, que agradecía enormemente a los chinos el que hubiesen invadido su país, ya que gracias a ello Tibet había salido de su tradicional aislamiento y el Dharma de Enseñanza Budista se había extendido por Occidente.
Él es un científico de la Religión. Un ejemplo vivo de cómo, a veces, el poder material no corrompe: tiene una gran fortuna personal, pero nunca hace ostentaciones y vive como un simple monje tibetano más; siendo un importantísimo iniciado en las más complejas y esotéricas tradiciones del Vajrayana (Budismo Tántrico Tibetano) dedica la mayor parte de su tiempo a defender la causa política de su pueblo, siendo venerado por sus súbditos como la Encarnación Viviente de la Divinidad. Aunque los chinos han cometido un genocidio cultural (tres mil monasterios destruidos) y humano (más de medio millón de tibetanos asesinados) en nombre de la Democracia y la Libertad, el Dalai Lama persiste en una resistencia no violenta frente al invasor. Su visión, realmente democrática, le ha llevado a aprobar una Constitución en el exilio, donde él mismo renunciaría al trono, si dos tercios de la cámara así lo estimaran oportuno. Una Profecía Tibetana afirma, que el XIV Dalai Lama será el último de su estirpe y que entonces el pueblo tibetano perderá a su país y a su Dalai Lama, aunque volverá a recuperarlos a ambos. "Es posible que yo sea el último, pero si permanezco por treinta o cuarenta años más, las cosas tendrán que cambiar. Como budistas creemos que todo fenómeno es pasajero." Que el pueblo tibetano elija o no a un Dalai Lama es, básicamente, cuestión de la utilidad que preste el Dalai Lama como institución.
Por el momento, el Dalai Lama es muy importante para el Tibet y mi responsabilidad consiste en cumplir mi función lo mejor posible. El Dalai Lama es simplemente un individuo.
Ni el Tibet es el Dalai Lama ni el Dalai Lama es el Tibet... Pero, en cuanto a la cuestión de mi propio renacimiento como Bodhisatva, mientras haya sufrimiento en el mundo he de volver.
Que vuelva como Dalai Lama o no, es una cuestión que carece de importancia."

Buda dijo en una ocasión: "El que pregunta se confunde, el que responde se confunde".

"En el budismo todo suele depender del punto de vista y del enfoque, por lo tanto es peligroso hacer declaraciones definitivas. La gente me pregunta: ¿Puede el budismo ofrecer refugio, en este tiempo convulso que vivimos, a todo el mundo? Yo sólo puedo decir que depende de su actitud, de sus necesidades y de su capacidad de disciplina y estudio. Y que la cultura de Tíbet tiene un potencial aplicable no sólo a las relaciones entre personas, sino también en las relaciones con los animales, con el medio ambiente, y con nosotros mismos."


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