jueves, 20 de septiembre de 2007

El arte del ensueño.

La descripción más apropiada que don Juan le dio al ensueño fue llamarlo "la entrada al infinito"

La otra gran técnica para incrementar la conciencia, es el ensueño. Si el "acecho" es el "no-hacer" de nuestros actos cotidianos, ahora podemos decir que el ensueño es el no-hacer del dormir. La primera tarea que don Juan le da a Carlos respecto al ensueño es que debe encontrar sus manos en los sueños, que es una forma de saber que se es consciente de que se está soñando. Cuando la visión de las manos comienza a desvanecerse, deberá mirar otra cosa y luego volver a mirar sus manos. Y así sucesivamente hasta lograr un cierto dominio de sus sueños.
Cuando un guerrero aprende a parar su "diálogo interno" y rompe las rutinas cotidianas, comenzará a tener sueños más vividos, hasta lograr una consciencia total en ellos. Entonces estará formando su cuerpo de ensueño, una especie de doble del cuerpo físico que le sirve para moverse e interactuar en la realidad no ordina del mundo del nagual.
Para ensoñar el aprendiz deberá concentrarse en la punta de su esternón o el chakra del plexo solar ya que desde esos puntos emerge la atención que se necesita para ensoñar. Aunque cada soñador es singular e independiente, hay ciertas similitudes comunes a todos.
Don Juan revela a su discípulo que todas las enseñanzas respecto a la existencia de otra realidad y de otro tipo de conciencia, están condensadas en lo que los videntes toltecas llamaban la Regla ( equivalente a la palabra sánscrita ahorma ). Según la Regla, no existe un mundo de objetos sino un universo de campos energéticos que los videntes llamaron las "Emanaciones del Águila". Ellas son todo lo que existe, la única realidad inmutable que abarca lo perceptible y lo imperceptible, lo conocido y lo incognoscible.


Don Juan era ciertamente un intermediario entre el mundo natural de la vida diaria y un mundo invisible, al cual él no llamaba lo sobrenatural, sino la segunda atención. Su tarea de maestro fue hacer accesible a mí esta configuración. En mis trabajos previos, he descrito los métodos de enseñanza que usó con este propósito, al igual que las prácticas que me hizo ejercitar, la más importante de las cuales fue, sin lugar a duda, el arte de ensoñar.

-Digamos que ensoñar es la manera práctica en que los brujos ponen en uso los sueños comunes y corrientes.

-¿Pero cómo pueden los sueños ser puestos en uso?-pregunté.

-Siempre caemos en la trampa del lenguaje -dijo-. En mi propio caso, mi maestro trató de describirme el ensueño como la manera en que los brujos le dicen hasta mañana al mundo. Por supuesto que él ajustaba su descripción a mi mentalidad. Yo estoy haciendo lo mismo contigo.

En otra ocasión, don Juan me dijo:

-El ensueño únicamente puede ser experimentado. Ensoñar no es tener sueños, ni tampoco es soñar despierto, ni desear, ni imaginarse nada. A través del ensueño podemos percibir otros mundos, los cuales podemos ciertamente describir, pero no podemos describir lo que nos hace percibirlos. Sin embargo podemos sentir cómo el ensueño abre esos otros reinos. Ensoñar parece ser una sensación, un proceso en nuestros cuerpos, una conciencia de ser en nuestras mentes.

Don Juan sostenía que nuestro mundo, que creemos ser único y absoluto, es sólo un mundo dentro de un grupo de mundos consecutivos, los cuales están ordenados como las capas de una cebolla. Él aseveraba que aunque hemos sido condicionados para percibir únicamente nuestro mundo, efectivamente tenemos la capacidad de entrar en otros, que son tan reales, únicos, absolutos y absorbentes como lo es el nuestro.

Don Juan me explicó que para poder percibir esos otros reinos, no sólo hay que desear percibirlos, sino también poseer la suficiente energía para entrar en ellos. Su existencia es constante e independiente de nuestra conciencia, pero su inaccesibilidad es totalmente una consecuencia de nuestro condicionamiento energético. En otras palabras, simple y llanamente a raíz de este condicionamiento estamos compelidos a asumir que el mundo de la vida cotidiana es el único mundo posible.

