sábado, 27 de octubre de 2007

La Gran Cadena del Ser. (4)

Los distintos niveles de la Gran Cadena del Ser

Podemos considerar ahora los distintos niveles reales de la holoarquía, de la gran cadena del ser, tal como aparece en las tres principales tradiciones de sabiduría más ampliamente practicadas: judeo-cristiana-islámica, budista e hinduísta, aunque cualquier religión madura podría servirnos para ello. Los términos cristianos son los más sencillos porque ya los conocemos: materia, cuerpo, mente, alma y espíritu.
La "materia" se refiere al universo físico y a nuestro cuerpo físico, es decir, a aquellos aspectos de la existencia que se rigen por las leyes de la física. En este caso, el "cuerpo" se refiere al cuerpo "animal": el sexo, el hambre, la vitalidad, la fuerza, etc.
La "mente" es la mente racional, argumentativa, lingüística e imaginativa, estudiada por la psicología.
El "alma" por su parte es la mente sutil o superior, la mente arquetípica, la mente intuitiva, la esencia de la indestructibilidad de nuestro ser, estudiada por la teología.
Y, finalmente, el Espíritu constituye la cúspide trascendental de nuestro ser, nuestra Divinidad, estudiada por el misticismo contemplativo.

Según el hinduísmo vedanta, la persona individual está compuesta de cinco "envolturas", niveles o dimensiones de ser, "koshas", a las que suele compararse con una cebolla. De este modo, cuantas más capas vayamos desprendiendo, más nos aproximaremos a la esencia.
El nivel inferior, el más externo, es denominado annamayakosha, que significa "la envoltura hecha de alimento", el cuerpo físico.
Después está el pranamayakosha, la capa hecha de prana, prana significa fuerza vital, energía , líbido, energía sexual-emocional en general, el cuerpo en el sentido definido anteriormente.
Luego está el manomayakosha, la capa compuesta de manas, o la mente, racional, abstracta, lingüística, etc.
Más allá de ésta se encuentra el vijnanamayakosha, la capa de la intuición, la mente superior, la mente sutil.
Y finalmente está el anandamayakosha, la capa hecha de ananda, la beatitud espiritual y trascendente.

Por último, y esto es muy importante, el vedanta agrupa estas cinco capas en tres estadios fundamentales: grosero, sutil y causal. La dimensión grosera constituye el nivel inferior de la holoarquía, el cuerpo físico (annamayakosha); la dimensión sutil consiste en los tres niveles intermedios: el cuerpo sexual-emocional (pranamayakosha), la mente (manomayakosha) y la mente superior o sutil (vijnanmayakosha); y la dimensión causal consiste en el nivel superior (anandamayakosha) el espíritu arquetípico del que, en ocasiones, también se dice que en su mayor parte, aunque no totalmente, es no manifestado y carece de forma. El vedanta correlaciona estas tres dimensiones principales del ser con los tres estadios fundamentales de consciencia: vigilia, sueño y dormir sin sueños. Más allá de estos tres estadios se encuentra el Espíritu absoluto, denominado turiya, el "cuarto estado" que se encuentra más allá, e incluye, los tres estadios manifestados. El cuarto estado trasciende e integra los niveles grosero, sutil y causal.

En la medida en que comprendamos que el "alma" no sólo es un ser superior o una identidad superior sino también una mente y una cognición superior y más sutil, la versión vedantina de las cinco envolturas es casi idéntica a la versión judeo-cristiana-musulmana de materia, cuerpo, mente, alma y espíritu. Por otra parte en todas las tradiciones místicas el "alma" es también un "nudo", una "contracción", lo que los hindúes y los budistas denominan "ahamkara", que debe ser desatada y disuelta antes de que pueda trascenderse a sí misma, morir para sí misma y reencontrar su identidad suprema con o como el Espíritu absoluto.

Así pues, el alma es, al mismo tiempo el nivel más elevado del proceso de desarrollo del individuo y también el obstáculo final, el último nudo que nos impide completar la iluminación, su identidad suprema, simplemente porque en tanto que testigo trascendental es inherente a todo aquello que testimonia. Sólo cuando vamos más allá de la posición del testigo, el alma o el testigo mismo termina disolviéndose y entonces sólo queda el juego de consciencia no dual, la consciencia que no observa a los objetos sino que se identifica completamente con todos ellos, según el zen "es como degustar el cielo". El abismo existente entre sujeto y objeto desaparece entonces, el alma se trasciende o se disuelve y aparece la consciencia pura , espiritual y no dual, una consciencia sencilla, evidente y clara. Entonces comprendemos que nuestro ser es la totalidad del espacio, vasto y abierto, y que todo lo que aparece lo hace espontáneamente, y como espíritu, en nosotros.

El modelo psicológico fundamental propio del budismo mahayana nos habla de ocho "vijnanas", ocho niveles de conciencia. Los primeros cinco niveles son los cinco sentidos, el siguiente es el "manovijnana", la mente que opera sobre la experiencia sensorial; luego viene el "manas", que se refiere tanto a la mente superior como al centro de la ilusión de la existencia de una identidad separada. Es el manas el que mira al "alayavijnana", el siguiente nivel superior, el de la consciencia supraindividual, y lo confunde con un ser separado o con un alma substancial, tal como la hemos definido. Y, más allá de estos ocho niveles, se halla su mismo sustrato y su fuente, el "alaya" puro o Espíritu puro.

No quisiera, sin embargo, minimizar algunas de las diferencias reales existentes entre estas tradiciones. Simplemente estoy señalando que todas ellas comparten ciertas similitudes estructurales profundas, lo cual testimonia elocuentemente la auténtica naturaleza universal de sus intuiciones.

Fuentes:
Ken Wilber, "Trascender el Ego".






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