sábado, 27 de diciembre de 2008

Hombre y mujer de conocimiento

El lector espera, y con razón, se le expliquen las motivaciones subyacentes a la obra que se le presenta como realizada, se le adelante en pocas palabras la naturaleza de la misma, su organización y estructura, y hasta el estilo en el que está escrita. Tiene derecho a saber si es el tipo de obra que le interesa y a comprender desde el comienzo lo que se le ofrece, para juzgar al mismo tiempo que lee. Como el autor se toma el derecho a decir todavía una última palabra disfrazada de primera, que es en lo que se suele convertir una introducción.

Las motivaciones para escribir la presente obra fueron varias y convergentes, sin que podamos decir cuál fue o es la más importante. Una de ellas nació al primer contacto nuestro con la obra de Carlos Castaneda y todavía no nos ha abandonado. Acostumbrados a pensar en Oriente y en místicos cristianos de Occidente cuando es cuestión de hacer referencia a doctrinas y espirituales profundos, no salíamos de nuestro asombro al sentir estar frente a doctrina y maestro de la misma calidad, personalizados en un indio yaqui, don Juan Matus. Lo que siempre creíamos tener que encontrar fuera, resulta que lo teníamos adentro, en nuestro propio continente, en su cultura o, mejor, culturas, con los mismos giros y el mismo gusto por la vida, con el mismo calor, con el color y sabor de las demás cosas. Y nos acordamos del reproche, pero al revés, que con toda razón Aldous Huxley hiciera en 1945 en La filosofía perenne a los eruditos occidentales. Huxley calificaba el comportamiento de éstos de «ignorancia enteramente voluntaria y deliberada» y, peor aún, de «imperialismo teológico», en el caso de ellos porque mostraban no conocer a los espirituales orientales. ¿Cómo calificaría nuestro proceder de no citar, por desconocimiento, enseñanzas comparables con las elaboradas de Oriente y de Occidente?

Pero no fue esta la única motivación, aunque ella sola fuera más que suficiente. Porque, después de todo, la obra de Carlos Castaneda no es que no sea conocida, todo lo contrario. Sus lectores, como los ejemplares vendidos de sus obras, se cuentan por varios millones y en nuestro medio. Pero también son muchos los que, habiendo leído solamente alguna obra salteada o, menos aún, algunas partes, se sorprenden cuando se les dice que la obra de Carlos Castaneda puede ser valorada como la propuesta de una gran espiritualidad. Nunca la habían considerado así. Largos discursos sobre drogas, aliados, poderes, pases mágicos y punto de encaje, les impidió descubrir esta dimensión. Sin embargo, en la espiritualidad bien entendida, profunda, bien fundamentada, exigente y rigurosa consiste la trascendencia de las “enseñanzas de don Juan”. Y de esta convicción nació nuestro propósito: estas enseñanzas había que mostrarlas a los lectores.


Por otra parte, la propuesta que Carlos Castaneda nos hace es totalmente laica, en otras palabras, es la espiritualidad más pertinente que se pueda hacer hoy. Porque, por razones que encontrará el lector en el capítulo 2, la espiritualidad acorde con la sociedad y cultura de conocimiento como son las nuestras, tiene que ser laica, no puede ser religiosa. Con razón, Carlos Castaneda y su maestro don Juan Matus, que estiman su propuesta «ser hombre de conocimiento » la hazaña más grandes que pueda realizar el ser humano, no la consideran “espiritualidad”, no la consideran religiosa, algo así como una propuesta de fe o de moralidad. Una manera de enfatizar y reivindicar el carácter laico de su propuesta. No es necesario enfatizar cómo, por las mismas razones, personalmente nos identificamos con esta su naturaleza laica.

Lo anterior, en cuanto a lo que fueron y son nuestras motivaciones en esta obra, expresadas de una manera muy sintética. Ahora, ¿en qué consiste? Básicamente, en una introducción temática a la obra de Carlos Castaneda, estructurada en ocho capítulos articulados éstos en tres bloques: uno primero, de dos capítulos, para presentar personajes y obra y fundamentar el carácter laico de la espiritualidad que se va a desarrollar; un segundo, de cuatro capítulos, donde se intenta captar y presentar al lector una síntesis temática de la obra de Carlos Castaneda en la clave aquí retenida de espiritualidad; y un tercer y último bloque, de dos capítulos, para abordar dos temas complementarios muy pedagógicos, por decir lo menos, presentes en la misma obra, la relación de la experiencia narrada y propuesta en ésta con la poesía, por una parte, y con la religión, principalmente en su versión católica, por otra.

Una lectura así de Carlos Castaneda, no está exenta de subjetividad. Como es inevitable, está hecha desde el punto de vista que es el nuestro, y ello no sin una cierta selección y priorización de temas y subtemas. Aunque esperamos no haber traicionado en lo profundo “las enseñanzas de don Juan”, ni decepcionado al lector, quien en definitiva juzgará de la validez y valor del intento.

En todo caso, con este trabajo no hemos pretendido otra cosa que llegar a interesar al lector por la obra misma de Carlos Castaneda. De ahí el estilo en que lo hemos escrito, de énfasis, glosa y comentario, y abundando en citas, tanto en el cuerpo de la obra como a pie de página, para que así el lector pueda admirar la belleza en la expresión y la riqueza de pensamiento. Si leyendo este avance, el lector siente la necesidad de ir directamente a la obra de Carlos Castaneda para, sin desmayo, apropiarse de su propuesta espiritual, nuestra satisfacción será grande, habremos logrado nuestro objetivo y al menos en una primera lectura nuestra obra habrá servido de guía.

Aunque un logro ya es seguro, porque es real, de los que nadie ni nada puede arrebatar: el placer de haber trabajado con lo que constituye el fruto más granado de cualquier cultura: la experiencia que no tiene nombre.

Lea el capítulo 3
Ser hombre de conocimiento

Hombre de conocimiento
Una realidad aparte
Ver
Parar el mundo
Los cuatro enemigos
Tarea ardua

Lea el capítulo 5
Un camino de corazón
La importancia del caminar
Un camino de corazón
«Viaje al Ixtlán »
Sin casa adonde regresar






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