Seguros de que sólo nuestro condicionamiento energético es nuestro impedimento para entrar en esos otros reinos, los brujos de la antigüedad desarrollaron una serie de prácticas designadas a reacondicionar nuestras capacidades energéticas de percepción. Llamaron a esta serie de prácticas, el arte de ensoñar.

Durante sus enseñanzas don Juan puso un gran énfasis en el hecho de que la atención de ensueño es la llave que abre todas las puertas en el mundo de los brujos.

“Ponte tan serio, como se te dé la gana, cuando hablemos del ensueño ‑dijo‑. Las explicaciones siempre requieren de profunda reflexión. Pero cuando ensueñes, sé tan liviano como una pluma. El ensueño tiene que llevarse a cabo con integridad y cordura, pero con risa y con la confianza de quien no tiene preocupación alguna. Solamente bajo estas condiciones pueden nuestros pinches sueños convertirse en ensueño.”

Los antiguos brujos desarrollaron una técnica muy sofisticada para mover a voluntad el punto de encaje; a esta técnica la llamaron "el arte del ensueño", pues con ella se pueden expandir y acrecentar las posibilidades de lo que se percibe, e identificaron cinco condiciones en el flujo energético de los seres humanos.
  • La primera es que sólo los filamentos que pasan exactamente por el punto de encaje se transforman en percepciones coherentes.
  • La segunda es que cuando el punto de encaje se mueve en cualquier dirección, aunque sea levemente, filamentos distintos empiezan a pasar por el punto de encaje, lo que propicia otra percepción diferente.
  • La tercera es que vieron que en el sueño el punto de encaje se mueve levemente por sí mismo en la superficie del huevo luminoso o hacia su interior.
  • La cuarta es que vieron que a través de la técnica disciplinada, llamada "el arte del ensueño", se podía mover el punto de encaje en los sueños a voluntad.
  • Y, como quinta, vieron que se puede mover el punto de encaje hacia afuera del huevo luminoso y entrar en contacto con el universo energético, más allá de lo humano.
A través de una metodología, que roza lo fantástico, llamada "las siete compuertas del ensueño", se pretende que el sueño común se transforme en el mecanismo con el cual el practicante logre templar el cuerpo energético, para hacerlo coherente y flexible como el cuerpo físico, ejercitándolo poco a poco, a través de una férrea disciplina que se antoja imposible sostener por largo tiempo (años enteros) con un esfuerzo sostenido, sin ambición y sin obsesión. Éste sería el logro fundamental de la Toltequidad y el medio para lograr la libertad.

Al condensar el cuerpo energético es posible convertirlo en una unidad capaz de percibir de manera independiente a la percepción del cuerpo físico. Esto se logra no sólo con la práctica de la ensoñación, sino que, para obtener energía, se requiere modificar el comportamiento durante la vigía, para recanalizar la energía que se necesita para mantener la atención en el ensueño. Como se ha dicho repetidas veces a lo largo de las obras de Castaneda, la manera en que gastamos la mayor parte de la energía depende de la necesidad de mantener y acrecentar la importancia personal, base de nuestro ser y, al mismo tiempo, de nuestra mayor limitante. El ser humano, al no poder "crear" más energía que la que tiene, debe ahorrar y recanalizar la que posee.

Don Juan le enseña a Castaneda que el "arte del ensueño" trata del desplazamiento del punto de encaje, y que "el arte del acecho" implica la fijación del punto de encaje en cualquier lugar en el que se haya desplazado. Por ello estas dos técnicas son complementarias y mutuamente insustituibles.




"Soñar" implica el cultivo de un poder peculiar sobre los propios sueños, hasta el punto en que las experiencias habidas en ellos y las vividas en las horas de vigilia adquirían la misma valencia pragmática. Los brujos alegaban que, bajo el impacto del "soñar", los criterios ordinarios para diferenciar entre sueño y realidad se hacían inoperantes.
La praxis del "soñar" era, para don Juan, un ejercicio que consistía en hallar las propias manos durante un sueño. En otras palabras, uno debía soñar deliberadamente que buscaba y hallaba sus manos en un sueño que consistía en soñar que uno alzaba las manos al nivel de los ojos.

