sábado, 27 de octubre de 2007

La Gran Cadena del Ser. (2)

La Holoarquía

La jerarquía es, pues, simplemente un ordenamiento creciente de holones y representa un aumento en la totalidad y en la capacidad integradora. Es por ello que el concepto de jerarquía es tan importante para la teoría de sistemas, la teoría de la totalidad u holismo, y también para la filosofía perenne. Cada paso adelante en la gran cadena del ser conlleva un incremento en la unidad y una ampliación de la identidad. De este modo tiene lugar un proceso que abarca desde la identidad aislada del cuerpo, pasando por la identidad social y comunitaria de la mente hasta llegar a la suprema identidad del espíritu, una identidad que literalmente abarca todo tipo de manifestación. Esta es la razón por la que la gran jerarquía del ser suele representarse como una serie de círculos concéntricos, de esferas "anidadas". Así pues, la crítica común de que toda jerarquía es "lineal" se halla completamente equivocada. En realidad, como señalaba Coomaraswamy, sólo podemos utilizar libremente la metáfora de los "niveles", los "escalones" o los "estratos", si nos tomamos la molestia de poner en marcha la mínima imaginación necesaria como para tratar de comprender aquello que realmente queremos decir.

Las secuencias de la evolución y del desarrollo proceden por jerarquización, o por órdenes de holismo creciente. Las moléculas, por ejemplo, se ordenan en células y éstas, a su vez, en órganos, organismos y sociedades de organismos. En el desarrollo cognitivo nos encontramos con que la consciencia se expande desde las imágenes simples, que representan a una sola cosa o evento, pasando por los símbolos y los conceptos, que representan grupos, o clases de cosas y eventos, hasta llegar a las reglas, que permiten integrar y organizar numerosas clases y grupos en verdaderas redes. En el desarrollo moral nos encontramos con un razonamiento que abarca desde el individuo aislado hasta el grupo, tribu, de individuos relacionados y, de ahí, a la red completa de grupos que se encuentra más allá de los individuos particulares. Así pues, los patrones más holistas aparecen posteriormente en el desarrollo porque su existencia requiere de la emergencia de las diferentes partes que terminarán integrándose o unificándose, del mismo modo que la frases completas sólo emergen después de que lo hayan hecho las palabras.

Tales jerarquías implican un tipo de redes de control donde los niveles inferiores; es decir, los niveles menos holistas; pueden influir sobre los niveles superiores, o más holistas, a través de lo que se denomina "causación ascendente". Pero, del mismo modo, los niveles superiores también pueden ejercer una poderosa influencia o control sobre los inferiores mediante la denominada “causación descendente”; cuando decidimos mover el brazo, por ejemplo, todos los átomos, moléculas y células del brazo se mueven con él.

En cualquier secuencia evolutiva de crecimiento, cuando emerge un estadio, u holón, más abarcador, termina incluyendo las capacidades, pautas y funciones propias del estadio anterior, es decir de los holones previos, y les agrega sus propias y más abarcadoras capacidades. En este sentido, y sólo en éste, los holones nuevos son más abarcadores, "más elevados" y "más amplios". Sea cual fuere la importancia del valor de los estadios previos, el nuevo estadio los engloba a todos pero también les añade un nuevo elemento, una capacidad más integradora, por ejemplo, y ese "algo más" es "un valor extra" relativo al estadio previo, y menos abarcador. Esta definición crucial de "estadio superior", que fue introducida por primera vez en Occidente por Aristóteles y en Oriente por Shankara, ha sido absolutamente central en la filosofía perenne desde entonces. Como dijo Hegel en primer lugar y han repetido después de él todos los evolucionistas, cada estadio es adecuado y válido, pero los estadios superiores son más adecuados y, sólo en ese sentido, más valiosos, lo cual siempre significa más holistas.

Es por este motivo que Koestler, después de haber advertido que todas las jerarquías están compuestas por holones, por órdenes de totalidad creciente, señaló que la palabra más adecuada para jerarquía es realmente "holoarquía" . En mi opinión Koestler da de lleno en el blanco y es por ello que, a partir de aquí, seguiremos refiriéndonos a la jerarquía, en general, y a la gran cadena, en particular, como holoarquía.

Una holoarquía normal o natural consiste en el desarrollo secuencial a través de estadios de redes más inclusivas de totalidad creciente, donde las totalidades más amplias, o más abarcantes, son capaces de influir sobre las totalidades infra-ordenadas. Esto es natural, deseable e inevitable y podemos comenzar a advertir ya la forma en que las holoarquías pueden operar patológicamente . Si los niveles superiores pueden ejercer un control sobre los inferiores también pueden sobredominarlos, reprimirlos e incluso alienarlos, lo cual abre la puerta a un mayor rango de dificultades y de patologìas, tanto individuales como sociales.

Es precisamente a causa de que el mundo está dispuesto holoarquícamente, es decir, que contiene campos dentro de campos que se hallan, a su vez, contenidos dentro de otros campos, que las cosas pueden funcionar tan mal en ocasiones y que una perturbación o una patología en un determinado campo puede reverberar y terminar afectando a todo el sistema. En todo caso, la "curación" de esta patología en cualquiera de los sistemas es esencialmente la misma: erradicar los holones patológicos para que la holoarquía pueda recuperar el equilibrio. Así pues, la curación no consiste como sostienen los reduccionistas, en desembarazarse de la holoarquía per se.
Esta es precisamente el tipo de "curación" que nos propone el psicoanálisis, cuando los holones de la sombra rechazan la integración; la teoría crítica social, cuando una ideología opaca usurpa la comunicación abierta; las revoluciones sociales democráticas, cuando los holones monárquicos o fascitas oprimen al cuerpo político; las intervenciones habituales de la ciencia médica, cuando los holones cancerosos invaden un sistema benigno; la crítica feminista radical, cuando los holones patriarcales dominan la esfera pública, etc. No se trata, pues, tanto de desembarazarse de la holoarquía per se sino de atajar e integrar a los holones, digamos, arrogantes.

Fuentes:
Ken Wilber, "Trascender el Ego".








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