viernes, 17 de octubre de 2008

“Gracia y coraje”

Dice Ken Wilber en su libro “Gracia y coraje”:
«Lo espiritual tiene que ver con la experiencia real, no con creencias; con Dios como Fundamento del Ser, y no con ninguna figura paternal, cósmica; con el despertar de nuestra verdadera Identidad, no con la oración que ruega por el pequeño yo; con el disciplinar de la conciencia, y no con moralinas ni semoncillos sobre el alcohol, el tabaco y el sexo; con el Espíritu que anida en el corazón de cada ser humano, y no con lo que sucede en tal o cual iglesia en particular.
Lo que quiero decir es que no podemos hablar de ciencia y religión, de psicoterapia y religión o de filosofía y religión mientras no nos pongamos de acuerdo en lo que entendemos por ésta. Para nuestros fines actuales creo que, por lo menos, deberíamos recurrir a la distinción entre las llamadas religiones exotéricas y las esotéricas. La religión exotérica o externa es una religión mítica, una religión terriblemente concreta y literal, que cree, por ejemplo, que Moisés separó las aguas del mar Rojo, que Cristo nació de una virgen, que el mundo se creó en seis días, que una vez llovió literalmente maná del cielo, etc. Todas las religiones exotéricas se apoyan en ese tipo de creencias. Los hindúes, por ejemplo, aseguran que la tierra descansa sobre el lomo de un elefante y que éste a su vez, lo hace sobre una tortuga que reposa sobre una serpiente. Pero cuando les preguntamos dónde se apoya la serpiente, desvían la mirada y dicen: Hablemos de otra cosa. Si diéramos crédito a tales consejas tendríamos que aceptar que Laotsé tenía novecientos años cuando nació, que Krishna hizo el amor con diez mil pastorcillas, que Brahma brotó de una grieta existente en un huevo cósmico, etc. Así son las religiones exotéricas; un conjunto de sistemas de creencias que intentan explicar los misterios del mundo en términos míticos más que en términos de experiencia directa o de evidencia [...] Y si crees en todos esos mitos al pie de la letra, nos dicen, te salvarás, pero si los pones en tela de juicio, te irás al infierno. Ése modelo religioso, que se corresponde con lo que hoy llamamos fundamentalismo, está vigente en todos los rincones de la tierra. Yo no discuto tales creencias ni las dejo de discutir. No me interesa ese debate. Lo único que afirmo es que la religión mítica o exotérica no tiene nada que ver con la religión mística o esotérica, que -a diferencia de la otra- puede experimentarse y, por lo tanto, verificarse. Ése, y ningún otro, es el tipo de religión o espiritualidad que verdaderamente me interesa [...] Una religión no es esotérica o mística porque sea oculta, secreta o algo por el estilo, sino porque nace de la experiencia directa y de la conciencia personal. La religión esotérica no te pide que tengas fe en nada ni en que te sometas dócilmente a ningún dogma. La religión esotérica, por el contrario, consiste en un conjunto de experimentos personales que llevas a cabo científicamente en el laboratorio de la propia conciencia. No se trata, pues, de un conjunto de principios y de leyes basadas en creencias o en deseos, sino en una experiencia directa validada y verificada públicamente por un grupo de iguales que también han llevado a cabo el mismo experimento. Y ese experimento es la meditación [...] Al misticismo no le interesan las opiniones, sino el conocimiento [...] Las religiones exotéricas difieren enormemente entre sí, pero las esotéricas son prácticamente idénticas en todo el mundo. Como ya hemos dicho, el misticismo o esoterismo es una ciencia en toda la extensión de la palabra y, de igual modo que no existe una química alemana diferente de la química americana, tampoco existe una mística hindú diferente de la musulmana. Ambas, por el contrario, vienen a decir lo mismo a propósito de la naturaleza del alma, del Espíritu y de la identidad suprema, por mencionar tan sólo algunas entre sus múltiples coincidencias. A eso en la lo que los estudiosos se refieren cuando hablan de la unidad trascendente de las religiones del mundo, es decir, del núcleo esotérico que las unifica. Sus estructuras superficiales, obviamente, pueden variar mucho, pero sus estructuras profundas son, en cambio, prácticamente idénticas y reflejan la unanimidad del espíritu humano y de sus leyes reveladas fenomenológica mente.»


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