"Cada guerrero tiene su propio método de "soñar". Todos son distintos. Lo único que tenemos en común es que algo en nosotros tiende trampas para obligarnos a abandonar la empresa. El remedio es persistir a pesar de todas las barreras y desilusiones".

La explicación de los brujos acerca de cómo escoger un tema para soñar es que el guerrero escoge el tema manteniendo a fuerza una imagen en su mente mientras para su diálogo interior. En otras palabras, si es capaz de no hablar consigo mismo por un momento, y luego evoca la imagen o el pensamiento de lo que quiere soñar, aunque sólo sea por un instante, lo deseado vendrá a él.
Extractos de "Relatos de poder"

Economizar Energía Sexual

"Yo te he enseñado a ensoñar tal como él me lo enseñó a mí -continuó-. El me enseñó que durante los sueños, el punto de encaje se mueve moderadamente y de manera muy natural. El equilibrio mental de uno no es otra coas que fijar el punto de encaje en un sitio específico y habitual. Si los sueños hacen que ese punto se mueva, y si el ensoñar es el control de ese movimiento natural, y si se necesita energía sexual para ensoñar, cuando se disipa esa energía en el acto sexual, los resultados son desastrosos.

¿Qué me está usted tratando de decir, don Juan? -pregunté-.

Pregunté eso, porque sentí que entrar en el tema del ensueño no se debía al desarrollo natural de la conversación.

-Tú eres un ensoñador -dijo-. Si no tienes cuidado con tu energía sexual ya puedes irte acostumbrando a los movimientos erráticos en tu punto de encaje. Hace un momento te asombraban tus propias reacciones. Bien, eso se debe a que tu punto de encaje se mueve sin sentido, porque tu energía sexual no está en equilibrio.

Hice un estúpido e inadecuado comentario sobre la vida sexual de los hombres adultos.

-Nuestra energía sexual es lo que gobierna el ensueño -explicó-. El nagual Elías me enseñó que, o haces el amor con tu energía sexual o ensueñas con ella. No hay otro camino. Si te menciono todo esto era porque tienes una gran dificultad en mover tu punto de encaje para asimilar nuestro último tópico: lo abstracto.

"Lo mismo me ocurrió a mí -continuó don Juan-. Solo cuando mi energía sexual se liberó del mundo, cayo todo en su sitio. Esa es la regla para los ensoñadores. Los acechadores son lo opuesto. Mi benefactor, por ejemplo, era un libertino sexual como hombre común y corriente y como nagual.

Don Juan parecía estar a punto de contarme las aventuras de su benefactor, pero obviamente cambió de idea. Meneó la cabeza y dijo que yo era demasiado pudibundo para tales revelaciones. No insistí.



Poner la determinación silenciosa, sin un pensamiento, en convencerse que se ha alcanzado el cuerpo energético y que uno es un ensoñador. Haciendo esto uno se pone automáticamente en la posición de ser consciente de que se está cayendo dormido.

"Así que, al fin y al cabo, el procedimiento para llegar al cuerpo de ensueño es la impecabilidad en nues­tra vida diaria."…”



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Las enseñanzas de don Juan.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Por años lleve a la practica el arte del ensueño, hay gran diferencia entre no tener hijos y luego ser padre, muchos ensueños los pase sintiendo mi huevo luminoso como si fuera mi piel, a veces era llavado.como un pez tomado de un anzuelo, atravesando un viento infernal, cuando no tenia hijos soplaba y sentia mi respiracion tibia en mi huevo luminoso. luego de ser padre y en misma situacion de ensueño el viento infernal se coló por un agujero de mi huevo luminoso,intente taparlo con mis manos (que se veían como tales con rayos que salian de los dedos) este viento quemaba en frio y de manera dolorosa mis manos, detuve inmediatamente el ensueño, y despues de despertar en varios sueños consecutivos pude despertar en mi cama.
siempre que ensoñe salian al paso dos seres inorganicos, su energía es como una descarga electrica cosquillosa, he hablado con ellos,no me caen bien, siempre interrumpen el desarrollo del ensueño.

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