miércoles, 22 de octubre de 2008

El ojo del Espíritu

The Eye of Spirit

El ojo del Espíritu
Una visión integral para un mundo que está enloqueciendo poco a poco.
Trad. de David González Raga

¿Que aspecto tendría una cultura verdaderamente integral, una cultura que incluyera cuerpo, mente, alma y espíritu?

El término “integral” realmente ha tenido éxito, desde que Wilber empezó a usarlo alrededor de 1997: El Ojo del Espíritu fue subtitulado “Una Visión Integral para un Mundo que se está volviendo ligeramente loco” y el prólogo escrito por Jack Crittenden se llamó “¿Qué es Integral?”. El término es sinónimo de “integrador, inclusivo, comprensivo, equilibrado”, explícitamente pretendía incluir los mundos de la ciencia y la espiritualidad, conduciendo a lo que Wilber expresó como un “liberalismo del espiritualismo” o “humanismo espiritual”. En la práctica, se ha usado para proporcionar modelos integradores tanto dentro de como entre los diferentes campos de la ciencia.
En este innovador "El ojo del espíritu", con base a su mundialmente reconocido modelo de la conciencia, Ken Wilber reescribe por completo su visión y el enfoque sobre unas disciplinas tan importantes como la psicología, la espiritualidad, la antropologia, los estudios culturales, la teoría del arte y la teoría literaria, la ecología, el feminismo y la transformación planetaria.

¿Que aspecto tendrían cada uno de estos campos si aceptáramos de todo corazón la existencia, no solo del cuerpo y de la mente, sino también del alma y del espíritu?.
Con un gesto integrador sorprendente, Wilber teje todos estos fragmentos en una convincente y sólida visión del mundo moderno y postmoderno.

*Jack Crittenden, explica panorámicamente:
El enfoque de Wilber es lo contrario a eclecticismo. Ha suministrado una visión coherente y consistente que sin costuras teje juntas afirmaciones verdaderas de campos tales como la física y la biología; las ecociencias; la teoría del caos y las ciencias de sistemas; la medicina, la neurofisiología, la bioquímica; el arte, la poesía, y la estética en general; la psicología evolutiva y un espectro de esfuerzos psicoterapéuticos, desde Freud a Jung a Piaget; los teóricos de la Gran Cadena desde Platón a Plotino en Occidente a Shankara y Nagarjuna en Oriente; los modernistas desde Descartes y Locke a Kant; los idealistas desde Schelling a Hegel; los posmodernistas desde Foucault y Derrida a Taylor y Habermas; la principal tradición hermenéutica, desde Dilthey a Heidegger a Luhmann; las escuelas contemplativas y místicas de las grandes tradiciones meditativas, Oriente y Occidente, en las principales tradiciones religiosas del mundo. Todo esto es solo un ejemplo... [Por tanto] ... si su enfoque es generalmente valido, honra e incorpora más verdad que cualquier otro sistema en la historia
*“¿Qué es Integral?”, prólogo de Jack Crittenden
de "El Ojo del Espíritu".


El desarrollo no es una regresión al servicio del ego, sino una evolución al servicio de la trascendencia.
Los estudios integrales se hallan atrapados, por así decirlo, entre dos frentes, una modernidad que se resiste a conocer la totalidad del espectro de la conciencia y
un tradicionalismo renuente admitir los considerables avances realizados por la modernidad.

*De algún modo, pues, mis valores más profundos no dependen exclusivamente de la relación que sostengo conmigo mismo, sino también con mi familia, con mis amigos, con mi comunidad y con mi Dios. Y en la medida en que reniego de esas relaciones profundas no sólo destruyo el soporte mismo de la comunidad y me extravío en un desenfreno hiperindividualista, sino que también me alieno del más profundo de todos los vínculos, el que une el alma del ser humano con el Espíritu divino. Muy bien, pero ¿de qué Dios está usted hablando? -responderán a esto los liberales-. Porque lo cierto es que cada vez que estas consideraciones abstractas se han concretado prácticamente en un código moral o en una religión determinada han terminado desembocando en un tipo u otro de caza de brujas. La importancia del contexto comunitario y espiritual no tarda en degenerar en mi comunidad, mi Dios y mi país, acertada o equivocadamente! Y si usted no acepta a mi Dios, irá directamente al infierno y yo mismo me encargaré gustosamente de acompañarle. La tiranía cultural, pues, más o menos solapada, nunca ha sido ajena a la agenda conservadora.

¿Existe alguna forma de rescatar las ventajas del enfoque conservador -en particular su aceptación de la espiritualidad- sin caer en la tiranía cultural que suele acompañarle? Y ¿existe alguna forma de conservar las ventajas del enfoque liberal -las libertades individuales- despojándonos de la tiranía de los anti-alma? ¿Es posible, en suma, articular un liberalismo espiritual, un humanismo espiritual, un abordaje que considere los derechos del individuo en un contexto espiritual más profundo que no los niegue sino que, por el contrario, contribuya a sostenerlos? ¿Es posible concebir a Dios y al Espíritu de un modo que ayude a consolidar los objetivos más nobles del liberalismo? ¿Es posible encontrar algún sustrato común a los dos enemigos acérrimos que se debaten en el mundo moderno, Dios y el liberalismo? Ésta es, como ya he dicho, en mi opinión, la más urgente de las preguntas a que debe hallar respuesta el mundo moderno y postmoderno. Porque mientras no lo haga, el conservadurismo espiritual seguirá fragmentando al mundo, ya que su agenda sólo le permite respetar a los fieles a su Dios particular, llámese Jehová, Alá, Shinto o Shiva (nombres todos ellos con los que lamentablemente se convoca, con demasiada frecuencia, a la batalla).
*Extracto de "El ojo del espíritu".

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